Hoy sí estoy para el arrastre. No sé si es la conciencia de que las clases acaban mañana o qué pasa, pero me siento sumamente cansada. Ahora estoy en el trabajo y llevo dos horas y media redactando un artículo que normalmente no me tomaría más de una.
Tal vez tenga alguna influencia el hecho de que hoy es el día en que mi oficina ha estado más saturada que nunca: hay tres chavas más. Mi desesperación ha llegado a niveles estratosféricos y ya tampoco tiene que ver con marcar mi territorio, sino que no puedo concentrarme con tanta gente hablando al mismo tiempo. Me siento desgastada. Miro mis pendientes y no sé por dónde empezar, cuando generalmente los resuelvo de uno en uno en lista. Ahora simplemente no sé por dónde. Ya quiero que den las 2:30 para irme. Voy a llegar a la escuela a comentar un corto que hicimos el semestre pasado y después de eso me saldré de la muestra para dormir en algún rincón de la escuela.
Me siento desesperada. Tengo el ceño fruncido. Si por mí fuera haría algo muy a la Ally McBeal: sacaría unos gigantescos guantes de box y con ellos noquearía a todos los de mi oficina y a todos aquéllos que osaran dirigirme la palabra.
Es frustrante esta evidente reducción de rendimiento. Porque en verdad no sé qué pasa. ¿Será el agotamiento? ¿Será mi berrinche de que estas personas me rodean y cada vez son más? ¿Será mi afán constante de ser una ermitaña que de pronto se obstaculiza con la presencia de ocho entes más tan cercanos a mí que casi puedo escucharlos respirar?
O simplemente, ¿será flojera? Ay no lo sé pero estoy sumamente ansiosa y me cago así.
jueves, 29 de noviembre de 2007
martes, 27 de noviembre de 2007
El túnel 17:34
(Es mi apreciación personal)
Después de toda la crueldad, de la influencia de lo leído y la comunión con el propio pensamiento surge la pregunta enterrada, si bien ya existente: ¿qué hubiera hecho yo? Quizá en forma menos macabra y más bien mental, también le di muerte.
Sin embargo la conciencia ocasional de que no ha muerto se hace presente y casi no aguanto las ansias locas de volverlo a ver, de conocerme o regresar el tiempo y evitar mi huida.
Supongo que mi enojo, todavía latente, hubiese derivado en una muerte verdadera. Tal vez la mía, que de no haberme detenido habria sido capaz de suicidarme o hacerme algún daño muy grave. Pero no, exagero, en realidad no era capaz de infringirme dolor físico, por lo que lo más seguro es que, en uno de mis arranques frenéticos que buscaban el amor ajeno dirigido hacia mí, encontrara la paz momentánea matándolo a él.
Sí, entiendo completamente a Juan Pablo Castel. Comprendo las razones para inmiscuirse en un amor tormentoso. Entiendo las contradicciones y la decadencia de las que alguna vez fueron sensaciones sublimadas.
Entiendo la muerte del ser por quien uno se apasiona como la única forma de librarlo de nuestros amores enfermos, y como el castigo eterno de una obsesión escabrosa e inevitable.
Aunque quisiera que resultara de otra forma, ni Juan Pablo ni yo hubiéramos sido capaces de lograr amar de una manera distinta a la que amábamos a algien. No, no a alguien en general sino a ellos en particular. Implícitamente, Juan Pablo establece la certeza de que no volverá a amar. Pero Juan Pablo lo sabe con 40 años y la libertad encerrada. Yo tengo 21 y la posibilidad de volver a amar parece cada vez más lejana. Como si el desgaste de querer tanto y tan mal fuera permanente. Como si los celos que sentí hubieran existido a cambio de tinieblas sempiternas, y es un trato que desconocía, pero que tampoco sé si habría rechazado. Como si el castigo real consistiera en añorar las caricia y los breves momentos de felicidad con aquél con quien nos hicimos tanto daño.
Así pasa el tiempo. Aunque hay día que creo que lo he superado, la realidad es que hay veces que las situaciones viven, pero mi amado se distorsiona en forma, como si fuera una ilusión de mi mente ruin y macabra.
Si creyera en el destino entonces creería tal vez que me predestinaron a ser infeliz. Ni modo, a mí me toco. A mí me tocó la execrable realidad de ser infeliz toda la vida.
Pero no tengo el consuelo del destino o de un Dios a quien culpar. La culpa es mía y de mis malas decisiones. El engaño sólo es a causa de mis sentimientos insolentes y preponderantes por los que no me permití guiarme de la razón.
...
Después de toda la crueldad, de la influencia de lo leído y la comunión con el propio pensamiento surge la pregunta enterrada, si bien ya existente: ¿qué hubiera hecho yo? Quizá en forma menos macabra y más bien mental, también le di muerte.
Sin embargo la conciencia ocasional de que no ha muerto se hace presente y casi no aguanto las ansias locas de volverlo a ver, de conocerme o regresar el tiempo y evitar mi huida.
Supongo que mi enojo, todavía latente, hubiese derivado en una muerte verdadera. Tal vez la mía, que de no haberme detenido habria sido capaz de suicidarme o hacerme algún daño muy grave. Pero no, exagero, en realidad no era capaz de infringirme dolor físico, por lo que lo más seguro es que, en uno de mis arranques frenéticos que buscaban el amor ajeno dirigido hacia mí, encontrara la paz momentánea matándolo a él.
Sí, entiendo completamente a Juan Pablo Castel. Comprendo las razones para inmiscuirse en un amor tormentoso. Entiendo las contradicciones y la decadencia de las que alguna vez fueron sensaciones sublimadas.
Entiendo la muerte del ser por quien uno se apasiona como la única forma de librarlo de nuestros amores enfermos, y como el castigo eterno de una obsesión escabrosa e inevitable.
Aunque quisiera que resultara de otra forma, ni Juan Pablo ni yo hubiéramos sido capaces de lograr amar de una manera distinta a la que amábamos a algien. No, no a alguien en general sino a ellos en particular. Implícitamente, Juan Pablo establece la certeza de que no volverá a amar. Pero Juan Pablo lo sabe con 40 años y la libertad encerrada. Yo tengo 21 y la posibilidad de volver a amar parece cada vez más lejana. Como si el desgaste de querer tanto y tan mal fuera permanente. Como si los celos que sentí hubieran existido a cambio de tinieblas sempiternas, y es un trato que desconocía, pero que tampoco sé si habría rechazado. Como si el castigo real consistiera en añorar las caricia y los breves momentos de felicidad con aquél con quien nos hicimos tanto daño.
Así pasa el tiempo. Aunque hay día que creo que lo he superado, la realidad es que hay veces que las situaciones viven, pero mi amado se distorsiona en forma, como si fuera una ilusión de mi mente ruin y macabra.
Si creyera en el destino entonces creería tal vez que me predestinaron a ser infeliz. Ni modo, a mí me toco. A mí me tocó la execrable realidad de ser infeliz toda la vida.
Pero no tengo el consuelo del destino o de un Dios a quien culpar. La culpa es mía y de mis malas decisiones. El engaño sólo es a causa de mis sentimientos insolentes y preponderantes por los que no me permití guiarme de la razón.
...
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lunes, 26 de noviembre de 2007
Últimamente mi amplia y maravillosa oficina se ha convertido en un departamento oriental. Desde que los auditores llegaron no sólo está encerrado, sino que ya no tenemos libertad.
Somos siete en la oficina . Siete. Cinco vigilantes permanentes. Siete y un solo de basutra. Chrys (mi compañero y nuevo amigo) y yo ya ni nos podemos hablar por el bullicio que se hace, y toda nuestra comunicación se ha reducido al mensajero instantáneo de la empresa.
Estoy invadida en todos los sentidos: han llegado a tal grado de descaro que usan MI extensión cuando se les pega la gana -sí, sí es mía, tiene mi nombre y soy responsable de ella- e incluso se atreven a contestar el teléfono porque han dado mi número de extensión para que se comuniquen con ellos.
Pero el colmo sucedió el viernes pasado cuando llegué para encontrarme con la novedad de que uno de los auditores -quizá el más naco- tenía música puesta. ¿Que por qué me molesta? Porque desde que llegué a esa oficina he sido yo quien pone la música. Mi música determina mi espacio; marca mi territorio; me relaja; me ayuda a trabajar mejor. Y ese hombre osó ponerla sin preguntarme. Se aprovechó de que los viernes llego más tarde y puso música. Un hombre como él, corriente, vulgar, corrompiendo la música culta que emanaba su computadora y empapaba nuestros sentidos, pero él ni siquiera sabía cuál era el nombre de las piezas.
Y así, en reiteradas ocasiones escuchamos Fortuna Imperatrix Mundi mezclada con la ópera Carmen. No más. Sin variedad -uno debe satisfacer gustos diversos si quiere ser el DJ de una oficina-, tampoco me dejó poner música. Simplemente no.
Es MI oficina, es MI espacio, y la única persona con quien comparto pertenencia es Chrys, que es un pan y nunca se queja de nada. La falta de educación y abuso de los auditores me tienen harta. Me tiene harta la tipa que, ¡pobrecita!, no tiene personalidad y no sabe decir más que "sí"...
- ¿Bueno?
- ¿Sí?
- ¿Cómo estás?
- Sí...
- Un favor, ¿me pasas a Chrys?
- Sí..
- Sale gracias, cuídate.
- Sí...
Que eso sí, trae su lap top Vaio (¿así se escribe?) nueva y su bolsa Tous, únicamente para venir a sentarse y tobar el ya escaso aire concentrado e la oficina, para ocupar espacio y vigilarnos todo el méndigo día (aunque la mona se vista de seda, mona se queda).
En fin, el sábado compré unos audífonos. Así al menos podré conservar la intimidad de lo que escucho y el mínimo espacio de mi lugar... y podré lanzar un comentario ogt y oportuno cuando alguien me pregunte por qué deje de poner mi música en voz alta.
Somos siete en la oficina . Siete. Cinco vigilantes permanentes. Siete y un solo de basutra. Chrys (mi compañero y nuevo amigo) y yo ya ni nos podemos hablar por el bullicio que se hace, y toda nuestra comunicación se ha reducido al mensajero instantáneo de la empresa.
Estoy invadida en todos los sentidos: han llegado a tal grado de descaro que usan MI extensión cuando se les pega la gana -sí, sí es mía, tiene mi nombre y soy responsable de ella- e incluso se atreven a contestar el teléfono porque han dado mi número de extensión para que se comuniquen con ellos.
Pero el colmo sucedió el viernes pasado cuando llegué para encontrarme con la novedad de que uno de los auditores -quizá el más naco- tenía música puesta. ¿Que por qué me molesta? Porque desde que llegué a esa oficina he sido yo quien pone la música. Mi música determina mi espacio; marca mi territorio; me relaja; me ayuda a trabajar mejor. Y ese hombre osó ponerla sin preguntarme. Se aprovechó de que los viernes llego más tarde y puso música. Un hombre como él, corriente, vulgar, corrompiendo la música culta que emanaba su computadora y empapaba nuestros sentidos, pero él ni siquiera sabía cuál era el nombre de las piezas.
Y así, en reiteradas ocasiones escuchamos Fortuna Imperatrix Mundi mezclada con la ópera Carmen. No más. Sin variedad -uno debe satisfacer gustos diversos si quiere ser el DJ de una oficina-, tampoco me dejó poner música. Simplemente no.
Es MI oficina, es MI espacio, y la única persona con quien comparto pertenencia es Chrys, que es un pan y nunca se queja de nada. La falta de educación y abuso de los auditores me tienen harta. Me tiene harta la tipa que, ¡pobrecita!, no tiene personalidad y no sabe decir más que "sí"...
- ¿Bueno?
- ¿Sí?
- ¿Cómo estás?
- Sí...
- Un favor, ¿me pasas a Chrys?
- Sí..
- Sale gracias, cuídate.
- Sí...
Que eso sí, trae su lap top Vaio (¿así se escribe?) nueva y su bolsa Tous, únicamente para venir a sentarse y tobar el ya escaso aire concentrado e la oficina, para ocupar espacio y vigilarnos todo el méndigo día (aunque la mona se vista de seda, mona se queda).
En fin, el sábado compré unos audífonos. Así al menos podré conservar la intimidad de lo que escucho y el mínimo espacio de mi lugar... y podré lanzar un comentario ogt y oportuno cuando alguien me pregunte por qué deje de poner mi música en voz alta.
jueves, 22 de noviembre de 2007
El fin de los diálogos (diálogo 19) 13:06
Escribí 18. Algunos -la mayoría de ellos- sacados de la realidad. Otros -pocos- de mis propias fantasías. Éste, con el que quiero cerrar, es uno que me inventé. Dudé todo el tiempo en escribirlo, pero ahí va la transcripción tal cual:
- Acuéstate conmigo.
- ¿Por qué?
- Porque puede ser la culminación de lo que se ha gestado, o bien el principio de lo que no ha sucedido. Así que acuéstate conmigo.
- Pero puedo aocstarme contigo en sentido literal, o acostarme contigo en sentido figurado, ¿cuál prefieres?
- Los prefiero ambos.
- ¿Ambos acostones?
- Ambos sentidos, pero supongo que es lo mismo.
- Si me acuesto contigo en sentido literal compartiremos el sueño. Tú escucharás que ronco y hablo mientras duermo. Te darás cuenta que tiemblo y te daré tanta ternura que te quedarás abrazado a mí. Y tal vez estemos tan juntos que soñaremos tranquilos. Así hasta que los rayos del sol nos despierten y cada uno se vaya por su lado. Si me acuesto contigo en sentido figurado tal vez nos acostemos, pero haremos el amor. De diferentes formas hasta que te desahogues. Seguro te gustará, pero no sabemos si a mí sí... Si esperamos un poco más y me preguntas después y te contesto con certeza que quiero acostarme sentido en todos los sentidos, no importará que de inicio no me guste. Porque me gustará por el compromiso y los sentimientos...
(Voltea la mirada hacia el horizonte, avergonzado de la petición inicial).
- Lo entiendo.
(Ella se queda callada, hasta que de pronto escucha)
- Ven, quiero acostarme contigo.
Y los dos se quedan dormidos, él la envuelve en sus brazos para que ella no tiemble.
- Acuéstate conmigo.
- ¿Por qué?
- Porque puede ser la culminación de lo que se ha gestado, o bien el principio de lo que no ha sucedido. Así que acuéstate conmigo.
- Pero puedo aocstarme contigo en sentido literal, o acostarme contigo en sentido figurado, ¿cuál prefieres?
- Los prefiero ambos.
- ¿Ambos acostones?
- Ambos sentidos, pero supongo que es lo mismo.
- Si me acuesto contigo en sentido literal compartiremos el sueño. Tú escucharás que ronco y hablo mientras duermo. Te darás cuenta que tiemblo y te daré tanta ternura que te quedarás abrazado a mí. Y tal vez estemos tan juntos que soñaremos tranquilos. Así hasta que los rayos del sol nos despierten y cada uno se vaya por su lado. Si me acuesto contigo en sentido figurado tal vez nos acostemos, pero haremos el amor. De diferentes formas hasta que te desahogues. Seguro te gustará, pero no sabemos si a mí sí... Si esperamos un poco más y me preguntas después y te contesto con certeza que quiero acostarme sentido en todos los sentidos, no importará que de inicio no me guste. Porque me gustará por el compromiso y los sentimientos...
(Voltea la mirada hacia el horizonte, avergonzado de la petición inicial).
- Lo entiendo.
(Ella se queda callada, hasta que de pronto escucha)
- Ven, quiero acostarme contigo.
Y los dos se quedan dormidos, él la envuelve en sus brazos para que ella no tiemble.
Diálogo 18 (uno en serio) 13:02
En las misiones médicas de Novartis:
- ¿Para quién es la consulta?
- Para mi bebé.
- ¿Cómo se llama?
- Todavía no tiene nombre.
(La mujer que registraba alzó entonces la vista)
- ¿Cómo?
- Todavía no tiene nombre-. Respondió la humilde mujer.
- ¿Qué edad tiene?
- Lo que pasa es que fue prematuro y ahorita estaría cumpliendo siete meses en mi panza...
- ¿Cuándo nació?
- El 19 de octubre.
- Ay... tiene un mes...
- Sí, es que... lo traje porque no hace del baño...
Éstas son las realidades de nuestro México.
- ¿Para quién es la consulta?
- Para mi bebé.
- ¿Cómo se llama?
- Todavía no tiene nombre.
(La mujer que registraba alzó entonces la vista)
- ¿Cómo?
- Todavía no tiene nombre-. Respondió la humilde mujer.
- ¿Qué edad tiene?
- Lo que pasa es que fue prematuro y ahorita estaría cumpliendo siete meses en mi panza...
- ¿Cuándo nació?
- El 19 de octubre.
- Ay... tiene un mes...
- Sí, es que... lo traje porque no hace del baño...
Éstas son las realidades de nuestro México.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Diálogo 17 16:11
- Niños, agradézcanle a las alumnas de Nutrición. Estuvieron con ustedes durante cuatro semanas porque querían, no les pagaron nada... se merecen una calurosa despedida.
- Gracias alumnas de Nutrición- repiten al unísono los alumnos del último año de kinder.
De pronto, uno se levanta, saca cuatro pesos en monedas de uno, las enseña y dice:
- Aquí está.
- ¿Aquí está qué?- pregunta una de las licenciables.
- Yo les pago, pero sigan viniendo...
Todas se sorprenden y se enternecen.
- ¿Qué pasa? ¿No es suficiente? Tengo más-. Pronuncia mientras busca en sus bolsillos más monedas.
- Gracias alumnas de Nutrición- repiten al unísono los alumnos del último año de kinder.
De pronto, uno se levanta, saca cuatro pesos en monedas de uno, las enseña y dice:
- Aquí está.
- ¿Aquí está qué?- pregunta una de las licenciables.
- Yo les pago, pero sigan viniendo...
Todas se sorprenden y se enternecen.
- ¿Qué pasa? ¿No es suficiente? Tengo más-. Pronuncia mientras busca en sus bolsillos más monedas.
El discurso en la borrachera (diálogo 16) 8:19
¡Qué tal nuestra s figuras públicas!
Mariagna Pratts:
“Como lo prometí el 25 de mayo, y hoy se está cumpliendo, y ésas son promesas del jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, y el cuchillito de palo de su esposa, y eso es lo que yo puedo ofrecer... Los amo con toda el alma...”
Mariagna Pratts:
“Como lo prometí el 25 de mayo, y hoy se está cumpliendo, y ésas son promesas del jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, y el cuchillito de palo de su esposa, y eso es lo que yo puedo ofrecer... Los amo con toda el alma...”
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jueves, 15 de noviembre de 2007
Dálogo 15 14:07
- De pronto me duele el tiempo.
- El tiempo, ¿cómo puede dolerte el tiempo?
- Me duele en las venas de las manos, que antes se ocultaban debajo de mi piel.
- No te entiendo.
- Si no lo entiendes, entonces siéntelo (Lleva las yemas ajenas a sus venas y las conduce por los caminos sinuosos del cuerpo humano)-. ¿Ves?
- Pero, ¿cómo puede dolerte el tiempo?
- Me duele porque me lastima. Porque ha sido mi acompañante incondicional, el único, pero me ha degradado conforme avanza. Me ha reducido a pellejo y huesos frágiles.
- Me parece que en realidad te dueles tú mismo y culpas al tiempo.
- No. No entiendes que me duele él porque creí que era mi mejor amigo… ¿Por qué te levantas?
- No tiene caso que me quede contigo. Tu ingratitud es el peor de los látigos. Efectivamente, no soy tu mejor amigo. Por lo visto no ha funcionado el intercambio: a diferencia de otros, tú has perdido carne y tu ignorancia aumenta con la edad.
- El tiempo, ¿cómo puede dolerte el tiempo?
- Me duele en las venas de las manos, que antes se ocultaban debajo de mi piel.
- No te entiendo.
- Si no lo entiendes, entonces siéntelo (Lleva las yemas ajenas a sus venas y las conduce por los caminos sinuosos del cuerpo humano)-. ¿Ves?
- Pero, ¿cómo puede dolerte el tiempo?
- Me duele porque me lastima. Porque ha sido mi acompañante incondicional, el único, pero me ha degradado conforme avanza. Me ha reducido a pellejo y huesos frágiles.
- Me parece que en realidad te dueles tú mismo y culpas al tiempo.
- No. No entiendes que me duele él porque creí que era mi mejor amigo… ¿Por qué te levantas?
- No tiene caso que me quede contigo. Tu ingratitud es el peor de los látigos. Efectivamente, no soy tu mejor amigo. Por lo visto no ha funcionado el intercambio: a diferencia de otros, tú has perdido carne y tu ignorancia aumenta con la edad.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Diálogo 14 13:24
Sujeto 2: ¡Qué onda cómo estás!
Sujeto 1: Bien, bien ¿y tú?
Sujeto 2: Bien también... oye, ¿para dónde vas?
Sujeto 1: Voy para el área de fumar...
Sujeto 2: ahhh... ¿a qué?
Pensamiento del sujeto 1: Pues ha de ser a apagarle el cigarro a los demás.
Sujeto 1: A fumar...
Sujeto 1: Bien, bien ¿y tú?
Sujeto 2: Bien también... oye, ¿para dónde vas?
Sujeto 1: Voy para el área de fumar...
Sujeto 2: ahhh... ¿a qué?
Pensamiento del sujeto 1: Pues ha de ser a apagarle el cigarro a los demás.
Sujeto 1: A fumar...
lunes, 12 de noviembre de 2007
Diálogo 13 6:34
- Bueno, no sabes cómo lo intentó. Incluso en su cumpleaños de pronto ella se empezó a besar con otro...
- ¿Cómo crees?
- Sí, y él se puso a llorar y yo pensé: "Chin, por qué no fui a la fiesta"...
- ¿Cómo crees?
- Sí, y él se puso a llorar y yo pensé: "Chin, por qué no fui a la fiesta"...
viernes, 9 de noviembre de 2007
Dialogo 12 19:10
Post secret me encanta porque siento que las postales me hablan y yo les contesto. En esta ocasión, mi diálogo 12 me transmite justo lo que a veces siento.
"One day, people will care about what I have to say"
Sad, but true.
"One day, people will care about what I have to say"
Sad, but true.
El sujeto 2 (dialogo 11) 18:20
Antes de reproducir el siguiente diálogo supongo que necesito hablar un poco del Sujeto 2. Él ha protagonizado los últimos dos diálogos y ahora encabeza este también. Mencionaré primero que es un hombre que me da mucha risa. Me cae mal. Pero me da risa que diga tantas tonterías. No sé si sea tonto, sólo es de esas personas que no piensa lo que dice. En fin, he aquí otro diálogo que no fue su culpa, pero que, ciertamente, me pareció gracioso.
Sujeto 2: ¿Me prestas tu teléfono para que le marque a L...?
Yo: Sí claro...
Sujeto 2: C... ¿Te sabes la extensión de L...?
C: 0102
Sujeto 2: Gracias...
El Sujeto 2 pone el altavoz del teléfono.
L: Hola Charbe (o sea yo), ¿cómo estás?
(Carcajadas de todos los demás) (Sujeto 2 descuelga la bocina del teléfono)
Sujeto 2: No, L, soy Sujeto 2, a Charbelí aún no le ha cambiado la voz.
Sujeto 2: ¿Me prestas tu teléfono para que le marque a L...?
Yo: Sí claro...
Sujeto 2: C... ¿Te sabes la extensión de L...?
C: 0102
Sujeto 2: Gracias...
El Sujeto 2 pone el altavoz del teléfono.
L: Hola Charbe (o sea yo), ¿cómo estás?
(Carcajadas de todos los demás) (Sujeto 2 descuelga la bocina del teléfono)
Sujeto 2: No, L, soy Sujeto 2, a Charbelí aún no le ha cambiado la voz.
jueves, 8 de noviembre de 2007
Diálogo 10 14:49

Sujeto 1: Sí, mira nada más dame tantito tiempo para terminarlo y listo.
Sujeto 2: Ah ok wey... Oye y por cierto, ¿dónde quedaron las impresoras?
Pensamiento del sujeto 1: Junto a ti...
Diálogo 9 14:47
“Jeu d’onglets codés couleur”
- ¿Qué pedo? ¿Viene en alemán o qué?
- No, es francés.
- Uy qué fresa.
- ¿Qué pedo? ¿Viene en alemán o qué?
- No, es francés.
- Uy qué fresa.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Diálogo 8 7:09
(El monólogo a través de la canción)
Ésta es la letra de una canción muy bella que se llama "Aunque no sea conmigo"
A placer, puedes tomarte el tiempo necesario
que por mi parte yo estaré esperando
el día en que te decidas a volver
y ser felíz como antes fuimos.
Se muy bien,
que como yo estarás sufriendo a diario
la soledad de dos amantes que al dejarse
están luchando cada quien
por no encontrarse...
Y no es por eso
que haya dejado de quererte un solo día
estoy contigo aunque estés lejos de mi vida
por tu felicidad a costa de la mía.
Pero si ahora tienes,
tan sólo la mitad del gran amor que aún te tengo
puedes jurar que al que te quiere lo bendigo
quiero que seas feliz...
aunque no sea conmigo...
Y no es por eso
que haya dejado de quererte un solo día
estoy contigo aunque estés lejos de mi vida
por tu felicidad a costa de la mía.
Pero si ahora tienes,
tan sólo la mitad del gran amor que aún te tengo
puedes jurar que al que te quiere lo bendigo
quiero que seas feliz...
aunque no sea conmigo...
Ésta es la letra de una canción muy bella que se llama "Aunque no sea conmigo"
A placer, puedes tomarte el tiempo necesario
que por mi parte yo estaré esperando
el día en que te decidas a volver
y ser felíz como antes fuimos.
Se muy bien,
que como yo estarás sufriendo a diario
la soledad de dos amantes que al dejarse
están luchando cada quien
por no encontrarse...
Y no es por eso
que haya dejado de quererte un solo día
estoy contigo aunque estés lejos de mi vida
por tu felicidad a costa de la mía.
Pero si ahora tienes,
tan sólo la mitad del gran amor que aún te tengo
puedes jurar que al que te quiere lo bendigo
quiero que seas feliz...
aunque no sea conmigo...
Y no es por eso
que haya dejado de quererte un solo día
estoy contigo aunque estés lejos de mi vida
por tu felicidad a costa de la mía.
Pero si ahora tienes,
tan sólo la mitad del gran amor que aún te tengo
puedes jurar que al que te quiere lo bendigo
quiero que seas feliz...
aunque no sea conmigo...
lunes, 5 de noviembre de 2007
Diálogo 7 7:42
(Conmigo misma después de ver algo perturbador)
- Ya, supéralo.
- No, no puedo.
- No es la gran cosa. AL menos lo intenta, ¿tú lo intentas?
- Mmm... a mí manera.
- No mientas. No lo intentas. Tienes tanto miedo que te quedas ahí, cruzada de brazos.
- Te recuerdo que hay una razón más.
- ¿Acaso a ella le importa esa razón? Me parece que ya no le interesa tu amistad.
- Jejeje. Estás volviéndote loca. Este asunto ya rebasó la amistad. Ahora se trata de lealtad, misma que debería conservarse aún después de concluido el lazo filial.
- Pura pendejada. Sólo justificas tus miedos. Si estás tan segura por qué no haces el movimiento. No tienes nada que perder y todo que ganar. ¿A poco crees que nadie lo ha notado? Recuerda que todos saben todo.
- Creo que lo disimulo bastante bien... pero a ella se lo conté, ¿te acuerdas?
- Sí. El peor error.
- Depende de la perspectiva. Yo lo hice porque pensé que sería mejor.
- Pues no, la cagaste, no fue mejor. Al contrario.
- Cada quien.
- Sí, cada quien.
- Bueno, no te enojes. Tú y yo somos la misma. Mejor si quieres te ayudo a ver cómo olvidas el asunto.
- Sale.
- Sale.
- Ya, supéralo.
- No, no puedo.
- No es la gran cosa. AL menos lo intenta, ¿tú lo intentas?
- Mmm... a mí manera.
- No mientas. No lo intentas. Tienes tanto miedo que te quedas ahí, cruzada de brazos.
- Te recuerdo que hay una razón más.
- ¿Acaso a ella le importa esa razón? Me parece que ya no le interesa tu amistad.
- Jejeje. Estás volviéndote loca. Este asunto ya rebasó la amistad. Ahora se trata de lealtad, misma que debería conservarse aún después de concluido el lazo filial.
- Pura pendejada. Sólo justificas tus miedos. Si estás tan segura por qué no haces el movimiento. No tienes nada que perder y todo que ganar. ¿A poco crees que nadie lo ha notado? Recuerda que todos saben todo.
- Creo que lo disimulo bastante bien... pero a ella se lo conté, ¿te acuerdas?
- Sí. El peor error.
- Depende de la perspectiva. Yo lo hice porque pensé que sería mejor.
- Pues no, la cagaste, no fue mejor. Al contrario.
- Cada quien.
- Sí, cada quien.
- Bueno, no te enojes. Tú y yo somos la misma. Mejor si quieres te ayudo a ver cómo olvidas el asunto.
- Sale.
- Sale.
Diálogo 6 7:08
(El sábado recordando el miércoles)
- Si quieres este corte puedo hacértelo, pero te voy a cortar mucho cabello reina. Piénsalo así: si quieres cambiar de look entonces te lo recomiendo ampliamente, pero de lo contrario mejor nada más te lo despunto y le doy forma a lo que ya traes-. Comenta un estilista a su clienta, una mujer de veintitantos años con el cabello muy largo y decolorado.
- Está bien. Haz lo que tengas que hacer para que quede bien.
En otro tocador.
- ¿Cómo te hacemos el corte?
- Se creativa. Soy materia dispuesta. Nada más me gustaría que me respetaras el largo.
- Ok.
(Pasan algunos minutos)
- ¿Ya te fijaste que se te está cayendo el cabello?
- Sí...
- ¿Y qué estás haciendo al respecto?
- Pues me lo cuido muchísimo. Uso tratamientos y así.
- ¿Qué tratamientos?
- Acondicionadores especiales, un tratamiento para las puntas...
- No, deja de usar los acondicionadores. Es más, no puedes usar nada en la raíz. De hecho, te recomendaría que compraras este shampoo...
(Ya no puede escuchar nada más. Sólo piensa en la calvicie. Sabe que ya le dijo el precio, pero no lo escuchó).
- ¡Lo compro! ¡Lo compro!.
- Ahora te lo traigo.
Le encantó el corte, el shampoo súper efectivo. Mucho más de lo que esperaba gastar.
- Si quieres este corte puedo hacértelo, pero te voy a cortar mucho cabello reina. Piénsalo así: si quieres cambiar de look entonces te lo recomiendo ampliamente, pero de lo contrario mejor nada más te lo despunto y le doy forma a lo que ya traes-. Comenta un estilista a su clienta, una mujer de veintitantos años con el cabello muy largo y decolorado.
- Está bien. Haz lo que tengas que hacer para que quede bien.
En otro tocador.
- ¿Cómo te hacemos el corte?
- Se creativa. Soy materia dispuesta. Nada más me gustaría que me respetaras el largo.
- Ok.
(Pasan algunos minutos)
- ¿Ya te fijaste que se te está cayendo el cabello?
- Sí...
- ¿Y qué estás haciendo al respecto?
- Pues me lo cuido muchísimo. Uso tratamientos y así.
- ¿Qué tratamientos?
- Acondicionadores especiales, un tratamiento para las puntas...
- No, deja de usar los acondicionadores. Es más, no puedes usar nada en la raíz. De hecho, te recomendaría que compraras este shampoo...
(Ya no puede escuchar nada más. Sólo piensa en la calvicie. Sabe que ya le dijo el precio, pero no lo escuchó).
- ¡Lo compro! ¡Lo compro!.
- Ahora te lo traigo.
Le encantó el corte, el shampoo súper efectivo. Mucho más de lo que esperaba gastar.
Diálogo 5 6:53
(Viernes)
- ¿Bueno?
- Bueno...
- ¿Por qué no me contestas el teléfono?
- Porque no había sonado.
- Ah te había marcado. ¿Qué te pasa hosca? ¿Adónde vas?
- Voy camino a un Halloween.
- ¿Con quiénes vas?
- Con Aldo, su hermano y su primo.
- Ah...
(Interrumpe)
- ¿Quieres saber de qué voy disfrazada?
- Sí.
- De Mimí. ¿Te digo cómo hice mi disfraz?
- Sí.
- Traigo una blusa negra satinada. Unos shorts negros también, unos como leggings... no no son unas medias que se acaban abajo de la rodilla.
- ¿Te conté que me compré unos boxers?
- No...
- Están padrísimos. Me encantaron... pero bueno, me estabas contando de tu disfraz.
- Ah sí, bueno, traigo un cinturón debajo de las boobs. Las orejitas que me prestó Sherley, y unos zapatos amarillos.
- ¿Zapatos amarillos? Amo los zapatos escandalosos.
- Pues no son muy escandalosos, sólo son amarillos.
- Anyhow son escandalosos porque son amarillos.
- Jajajaja.
- Bueno, te visualicé perfecto reina. Te ves guapísima. Vas echando tiros. Entendiste perfecto la idea de que el punto de ir a un Halloween es verte espectacular.
Silencio
- ¿Qué te iba a decir?... Mmm...
- ¿Que me quieres?
- ¿Qué te iba a decir?...
- Algo te está pasando. Desde la vez pasada estás hostil. ¿Qué te pasa? A mí me dejas los malos ratos. En los buenos te vas con los demás.
- Me está entrado una llamada de mi mamá. Me tengo que ir.
- ¿Ya ves? Y me dejas aquí. ¿Qué te está pasando?
- Ya me tengo que ir.
- Estoy haciendo pucheros y todo. Un berrinche espantoso.
- Ya me voy mi mamá me va a colgar. A ver si nos vemos la próxima semana.
- Ok, eso es un "Tenemos que hablar".
- Cuídate.
Cambia la línea de llamada.
- Mamiiii.
- ¿Bueno?
- Bueno...
- ¿Por qué no me contestas el teléfono?
- Porque no había sonado.
- Ah te había marcado. ¿Qué te pasa hosca? ¿Adónde vas?
- Voy camino a un Halloween.
- ¿Con quiénes vas?
- Con Aldo, su hermano y su primo.
- Ah...
(Interrumpe)
- ¿Quieres saber de qué voy disfrazada?
- Sí.
- De Mimí. ¿Te digo cómo hice mi disfraz?
- Sí.
- Traigo una blusa negra satinada. Unos shorts negros también, unos como leggings... no no son unas medias que se acaban abajo de la rodilla.
- ¿Te conté que me compré unos boxers?
- No...
- Están padrísimos. Me encantaron... pero bueno, me estabas contando de tu disfraz.
- Ah sí, bueno, traigo un cinturón debajo de las boobs. Las orejitas que me prestó Sherley, y unos zapatos amarillos.
- ¿Zapatos amarillos? Amo los zapatos escandalosos.
- Pues no son muy escandalosos, sólo son amarillos.
- Anyhow son escandalosos porque son amarillos.
- Jajajaja.
- Bueno, te visualicé perfecto reina. Te ves guapísima. Vas echando tiros. Entendiste perfecto la idea de que el punto de ir a un Halloween es verte espectacular.
Silencio
- ¿Qué te iba a decir?... Mmm...
- ¿Que me quieres?
- ¿Qué te iba a decir?...
- Algo te está pasando. Desde la vez pasada estás hostil. ¿Qué te pasa? A mí me dejas los malos ratos. En los buenos te vas con los demás.
- Me está entrado una llamada de mi mamá. Me tengo que ir.
- ¿Ya ves? Y me dejas aquí. ¿Qué te está pasando?
- Ya me tengo que ir.
- Estoy haciendo pucheros y todo. Un berrinche espantoso.
- Ya me voy mi mamá me va a colgar. A ver si nos vemos la próxima semana.
- Ok, eso es un "Tenemos que hablar".
- Cuídate.
Cambia la línea de llamada.
- Mamiiii.
Diálogo 4 6:52
(Viernes)
Una mujer se ve en el espejo. Se arregla el cabello.
- ¿Por qué te ves tanto en el espejo? ¿Te gusta cómo te ves?
- Sí.
- A mí también.
Una mujer se ve en el espejo. Se arregla el cabello.
- ¿Por qué te ves tanto en el espejo? ¿Te gusta cómo te ves?
- Sí.
- A mí también.
jueves, 1 de noviembre de 2007
Diálogo 3 13:02
- Fíjate que a la abuelita de S... la internaron en una clínica geriátrica y les dijeron en la clínica que no la visitaran en una semana para que se acostumbre a estar allí.
- ¿De verdad? ¿A poco ahí la van a dejar?
- No. Pero tiene que estar ahí por un mes.
- Eso me hace sentir súper triste. Me imagino que cuando cumpla 50 años ustedes también me van a llevar a una clínica geriátrica para que me cuiden ahí, y me van a abandonar sin dejarme salir nunca, sin visitarme.
(Mientras pensamos: "Ya se voló la barda con el comentario Lourdicéntrico")
- Mamá, no le hagas, no te vamos a internar en cinco años.
- ¿De verdad? ¿A poco ahí la van a dejar?
- No. Pero tiene que estar ahí por un mes.
- Eso me hace sentir súper triste. Me imagino que cuando cumpla 50 años ustedes también me van a llevar a una clínica geriátrica para que me cuiden ahí, y me van a abandonar sin dejarme salir nunca, sin visitarme.
(Mientras pensamos: "Ya se voló la barda con el comentario Lourdicéntrico")
- Mamá, no le hagas, no te vamos a internar en cinco años.