lunes, 28 de septiembre de 2009

I choose living

No, este no es un post de esos serios que pretenden ir en contra del aborto, la eutanasia o la pena de muerte. No.

Esto es más simple. Es distinto. Bueno, retiro lo de simple. Sólo es más... uff no encuentro la palabra y tampoco tengo antojo de ponerme a buscarla. No quiero detenerme. Así, justo la vida no se detiene, a menos que alguien se muera o decida existir y ya.

El fin de semana, la verdadera lección fue la vida. Y la vida es una decisión fuerte. Parece que nada más está ahí, que no lo pregunta, que uno vive hasta que muere. Pero todo cambia de perspectiva cuando uno decide vivir.

No se necesita querer morir, sólo tomar plena conciencia de la propia vida y de la vida de los demás, de la fragilidad y de cuán efímera puede ser, y cuán sencillo es que un golpe nos tumbe y nos quedemos en una especie de limbo en vida en el que no hagamos sino existir.

Vivir es el verbo más intenso y más complejo de todos. El más volátil. El más exigente.

Y yo lo elijo. This is my statement. Por convicción, elijo vivir. Y de verdad espero que la gente junto a mí lo elija también.

Uno escoge, y una vez que escoge y comienza a vivir, a verdaderamente vivir, no quiere dar marcha atrás. Yo no sé bien cómo empezar. Pero supongo que ya lo hice. Sólo, tal vez, tenga que aislarme un poco para asumir este golpe repentino que nos da la vida cuando empezamos a vivirla.

Yo elijo vivir. A los 23 años nazco.

martes, 22 de septiembre de 2009

Francisca

Considero que la gente que asegura que voltear al pasado es una equivocación, está mal. Es el pasado donde se sientan las bases de quienes somos ahora. La frase "Atrás ni para tomar impulso", me parece absurda. Es atrás donde forjamos el impulso para seguir adelante. Nosotros decidimos qué hacemos con el pasado: si nos atormentamos con él, o si encaminamos nuestra dirección con base en la pregunta "¿De dónde venimos?"

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Francisca era mi tatarabuela. Abuela de mi abuelo. Bisabuela de mi mamá. Vivió a mediados del siglo XIX. No sé de quién era hija, sólo sé que se apellidaba Ortega y vivió en Colima hasta los quince años. Su padre maltrataba a su madre y ésta se encontraba muy deteriorada. Cuando Francisca cumplió los quince, decidió que no podía seguir soportando el lento asesinato de su madre y, gracias a su iniciativa, ambas mujeres huyeron de él. Detuvo a algún viajero y éste le ofreció una mula para su madre. Así, la joven caminando y velando por su madre, llegaron a la libertad: Zamora, Michoacán.

Francisca tenía los pantalones muy bien puestos. Su carácter fuerte era su cualidad tanto como su verdugo y mortaja. En aquella época donde las mujeres debían matrimoniarse jóvenes, mi tatarabuela tenía ya 25 años. Entonces un adolescente se enamoró de ella. Un adolescente español, proveniente de una familia de músicos a quienes les decían "Los Navarros" (de ahí que mi abuelo se apellide Navarro), se prendó de ella de 25, cuando él tenía 14.

Se casaron. Pasaron la noche juntos, escondidos porque el papá de Francisco no aprobaba el amor del muchacho.

Francisca era profundamente celosa. Francisco tenía que tocar en burdeles, y Francisca lo vigilaba. Era todo un mujerón. Siempre con los pantalones puestos, voluntariosa, decidida...

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- ¡Qué bueno que nadie de nuestra familia salió como Francisca! ¡Era tremenda!- exclamó mi tía Lola, una mujer que, a pesar de que es octagenaria y prácticamente perdió la vista, sigue saliendo sola a la calle y siempre ha manejado su vida como le ha venido en gana.

Mi mamá y su prima voltearon a verla y la contradijeron:

- Todas las mujeres de esta familia somos como la Paca.

Entonces mi abuelo las interrumpió y, dirigiéndose a mi tía Lola, dijo:

- No, no, no. Si bien todas se parecen, hay una de las mujeres de esta familia que es igualita. Igual de decidida, igual de balita que la Paca.

- ¿Ah sí? ¿Quién?- preguntó mi tía, curiosa y asombrada.

- La hija de Lourdes, Charbelí.

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Cuando me lo contaron, no cabía en el orgullo de ser así.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Unforgetable

Ovi y yo somos amigas gracias a la universidad. Yo recuerdo particularmente los hechos que nos llevaron a ser amigas, aunque quizá ella no recuerda ya las situaciones que gestaron nuestra amistad. Ella es como un imán que atrae naturalmente, pero que se esfuerza por atraer a ciertas presencias. Yo fui una de ésas.

Según sus propias palabras le llamé la atención el primer día cuando leí mi biografía.

"Me encantó. Escribes muy bien", me dijo con la voz grave que la caracteriza. A mí, que en aquella época era una chica completamente insegura, me impactó la fuerza de su declaración.

Después en una clase nos pidieron que hiciéramos un juicio a Jesús Cristo redentor (jajaja) y yo me ofrecí para ser Herodes. Aún recuerdo la sarta de tonterías que dije, pero que afianzaron en Ovi las ganas de conocerme mejor. Y así sucedió. A partir de entonces su imán se volcó sobre este aparato metálico. Comenzó a invitarme a pasar tiempo con su grupo de amigas, y de pronto yo también era parte de ese grupo.

Ovi es mi ejemplo perfecto de intensidad. Siente con intensidad. Piensa intensamente. Vive intensamente. Pasársela bien es reír por horas. Jugar por horas. Uno también puede pasársela mal con ella, puede ser muy dura, sin embargo también es muy probable que después del dolor llegue un gran abrazo del Ovipooh que es.

Nuestra amistad ha tenido etapas. Me gusta compararlas con los periodos por los que los verdaderos artistas pasan (Ovi toca música, baila, escribe poesía y también es pintora ocasional, o sea todo un ejemplo de una verdadera artista): a veces el proceso creativo es maravilloso y fluido, otras trabado y tedioso, unas veces inexistente, pero la condición artística ya está ahí y uno regresa al florecimiento.

Me encanta estar con ella. Tomar cafés que quisiera que fueran interminables. Me gusta chismear, platicar con ella de pendejadas, viborear al prójimo, todo me gusta.

Siento bienestar cuando estoy con ella.

El pasado 14 de septiembre cumplió 25 años. Muy sentidos. Muy pensados. Muy vividos. Y yo no podía pasar la oportunidad de reconocer su gran labor en mi vida y mi profundo amor por ella. Es mi gran, gran amiga.

Gracias.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Desamistad

Las cosas caen por su propio peso. El principio fundamental. La panacea. Hoy cayó una amistad cuya distancia se veía venir desde hacía mucho tiempo, y que por una u otra razón había estado evitando.

Antier hablé de esta persona en mi sesión (ella ni siquiera sabe que voy a "sesionar", porque desde hace meses no pregunta cómo estoy, siempre nos enfocamos a ella y sus tristezas), y caí en cuenta de que ya ni siquiera me acuerdo de la razón por la que empezamos a ser amigas.

Fuimos amigas durante 12 años. He visto crecer a su hermano menor, y de pronto el tiempo parece ser la principal razón por la que seguíamos siendo amigas.

Hoy peleamos. Me dijo muchas cosas y no estuvo dispuesta a saber lo que yo tengo que decir. Sin embargo dejamos de ser amigas desde hace mucho.

Tiene una especia de complejo con mis amigos, a quienes llama "pudientes" y faltó a mi cumpleaños, donde tuvo tres oportunidades distintas de asistir, para después llegar con el discurso de que en realidad eso era una especie de cumplido porque no podría faltar al cumpleaños de sus amigas menos cercanas porque se enojarían, que yo sí la comprendo.

Y sí la comprendía. Pero se me agotó la paciencia. De pronto faltó reciprocidad, y la verdad es que empezó a pesarme estar con ella. Su egoísmo me dolió, pero creí que era transitorio porque estaba pasando por muchos problemas. Y después el egoísmo se instaló. Ahí se quedó. Y luego yo me sentí mal y ella no se dio cuenta, y cuando quise contárselo no me escuchó. Así que ya, nuestra amistad ya había caído en un hoyo mucho antes de hoy.

Antier, cuando hablé de ella en terapia, me di cuenta de que ya nada nos une en realidad, sin embargo salí con el coraje por un lado, y con la esperanza de darme un tiempo y remontar en la amistad.

Hoy se me quitaron las ganas. Hoy, justo después de esta frase: "sé que te encanta herir a la gente"...

Uff, si ése es su concepto, pues ya no hay nada más que hacer. Aquí no hay víctimas, las dos somos responsables. Pero ella prefiere quedarse con eso. Fair enough. Que se quede con que me encanta herir a la gente, porque seguro así es.

Pero qué equivocada y qué ciega estás.

lunes, 14 de septiembre de 2009

My favorites

Hoy me puse a pensar que me gusta mucho la música y que este blog no refleja completamente la pasión que siento hacia ella. Por eso, he decidido dejar aquí una lista de recomendaciones, en una nueva columna del lado derecho, y que por todo el mes dejaré una lista de reproducción.

Amo la música, y pueden ver en la columna del lado derecho la que escucho más.

Si tienen sugerencias, son bienvenidísimas. Me encanta conocer nueva música.

Saludos

sábado, 12 de septiembre de 2009

Este lugar me tiene extasiada. Me parece simple y llanamente armónico. El viento frío se posa sobre mis mejillas, hiela mis magullados pies, y me encanta inhalarlo. No me hace falta algo. Ni un cigarro, ni otra presencia, nada. Disfruto el baile sutil de los follajes sola, egoísta, porque no quiero compartir este placer que la naturaleza y las circunstancias me han brindado. Música y un lugar para escribir el olor a bosque mojado. Las piñas en los árboles arriba de mí. Aquí, en este espectáculo donde aparentemente soy intrusa, aquí encajo perfectamente. En silencio. con los ojos llenos de lágrimas.

Aquí me siento plena. Aquí me siento en medio del mundo. En medio de la vida. Aquí vivo. Aquí, frente al faro, hago consciente que respiro.

Aquí, el lugar perfecto para decirte adiós.

jueves, 10 de septiembre de 2009

So, I'm here, right from the start. Right from the scratch. This is what is left of me, and I'm looking for all the pieces to complete the puzzle. I'm the puzzle, I'm looking forward to finish it. I want to observe my face, to recognise my soul.

Whose soul is this? I've been trying to convince myself. "This is who I am", a loud voice says, but there is a soft sound trying to tell me I borrowed a personality I'm not supposed to have. So, who am I?

I'm searching. I'm a searcher. I know what I'm not, though I have doubts. This is it. The first day of my life. I did not live. I was just existing. Like a vegetable, like a tree, except I didn't produce Oxygen, I was just spending it. Just a tube. An arrow without arch.

I let the others rule my life. But I wasn't living. Now I am. Now I am. Now I am. I hope I live to see the day I'll stop thinking about it to make it real. I hope sometime I forget it, as I forget I breathe.

martes, 8 de septiembre de 2009

Maico

Generalmente no confío en mi intuición, pero nunca está demás creer tantito en ella y hacer intentos. Hace días que no sé nada de Maico y no sé por qué me asaltó la idea de que, tal vez, podría haberle pasado algo.

Así que Maico, te menciono una vez más -y las que sean necesarias, te lo prometo- sólo para pedirte que des señales de vida. Que digas que estás bien. Aunque sería muy triste, espero que solamente hayas dejado la red social porque te hartó. Y tu blog porque te hartó, y no porque haya pasado algo grave.

Ojalá que contestes que estás bien.

Charbelí

domingo, 6 de septiembre de 2009

Curitas

Ayer uno de mis amigos se reía de todas las reparaciones que he tenido que hacer desde que me conoce. Todos saben que no soy cuidadosa con las cosas materiales e, incluso, sucede que me desprendo fácilmente de ellas.

Yo estaba haciendo un recuento de lo que he tenido que reparar de un año para acá y, de lo que me acuerdo, está lo siguiente:

- La reposición de una cámara de video que perdí.
- Tiré mi celular y se rompió la pantalla.
- La pantalla de otro celular.
- Tuve que reponer mi cámara digital porque también la perdí.
- Compramos otro DVD porque eché a perder el anterior.
- La pantalla de la Qtek que estrellé un día que me caí.
- Eché a perder otro celular en el inter.
- Tiré la bolita de mi bberry por el lavabo, así que tuve que comprar otra para reponerla.
- Tengo que llevar mi bici a un taller porque se le jodió un disco de velocidades.
- Tengo que llevar otra vez mi bberry a reparación por una tontería.
- Dos computadoras descompuestas y mi información ahí.
- El cargador de mi lap que ha tenido que ir a reparación tres veces.

Yo les dije que estas cosas que he tenido están o estuvieron enfermitas, y ahorita tienen un curita porque tengo que llevarlas a las puntadas, u otras están ya curadas de la enfermedad.

Luego regresé sobre mis palabras y me di cuenta de que yo también tengo un curita. Tengo un curita en el alma. A veces me cubre la enfermedad, pero no la elimina. Me di cuenta ayer. No importa cuán bonito se vea el curita, sigue siendo un curita. El alma sigue herida y quizá las medidas tengan que ser más drásticas. Y así será. Estoy harta del curita, pero estoy más harta de la herida. Es como un hoyo negro que absorbe y se come todo lo que está alrededor.

Me siento nociva y no sé si alejarme del mundo para no lastimarlo, o quedarme. No sé qué hacer.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

La hormiga

El lunes pasado fue toda una odisea llegar a mi trabajo. Normalmente, el trayecto que normalmente sería de 20 minutos se convirtió en una pesadilla de dos horas y fracción.
¿Cómo sucedió? He aquí la historia sacada de mis propias entrañas prometeas, que sentían cómo eran devoradas por el buitre llamado tempestad de gente.

ME sentí como María de Metropoli, viendo cómo la gente salía a borbotones del mundo debajo del mundo: el metro.

Todo comenzó así: como todos los lunes, me costó muchísimo trabajo levantarme. Sin embargo lo hice y en punto de las 8:30 salí de mi casa –quizá uno o dos minutos de margen de error-. Pensé, con alegría, que ya la habría librado. “A esta hora, cuando mucho tardaré 25 minutos en llegar”. Oh craso error… oh, las Erinias parecían haber escuchado mi declaración de excesiva confianza y querían vengarse de mí.

No lo supe de inmediato. Me adentré al mundo debajo del mundo, y cuando vi las tres filas de hormigas que esperaban un espacio en el tren de hormigas, decidí que quizá esa línea no era la mejor opción. Así que me salí. Sí, sin más ni más, me salí.
Había que abordar el siguiente transporte público que en diez minutos me llevaría a la libertad. Pero, oh sorpresa, el tráfico de la avenida era inusual. “Sí, quizá sea el destino que quiere hacer que me trague mis palabras”. Todavía no se presentaba la idea de las Erinias.

Así que, media hora después -¿Ya mencioné que ese trayecto en camión mide diez minutos o menos?- llegué a la nueva línea hormiga del mundo debajo del mundo.

“¿Serán las Erinias?”, me pregunté cuando bajé las escaleras y el andén tenía cuatro filas de hormigas en vez de tres. ¿Qué querían demostrarme? ¿que yo también soy miembro hormiga de este mundo? ¿O específicamente de esta ciudad que cada vez me gusta menos? ¿Es acaso venganza porque reniego de la tierra que me vio nacer y que me albergó por tantos años, justo como Orestes renegó de su madre y fue castigado por el matricidio?

Parecía que la tierra, que el mundo debajo del mundo no quería albergarme. Así que salí de nuevo y tomé otro camión que se fuera todo derecho. Sí, todo derecho llegó pero sólo hasta Tlalpan, donde las Erinias ya se reían de mi destino. Ya jugaban con él, ya me hacían mierda de asfalto.

Por supuesto que no pude entrar en la estación de Chabacano. Ahí ni siquiera había posibilidad de acceder al andén. Hormigas, hormigas… hormigas trabajadoras. Y yo, yo que no quería que la marea de insectos me arrastrara, poco antes de darme cuenta de que yo soy uno de ellos.

Las Erinias querían seguirse burlando. Me sacaron de nuevo a la calle. A esperar un taxi que no llegaba, o un camión que no existía. Y mientras veía cómo la gente salía a borbotones. De todos lados, éramos una marabunta.

Al fin me dieron una tregua. Cuando entendí que sí, que ya me convertí en una hormiga de esta ciudad, y del mundo debajo del mundo, un señor me dijo que me daba un aventón. Y llegué a la oficina. Con la lección aprendida y la convicción de que me largo de este país, más arraigada que nunca.

martes, 1 de septiembre de 2009

el ritual de los lunes

no me gustan los lunes. soy como Garfield. me chocan. es volver a la costumbre del trabajo que se rompe con los maravillosos fines de semana. volver a los cinco días en los que todo es igual.

o así veía antes los lunes. no es que me encanten, pero existen tres actividades de lunes que me fascinan y que, no importa cuán rutinarias sean, siempre traen consigo experiencias diferentes.

Siempre que salgo de la oficina un café que pertenece a cubanos está abierto justo en la esquina de Cholula y Eje 4 para recibirnos a mis amigas y a mí. Generalmente va una o la otra, pero qué gusto es atestiguar el cambio de día a noche, de conversar con Jesús, que siempre quiere que vayamos a su bar en el fin de semana, de tomar un té que se enfría rapidísimo a pesar de que la taza tiene tapa. Me encanta. Sin importar si tenemos mucho que decir, si es relevante o no, para mí el día comienza justo en ese momento, a las 6:30 o siete de la tarde, cuando Mari o Penny (generalmente siempre Mari) hacen su aparición entre los claroscuros propios de los últimos minutos de sol.

Y luego nos vamos a clase de tango. Ya he hablado con anterioridad sobre las clases, así que sólo diré que cada vez me gustan más. Los pasos se complican y las emociones se revuelven, aunque las mías generalmente dan como resultado las ganas de regresar a la semana siguiente. No lo cambio por nada. O si lo cambio es solamente porque resulta estrictamente necesario. Ocho meses completitos en clase. He faltado solamente dos veces. Es increíble. El tango es increíble. Dos cuerpos que se comunican tanto. que luchan. que pelean consigo mismos y con el otro y se elevan en una expresión de sensualidad y de pasión desgarradoras. yo todavía no llego a ese nivel de expresión, pero me encanta el camino.

por último regreso con mi buen amigo. conversamos. conversamos. conversamos. me bebo los últimos instantes de lunes en sus palabras y en mis respuestas, o viceversa. llego a mi casa, plena por mi día corto, de tan solo cinco horas y media, pero súper bien aprovechado, bien vivido, lleno de alegría. y cierro los ojos y descanso.