Estoy sentida. Sentida es una palabra extraña. Estoy sentida es, en realidad, "tengo rencor porque hay algo aquí que no es recíproco. Porque me siento ofendido pero no he llegado al grado del enojo. Sólo estoy molesto". Pues bien, aunque no sea el término más adecuado. Estoy sentida y, sin temor a equivocarme, manifiesto que tengo, en alguna medida, la razón. No sé cuándo se quitará esta emoción. Desconozco cuándo se cerrará la herida abierta que es mucho más honda de lo que pensé ayer.
No conviene hablarlo más que aquí. Sólo aquí establecerlo. Esta vez, no voy a dejar de estar sentida porque aquí se queda. Ahora va más allá. Ahora sí es en serio. Sentida en serio. Desconcertada en serio...
Estoy sentida, muy sentida, contigo porque eres incongruente.
jueves, 27 de noviembre de 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Cantar a José José 21:54
Sin duda, José José es uno de mis intérpretes favoritos. Aunque la gente dice que sus canciones son muy cursis, a mí me llegan muchísimo. Ha habido veces -numerosas, lo confieso- en que me sorprendo con las miradas de la gente que me escuchan cantar El Triste, Lágrimas, La Nave del Olvido y Mi niña, entre otras, porque me emociono tanto que no me doy cuenta de que en la calle transita más gente que yo.
Hoy estaba en la oficina y no fue la excepción, mientras sacaba copias comencé a cantar a José José y de pronto me cayó el veinte de algo que me haría sumamente feliz: rentar un karaoke bar, cerrarlo y cantar tantas canciones de José José como se me antojen.
Quizá cantar en general, pero empezar con el repertorio de las interpretaciones del Príncipe de la Canción.
Sí, eso me haría sentir plena. Cantar y cantar. Cantar toda la vida.
Hoy estaba en la oficina y no fue la excepción, mientras sacaba copias comencé a cantar a José José y de pronto me cayó el veinte de algo que me haría sumamente feliz: rentar un karaoke bar, cerrarlo y cantar tantas canciones de José José como se me antojen.
Quizá cantar en general, pero empezar con el repertorio de las interpretaciones del Príncipe de la Canción.
Sí, eso me haría sentir plena. Cantar y cantar. Cantar toda la vida.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Al sur de la frontera, al oeste del sol 19:44
Este título largo no se me ocurrió a mí, sino que es el título de una novela de Haruki Murakami, un escritor japonés. Tampoco se me ocurrió a mí leerlo, me lo prestó un amigo mío.
Comencé a leerlo y me sorprendió la facilidad con la que avanzaba en las páginas. Mal juzgado, aquello me dio la impresión de que leería una novela light.
Cuando terminó me di cuenta de cuánto me equivoqué: la novela me hizo reflexionar y, aunque leí después que Murakami es criticado porque escribió best sellers, la realidad es que me gustó mucho y que me ha puesto a pensar sobre mi propia existencia.
Esto de leer autores de otras culturas es maravilloso. Aunque Murakami escribe sobre un mundo occidentalizado, la realidad es que conserva rasgos ajenos a la cultura occidental.
El final, además, es maravilloso. Es un final abierto que marca la continuación de una vida que se había visto interrumpida por una presencia que, si bien trajo dicha, ésta fue una dicha momentánea y no la felicidad a la que aspira el ser humano, esa felicidad se encontraba en lo que siempre tuvo.
Comencé a leerlo y me sorprendió la facilidad con la que avanzaba en las páginas. Mal juzgado, aquello me dio la impresión de que leería una novela light.
Cuando terminó me di cuenta de cuánto me equivoqué: la novela me hizo reflexionar y, aunque leí después que Murakami es criticado porque escribió best sellers, la realidad es que me gustó mucho y que me ha puesto a pensar sobre mi propia existencia.
Esto de leer autores de otras culturas es maravilloso. Aunque Murakami escribe sobre un mundo occidentalizado, la realidad es que conserva rasgos ajenos a la cultura occidental.
El final, además, es maravilloso. Es un final abierto que marca la continuación de una vida que se había visto interrumpida por una presencia que, si bien trajo dicha, ésta fue una dicha momentánea y no la felicidad a la que aspira el ser humano, esa felicidad se encontraba en lo que siempre tuvo.
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lunes, 17 de noviembre de 2008
15 de noviembre de 2006 21:29
Ese día decidí que quería tener un blog. También, ese día lo abrí y escribí una entrada sobre uno de mis compañeros.
Ya pasaron dos años de eso. Dos años de tener un blog que, además de ser un diario virtual, es una prueba de constancia: no se puede ser inconstante cuando se escribe un blog.
Este blog es un depositario de mis cavilaciones, de mis emociones, de mi cotidianeidad. Aquí soy yo por completo y quienes me leen me hacen el honor de adentrarse en las ideas que tengo y en las que no.
Feliz aniversario a mí. Este espacio se ha convertido en parte indispensable de mi vida.
Ya pasaron dos años de eso. Dos años de tener un blog que, además de ser un diario virtual, es una prueba de constancia: no se puede ser inconstante cuando se escribe un blog.
Este blog es un depositario de mis cavilaciones, de mis emociones, de mi cotidianeidad. Aquí soy yo por completo y quienes me leen me hacen el honor de adentrarse en las ideas que tengo y en las que no.
Feliz aniversario a mí. Este espacio se ha convertido en parte indispensable de mi vida.
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viernes, 14 de noviembre de 2008
Frase del día- 14 de noviembre 9:31
Todas las personas nacen como original, la mayoría muere como copia.
Rafael Pintada
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miércoles, 12 de noviembre de 2008
La frase del día- 12 de noviembre 22:52
El necio aplica todas sus energías en la venganza; el perdón es la venganza de la sabiduría.
Christian Wernicke
(poeta alemán)
(poeta alemán)
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martes, 11 de noviembre de 2008
Frase del día- 11 de noviembre 21:09
No hay nada equiparable a un hombre de dieciocho años que diga que ha leído a James Joyce. El vómito es irreprimible.
Luis Reyes de la Maza
(escritor mexicano)
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domingo, 9 de noviembre de 2008
La frase del día 23:06
"Y después de todo, ¿qué es una mentira? Nada más que la verdad con máscara."
Lord Byron
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jueves, 6 de noviembre de 2008
Crisis exterior y crisis personal 22:38
Parece mentira que éste es el mes de aniversario de mi blog y coincide con ser un mes en el que, generalmente, escribo poco. No hay motivos en especial, sólo que no escribo mucho aquí.
Ésta ha sido una semana muy pesada. Llueve en todos los ámbitos de la vida y de pronto parece que esa lluvia hace que el camino andado parezca inexistente ante los demás.
Así me pasó esta semana. En muchos ámbitos siento que estoy intentando caminar sobre el agua, porque el piso que conocía y, más allá que conocía, que forjé, está por extinguirse.
Fue una de esas semanas en que las derrotas pesaron más que las insípidas victorias. Fue un recordatorio, fue una maña del tiempo cuando ya ha aflojado mucho y necesita escarmentar de alguna manera.
Y lo peor: ni siquiera lo anticipaba. Al fin había llevado el cuento que no daba pie a interpretaciones, y éstas existieron. Como siempre, corregí las notas que me tocaban y redacté las que me correspondía redactar, y cometí un error que causó controversia y enfrentamiento. La ilusión que empezó el viernes pasado se rompió ayer. Vaya que rompí mi propio récord de brevedad. Aquellos problemas que parecían enterrados salieron y cobraron fuerza.
Para situarnos en el ambiente adecuado para esta clase de sentimientos. El miércoles en la mañana la ciudad olía a desesperanza. Sabía amarga. Parecía que la gente estaba en silencio, reflexionando sobre la muerte e incrédula ya de los accidentes.
¿A qué grado hemos llegado? ¿En qué país vivimos que de inmediato especulamos y ponemos en duda las casualidades? ¿Que ni siquiera nos cabe la posibilidad de que existen todavía accidentes?
Crisis exterior y crisis personal.
Ésta ha sido una semana muy pesada. Llueve en todos los ámbitos de la vida y de pronto parece que esa lluvia hace que el camino andado parezca inexistente ante los demás.
Así me pasó esta semana. En muchos ámbitos siento que estoy intentando caminar sobre el agua, porque el piso que conocía y, más allá que conocía, que forjé, está por extinguirse.
Fue una de esas semanas en que las derrotas pesaron más que las insípidas victorias. Fue un recordatorio, fue una maña del tiempo cuando ya ha aflojado mucho y necesita escarmentar de alguna manera.
Y lo peor: ni siquiera lo anticipaba. Al fin había llevado el cuento que no daba pie a interpretaciones, y éstas existieron. Como siempre, corregí las notas que me tocaban y redacté las que me correspondía redactar, y cometí un error que causó controversia y enfrentamiento. La ilusión que empezó el viernes pasado se rompió ayer. Vaya que rompí mi propio récord de brevedad. Aquellos problemas que parecían enterrados salieron y cobraron fuerza.
Para situarnos en el ambiente adecuado para esta clase de sentimientos. El miércoles en la mañana la ciudad olía a desesperanza. Sabía amarga. Parecía que la gente estaba en silencio, reflexionando sobre la muerte e incrédula ya de los accidentes.
¿A qué grado hemos llegado? ¿En qué país vivimos que de inmediato especulamos y ponemos en duda las casualidades? ¿Que ni siquiera nos cabe la posibilidad de que existen todavía accidentes?
Crisis exterior y crisis personal.
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lunes, 3 de noviembre de 2008
La ciudad endemoniada 11:18
¡Qué horror! Esta ciudad se está volviendo loca. Entre tanta gente y tantos automóviles, lo peor que pudo haber hecho el gobierno de esta ciudad era cerrar tantos tramos de vías importantes simultáneamente.
Yo, que no tengo coche, pensé que estaba exenta del tráfico... ¡pero no! Desafortunadamente el caos ha llegado incluso a la parte subterránea, donde el metro ya no se da abasto para transportar a tanta gente.
Y es que, ¿por qué cerrar Circuito Interior, Churubusco, Revolución y Xola? ¿No sería mejor dedicar todos los esfuerzos para hacer las construcciones rápidamente y poder seguir otra vía?
Es caótico. Al menos en el metro las personas hacen esfuerzos por caber en un espacio donde con trabajo entraría un niño. Las puertas se cierran y al menos un brazo padece a presión del cierre. Más de un bolso o mochila se queda volando.
Es un desmadre. Hoy intenté abordar dos metros de dos líneas distintas (la línea 1 y la 9), y fue un desastre. Increíblemente fue mejor recurrir a un taxi que me llevara a mi destino, pero a las horas pico -que cada vez se van extendiendo en el tiempo-, también el tráfico de la ciudad es espantoso, hora y media recorriendo distancias que en días normales se harían en veinte o treinta minutos.
¿Dónde están los beneficios de tanta pinche construcción?
Yo, que no tengo coche, pensé que estaba exenta del tráfico... ¡pero no! Desafortunadamente el caos ha llegado incluso a la parte subterránea, donde el metro ya no se da abasto para transportar a tanta gente.
Y es que, ¿por qué cerrar Circuito Interior, Churubusco, Revolución y Xola? ¿No sería mejor dedicar todos los esfuerzos para hacer las construcciones rápidamente y poder seguir otra vía?
Es caótico. Al menos en el metro las personas hacen esfuerzos por caber en un espacio donde con trabajo entraría un niño. Las puertas se cierran y al menos un brazo padece a presión del cierre. Más de un bolso o mochila se queda volando.
Es un desmadre. Hoy intenté abordar dos metros de dos líneas distintas (la línea 1 y la 9), y fue un desastre. Increíblemente fue mejor recurrir a un taxi que me llevara a mi destino, pero a las horas pico -que cada vez se van extendiendo en el tiempo-, también el tráfico de la ciudad es espantoso, hora y media recorriendo distancias que en días normales se harían en veinte o treinta minutos.
¿Dónde están los beneficios de tanta pinche construcción?
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