A lo largo del año y medio que he permanecido en la empresa para la que trabajo he conocido mucha gente. Gente con colores apagados o colores neutros, pocos con colores verdaderamente encendidos, magnéticos, que invitan a la gente a acercarse. María Elena es una de esas personas. Desde el principio me transmitió muy buena vibra. Me encantó la idea de conocer a alguien que tuviera la parte "científica" y la parte artística y que éstas convivieran armónicamente en sí misma. Sus ojos pícaros que a diario me saludaban con interés, como si el mundo se detuviera si yo no le daba respuesta.
Los detalles hacen que las personas sean grandes, y María Elena ha sido sumamente detallista conmigo. Siempre se interesa por la música que escucho, por lo que tengo que decir, por las tonterías que a diario decíamos Chrys y yo para animar aquel piso que, de no haber sido por ella, habría estado muy desolado. Dejaba la puerta de su oficina abierta, como invitando a todo el que quisiera entrar a pasar un rato agradable.
Jamás olvidaré la primera vez que fuimos a comer con ella al comedor. De pronto me preguntó sobre mi tesis, y recordaba el tema que hacía ya un par de meses había planteado en la reunión de equipo que tuvimos.
Muy poca gente ha causado el impacto que ella causó en mi vida, en tan pocos meses. Creo que, después de Chrys, fue la primera persona con la que sentí entera confianza. Me mostró siempre su lado positivo, aunque de pronto las cosas empezaron a tomar un rumbo que a muchos les hubiera parecido poco favorable. Ella siempre lo afrontó con entereza y con clase.
Espero, de verdad espero, que la amistad que forjé con ella prevalezca aunque nuestras vidas tomen caminos distintos. La admiro muchísimo y a través de esta entrada quiero que lo sepa. Quiero que sepa que opino que la empresa pierde con su partida. Ella gana, porque ese lugar le queda chico, y definitivamente no quiero estar en un lugar donde no la supieron apreciar lo suficiente como para retenerla.
jueves, 29 de enero de 2009
miércoles, 28 de enero de 2009
Simple 21:04
En realidad no había reflexionado sobre lo sencilla que es mi vida. No hay grandes acontecimientos, y las tragedias están ya en un pasado remoto. Comencé a darme cuenta de la simplicidad de mi vida hoy, cuando revisé mi agenda.
Uno de mis propósitos de año nuevo fue comprar una agenda y llevarla al pie de la letra. Me pasa mucho que cambio planes, muchas veces basada en la jerarquía que la gente tiene en mi vida.A partir de este año decidí que ya no va a ser así, y que voy a respetar lo que diga mi agenda.
Así las cosas, me doy cuenta de la simplicidad de mi vida. Ya lo había escrito, es cierto, pero lo vuelvo a escribir. Mi vida es simple. Se simplificó a raíz de la salida de la escuela. Ahora estudio más. Escribo más. Tengo más tiempo libre para ser estudiante por elección. Me doy el lujo de ir a dos talleres literarios, de leer lo que se me antoja, de salir cuando se me antoja, de vivir como se me antoja. Y no vivo mal. Después de 22 años me siento con plena libertad de decidir sobre mi vida. Y esa decisión empieza en la agenda que llevo, en cómo organizo mi tiempo y mis días... esta vida simple me deja tomar las riendas de mi camino. Me deja elegir como me plazca, porque parece que mientras la vida es más complicada, menos decisión tiene uno sobre ella. Puedo escribir y soñar y levantarme a trabajar en un trabajo simple. Puedo tener amigos simples y reales e ilusiones sencillas y realizables.
No es conformismo. Es simpleza. Es cotidianeidad. Es tranquilidad. Es paz. Quiero esto, flotar como hoy floto por la ilusión de una imagen. Salir y recrearme y dejar de pensar que cuando sea grande voy a ser grande. Empiezo a hacer lo que verdaderamente me apasiona y eso me hace feliz. Empiezo a codearme en el ambiente que me llama la atención con gente que admiro porque, de verdad, sabe más que yo. Con verdaderos colegas que se apasionan por el mismo oficio. Por ahora, me gusta ser narradora sin mayores pretensiones que la persecusión del arte para que se encarne en mi pluma. Me gustan estos nuevos círculos que frecuento y que son tan disímiles entre ellos. A veces volteo al pasado, al que no es tan lejano, y lo añoro, y una parte de mi tiempo lo invierto pensando si he de dejarlo atrás o retomarlo. El pasado también puede ser presente, siempre y cuando el pasado quepa en el presente todavía.
Estoy enamorada de esta vida. Esta vida que de pronto me muestra un rostro pacífico, aunque tal vez sea sólo una tregua previa a la tempestad. Me espantaba la soledad pero ahora me doy cuenta que en realidad me gusta. Me gusta andar por las calles completamente sola, y pasar tiempo frente a la computadora sola. Creo que este camino de soledad me envuelve para hacer algo por mí misma. Hay quienes están marcados por la soledad, y de pronto, a pesar de combatir contra ella, llega un punto en el que la inconstancia de los humanos hace que uno mire a la soledad, y se dé cuenta de que es la verdadera mejor amiga. Yo he decidido no ahuyentarla más. Me la paso tan bien sola, preocupada por mí, que tal vez este camino es el que deba seguir. Tal vez deba hacerme una asceta emocional para perseguir el arte, para perseguir las ideas que me inundan los pensamientos y que son demasiado peligrosas como para compartir con los demás, con quienes no persiguen estos ideales que yo cargo, gustosa, desde niña. Mi verdadero futuro es simple: hacer lo que verdaderamente me apasiona. Si ya está identificado, ¿por qué recorrer caminos circulares en los que me frustro porque no voy a ningún lado?
Este tema de lo que verdaderamente quiero hacer me ha arrebatado el sueño en últimos días. Le he dado vueltas al asunto a partir de mi próximo desempleo y de las actividades vespertinas que realizo. Soy buena en lo que me apasiona. Tal vez me apasione porque soy buena. Es simple: está ahí la pasión y el talento, entonces desarróllalo. Para eso vivo, para el arte. Para el proceso intelectual que implica escribir, inventar historias, ser muchos personajes y ninguno.
Necesitaba una vida simple para darme cuenta de esto. Una vida común, controlada por mi agenda que me dice que los martes habrá taller y que los miércoles también. Por mi corazón que ha quedado deslumbrado por un hombre que tiene la misma vocación que yo. Por mi soledad que me dice que, no importa lo que pase, ella me acompaña.
Uno de mis propósitos de año nuevo fue comprar una agenda y llevarla al pie de la letra. Me pasa mucho que cambio planes, muchas veces basada en la jerarquía que la gente tiene en mi vida.A partir de este año decidí que ya no va a ser así, y que voy a respetar lo que diga mi agenda.
Así las cosas, me doy cuenta de la simplicidad de mi vida. Ya lo había escrito, es cierto, pero lo vuelvo a escribir. Mi vida es simple. Se simplificó a raíz de la salida de la escuela. Ahora estudio más. Escribo más. Tengo más tiempo libre para ser estudiante por elección. Me doy el lujo de ir a dos talleres literarios, de leer lo que se me antoja, de salir cuando se me antoja, de vivir como se me antoja. Y no vivo mal. Después de 22 años me siento con plena libertad de decidir sobre mi vida. Y esa decisión empieza en la agenda que llevo, en cómo organizo mi tiempo y mis días... esta vida simple me deja tomar las riendas de mi camino. Me deja elegir como me plazca, porque parece que mientras la vida es más complicada, menos decisión tiene uno sobre ella. Puedo escribir y soñar y levantarme a trabajar en un trabajo simple. Puedo tener amigos simples y reales e ilusiones sencillas y realizables.
No es conformismo. Es simpleza. Es cotidianeidad. Es tranquilidad. Es paz. Quiero esto, flotar como hoy floto por la ilusión de una imagen. Salir y recrearme y dejar de pensar que cuando sea grande voy a ser grande. Empiezo a hacer lo que verdaderamente me apasiona y eso me hace feliz. Empiezo a codearme en el ambiente que me llama la atención con gente que admiro porque, de verdad, sabe más que yo. Con verdaderos colegas que se apasionan por el mismo oficio. Por ahora, me gusta ser narradora sin mayores pretensiones que la persecusión del arte para que se encarne en mi pluma. Me gustan estos nuevos círculos que frecuento y que son tan disímiles entre ellos. A veces volteo al pasado, al que no es tan lejano, y lo añoro, y una parte de mi tiempo lo invierto pensando si he de dejarlo atrás o retomarlo. El pasado también puede ser presente, siempre y cuando el pasado quepa en el presente todavía.
Estoy enamorada de esta vida. Esta vida que de pronto me muestra un rostro pacífico, aunque tal vez sea sólo una tregua previa a la tempestad. Me espantaba la soledad pero ahora me doy cuenta que en realidad me gusta. Me gusta andar por las calles completamente sola, y pasar tiempo frente a la computadora sola. Creo que este camino de soledad me envuelve para hacer algo por mí misma. Hay quienes están marcados por la soledad, y de pronto, a pesar de combatir contra ella, llega un punto en el que la inconstancia de los humanos hace que uno mire a la soledad, y se dé cuenta de que es la verdadera mejor amiga. Yo he decidido no ahuyentarla más. Me la paso tan bien sola, preocupada por mí, que tal vez este camino es el que deba seguir. Tal vez deba hacerme una asceta emocional para perseguir el arte, para perseguir las ideas que me inundan los pensamientos y que son demasiado peligrosas como para compartir con los demás, con quienes no persiguen estos ideales que yo cargo, gustosa, desde niña. Mi verdadero futuro es simple: hacer lo que verdaderamente me apasiona. Si ya está identificado, ¿por qué recorrer caminos circulares en los que me frustro porque no voy a ningún lado?
Este tema de lo que verdaderamente quiero hacer me ha arrebatado el sueño en últimos días. Le he dado vueltas al asunto a partir de mi próximo desempleo y de las actividades vespertinas que realizo. Soy buena en lo que me apasiona. Tal vez me apasione porque soy buena. Es simple: está ahí la pasión y el talento, entonces desarróllalo. Para eso vivo, para el arte. Para el proceso intelectual que implica escribir, inventar historias, ser muchos personajes y ninguno.
Necesitaba una vida simple para darme cuenta de esto. Una vida común, controlada por mi agenda que me dice que los martes habrá taller y que los miércoles también. Por mi corazón que ha quedado deslumbrado por un hombre que tiene la misma vocación que yo. Por mi soledad que me dice que, no importa lo que pase, ella me acompaña.
domingo, 25 de enero de 2009
Mi ejemplo de magia 8:24
El viernes pasado celebramos el cumpleaños de un amigo. Yo estaba agotada y con los ánimos bajos, sin embargo fui porque no podía fallarle, y porque pensé que podía ser una buena distracción de todos los enredos que traigo en la cabeza.
No me equivoqué. Aunque al principio buscaba cualquier momento para estar sola, la realidad es que al cabo de dos horas me ambienté lo suficiente como para bailar a pesar de que los zapatos me cansaban.
Salimos del lugar alrededor de las seis de la mañana. Yo tenía más de 24 horas sin dormir y, a pesar del ambiente, ya estaba cansada. El cumpleañero también se caía de sueño y al parecer era sólo Mario, otro de mis amigos, quien quería quedarse. De todos modos nos llevó.
Estaba amaneciendo. El cielo tenía cuatro tonos distintos: azul marino, azul medio, naranja y azul cielo, casi blanco. Además, en el tono más claro, podíamos apreciar la luna en cuarto menguante rindiendo pleitesía al sol naciente.
Por un instante, el amor que antaño sentí por la ciudad me sacudió con fuerza violenta. Sucedió cuando estábamos en avenida Reforma y llegamos al Ángel de la Independencia para observarlo bañado de amanecer. Una parte permanecía oscura y la otra era descubierta por el sol. El imponente Ángel conservaba el fondo naranja y azul y, desde mi perspectiva, la luna coronaba la cabeza de aquel ser mitológico con rostro Rivas Mercado.
Mientras tanto, ya desde el poniente, Mario y yo cantábamos canciones que me gustan mucho. La primera fue "Objects of my affection" de Peter Björn and John, que canté como si fuera la última vez que la escucharía. Después siguió "Me va a extrañar" de Ricardo Montaner, y con ella empecé a hacerme verdaderamente consciente del ambiente melancólico que rodeaba mi estancia en el coche. Mario me tomaba de la mano, como si eso nos convirtiera en cómplices, porque yo sabía los motivos por los que él cantaba esa canción y él conoce -tal vez mejor que nadie- los motivos por los que yo canté. Cuando corrió "No me pidas ser tu amigo", de Fernando Delgadillo, me costó mucho trabajo contener las lágrimas. Ya estábamos, ahora sí, en el Ángel, y esa imagen que describí antaño se conjuntó con la composición del trovador y con la frase que Mario me dijo: "Nadie puede entender esta canción mejor que tú"...
Aquellas palabras que me sé y que me gustaban cobraron un nuevo sentido. Por un lado volvía a dolerme, por el otro estaba ahí mi consuelo, ese verdadero amigo que dijo lo que tenía que decir para saber que la oscuridad da paso a la luz, para sanar cada una de aquellas frases que me dolía y me dejaba de doler inmediatamente después de cantarlas, para rescatarme del Hades y dar paso a la primavera.
Ahí fue cuando lo supe. Ahí, en ese momento, supe que esta entrada del blog era de él. Supe que estaba sintiendo la verdadera magia, porque no puedo llamar a esa mezcla de sensaciones e imágenes de otra manera...
Hace poco Mario también cumplió años. Envió un mail y estaba pensando qué contestarle... creo que ésta es mi mejor respuesta:
Gracias por hacer magia conmigo.
No me equivoqué. Aunque al principio buscaba cualquier momento para estar sola, la realidad es que al cabo de dos horas me ambienté lo suficiente como para bailar a pesar de que los zapatos me cansaban.
Salimos del lugar alrededor de las seis de la mañana. Yo tenía más de 24 horas sin dormir y, a pesar del ambiente, ya estaba cansada. El cumpleañero también se caía de sueño y al parecer era sólo Mario, otro de mis amigos, quien quería quedarse. De todos modos nos llevó.
Estaba amaneciendo. El cielo tenía cuatro tonos distintos: azul marino, azul medio, naranja y azul cielo, casi blanco. Además, en el tono más claro, podíamos apreciar la luna en cuarto menguante rindiendo pleitesía al sol naciente.
Por un instante, el amor que antaño sentí por la ciudad me sacudió con fuerza violenta. Sucedió cuando estábamos en avenida Reforma y llegamos al Ángel de la Independencia para observarlo bañado de amanecer. Una parte permanecía oscura y la otra era descubierta por el sol. El imponente Ángel conservaba el fondo naranja y azul y, desde mi perspectiva, la luna coronaba la cabeza de aquel ser mitológico con rostro Rivas Mercado.
Mientras tanto, ya desde el poniente, Mario y yo cantábamos canciones que me gustan mucho. La primera fue "Objects of my affection" de Peter Björn and John, que canté como si fuera la última vez que la escucharía. Después siguió "Me va a extrañar" de Ricardo Montaner, y con ella empecé a hacerme verdaderamente consciente del ambiente melancólico que rodeaba mi estancia en el coche. Mario me tomaba de la mano, como si eso nos convirtiera en cómplices, porque yo sabía los motivos por los que él cantaba esa canción y él conoce -tal vez mejor que nadie- los motivos por los que yo canté. Cuando corrió "No me pidas ser tu amigo", de Fernando Delgadillo, me costó mucho trabajo contener las lágrimas. Ya estábamos, ahora sí, en el Ángel, y esa imagen que describí antaño se conjuntó con la composición del trovador y con la frase que Mario me dijo: "Nadie puede entender esta canción mejor que tú"...
Aquellas palabras que me sé y que me gustaban cobraron un nuevo sentido. Por un lado volvía a dolerme, por el otro estaba ahí mi consuelo, ese verdadero amigo que dijo lo que tenía que decir para saber que la oscuridad da paso a la luz, para sanar cada una de aquellas frases que me dolía y me dejaba de doler inmediatamente después de cantarlas, para rescatarme del Hades y dar paso a la primavera.
Ahí fue cuando lo supe. Ahí, en ese momento, supe que esta entrada del blog era de él. Supe que estaba sintiendo la verdadera magia, porque no puedo llamar a esa mezcla de sensaciones e imágenes de otra manera...
Hace poco Mario también cumplió años. Envió un mail y estaba pensando qué contestarle... creo que ésta es mi mejor respuesta:
Gracias por hacer magia conmigo.
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viernes, 23 de enero de 2009
My mind is hunting me... 10:52
- ¿Entonces qué? ¿Me vas a esperar?
- ¿Cuánto tiempo quieres que te espere?
- Toda la vida.
- Está bien.
- ¿Cuánto tiempo quieres que te espere?
- Toda la vida.
- Está bien.
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diálogos
martes, 20 de enero de 2009
Razones y añoranzas anticipadas 22:07
Dicen que los cambios son para bien, pero cómo cuesta llevarlos a cabo. En mi caso, el cambio es forzoso, y es un cambio sin precedentes.
El 27 de febrero dejaré de laborar en la empresa para la que estuve trabajando año y medio. Mi contrato como becaria se vence y no me voy a quedar en otro puesto. Tengo tantas dudas, tantos cuestionamientos que quiero plantear a alguien que me responda la verdad pero no tengo a quién. ¿Fui mala trabajadora? Ése es el que me atormenta diario y me atormenta cada vez más.
Si lo pienso, dejar esa compañía es el gran fracaso de mi vida. Es mucho más grave que haberme ido a un extraordinario. Me parece tan doloroso como el gran fracaso amoroso de mi vida.
Además no he conseguido otro trabajo. Tal vez si ya lo hubiera conseguido no me sentiría tan fracasada. Quizá mi orgullo seguiría en la frente, esta frente que en un poco más de un mes dejará de llegar a la empresa, dejará de quedar enfrente del monitor viejo de mi computadora, si ya hubiera conseguido algo. No me llaman después de la primera entrevista, y entonces me pregunto si tendrá que ver con mi físico, o con mi personalidad, o tal vez es un conjunto de todas las anteriores.
Voy a extrañar a la gente que ya no veré (al menos no diario). Voy a extrañar a mi compañero de escritorio que usaba una mínima parte del mismo porque siempre fue lo suficientemente caballeroso y bueno como para permitirme usar la mayoría. Voy a extrañar a esa amiga mía escandalosa, voy a extrañar la ternura de la otra, que siempre sabe ser amable aún cuando está enojada.
Sí, dejar esa compañía es el gran fracaso de mi vida. No puedo creer que ya no voy a usar la línea azul del metro para llegar. Ya no me voy a quejar de la mala comida del comedor ni de todas las cosas de las que siempre me quejo, porque voy a añorarlas.
Tal vez fue mi personalidad, mi humor negro y políticamente incorrecto. Tal vez mi ropa, tal vez mi cabello, tal vez sólo no sirvo para trabajar ahí. Tal vez fui una mala trabajadora.
No me quiero ir.
El 27 de febrero dejaré de laborar en la empresa para la que estuve trabajando año y medio. Mi contrato como becaria se vence y no me voy a quedar en otro puesto. Tengo tantas dudas, tantos cuestionamientos que quiero plantear a alguien que me responda la verdad pero no tengo a quién. ¿Fui mala trabajadora? Ése es el que me atormenta diario y me atormenta cada vez más.
Si lo pienso, dejar esa compañía es el gran fracaso de mi vida. Es mucho más grave que haberme ido a un extraordinario. Me parece tan doloroso como el gran fracaso amoroso de mi vida.
Además no he conseguido otro trabajo. Tal vez si ya lo hubiera conseguido no me sentiría tan fracasada. Quizá mi orgullo seguiría en la frente, esta frente que en un poco más de un mes dejará de llegar a la empresa, dejará de quedar enfrente del monitor viejo de mi computadora, si ya hubiera conseguido algo. No me llaman después de la primera entrevista, y entonces me pregunto si tendrá que ver con mi físico, o con mi personalidad, o tal vez es un conjunto de todas las anteriores.
Voy a extrañar a la gente que ya no veré (al menos no diario). Voy a extrañar a mi compañero de escritorio que usaba una mínima parte del mismo porque siempre fue lo suficientemente caballeroso y bueno como para permitirme usar la mayoría. Voy a extrañar a esa amiga mía escandalosa, voy a extrañar la ternura de la otra, que siempre sabe ser amable aún cuando está enojada.
Sí, dejar esa compañía es el gran fracaso de mi vida. No puedo creer que ya no voy a usar la línea azul del metro para llegar. Ya no me voy a quejar de la mala comida del comedor ni de todas las cosas de las que siempre me quejo, porque voy a añorarlas.
Tal vez fue mi personalidad, mi humor negro y políticamente incorrecto. Tal vez mi ropa, tal vez mi cabello, tal vez sólo no sirvo para trabajar ahí. Tal vez fui una mala trabajadora.
No me quiero ir.
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trabajo
lunes, 19 de enero de 2009
El otro 19:53
Hace poco leí en un libro de McGrath una frase que hablaba sobre llevar un diario. Decía algo así como que a veces las palabras fluían tanto que parecía que uno era escrito.
Yo no llevo un diario, así que me fue difícil comprender la sensación de "ser escrito". Tampoco creo en el destino, así que pensar en que uno puede salirse por un momento de su vida para que alguien más le dicte el camino simplemente me resultaba imposible de creer.
Me llamaron alcohólico. En el transcurso del mes me he emborrachado dos veces, al grado de que me despierto ebrio. Sin embargo, si me preguntaran, no me considero un alcohólico. Es decir, sé que bebo pero decir que soy alcohólico es muy drástico.
La verdad es que me lo dijeron y no estaba en mis cinco sentidos. Había bebido dos margaritas, un Cosmo, un mojito, dos caballitos de tequila y estaba consumiendo un vodka con agua quina. Sí, ya sé que con esta ennumeración parece que quien me lo dijo tenía razón...
Tal vez la tenga. No es que beba tan seguido, pero cuando lo hago no me controlo. Es una sensación tan placentera. Me gusta que mi vista esté adormecida. Me gusta que las palabras tarden más tiempo en caminar el sendero del cerebro a la boca. Me gusta desinhibirme. Como decía ese personaje de McGrath, en esos momentos siento que me están escribiendo. De pronto dejo de ser yo, dejo de tener voluntad y me convierto en el títere de mi propio subconsciente. Ya no soy yo. Soy un hombre distinto. Me siento muy cómodo con esa condición momentánea de marioneta en la que las decisiones que tomo en realidad no son mías. El cuerpo es el mismo pero el alma muta cuando hay alcohol en mis venas.
En mi última borrachera le pedí a una de mis amigas que me mostrara sus senos. Ella, que estaba tan perdida como yo, me los enseñó. Después me pidió que le enseñara "el glande" y yo, ni tonto ni perezoso, lo hice sin pensarlo dos veces. Fue mi subconsciente el que escribió esa noche. A mí ella no me gusta y yo no le gusto tampoco. Lo que siguió después de eso surgió de dos personas que no somos ella ni yo. El lunes siguiente, cuando nos vimos en el trabajo, ella se sentía incómoda. Entonces yo, que había tenido el domingo disponible para la cruda y las reflexiones, le planteé toda mi tesis sobre el alcohol que pierde la conciencia y que saca a relucir una personalidad distinta, individuos completamente diferentes que se posesionan de nuestros cuerpos y que, como sólo están momentáneamente en ellos, escriben nuestras historias.
Creo que la convencí porque dejó la incomodidad a un lado y bromeamos un poco sobre lo que sucedió aquel día. De lo que estoy seguro es que prefiero a ese otro que a mí mismo, sin embargo también creo que si lo dejara salir más seguido me aburriría de él, y comenzaría a sentir culpa por los actos que el otro comete cuando, voluntariamente, le cedo mi físico. Por eso este mes sólo ha salido dos veces, y puedo pasar temporadas enteras sin disfrutar del estímulo etílico.
Él es más divertido pero yo vivo con este cuerpo la mayoría de la semana.
Yo no llevo un diario, así que me fue difícil comprender la sensación de "ser escrito". Tampoco creo en el destino, así que pensar en que uno puede salirse por un momento de su vida para que alguien más le dicte el camino simplemente me resultaba imposible de creer.
Me llamaron alcohólico. En el transcurso del mes me he emborrachado dos veces, al grado de que me despierto ebrio. Sin embargo, si me preguntaran, no me considero un alcohólico. Es decir, sé que bebo pero decir que soy alcohólico es muy drástico.
La verdad es que me lo dijeron y no estaba en mis cinco sentidos. Había bebido dos margaritas, un Cosmo, un mojito, dos caballitos de tequila y estaba consumiendo un vodka con agua quina. Sí, ya sé que con esta ennumeración parece que quien me lo dijo tenía razón...
Tal vez la tenga. No es que beba tan seguido, pero cuando lo hago no me controlo. Es una sensación tan placentera. Me gusta que mi vista esté adormecida. Me gusta que las palabras tarden más tiempo en caminar el sendero del cerebro a la boca. Me gusta desinhibirme. Como decía ese personaje de McGrath, en esos momentos siento que me están escribiendo. De pronto dejo de ser yo, dejo de tener voluntad y me convierto en el títere de mi propio subconsciente. Ya no soy yo. Soy un hombre distinto. Me siento muy cómodo con esa condición momentánea de marioneta en la que las decisiones que tomo en realidad no son mías. El cuerpo es el mismo pero el alma muta cuando hay alcohol en mis venas.
En mi última borrachera le pedí a una de mis amigas que me mostrara sus senos. Ella, que estaba tan perdida como yo, me los enseñó. Después me pidió que le enseñara "el glande" y yo, ni tonto ni perezoso, lo hice sin pensarlo dos veces. Fue mi subconsciente el que escribió esa noche. A mí ella no me gusta y yo no le gusto tampoco. Lo que siguió después de eso surgió de dos personas que no somos ella ni yo. El lunes siguiente, cuando nos vimos en el trabajo, ella se sentía incómoda. Entonces yo, que había tenido el domingo disponible para la cruda y las reflexiones, le planteé toda mi tesis sobre el alcohol que pierde la conciencia y que saca a relucir una personalidad distinta, individuos completamente diferentes que se posesionan de nuestros cuerpos y que, como sólo están momentáneamente en ellos, escriben nuestras historias.
Creo que la convencí porque dejó la incomodidad a un lado y bromeamos un poco sobre lo que sucedió aquel día. De lo que estoy seguro es que prefiero a ese otro que a mí mismo, sin embargo también creo que si lo dejara salir más seguido me aburriría de él, y comenzaría a sentir culpa por los actos que el otro comete cuando, voluntariamente, le cedo mi físico. Por eso este mes sólo ha salido dos veces, y puedo pasar temporadas enteras sin disfrutar del estímulo etílico.
Él es más divertido pero yo vivo con este cuerpo la mayoría de la semana.
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historias
sábado, 17 de enero de 2009
miércoles, 14 de enero de 2009
Heels 19:11
Odio los tacones. Me da muchísima flojera usarlos y además me canso muchísimo. Los odio.
Ahora, como estoy a punto de quedarme desempleada y quiero evitar salir de una compañía sin tener donde entrar, espero tener muchas entrevistas de trabajo.
A las entrevistas llevo tacones. Me jorobo mucho y los tacones me ayudan a mejorar la postura, además casi parece que es más femenino o estás mejor arreglada si avisas tu llegada con el sonido de un par de tacones golpeando el piso.
Ah, por cierto, si saben de algo, estudié Comunicación.
Ahora, como estoy a punto de quedarme desempleada y quiero evitar salir de una compañía sin tener donde entrar, espero tener muchas entrevistas de trabajo.
A las entrevistas llevo tacones. Me jorobo mucho y los tacones me ayudan a mejorar la postura, además casi parece que es más femenino o estás mejor arreglada si avisas tu llegada con el sonido de un par de tacones golpeando el piso.
Ah, por cierto, si saben de algo, estudié Comunicación.
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trabajo
sábado, 10 de enero de 2009
El taller de cuento 21:27
Ya no hice conclusiones sobre el taller de cuento que tomé de octubre a diciembre de 2008: fue un fiasco.
Empecé emocionadísima. Me hacía sumamente feliz el hecho de compartir lo que escribo con gente interesada en lo mismo que yo. Incluso la primera clase salí contenta porque todo apuntaba a que iba a aprender teoría y que después lo pondría en práctica. Tomaba apuntes. Estaba dispuesta a aprobar a todos mis compañeros sólo por el hecho de que se habían inscrito a un taller de cuento como yo.
Desafortunadamente el taller fue en decadencia. Ni siquiera tenía que ver con el hecho de que me iba mal en los comentarios hacia mis cuentos. Era la forma y los favoritismos los que acabaron por fastidiarme. ¿La forma? De pronto todos se sintieron expertos en crítica literaria y dejaron de respetar el hecho de que somos amateurs y de que nuestros textos decían mucho de nosotros (como todos los textos). Además, el profesor empezó a desarrollar inclinación por una de mis compañeras cuyas historias eran trilladas y, además, estaban mal escritas.
Sin embargo me parece que el taller fue un gran acierto porque conocí a Susana, una mujer seis años más grande que yo y egresada de la licenciatura en Letras Alemanas, quien compartía mis inconformidades con el curso.
Así, las dos hemos iniciado un taller de escritura. Hasta ahora sólo participamos ella y yo. Nos reunimos cada semana y conversamos y compartimos la pasión por la escritura que sólo alguien que la siente puede comprender plenamente.
El taller me hace muy feliz. Disfruto mucho acudir cada semana y escribir y compartirlo y recibir críticas al respecto y hacer críticas sobre lo escrito por Susana y leer cuentos de otros autores. Es el highlight de mis semanas. Lo siento como mi Ateneo de la juventud.
Empecé emocionadísima. Me hacía sumamente feliz el hecho de compartir lo que escribo con gente interesada en lo mismo que yo. Incluso la primera clase salí contenta porque todo apuntaba a que iba a aprender teoría y que después lo pondría en práctica. Tomaba apuntes. Estaba dispuesta a aprobar a todos mis compañeros sólo por el hecho de que se habían inscrito a un taller de cuento como yo.
Desafortunadamente el taller fue en decadencia. Ni siquiera tenía que ver con el hecho de que me iba mal en los comentarios hacia mis cuentos. Era la forma y los favoritismos los que acabaron por fastidiarme. ¿La forma? De pronto todos se sintieron expertos en crítica literaria y dejaron de respetar el hecho de que somos amateurs y de que nuestros textos decían mucho de nosotros (como todos los textos). Además, el profesor empezó a desarrollar inclinación por una de mis compañeras cuyas historias eran trilladas y, además, estaban mal escritas.
Sin embargo me parece que el taller fue un gran acierto porque conocí a Susana, una mujer seis años más grande que yo y egresada de la licenciatura en Letras Alemanas, quien compartía mis inconformidades con el curso.
Así, las dos hemos iniciado un taller de escritura. Hasta ahora sólo participamos ella y yo. Nos reunimos cada semana y conversamos y compartimos la pasión por la escritura que sólo alguien que la siente puede comprender plenamente.
El taller me hace muy feliz. Disfruto mucho acudir cada semana y escribir y compartirlo y recibir críticas al respecto y hacer críticas sobre lo escrito por Susana y leer cuentos de otros autores. Es el highlight de mis semanas. Lo siento como mi Ateneo de la juventud.
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sábado, 3 de enero de 2009
A Izumi 17:55
Otra de mis adquisiciones en la barata de libros de Random House Mondadori fue una compilación de Luis María Anson titulada "Antología de las mejores poesías de Amor en Lengua Española". Antier abrí el libro al azar y cayó en la página 103, que contiene un poema de Vicente Alexaindre titulado "Otra no amo". Me gustó mucho. Me hizo recordar un libro que leí hace poco y que sigue escribiéndose. Este poema lo dedico yo a ese capítulo del libro que mencioné, del que yo sólo leo las páginas y de vez en cuando participo con consejos para la redacción... el capítulo lleva por nombre "Izumi".
Otra no amo
Vicente Aleixandre
Tú, en cambio, sí que podrías quererme:
tú, a quien no amo.
A veces me quedo mirando tus ojos, ojos grandes, oscuros:
tu frente pálida, tu cabello sombrío,
tu espigada presencia que delicadamente se acerca en la tarde,
[sonríe,
se aquieta y espera con humildad que mi palabra le aliente.
Desde mi cansancio de otro amor padecido
te miro, oh pura muchacha pálida que yo podría amar y no amo.
Me asomo entonces a tu fina piel, al secreto visible de tu frente,
[donde yo sé que habito,
y espío muy levemente, muy continuadamente, el brillo rehusado
[de tus ojos,
adivinando la diminuta imagen palpitante que de mí sé que
[llevan.
Hablo entonces de ti, de la vida, de tristeza, de tiempo
mientras mi pensamiento vaga lejos, penando allá donde vive
la otra descuidada existencia por quien sufro a tu lado.
Al lado de esta muchacha veo injusticia en el amor.
A veces, con estos labios fríos te beso en la frente, en súplica
helada, que tú ignoras, a tu amor: que me encienda.
Labios fríos en la tarde apagada. Labios convulsivos, yertos, que
[tenazmente ahondan
la frente cálida, pidiéndole entero su cabal fuego perdido.
Labios que se hunden en tu cabellera negrísima,
mientras cierro los ojos,
mientras siento a mis besos como un resplandeciente cabello rubio
[donde quemo mi boca.
Un gemido, y despierto, heladamente cálido, febril, sobre el brusco
[negror que, de pronto, en tristeza a mis labios sorprende.
Otras veces, cerrados los ojos, desciende mi boca triste sobre la
[frente tersa,
oh pálido campo de besos sin destino,
anónima piel donde ofrendo mis labios como un aire sin vida,
mientras gimo, mientras secretamente gimo de otra piel que
[quemara.
Oh pálida joven sin amor de mi vida,
joven tenaz para amarme sin súplica,
recorren mis labios tu mejilla sin flor,
sin aroma, tu boca sin luz,
tu apagado cuello que dulce se inclina,
mientras yo me separo, oh inmediata que yo no pido,
oh cuerpo que no deseo,
oh cintura quebrada, pero nunca en mi abrazo.
Échate aquí y descansa de tu pálida fiebre.
Desnudo el pecho, un momento te miro.
Pálidamente hermosa, con ojos oscuros,
Semidesnuda y quieta, muda y mirándome.
¡Cómo te olvido mientras te beso! El pecho
tuyo mi labio acepta, con amor, con tristeza.
Oh, tú no sabes… Y doliente sonríes.
Oh, cuánto pido que otra luz me alcanzase.
Otra no amo
Vicente Aleixandre
Tú, en cambio, sí que podrías quererme:
tú, a quien no amo.
A veces me quedo mirando tus ojos, ojos grandes, oscuros:
tu frente pálida, tu cabello sombrío,
tu espigada presencia que delicadamente se acerca en la tarde,
[sonríe,
se aquieta y espera con humildad que mi palabra le aliente.
Desde mi cansancio de otro amor padecido
te miro, oh pura muchacha pálida que yo podría amar y no amo.
Me asomo entonces a tu fina piel, al secreto visible de tu frente,
[donde yo sé que habito,
y espío muy levemente, muy continuadamente, el brillo rehusado
[de tus ojos,
adivinando la diminuta imagen palpitante que de mí sé que
[llevan.
Hablo entonces de ti, de la vida, de tristeza, de tiempo
mientras mi pensamiento vaga lejos, penando allá donde vive
la otra descuidada existencia por quien sufro a tu lado.
Al lado de esta muchacha veo injusticia en el amor.
A veces, con estos labios fríos te beso en la frente, en súplica
helada, que tú ignoras, a tu amor: que me encienda.
Labios fríos en la tarde apagada. Labios convulsivos, yertos, que
[tenazmente ahondan
la frente cálida, pidiéndole entero su cabal fuego perdido.
Labios que se hunden en tu cabellera negrísima,
mientras cierro los ojos,
mientras siento a mis besos como un resplandeciente cabello rubio
[donde quemo mi boca.
Un gemido, y despierto, heladamente cálido, febril, sobre el brusco
[negror que, de pronto, en tristeza a mis labios sorprende.
Otras veces, cerrados los ojos, desciende mi boca triste sobre la
[frente tersa,
oh pálido campo de besos sin destino,
anónima piel donde ofrendo mis labios como un aire sin vida,
mientras gimo, mientras secretamente gimo de otra piel que
[quemara.
Oh pálida joven sin amor de mi vida,
joven tenaz para amarme sin súplica,
recorren mis labios tu mejilla sin flor,
sin aroma, tu boca sin luz,
tu apagado cuello que dulce se inclina,
mientras yo me separo, oh inmediata que yo no pido,
oh cuerpo que no deseo,
oh cintura quebrada, pero nunca en mi abrazo.
Échate aquí y descansa de tu pálida fiebre.
Desnudo el pecho, un momento te miro.
Pálidamente hermosa, con ojos oscuros,
Semidesnuda y quieta, muda y mirándome.
¡Cómo te olvido mientras te beso! El pecho
tuyo mi labio acepta, con amor, con tristeza.
Oh, tú no sabes… Y doliente sonríes.
Oh, cuánto pido que otra luz me alcanzase.
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jueves, 1 de enero de 2009
Recuento I 20:53
La verdad es que nunca me he tomado muy en serio eso de las navidades y los años nuevos. De niña, me gustaban las festividades porque Santa Claus y los Reyes Magos llenaban la época de misticismo -nunca he sido fan de Dios, como mi hermano, que aún ahora se emociona con la llegada de las semanas 51 y 52 del año-. Pero a medida que crecí estas festividades terminaron por serme indiferentes -sólo las sigo porque en mi familia son muy importantes-.
Para 2009, no obstante, he decidido concederle al tiempo la pompa que genera el cambio de año. Si el tiempo fuera una persona, éste sería su cumpleaños. Así que he decidido no ignorar el inicio del año y hacer propósitos, listas, y hasta recuentos del año anterior.
Empezaremos con lo tercero: el recuento.
No sé. A pesar de todo no creo que el año que dejé atrás haya sido malo. En 2008:
1. Concluí mis estudios universitarios.
Para 2009, no obstante, he decidido concederle al tiempo la pompa que genera el cambio de año. Si el tiempo fuera una persona, éste sería su cumpleaños. Así que he decidido no ignorar el inicio del año y hacer propósitos, listas, y hasta recuentos del año anterior.
Empezaremos con lo tercero: el recuento.
No sé. A pesar de todo no creo que el año que dejé atrás haya sido malo. En 2008:
1. Concluí mis estudios universitarios.




