Después de un día de locos, aquí me encuentro en mi oficina, al fin sola y escuchando a Luis Miguel. Una ardida para variar. "Échame a mí la culpa".
Las novedades en mi trabajo son que yo no sé si sirvo para estar en una oficina. Aunque me encanta lo que hago, llega un momento de hartazgo de estar sentada en mi lugar atendiendo miles de correos, esclavizada a la computadora porque esa es la manera de comunicarse en esta gran multinacional que me ampara y que ha sido tan buena conmigo. Nunca puedo decir que no tengo trabajo. De hecho tengo tanto que me ahoga, pero también me distrae, me ayuda a no pensar en otros asuntos. Aún así, ayer tuve que regresar fuera de mis horas de trabajo para sacar el boletín electrónico.
A pesar de todo, me siento muy comprometida con lo que hago. Lo hago y me encanta, pero a menudo dudo de que éste sea mi camino.
Gran sueldo, sí. Gente brillante y linda. Sí. Cuatro paredes. No.
Me preocupa porque no sé si en el fondo lo que quiero es ser una vaga o una idealista, romántica empedernida. Cualquiera de las dos opciones está jodida.
Trabajar aquí me hace reflexionar. Me doy cuenta que también para ser oficinista se necesita vocación -con ser oficinista me refiero estrictamente a trabajar en una oficina-. No es simplemente llegar a laborar y salir a tus horas. Implica compromiso con la empresa. La gente que está aquí de 9am a 10pm se siente apasionada más que obligada. Para ellos el verdadero amor es esta empresa que tanto les ha dado. Es su alma máter. Más que su casa o su familia. La compañía es su familia.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
jueves, 13 de septiembre de 2007
Tengo una amiga de quien soy muy mala amiga. Soy mala amiga de ella porque no sé nada de ella. Porque a veces veo su semblante gritando por ayuda y me sigo de largo. Pero hoy vi su blog. Hoy pude sentir sus ojos hermosos y tristes cuando leía sus palabras. No se quiere despertar. Tiene muchas culpas cargando sobre sus hombros. Más de las que deja ver. Se siente una puta. Pero no lo es. Se siente fea, y me encantaría decirle que no lo es. Es hermosa. No sólo por sus ojos lindos o su sonrisa franca, o porque desborda femineidad, sino porque es muy culta y muy buena, genuinamente buena. No importa que su físico no sea como el de Margarita de Fausto, se merece que su hombre le venda el alma al diablo.
No nena, no te sientas así. Levántate y camina. Tú lo vales. Sólo tú, y después los demás...
No nena, no te sientas así. Levántate y camina. Tú lo vales. Sólo tú, y después los demás...
miércoles, 12 de septiembre de 2007
La conciencia de la vejez a través de las gráficas estadísticas 14:02
Antes siempre estaba en la primera rayita. Bueno, si era de "15 a 19", ahí estaba yo incluida porque durante cinco años tuve 15, 16, 17, 18 o 19 años. Pero hoy estaba sesgada a la segunda barra de la gráfica: de 21 a 24 años. Estoy en la edad más joven del rango, pero ya estoy ahí. Ya no soy "Adolescentes de los 15 a los 19 años", sino "Adultos jóvenes de los 20 a los 24 años". La juventud torna un giro completamente distinto cuando pasa a ser un adjetivo del sustantivo "adulto".
Adulto implica que ya existe conocimiento de causa y, por consecuencia, responsabilidad. De pronto las posibilidades de vivir ligero se terminan y uno comienza a vivir con absolutamente todos los matices. De pronto uno trabaja y se convierte en esclavo de los pantalones de vestir negros, los tacones altos o los zapatos boleados, de las corbatas, los sacos y las camisas almidonadas.
Adulto implica que si quieres seguir en la infancia o la adolescencia te puedes dar el lujo, si tienes el dinero, pero aún así te ves ridículo.
Adulto. Todo por una barrita en el conglomerado estadístico.
Adulto implica que ya existe conocimiento de causa y, por consecuencia, responsabilidad. De pronto las posibilidades de vivir ligero se terminan y uno comienza a vivir con absolutamente todos los matices. De pronto uno trabaja y se convierte en esclavo de los pantalones de vestir negros, los tacones altos o los zapatos boleados, de las corbatas, los sacos y las camisas almidonadas.
Adulto implica que si quieres seguir en la infancia o la adolescencia te puedes dar el lujo, si tienes el dinero, pero aún así te ves ridículo.
Adulto. Todo por una barrita en el conglomerado estadístico.
martes, 4 de septiembre de 2007
Soberbia disfrazada de humildad 19:43
"No es que sea culta, sólo hablo de cosas que los demás no conocen"
Dziga Vertov 19:40
Estamos en clase de Cine Documental. Clase genial, por cierto. Ahora nos está explicando "La huelga de Eisenstein", pero en realidad yo repito en mi mente las escenas de la película de Dziga Vertov. Estoy impresionada por el montaje. Vertov filmaba sin guión ni actores, sino que lo que hacía era crear historias hasta el montaje. Repetir las mismas escenas con diferente ritmo de música, con diferente velocidad. Simplemente maravilloso.
Me encantó.
Me encantó.