Hoy en la mañana abrí el presente blog y tenía un comentario nuevo en la entrada "Mientras escuchaba El Triste". De inmediato se lo atribuí a un conocido mío, por quien siento mucho aprecio y que escribe de cierta manera sentida, adjetivada, metafórica y particular. Leí el documento electrónico que se presentaba ante mis ojos como un comentario. Las señas del conocido parecían intensificarse a medida que yo continuaba leyendo y al final aseguré que era él. Y el misterio del "Anónimo" que había escrito oraciones tan cuidadas y al mismo tiempo sentidas pareció resuelto.
Pero no. Preocupada, llamé para preguntarle cómo se sentía después de leer sus comentarios, y me sorprendió la respuesta de que él no había sido. Pensé que bromeaba. No obstante su fama de buen actor, pareció sincero en su negativa.
Desde entonces me he preguntado quién pudo haber escrito ese texto. ¿Será algún conocido? ¿Alguien que me hizo el honor de aventurarse en este "diario virtual" que "está plagado con confesiones de sentimientos" sin saber realmente más de mí que lo escribo aquí?
Quien quiera que sea, su texto es conmovedor. Pensé en reproducirlo en la presente entrada pero no sé si su autor quiera que permanezca en la pantalla principal. Después de todo, lo escribió como una confesión de lo que no siente.
A ese "Anónimo", le agradezco que haya elegido mi blog como vehículo de expresión de sus propias sensaciones. Espero que continúe haciéndolo, aunque no sepa quién es ni de dónde proviene...
jueves, 28 de agosto de 2008
Sucumbí ante las ganas de leer las cartas. Antier, cuando terminé de leer Mujeres de Babel, comencé a leer las Cartas de amor a Nora Barnacle, edición que bajé de internet (de www.elaleph.com) porque ya se me acabó el dinero para comprar el libro. Así, imprimí las hojas, las engargolé y me dispuse a leer. Aunque sigo sintiendo pena porque la vida de aquellos dos quedó expuesta, la realidad es que haber leído las misivas de Joyce a su " hermosa flor silvestre de los setos" me llenó de una esperanza abrumadora. Me conmueve hasta las lágrimas.
Hasta cierto punto me sentí identificada con la desesperación que mostraba en el amor. Con sus celos iracundos, y su afán de posesión como único acercamiento de la expresión de sus sensaciones y sus pensamientos tal vez se aproxime a reflejar en sus cartas todo aquello que le provocaba Nora.
Sin afán de parecer soberbia y compararme con Joyce -porque de ninguna manera lo intento, menos con ese monstruo de la literatura ante cuya memoria me siento humilde-, mientras leía recordaba las cartas que yo misma me aventuré a escribir en alguna época, hace ya tal vez un par de años (o más): eran cartas insignificantes. Comenzaron hablando de lo mucho que el tercero valía la pena, y terminaron siendo confesiones profundas de mi esencia, sin otro afán que el de mostrarle al ser amado mi confianza hacia él.
Aunque nunca se las di como "Cartas de amor", la verdad es que los dos sabíamos que eso eran. En cada palabra brotaba el frenesí de mis sensaciones, la violencia con la que lo urgía a una respuesta que no llegaba, la desesperación que me provocaba cada segundo en que no estaba con él. Después de estos años lo reflexiono y pienso que fui muy intensa y que es difícil encontrarse con alguien con quien haya tanto entendimiento y amor como para soportar esas intensidades. Antes bien, ahora que he dejado el duelo de lado y recuerdo con cariño, esos recuerdos nutren mi alma de alegría y de orgullo por lo que soy capaz de hacer por el amado.
Por eso cuando leí a Joyce e intuí las respuestas de Nora (por lo que él escribe en sus cartas) me sentí identificada y honrada de leer lo que se postraba ante mis ojos. Fue como si, muchos años antes, alguien hiciera lo mismo que yo he hecho con las mismas sensaciones que se quedan después de enviar una carta melancólica, o de reclamo, o de lujuria.
Hasta cierto punto me sentí identificada con la desesperación que mostraba en el amor. Con sus celos iracundos, y su afán de posesión como único acercamiento de la expresión de sus sensaciones y sus pensamientos tal vez se aproxime a reflejar en sus cartas todo aquello que le provocaba Nora.
Sin afán de parecer soberbia y compararme con Joyce -porque de ninguna manera lo intento, menos con ese monstruo de la literatura ante cuya memoria me siento humilde-, mientras leía recordaba las cartas que yo misma me aventuré a escribir en alguna época, hace ya tal vez un par de años (o más): eran cartas insignificantes. Comenzaron hablando de lo mucho que el tercero valía la pena, y terminaron siendo confesiones profundas de mi esencia, sin otro afán que el de mostrarle al ser amado mi confianza hacia él.
Aunque nunca se las di como "Cartas de amor", la verdad es que los dos sabíamos que eso eran. En cada palabra brotaba el frenesí de mis sensaciones, la violencia con la que lo urgía a una respuesta que no llegaba, la desesperación que me provocaba cada segundo en que no estaba con él. Después de estos años lo reflexiono y pienso que fui muy intensa y que es difícil encontrarse con alguien con quien haya tanto entendimiento y amor como para soportar esas intensidades. Antes bien, ahora que he dejado el duelo de lado y recuerdo con cariño, esos recuerdos nutren mi alma de alegría y de orgullo por lo que soy capaz de hacer por el amado.
Por eso cuando leí a Joyce e intuí las respuestas de Nora (por lo que él escribe en sus cartas) me sentí identificada y honrada de leer lo que se postraba ante mis ojos. Fue como si, muchos años antes, alguien hiciera lo mismo que yo he hecho con las mismas sensaciones que se quedan después de enviar una carta melancólica, o de reclamo, o de lujuria.
A ambos (Nora y Jim), los admiro.
Etiquetas:
james joyce,
literatura,
recuerdos
domingo, 24 de agosto de 2008
Etiquetas:
quizzes
jueves, 21 de agosto de 2008
Los inconvenientes de la fama... 20:44
Ya en otras muchas ocasiones he mencionado que Ulises es un libro que me inspira muchísimo respeto. Hace un año -en mi cumpleaños número veintiuno-, un amigo me lo regaló.
Y sigo sin leerlo.
Posteriormente, ante mi temor de leerlo, mi mamá me regaló un libro titulado, Mujeres de Babel, que es el análisis de un autor apellidado Moreno sobre el lenguaje de la obra de Joyce, y sostiene que contiene gran carga femenina.
No lo he terminado. Y de ahí he sacado bibliografía para leer antes de tomar entre mis manos a Ulises.
Una de las cosas que me sorprenden más, no obstante la disección de Molly Bloom, es la manera cómo se ha hecho pública la vida privada del escritor. Es tal la curiosidad y el afán por comprenderlo, que se han publicado libros con la compilación de cartas a su mujer, Nora Barnacle, que contienen su intimidad expresada de todas las maneras posibles -desde la tierna hasta la grotesca- por James Joyce.
En cuanto llegué a casa prendí la computadora y busqué un retrato de Nora. Cuando la vi evoqué lo leído esta tarde y sentí pena por ella: las palabras que su amante le dedicaba en ojos de los lectores ávidos y morbosos. la descripción de su cuerpo, reservado para el padre de sus hijos, expuesto años después. El título de musa del autor de LA novela del siglo XX le costó la profanación de su intimidad.
Y, sin embargo, al verla, parece una mujer tan normal que el desconcierto es mayúsculo.
Antes de observar su retrato anoté en mi lista de libros la compilación de cartas. Después de conocerla me parece que debo guardarle respeto, el respeto que nadie más le guardó, ni su hombre...
No lo he terminado. Y de ahí he sacado bibliografía para leer antes de tomar entre mis manos a Ulises.
Una de las cosas que me sorprenden más, no obstante la disección de Molly Bloom, es la manera cómo se ha hecho pública la vida privada del escritor. Es tal la curiosidad y el afán por comprenderlo, que se han publicado libros con la compilación de cartas a su mujer, Nora Barnacle, que contienen su intimidad expresada de todas las maneras posibles -desde la tierna hasta la grotesca- por James Joyce.
En cuanto llegué a casa prendí la computadora y busqué un retrato de Nora. Cuando la vi evoqué lo leído esta tarde y sentí pena por ella: las palabras que su amante le dedicaba en ojos de los lectores ávidos y morbosos. la descripción de su cuerpo, reservado para el padre de sus hijos, expuesto años después. El título de musa del autor de LA novela del siglo XX le costó la profanación de su intimidad.
Y, sin embargo, al verla, parece una mujer tan normal que el desconcierto es mayúsculo.
Antes de observar su retrato anoté en mi lista de libros la compilación de cartas. Después de conocerla me parece que debo guardarle respeto, el respeto que nadie más le guardó, ni su hombre...
A ver si no me gana la curiosidad...
Etiquetas:
favoritas,
libros,
literatura,
musa,
Ulises
martes, 12 de agosto de 2008
To my friend... 20:45
Este post es para mi amigo y compañero de trabajo, con quien he compartido más o menos cinco horas diarias -o más, si contamos los ratos de esparcimiento- por prácticamente un año.
Sí, efectivamente, sentirse solo está del carajo. En el ámbito emocional, hay pocas cosas peores que levantarse de la cama, ir al trabajo, a la escuela, que andar en el metro y toparse de pronto con dos novios que se besan en todos los rincones que encuentran, sintiendo una mezcla de emoción por ellos y de tristeza -y nostalgia- por uno mismo.
De pronto el tiempo parece más lento y pesa como una loza sobre a espalda... porque no hay con quien compartirlo. sí hay amigos, porque a la gente buena los amigos les llegan fácilmente, pero parece que la bondad trae consigo el karma de que una pareja sea como encontrar una estrella fugaz.
Quisiera decir con toda certeza que a cada quien le corresponde un cada cual. Pero no lo sé. No sé tampoco si hay que probar mucho, pero he visto que hay a quienes les llega en el primer intento, y otros que buscan y exploran y que todavía no encuentran.
Supongo, mi estimado amigo, que hay una tercera categoría de aquéllos a quienes el amor no les llega fácilmente, aunque tengan tantos deseos y hayan hecho tantos méritos por amar y ser amados. A lo mejor caemos en la clasificación a la que Sabines dedicó un poema, a lo mejor somos los amorosos...
No sé, por más solos que nos sintamos, también nos sentimos mal porque en el fondo tenemos la esperanza de que algo mágico nos suceda.
Quizá la respuesta está en el planteamiento que Sabines hace de los amorosos, quizá la conocemos en el fondo, pero de esas dudas tejemos la misma barrera que buscamos franquear.
No sé tú, amigo mío, pero prefiero la añoranza por encima de la resignación.
Sí, efectivamente, sentirse solo está del carajo. En el ámbito emocional, hay pocas cosas peores que levantarse de la cama, ir al trabajo, a la escuela, que andar en el metro y toparse de pronto con dos novios que se besan en todos los rincones que encuentran, sintiendo una mezcla de emoción por ellos y de tristeza -y nostalgia- por uno mismo.
De pronto el tiempo parece más lento y pesa como una loza sobre a espalda... porque no hay con quien compartirlo. sí hay amigos, porque a la gente buena los amigos les llegan fácilmente, pero parece que la bondad trae consigo el karma de que una pareja sea como encontrar una estrella fugaz.
Quisiera decir con toda certeza que a cada quien le corresponde un cada cual. Pero no lo sé. No sé tampoco si hay que probar mucho, pero he visto que hay a quienes les llega en el primer intento, y otros que buscan y exploran y que todavía no encuentran.
Supongo, mi estimado amigo, que hay una tercera categoría de aquéllos a quienes el amor no les llega fácilmente, aunque tengan tantos deseos y hayan hecho tantos méritos por amar y ser amados. A lo mejor caemos en la clasificación a la que Sabines dedicó un poema, a lo mejor somos los amorosos...
No sé, por más solos que nos sintamos, también nos sentimos mal porque en el fondo tenemos la esperanza de que algo mágico nos suceda.
Quizá la respuesta está en el planteamiento que Sabines hace de los amorosos, quizá la conocemos en el fondo, pero de esas dudas tejemos la misma barrera que buscamos franquear.
No sé tú, amigo mío, pero prefiero la añoranza por encima de la resignación.
¡Me publicaron! 15:36
Gracias a mi labor en Un Techo Para Mi País, me publicaron en El Universal, en la sección de Opinión en impresos y en el blog de universitarios.
Les dejo el link.
http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle5350.html
Les dejo el link.
http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle5350.html
Etiquetas:
publicación,
UTPMP
viernes, 1 de agosto de 2008
Mientras escuchaba El Triste 20:55
Una de mis canciones favoritas en el mundo es El triste, de Roberto Cantoral e interpretada por José José.
Hace poco vi la versión que interpretó en el Festival OTI en 1970. Estaba en un Sanborn's esperando a mi mamá y surgió ante mis ojos. Se me llenaron los ojos de lágrimas ante su interpretación.
Entonces bajé el video de youtube y exporté el audio en mp3. Un día, camino a una cita, la estaba escuchando y pensé en qué escribiría un "triste". No fue muy difícil ponerme en sus zapatos y esto fue lo que salió:
"Te deseo en el resto de mis días aunque en el entendimiento me queda clara tu ausencia.
Esta ya larga separación no impide que mis sentimientos permanezcan incorruptos difíciles de transformar y/o apaciguar.
He buscado reinventarte y conformarme con la vida que transcurre en mi mente, ésa donde los dos estamos junt y nuestros mundos se unen al compás de una melodía de Korsakov: escandalosa a veces, pero en todo momento armónica.
Es como si mi rostro conservara el dejo de amargura mientras que las estaciones cambian, van y regresan, y la gente y el mundo transcurren en eterno movimiento. Yo también me muevo, pero en lugar de ir hacia adelante regreso, en un devenir constante, a tu recuerdo.
Ya no lloro. Hace mucho que se me agotaron las lágrimas destinadas a nuestra causa perdida. Ya no lloro porque mi angusta y tu lejanía bombardean mi alma con un dolor tan profundo que no hay llanto que lo exprese o que lo amague aunque sea un poco.
En este caso, el tiempo no ha resultado ser el antídoto perfecto. O acaso las heridas son tan hondas como las fosas donde yacen los desconocidos, donde me hundiré yo dentro de poco.
Como no puedo curarne, voy a resguardarme en mis propias heridas. Me esconderé de mí mismo para evitar buscarte.
Porque, al final de cuentas, nos tuvimos que decir adiós cuando nos queríamos profundamente. Mis ojos ya sólo ven a través del velo gris de la soledad.
Antes bien, aún conservo el recuerdo de tus ojos sonrientes, de tus manos, mi hogar y mi delirio, y la añoranza de volver a sentirte es lo único que me mantiene vivo".
Hace poco vi la versión que interpretó en el Festival OTI en 1970. Estaba en un Sanborn's esperando a mi mamá y surgió ante mis ojos. Se me llenaron los ojos de lágrimas ante su interpretación.
Entonces bajé el video de youtube y exporté el audio en mp3. Un día, camino a una cita, la estaba escuchando y pensé en qué escribiría un "triste". No fue muy difícil ponerme en sus zapatos y esto fue lo que salió:
"Te deseo en el resto de mis días aunque en el entendimiento me queda clara tu ausencia.
Esta ya larga separación no impide que mis sentimientos permanezcan incorruptos difíciles de transformar y/o apaciguar.
He buscado reinventarte y conformarme con la vida que transcurre en mi mente, ésa donde los dos estamos junt y nuestros mundos se unen al compás de una melodía de Korsakov: escandalosa a veces, pero en todo momento armónica.
Es como si mi rostro conservara el dejo de amargura mientras que las estaciones cambian, van y regresan, y la gente y el mundo transcurren en eterno movimiento. Yo también me muevo, pero en lugar de ir hacia adelante regreso, en un devenir constante, a tu recuerdo.
Ya no lloro. Hace mucho que se me agotaron las lágrimas destinadas a nuestra causa perdida. Ya no lloro porque mi angusta y tu lejanía bombardean mi alma con un dolor tan profundo que no hay llanto que lo exprese o que lo amague aunque sea un poco.
En este caso, el tiempo no ha resultado ser el antídoto perfecto. O acaso las heridas son tan hondas como las fosas donde yacen los desconocidos, donde me hundiré yo dentro de poco.
Como no puedo curarne, voy a resguardarme en mis propias heridas. Me esconderé de mí mismo para evitar buscarte.
Porque, al final de cuentas, nos tuvimos que decir adiós cuando nos queríamos profundamente. Mis ojos ya sólo ven a través del velo gris de la soledad.
Antes bien, aún conservo el recuerdo de tus ojos sonrientes, de tus manos, mi hogar y mi delirio, y la añoranza de volver a sentirte es lo único que me mantiene vivo".
