En una entrada anterior escribí que estaba jugando God of War. Pues lo acabé. Me gustó muchísimo y ahora lo estoy jugando en modo Mortal (NORMAL), porque lo terminé en Easy. Esto es para que después lo juegue en modo GOD (Súper difícil).
Gracias a God Of War, he terminado de desahogar mi estrés.
Cuando era niña tenía una muñeca de trapo a la que adoraba. Me encantaba jugar con ella, y pasear con ella. Me hacía muy feliz tenerla.
Sin embargo, una niña de seis años es muy demandante y la muñeca no me duró mucho porque, como jugaba con ella y ella era muy frágil, le desprendí un brazo, y luego otro, y después la pobre muñequita no era más que una piltrafa.
Entonces la tiraron.
Me acuerdo que lloré por ella. Sufrí sin mi muñeca de trapo. Fue insustituible. Ni siquiera intentaron regalarme una nueva. Con el tiempo, el dolor de mi muñeca de trapo se amainó, pero siempre mantuve el recuerdo.
Hace poco, caminando por el metro, en la estación Zócalo, nos topamos con una señora que vendía muñecas de trapo. De inmediato recordé aquélla que fue elemento clave para que mi infancia fuera feliz, sobre todo a pesar de las numerosas pérdidas que tuve a muy temprana edad.
Este amigo -que es un gran amigo de la familia- me regaló una muñequita.
ME ENCANTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. Me siento como una niña cada vez que la veo sentadita en mi cama.
Bien decía la familia, los amigos, los maestros y la gente más experimentada que había que trabajar en aquello que nos gustara.
Esta semana mi vida se ha pausado para hacerse un lado y dejar al trabajo en primer lugar.
Con este ritmo de trabajo, aunque quiera no puedo llegar antes de las 10, pero me voy a las 8 y tantos y sigo laborando en mi casa.
Aunque esto se publique a la hora que lo empecé, ya es la 1:22 am y yo sigo trabajando.
Ya alucino Word, alucino corregir. Alucino redactar términos técnicos. Eso sí, me estoy convirtiendo en una experta... jajajajaja... como si eso se pudiera lograr en tan poco tiempo y con sólo unas revisiones a las presentaciones de estrategias.
Cuando estaba en la preparatoria tenía un maestro de Historia de las Culturas que, cuando nos hablaba de mitología griega, nos dijo que el amor no moría, sólo se transformaba para poder seguir viviendo. Mi ejemplo favorito era el de Narciso y Eco: Narciso estaba enamorado de su reflejo y, por verse en el río, se muere. Cuando se muere su materia se convierte en una flor que lleva su nombre.
Eco estaba enamorada de Narciso. Tal era su amor que descuida sus obligaciones como ninfa y es castigada: por toda la eternidad tendrá que repetir la última palabra de quienes anden por el bosque.
En ambos casos la materia se transformaba -en una flor o en sonido- para que el amor pudiera seguir existiendo. El amor, por su parte, también sufría una metamorfosis.
Aquella lección me dejó maravillada. De alguna manera alimentaba mis creencias adolescentes y románticas de que el amor perdura, a pesar de todo, perdura.
Sin embargo, nunca viví la teoría sino hasta el sábado pasado.
No cabe duda que a uno le cuesta mucho trabajo dejar el orgullo absurdo detrás y admitir que quiere y que le importa otra persona, sobre todo si su relación ha estado por apagarse en muchas ocasiones y si se han hecho mucho daño... Pero yo lo admití el sábado. El sábado pasado me di cuenta de que me he cambiado y por eso el cariño perseveró. Como yo, el amor se transformó en afecto por el recuerdo. Cambió de categoría. Dejó de ser doloroso para convertirse en un recuerdo fantástico de una época vivida intensamente.
Ya no me duele. El sábado pasado fue, si que yo lo quisiera, la prueba de fuego de que, de mi parte, ya no quedan rencores ni palabras más que éstas que escribo ahorita... y entonces esas lecciones de la preparatoria se grabaron en mi piel y en mis pensamientos con más pasión que siempre.
Al final, como diría Amado Nervo sobre el dolor, lo ha dorado el sol del recuerdo y me veo resplandecer como creí que jamás sucedería.
El cariño estará siempre, pero ya no hay añoranza, ni sufrimiento, ni lamentos por lo que no fue. Sólo está la felicidad de lo que sí.
De la misma manera... esta canción adquirió todo el sentido del mundo...
Una de las cosas más molestas en la vida es soñar y no descansar. Levantarse al otro día como si lo hubieran molido a palos debido a la intensidad de los sueños. Que lo más interesante últimamente sea justo lo que no es realidad.
Así me ha pasado las últimas dos noches: he soñado situaciones perturbadoras. La primera sería un sueño maravilloso de no ser por los personajes. Me desperté cansada, pero el contenido no distrajo mi pensamiento de las actividades diarias.
No obstante, el sueño de ayer para hoy sí. Soñé que estaba en el asiento trasero de un auto desconocido. Todo estaba diluido en sombras excepto un espejo retrovisor en el que me reflejaba. Al verme, mi reflejo era una fotografía en blanco y negro de una persona significativa en algún momento de mi vida. Pero era yo. Como no podía creerlo, fruncí el ceño, arqueé la ceja, moví el rostro -que era lo único perceptible en el retrovisor-, y no cabía duda que era yo. Pero no era. O sí era, sin embargo mi rostro había adquirido el físico de esa otra persona en esa fotografía en específico.
No sé qué signifique. Sé que, en mi sueño, me sentía desconcertada y un poco desesperada de que ésa fuera mi cara. Ya no era mujer. Mi rostro era masculino y conservaba una mueca que, cuando pertenecía a aquella persona significativa, me provocaba muchísima curiosidad: su sonrisa a medias, que no podía definir si surgía por timidez o ironía. Ahora era mi reflejo quien la emitía, y yo comenzaba a resultar un misterio para mí misma. Era conocerme mucho, pero también desconocerme en el más puro sentido de no aceptar mi reflejo.
Ése no era mi reflejo. Era otra persona encarnada tanto tiempo a mi espíritu que yo me había convertido en ella. Tal vez yo me encarné en su espíritu. Tal vez ese reflejo signifique que en realidad ya nos separamos. Que ahora puedo ver ese gesto enigmático y comprender que no soy yo.
Tal vez sea sólo la asociación de dos ideas aisladas que se juntaron mientras mi mente buscaba descansar...
... aunque sea perturbador, preferiría pensar que tiene algún significado... pero, ¿cuál?
No sé... lo que sea, hoy me estoy cayendo de cansancio y no me quiero dormir... me da miedo...
En la ausencia de un amigo mío me prestó su Playstation 2 para jugar un videojuego llamado God of War. Es maravilloso.
Sumamente catártico, uno puede hacer en los videojuegos lo que nunca haría en la vida real. Ir por ahí sin comer ni beber, matando seres mitológicos que salen de la nada, que protegen a sirenas con voces hermosas y aspectos horroríficos. Sí, uno derrama sangre ficticia a manera de catarsis.
Estoy, en cierta medida, obsesionada. El viernes pasado estaba jugando y me quemé la mano por la fricción de la piel y el joystick de plástico. Lo peor es que sólo sentí calor, cuando me di cuenta de que tenía el pellejo desprendido y la carne viva, y que una de las líneas de la palma estaba marcada por una pequeña pero muy dolorosa herida, ya había apagado la consola.
Otro amigo dice que me estoy convirtiendo en una geek, sin embargo me parece que exagera un poco... jajaja.
Ya tengo muy pocos días para terminarlo porque mi amigo regresa en tres semanas y me prestó otro juego mucho más largo...
Además, quiero saber cómo Kratos, un mortal pecador, puede ganarle a Ares, el dios de la guerra. Los otros dioses no pueden meterse en la pelea, por lo que el único auxilio que Kratos recibe tiene que ver con las armas y poderes con que los dioses lo proveyeron a lo largo del juego. Además... apenas lo acabaré en easy (mortal mode). En todo caso me faltaría jugar en modo normal (hero) y el modo difícil (god mode).
¿Cuánto costará un Playstation 2? ¿cuánto el juego? ¿Cuánto God of War II?
Para descansar un poco de mi trauma de James Joyce me dispuse a leer Northanger Abby, una de las novelas de Jane Austen. Para que valiera la pena la lectura de una de las grandes representantes de la literatura anglosajona, me dispuse a leer sus páginas en el idioma original -además así practico mi inglés-.
Está muy entretenido. Sin llegar a la altura narrativa o de historia de Orgullo y Prejuicio o Persuasión, debo confesar que es divertido e interesante.
La historia es la misma: una mujer con alguna cualidad que la hace interesante a los ojos de un hombre inteligente, suficientemente guapo e increíblemente rico para que valga la pena que ella lo voltee a ver.
Suena frívolo, pero cuando la leo me siento maravillada. No cabe duda, Jane Austen estaba adelantada para su época.
Se nace para bailar. Hoy, mientras estaba en clase de Zumba y veía al instructor bailando me quedó clarísimo. Uno puede aprender -como yo aprendí después de que tenía dos pies izquierdos- pero jamás seré tan buena como quien tiene el don.
Hoy, con mi vecina atrás de mí haciendo los pasos, y un montón de desconocidos a mi alrededor, me di cuenta de que, efectivamente, quien persevera alcanza, porque si bien yo no era buena bailarina, con el paso del tiempo me interesó para forjarme como una decente...
Sin embargo hoy reviví todo el esfuerzo que me costó, porque no podía coordinar los ejercicios que ponían.
El que persevera alcanza, el que persevera alcanza...
Durante mucho tiempo mi casa fue un lugar inhabitable. Rodeados de papeles, de libros maltratados y ropa regada, aquello parecía una trinchera que compartían cuatro soldados llamados familia.
En un departamento donde sólo uno de los cuatro habitantes es organizado, los demás nos las arreglábamos para encontrar nuestras camas para llegar a dormir por las noches. Un día, mi segunda habitación favorita, el estudio, apenas tenía un pequeño camino para poder andar en él, pues los objetos eran tantos y estaban tan desordenados que ocupaban ya la mayoría del piso. Ese día sentí que me asfixiaba en mi propia casa y comprendí la necesidad de arreglarlo.
Desde hace un mes, la señora que nos ayuda con las actividades domésticas viene también los domingos. Comenzamos, por supuesto, con el estudio. Es una maravilla, está tan ordenado que incluso escucho eco cuando hablamos. Además, le ha dado luminosidad a toda la casa. La dinámica es la siguiente: ella saca las cosas y yo las reviso para ver qué se queda y qué se tira. Es impresionante cómo guardamos tanta basura creyendo que forman parte de los recuerdos y que seguramente recurriremos a ella porque nos servirá en el futuro. No es cierto. Había muchos papeles que no sabía que tenía y que no me hicieron falta, aunque estoy segura de que los guardé por motivos sentimentales y pensando en el futuro. No son importantes. Al contrario, cuando se acumulan representan un lastre y agobian al grado de sentirse asfixiado en el refugio por excelencia: el hogar.
No pude evitar pensar que el pasado es igual: si uno se aferra demasiado a él comienza a sentirse incómodo en su propio cuerpo. Con su propio espíritu.
Paralela a la restauración de mi casa comencé a sentir que se me restauraba el alma. Ahora mi estudio representa la tranquilidad que me ha invadido y que me ha motivado a hacer cosas por mi bienestar. Arreglar la casa es una de ellas.
Al final de cuentas, quiero que mis invitados se sientan gustosos de entrar a mi casa, como una metáfora de que están en mi vida.
La verdad no me acordaba de él cuando lo vi. Su rostro me resultaba familiar, pero como pensé que era mi competencia en la entrevista de trabajo no conversé con él.
Después me quedé. Y me dijeron que todavía faltaba un becario por contratar, que se encargaría de la parte de tecnología del departamento.
Así llegó un hombre ojeroso y alto, blanco y con los ojos que emulan a los de Mona Lisa. Su primer acercamiento fue aclararme de dónde me parecía familiar: teníamos una amiga en común. De ahí estuvo difícil franquear la barrera. Fuimos a comer y yo hablaba todo el tiempo y él no decía nada.
La verdad es que de entrada pensé: "MADREEES... ¿con este güey voy a trabajar?" "¡Qué flojeraaaa!"... lo bueno es que ahora no le para la boca.
No sé si porque los dos pensamos que sería muy incómodo trabajar con alguien con quien te hables poco, o si porque de verdad hubo química natural, pero lo que es un hecho es que ésta se generó y derivó en confianza, y la confianza en intimidad, en conversar sobre todo y fumar juntos y comer y reírnos aún en las tragedias (¡Todavía no nos dan nuestros decálogos!).
Sin duda, si me preguntaran qué ha sido lo mejor de mi estancia en Novartis, yo diría que MI CHRYTS. Es un gran, gran amigo, de esos que uno sabe que, aunque apenas llevemos un año de conocernos, ha escalado en la jerarquía de la amistad a un grado muy alto.
Así que Chryts, muchas gracias por un excelente año.
El pasado 31 de agosto cumplí un año trabajando en la empresa para la que trabajo actualmente. Laboralmente no ha pasado mucho. Sigo teniendo las mismas responsabilidades, es una labor cómoda, de medio tiempo, así que, ahora que ya no estoy estudiando, se podría decir que vivo en una vacación parcial.
Lo que me sorprende en realidad es cómo puede haber una persona a la que muchas le tengan miedo. Que sea como una vaca sagrada intocable, pero al mismo tiempo se quejen de la vaca a sus espaldas.
Todo este año me he quedado sorprendida de darme cuenta cómo esta persona consigue todas sus peticiones. Hasta los altos mandos la consienten. Es una persona implacable por la que la gente, incluso, se salta los procedimientos.
No digo que pida barbaridades, porque muchas veces, efectivamente, pretende asuntos que se resolverían de manera más eficaz con lo que ella propone, lo que me asombra es su influencia, en quien sea y, aunque por atrás se quejan, de frente todos asienten a sus peticiones.
TRAS. Un año después, ese fenómeno sique asombrándome...