miércoles, 29 de julio de 2009

Me cambio

Mis amigos Aldo y Roberto definieron éste como el año del cambio. La verdad yo no me lo tomé tan en serio.

Y me salió el tiro por la culata.

De pronto, un día, me di cuenta de que el cambio me pasó y yo ni cuenta me di. Y no me gustó. Así que ahora empieza el cambio voluntario, la restauración.

Y voy a dejar este blog hasta que los andamios que sostienen mis problemas se hayan ido, porque quiere decir que ya no tengo esos problemas.

Si te interesa seguirme, aquí te dejo una dirección de otro blog:



martes, 14 de julio de 2009

Clausura

Sí, yo soy controladora. Últimamente, quisiera detener la vida para sentarme a pensar. Pero no puedo. No puedo. Lo único que puedo hacer es clausurar lo que controlo. Y controlo este blog.

Así que queda clausurado hasta nuevo aviso.

domingo, 12 de julio de 2009

El café de chinos

Ayer estaba en un café de chinos en la México Tacuba, cerca del metro Normal. Me quedé de ver ahí con uno de mis coordinados del taller de cuento, porque ya acabó en Endora y el punto intermedio entre su casa y la mía era ahí. Llegué, nos saludamos y caminamos. Entramos en el primer café de chinos que él vio (yo, por supuesto, venía perdida). Las tazas estaban despositlladas y, honestamente, el café no se veía muy limpio. Quizá era el paisaje, porque uno miraba para afuera y había puestos ambulantes. Y ahí estábamos. Era como un cliché: dos personas que escriben, y que entran a un café así, como si el dinero no nos alcanzara para ir a un lugar mejor.

Me tomé un café con leche y me comí un pan de dulce. Y el café lo sirvieron en la taza despostillada que estaba sobre un plato de plástico. Y ahí tuvimos nuestra sesión. Ahí le dije lo que opinaba sobre sus textos.

En algún momento pensé que ese lugar era la locación perfecta para una antología. O para una novela. Un solo cuento no le haría justicia. Tienen que ser varios.

A ver si de una vez por todas salgo de este bloqueo.

miércoles, 8 de julio de 2009

El hada y Garfio

Voy a tomar una anécdota prestada. Lo siento, pero tú no la has escrito en tu blog y a mí me comen las ansias. Tengo un amigo, quizá quien es el seguidor más asiduo de este blog (por supuesto, sin descartar a nadie), a quien el día de su cumpleaños le leyeron el alma. Yo no creo en esoterismos, pero definitivamente su narración del suceso me impactó: una gitana llegó directamente a él a narrarle muchas cosas sobre su vida. Precisiones, no esa clase de generalidades que se dicen y que pueden quedarme a mí o al de junto. Precisiones. Era el día de su cumpleaños. Estaba cenando. No tenía la mínima intención de que le leyeran nada. Es más, sus creencias se lo prohíben y, aún ahora, creo que si otra vez llegaran a platicarle su suerte, su pasado, su presente, y su futuro, sería tan hermético como antes de esa gitana.

Mi amigo es un buen hombre. Creo que expreso la opinión general de quienes lo conocen. Está muy simpático, es inteligente, y a veces se le pasa la lengua y hace sentir mal a quien le cuenta algo, pero por otro lado su sinceridad es una gran herramienta. Me parece que en este mundo de opacidades, él es completamente transparente. Quizá por eso lo leyeron tan bien. Quizá por eso la gitana supo de inmediato que estaba frente a un hombre vulnerable, más en esos momentos en los que pasaba por mucho dolor. Y, llámenlo suerte, destino, coincidencias, pero la gitana dio en el clavo. Dio en el clavo que a lo mejor todos veíamos muy claro, pero que para él en ese momento era un enigma y resignación. Justo metió la pelota en el hoyo 18, en el hoyo que se llama felicidad.

Conozco, de verdad, muy poca gente que se merezca tanto la felicidad como él. Trabaja duro por ella. Y no sólo por la felicidad propia sino por la de sus seres queridos. Así que bien se merecía a alguien que viniera a quitarle toda la amargura, a besarla y eliminarla con los labios y con los ojos y con el pensamiento y con las acciones.

Y ella llegó. Su nombre combina María y Ana. Qué lindo nombre. Ana. En un mundo donde más le vale aguantar al minotauro, en medio del laberinto, llegó a ella el oasis. Es como si la gitana hubiera predicho la felicidad de los dos.

Y luego me acordé también de una minihistoria que mi amigo me enseñó una vez. Era un flash. No me acuerdo del final, sólo me acuerdo de que era una historia de amor como de ciencia ficción. Yo creo que ella es la princesa. The good one. El hada mágica que sane e ilumine a Garfio, y que, a su vez, brille tanto como una estrella, gracias al amor del pirata.

Les prometí una entrada. Muchas, muchas felicidades a Mariana y su Chrys.

martes, 7 de julio de 2009

Dejar de fumar

No pensé que algún día la determinación de dejar de fumar sería mía. La verdad, siempre creí que sería el doctor quien, más adelante, me diría que tendría que abandonar el vicio.

Pero fui yo. Fui yo quien dejó de fumar. Bueno, dejé de fumar diez días, y luego fumé el viernes pasado, y entonces el sábado dejé de fumar otra vez.
No sé en qué consista, si es poco a poco o de plano es una decisión intempestiva. Sólo sé que me está costando mucho trabajo.

Tampoco puedo asegurar que lo dejaré para siempre: lo que quiero es adquirir condición y dejar de sentir que me ahogo cuando apenas he recorrido un kilómetro en la bicicleta.

domingo, 5 de julio de 2009

Los demonios

Es impresionante cómo los peores demonios renacen cuando uno cree que ya los ha matado. De alguna manera, uno estimula al subconsciente (¿o será el inconsciente?) y detona aquello que parecía ya guardado... cerrado.

El viernes, sin quererlo, abrí el candado. Una vez más. Una terrible ocasión en la que sucede lo mismo: el recuerdo y el tormento de la "incertidumbre" -en realidad ya no hay incertidumbre, pero yo sigo preguntándome lo mismo-.

He acumulado la información de mi subconsciente (¿o inconsciente?) y ahora, cuando la junto con lo que conscientemente pienso, me doy cuenta de que tengo una duda que no sé cómo resolver: ¿cuándo se acaba? ¿habrá algún momento en mi vida en el que mi subconsciente también cambie de página? ¿estoy condenada a la obsesión? Si conscientemente me he liberado de ella, ¿cómo es que sigue ahí, a pesar mi deseo CONSCIENTE de que no esté?

I just hate it.