jueves, 25 de junio de 2009
before i sleep 22:47
Siento que hoy es uno de esos días en los que no me puedo ir a dormir sin escribir algo. NO es que sepa bien qué. Sólo tengo esa sensación de que debo hacerlo. Hoy fue uno de esos días en los que sentí que me conocí más a mí misma a través de las palabras de los demás, de sus propias experiencias. Hoy fue como escribir un final y un principio, con el medio escrito antes de empezar.
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reflexión
del diplomado 6:56
La verdad no recuerdo si comente aqui que mi mama me regalo un diplomado en creacion literaria por mi cumpleanos. Asisto los miercoles. De entre alrededor de 50 alumnos de diferentes sedes en Veracruz y la ciudad, el mio fue uno de los seis cuentos seleccionados para leer en clase. Se titula "El astronauta". Me fue muy bien. Senti que regresaba al camino.
miércoles, 24 de junio de 2009
Una cita 6:46
"Todo el mundo cree que los escritores saben más acerca de la mente humana, pero es un error. Saben menos. Por eso escriben. Para tratar de descubrir lo que todos dan por sentado."
Margaret Atwood
Vidas de poetas
domingo, 21 de junio de 2009
Por mas mercadologicos que sean estos dias, no dejan de ser dificiles. Hoy vi a varios padres de familia con sus hijos detras de ellos. Seguramente fueron esos hombres los que ensenaron a sus hijos a andar en bicicleta, y ahora la actividad es familiar. Lo pienso y me imagino que, de haber sido distinto, quiza hoy hubiera festejado el Dia del padre en bicicleta, y quiza hubiera aprendido a andar en bici cuando nina, y no de adulta ya. Quiza, despues de la bici, habria ido a casa de mi abuelo a comer con el, y el me habria contado la anecdota de cuando le enseno a andar en bicicleta a mi tio, justo como un padre le ensena a su hijo. Pero no, la vida tomo un curso distinto.
A mi abuelo, feliz dia del padre. A mi padre, donde quiera que estes, ojala de verdad existiera alguien que te lo celebre.
A mi abuelo, feliz dia del padre. A mi padre, donde quiera que estes, ojala de verdad existiera alguien que te lo celebre.
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papa
sábado, 20 de junio de 2009
Un intento de mini ficción 23:30
Sentí una punzada. Me levanté: era mi turno de morir.
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mini ficción
Just a moment 22:04
Una canción. El camino lleno. Tráfico. Una punzada en el estómago que casi la tumba del dolor físico y del susto emocional -el susto siempre es emocional, ¿no?-. Una nueva certeza. No le gusta nada, pero ya es inevitable.
Desde mi celular escribo 20:37
La verdad es que nunca me habia tocado estar de este lado de la tecnologia. Tener mi "oficina movil", ja por supuesto que no. Es una maravilla... Y tambien un vicio
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tecnologia
miércoles, 17 de junio de 2009
Amar y ser libre 21:50
La verdad, la verdad, está cabrón esto de las relaciones humanas. De nuevo, no descubro el hilo negro, sólo es un pensamiento que me ronda la mente cada que puede aprovecharse de ella. En las relaciones más estrechas cabe cualquier sentimiento, sin importar qué clase de relación es. Los celos los sienten los padres, los hermanos, los amigos, los novios. El amor lo sienten los padres, los hermanos, los amigos, los novios. Y así podría yo enumerar cuantos sentimientos conozca y cuantas palabras que los califiquen conozca, y así sería.
Hoy estaba leyendo unas cosas para mi tesis, y me encontré con una respuesta que Kieslowski da a en una entrevista: “El amor contradice a la libertad”. Aunque creo que la cita aplica en todos los sentidos de amor, me limitaré a hablar del amor en pareja, que últimamente ha decidido merodear mis pensamientos, muy a pesar mío.
Supongo que para aceptar la “pérdida” de libertad (más bien, ceder un poco de esa libertad), uno tiene que estar verdaderamente enamorado, uno tiene que amar. Me acuerdo cuando en una clase me dijeron que, a pesar de lo que se decía, la libertad era un valor humano, no trascendental. Pues sí lo creo. Creo que el amor es un valor trascendental al que algunos acceden, y les va bien, y al que otros accedemos, y se quedan sin ganas de volver a pasar por las adversidades que el amor conlleva. A mí me pasa eso, justo eso… justo esta segunda opción en que el amor ya desgastó tanto que no sólo da pereza, sino miedo, y en el que uno ya no sabe si puede más la flojera o el temor. El punto es que yo no quiero querer. No es que haya alguien en particular que me ponga a pensar en querer, es que ante el mínimo pensamiento de que exista alguien entro en pánico y en negación. Dicen que no podemos negarnos al amor, pues como buena necia, yo me niego. Me niego a amar y a vivir, una vez más, la falta de correspondencia. Me niego a deprimirme una vez más por el mismo motivo. Me niego a ceder mi libertad para compartir la vida con otro, así como se comparte la vida en ese sentido.
¿Quizá podría tener un amor libre? No, tampoco tengo esa personalidad. Preferiría no tenerlo. Prefiero no tenerlo. No quiero volver a quebrarme la cabeza buscando señales donde no hay, buscando amor donde no me lo ofrecen, aceptando ofertas inferiores a lo que estoy dispuesta a dar. Si algo he aprendido con el rechazo, es justamente que uno adquiere mayor libertad, aunque sea involuntariamente, y luego la preservación de esa libertad es imperativa. Casi podría decir que es el único recuerdo que uno quiere conservar, y que uno atesora en el presente.
Y va más allá de no querer, es elegir un bien sobre otro. Soy libre y corro los riesgos propios de la libertad, que tienen que ver conmigo y mis decisiones, o amo y corro los riesgos del amor, en donde las decisiones son de dos.
Sí, pues sí, un valor es egoísta, el otro implica entregarse. Sin embargo creo que no estoy dispuesta a entregarme. En una entrada distinta escribí que soy una romántica empedernida. Y sí soy. Sí soy. Y una de las características de los románticos es que están solos. Solos como yo. Solos como yo he elegido estarlo. No pido que se lamenten por mí. Ni sé tampoco por qué lo escribo y lo publico aquí. Quizá es porque mi decisión siempre ha sido la misma, pero a veces creo que estoy hecha para ese valor trascendental que, de vez en cuando, me hace ojos, pero siempre es para burlarse de mí.
Prefiero la libertad.
Hoy estaba leyendo unas cosas para mi tesis, y me encontré con una respuesta que Kieslowski da a en una entrevista: “El amor contradice a la libertad”. Aunque creo que la cita aplica en todos los sentidos de amor, me limitaré a hablar del amor en pareja, que últimamente ha decidido merodear mis pensamientos, muy a pesar mío.
Supongo que para aceptar la “pérdida” de libertad (más bien, ceder un poco de esa libertad), uno tiene que estar verdaderamente enamorado, uno tiene que amar. Me acuerdo cuando en una clase me dijeron que, a pesar de lo que se decía, la libertad era un valor humano, no trascendental. Pues sí lo creo. Creo que el amor es un valor trascendental al que algunos acceden, y les va bien, y al que otros accedemos, y se quedan sin ganas de volver a pasar por las adversidades que el amor conlleva. A mí me pasa eso, justo eso… justo esta segunda opción en que el amor ya desgastó tanto que no sólo da pereza, sino miedo, y en el que uno ya no sabe si puede más la flojera o el temor. El punto es que yo no quiero querer. No es que haya alguien en particular que me ponga a pensar en querer, es que ante el mínimo pensamiento de que exista alguien entro en pánico y en negación. Dicen que no podemos negarnos al amor, pues como buena necia, yo me niego. Me niego a amar y a vivir, una vez más, la falta de correspondencia. Me niego a deprimirme una vez más por el mismo motivo. Me niego a ceder mi libertad para compartir la vida con otro, así como se comparte la vida en ese sentido.
¿Quizá podría tener un amor libre? No, tampoco tengo esa personalidad. Preferiría no tenerlo. Prefiero no tenerlo. No quiero volver a quebrarme la cabeza buscando señales donde no hay, buscando amor donde no me lo ofrecen, aceptando ofertas inferiores a lo que estoy dispuesta a dar. Si algo he aprendido con el rechazo, es justamente que uno adquiere mayor libertad, aunque sea involuntariamente, y luego la preservación de esa libertad es imperativa. Casi podría decir que es el único recuerdo que uno quiere conservar, y que uno atesora en el presente.
Y va más allá de no querer, es elegir un bien sobre otro. Soy libre y corro los riesgos propios de la libertad, que tienen que ver conmigo y mis decisiones, o amo y corro los riesgos del amor, en donde las decisiones son de dos.
Sí, pues sí, un valor es egoísta, el otro implica entregarse. Sin embargo creo que no estoy dispuesta a entregarme. En una entrada distinta escribí que soy una romántica empedernida. Y sí soy. Sí soy. Y una de las características de los románticos es que están solos. Solos como yo. Solos como yo he elegido estarlo. No pido que se lamenten por mí. Ni sé tampoco por qué lo escribo y lo publico aquí. Quizá es porque mi decisión siempre ha sido la misma, pero a veces creo que estoy hecha para ese valor trascendental que, de vez en cuando, me hace ojos, pero siempre es para burlarse de mí.
Prefiero la libertad.
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lunes, 15 de junio de 2009
Otro fin de semana perfecto 7:57
Terminé agotada la semana corriente. Es la primera vez que trabajo de tiempo completo y, definitivamente, es agotador. Soy hiperactiva, y necesito hacer más que estar sentada en mi computadora, así que he comido en exceso.
El viernes, entonces, salí con deseos de ir a casa, mirar mi cama y refugiarme en ella y en el sueño. Pero no. Fui a comer con una amiga y con su hermana, y me la pasé muy bien. Se siente bien darme cuenta de que hemos crecido, de que nuestra amistad se conserva a pesar de que los temas iniciales que nos unieron ya no son los mismos. Me da gusto que encontráramos otros. Llegué a casa. Era temprano. Como las 5:30. Y ya tenía la invitación de otra amiga a tomar café. Vi un capítulo de mi novela y después llegó a recogerme. Tomamos café. Ella está triste. Problemas de corazón. Regresamos a mi casa. Escuchamos música. Conversamos más. La llevamos a su casa. La verdad sentí que fue un viernes como de primaria o secundaria. Y me encantó.
El sábado me levanté con mucho trabajo. Fui al taller de cuento (que ahora es cada dos semanas). Comenté los textos. Después me encontré con mi familia y fuimos a Coyoacán. Conversamos. Nos cambiamos de sede a Reforma, a la exposición de las culturas amigas. Regresamos a casa. Me arreglé. Fui a casa de Liz. Conversé con sus hermanas. Nos fuimos a la fiesta. Conversé con Liz. Fui muy sincera en la conversación. Ella dejó que yo fuera sincera. En un fin de semana perfecta no podía faltar un poco de llanto. Y efectivamente, derramé un poco con ella. Entonces llegamos a la fiesta. Parecía una fiesta de pubertad. Ahí estábamos con Penny, festejando la titulación de su novio. Fotos y fotos. Cerveza por aquí, por allá. Regresamos. Dormimos. Nos levantamos. A andar en bici. Fuimos al parque México por las bicicletas. A Liz y a mí se nos unió Maricela. Y entonces, a Reforma. Fuimos del cruce entre Insurgentes y Reforma al Museo de Antropología en bici. Encontramos ahí al comité restante. Éramos 14 personas. Por supuesto, me quedé rezagada. Casi me doy en la madre cuando cortábamos por Chapultepec. Casi le doy en la madre a dos personas. Me quedé rezagada. Pero fue maravilloso. Estar ahí, sola, andando por Reforma, con el sol quemándome la piel y el aire haciéndose presente de vez en cuando para refrescarnos. Me gustó. Nunca había recorrido tantos kilómetros en bici. Me sentía agotada, pero muy contenta. Luego llegamos al Centro Histórico. Y de ahí Roberto, el papá de un amigo, se quedó conmigo andando por el centro, y de ahí hasta llegar al Ángel. Se lo agradezco mucho. También fue una parte del recorrido que me encantó. Y entonces llegamos al Ángel. No había desayunado, así que cada vez pedaleaba con mayor dificultad. Estaba cansada. Insolada. Contenta. En la Glorieta del Ángel esperamos a que llegaran los demás que habían ido a entregar bicicletas y demás. Llegaron. Nos fuimos de regreso a entregar las bicis al parque México. Regresé a casa.
Después fui al teatro, un amigo me regaló boletos para ver Humánika y llevé a mi mamá y a Isaac. Sí me gustó. No es súper profunda ni nada por el estilo. Pero está linda. Hacen actos de magia. Yo parecía niña chiquita de tan sorprendida que estaba. Tampoco faltó el llanto cuando apareció en escena el poeta que perdió a su musa. Por supuesto. No he dormido mucho. Pero qué más da. La compañía y las actividades lo valen.
El viernes, entonces, salí con deseos de ir a casa, mirar mi cama y refugiarme en ella y en el sueño. Pero no. Fui a comer con una amiga y con su hermana, y me la pasé muy bien. Se siente bien darme cuenta de que hemos crecido, de que nuestra amistad se conserva a pesar de que los temas iniciales que nos unieron ya no son los mismos. Me da gusto que encontráramos otros. Llegué a casa. Era temprano. Como las 5:30. Y ya tenía la invitación de otra amiga a tomar café. Vi un capítulo de mi novela y después llegó a recogerme. Tomamos café. Ella está triste. Problemas de corazón. Regresamos a mi casa. Escuchamos música. Conversamos más. La llevamos a su casa. La verdad sentí que fue un viernes como de primaria o secundaria. Y me encantó.
El sábado me levanté con mucho trabajo. Fui al taller de cuento (que ahora es cada dos semanas). Comenté los textos. Después me encontré con mi familia y fuimos a Coyoacán. Conversamos. Nos cambiamos de sede a Reforma, a la exposición de las culturas amigas. Regresamos a casa. Me arreglé. Fui a casa de Liz. Conversé con sus hermanas. Nos fuimos a la fiesta. Conversé con Liz. Fui muy sincera en la conversación. Ella dejó que yo fuera sincera. En un fin de semana perfecta no podía faltar un poco de llanto. Y efectivamente, derramé un poco con ella. Entonces llegamos a la fiesta. Parecía una fiesta de pubertad. Ahí estábamos con Penny, festejando la titulación de su novio. Fotos y fotos. Cerveza por aquí, por allá. Regresamos. Dormimos. Nos levantamos. A andar en bici. Fuimos al parque México por las bicicletas. A Liz y a mí se nos unió Maricela. Y entonces, a Reforma. Fuimos del cruce entre Insurgentes y Reforma al Museo de Antropología en bici. Encontramos ahí al comité restante. Éramos 14 personas. Por supuesto, me quedé rezagada. Casi me doy en la madre cuando cortábamos por Chapultepec. Casi le doy en la madre a dos personas. Me quedé rezagada. Pero fue maravilloso. Estar ahí, sola, andando por Reforma, con el sol quemándome la piel y el aire haciéndose presente de vez en cuando para refrescarnos. Me gustó. Nunca había recorrido tantos kilómetros en bici. Me sentía agotada, pero muy contenta. Luego llegamos al Centro Histórico. Y de ahí Roberto, el papá de un amigo, se quedó conmigo andando por el centro, y de ahí hasta llegar al Ángel. Se lo agradezco mucho. También fue una parte del recorrido que me encantó. Y entonces llegamos al Ángel. No había desayunado, así que cada vez pedaleaba con mayor dificultad. Estaba cansada. Insolada. Contenta. En la Glorieta del Ángel esperamos a que llegaran los demás que habían ido a entregar bicicletas y demás. Llegaron. Nos fuimos de regreso a entregar las bicis al parque México. Regresé a casa.
Después fui al teatro, un amigo me regaló boletos para ver Humánika y llevé a mi mamá y a Isaac. Sí me gustó. No es súper profunda ni nada por el estilo. Pero está linda. Hacen actos de magia. Yo parecía niña chiquita de tan sorprendida que estaba. Tampoco faltó el llanto cuando apareció en escena el poeta que perdió a su musa. Por supuesto. No he dormido mucho. Pero qué más da. La compañía y las actividades lo valen.
miércoles, 10 de junio de 2009
¡Qué calor! 23:07
Cuando pienso en el calor que pega últimamente quisiera tener piel desprendible, y huesos con aire acondicionado propio, con células que desprendieran aire gélido para refrescarme. Ninguna prenda es suficientemente refrescante, porque debajo de la ropa está la piel, y debajo de la piel los músculos, muchos recubrimientos para mi consciencia, que también siente esta clase de calor completamente molesto.
Aún en la madrugada siento calor. La imagen del sol entrando por la ventana es maravillosa, pero de pronto se combina con el cuerpo pegajoso y sudado y la idea de los primeros rayos acariciando la alcoba me provoca bochorno.
Amo el frío. El viento que sopla en otoño, también lo amo. Pero de pronto parece que solamente es un recuerdo en este mundo afectado por los cambios climáticos, tocado por la mano de esta especie a la que pertenezco, y a la que el universo ha castigado como mensaje de que no somos tan poderosos como pensamos.
Y mientras siento que el calor me deshace.
Aún en la madrugada siento calor. La imagen del sol entrando por la ventana es maravillosa, pero de pronto se combina con el cuerpo pegajoso y sudado y la idea de los primeros rayos acariciando la alcoba me provoca bochorno.
Amo el frío. El viento que sopla en otoño, también lo amo. Pero de pronto parece que solamente es un recuerdo en este mundo afectado por los cambios climáticos, tocado por la mano de esta especie a la que pertenezco, y a la que el universo ha castigado como mensaje de que no somos tan poderosos como pensamos.
Y mientras siento que el calor me deshace.
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clima
martes, 9 de junio de 2009
El rally 19:56
Me levanté en la mañana creyendo que iría a un parque de diversiones, y terminé recorriendo el sur de la ciudad, adivinando pistas que me llevaban a mis amigos y los lugares importantes que tengo con ellos.
En realidad, aunque a algunos los vi diez minutos, a otros un poco más, y otros llegaron a la comida o estuvieron en ambas cosas, les agradezco muchísimo el tiempo que me dedicaron para planearlo. Les agradezco las conversaciones de messenger donde mi sorpresa era el tema principal. Les agradezco los pensamientos que me dedicaron. Les agradezco que consideren que el tiempo que me dedican es una inversión y no un gasto. Les agradezco las muestras de que soy importante. Si algún día me había quedado duda, ésta se ha desvanecido. Se diluyó en los gestos y en los abrazos y en las bromas afuera del metro y en las explicaciones sobre por qué eligieron ese lugar sobre otro.
Se murió la duda y resurgió un agradecimiento infinito. Fue la mejor inyección de adrenalina y el agotamiento que más orgullo me ha provocado en la vida. Fue perfecto. Aún con los contratiempos, fue perfecto. Incluso las lágrimas contenidas por el shock, por los múltiples shocks.
El sábado pasado me dedicaron los halagos más grandes con sus acciones y sus palabras. Me siento profundamente tocada y agradecida. Aunque sea una frase hecha, podría morirme mañana sabiendo que he vivido al máximo, porque de alguna manera lo que hicieron por mí me indica que he trascendido. Y soy tan afortunada que me doy cuenta en vida. Existo y mi existencia trasciende en ustedes, mis amigos que hicieron que la emoción me abarque las entrañas y que, aún ahora, tres días después, me conmueva hasta que se me llenen los ojos de lágrimas.
Jamás lo olvidaré. Sentirse amada es lo mejor que puede suceder. Sentirse amada por tanta gente es tan impactante que siento que las rodillas me flaquean sólo de recordarlo.
Muchas gracias por tantas muestras de cariño. No sé si me las merezco, pero tengan por seguro que a diario lucho por merecérmelas.
Me siento plena, y me siento así gracias a ustedes.
En realidad, aunque a algunos los vi diez minutos, a otros un poco más, y otros llegaron a la comida o estuvieron en ambas cosas, les agradezco muchísimo el tiempo que me dedicaron para planearlo. Les agradezco las conversaciones de messenger donde mi sorpresa era el tema principal. Les agradezco los pensamientos que me dedicaron. Les agradezco que consideren que el tiempo que me dedican es una inversión y no un gasto. Les agradezco las muestras de que soy importante. Si algún día me había quedado duda, ésta se ha desvanecido. Se diluyó en los gestos y en los abrazos y en las bromas afuera del metro y en las explicaciones sobre por qué eligieron ese lugar sobre otro.
Se murió la duda y resurgió un agradecimiento infinito. Fue la mejor inyección de adrenalina y el agotamiento que más orgullo me ha provocado en la vida. Fue perfecto. Aún con los contratiempos, fue perfecto. Incluso las lágrimas contenidas por el shock, por los múltiples shocks.
El sábado pasado me dedicaron los halagos más grandes con sus acciones y sus palabras. Me siento profundamente tocada y agradecida. Aunque sea una frase hecha, podría morirme mañana sabiendo que he vivido al máximo, porque de alguna manera lo que hicieron por mí me indica que he trascendido. Y soy tan afortunada que me doy cuenta en vida. Existo y mi existencia trasciende en ustedes, mis amigos que hicieron que la emoción me abarque las entrañas y que, aún ahora, tres días después, me conmueva hasta que se me llenen los ojos de lágrimas.
Jamás lo olvidaré. Sentirse amada es lo mejor que puede suceder. Sentirse amada por tanta gente es tan impactante que siento que las rodillas me flaquean sólo de recordarlo.
Muchas gracias por tantas muestras de cariño. No sé si me las merezco, pero tengan por seguro que a diario lucho por merecérmelas.
Me siento plena, y me siento así gracias a ustedes.
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viernes, 5 de junio de 2009
DCRC 0:00
Nació un martes, bajo la estrella de millones de nombres pensados para ella, pero que por una u otra razón no le pusieron. Entre Alfonsina, Casandra y Renata, un nombre católico predominó, como si augurara que en el futuro regenegaría de la religión.
Muchas veces ha expresado que, para ella, los nombres contienen una carga determinante en la vida y ella agradece a sus padres que el segundo regalo que le dieron fue llamarla así, con ese nombre raro.
Dice su mamá que era muy risueña de niña. Que a veces le daba miedo que le hiciera tantas fiestas a los extraños. Tenía unos piecitos, y una boquita y unas manitas y una nariz grande, y nació en un hospital después de que su mamá mentara madres a los doctores...
No recuerda que haya pasado un instante sin sentirse amada. Recuerda momentos específicos de su infancia temprana, como cuando dormía entre sus tías, cuando le cambiaron los pañales por calzones, cuando la tía Nena y la mamá le leían y ella se quedaba dormida entre sus brazos, el libro gigantesco de cuentos para niños que su madre leía para su hermano y para ella.
Recuerda también a su hermano. Un ente chiquito que le causaba una curiosidad inmensa y una ternura fuera de límites. Recuerda que se veía los ojos, veía los ojos de su mamá, veía los ojos de su hermano, y se perdía en la inmensidad de las cavidades, al mismo tiempo que encontraba identidad en la expresión de aquellos ojos que eran también de ella.
Tiene una memoria de su padre: una vez caminaban en la noche, y él la cargaba en hombros. Después de eso no hay nada. Sólo está la imagen de su mamá, su hermano y ella, cantando Dreamlover y Like a prayer, aún antes de saber leer en español.
Su tía Julieta los llevaba al Blue Hill Garden. También recuerda brevemente que bailó Can Can, y no sabe cuánto tiempo después bailó una canción de conga de Ricardo Montaner. La vistieron de Campanita para un festival de la primavera, y hacían sus fiestas de cumpleaños en el kinder...
Se le cayeron los dientes de en medio cuando estaba en preprimaria. Se acuerda perfectamente de que no quería enseñarlos en una fotografía. El fotógrafo se lo pidió.Lo enseñó tímidamente.
Fue maestra de ceremonias. A los cinco años sabía leer muy bien. Su mamá la dejó escoger dónde estudiar la primaria. Y la estudió en el CIEB. De pronto quería tener un nombre común, como el de todos los demás. Iba y venía en el camión, y recuerda esos años como si se hubiera salido de sí misma para ver a Charbelí vivir la vida.
Conforme fue creciendo las dos se fusionaron. Alma y cuerpo. Dejó de verse como si no fuera ella, porque ya sabía que era la misma persona. Creció entre su abuelo y sus tíos. Después de que murieron el papá y la Nena y la abuela, les pusieron una nana a la que ella le hizo la vida imposible. Se acuerda también de que comía con la familia de la nana, y un día la dejaron sentada toda la tarde en el comedor, porque ella no se quería comer las verduras. No regresó. Era su decisión. Como todo en la vida. Siempre supo, porque así le enseñaron, que la vida está hecha de elecciones, se elige una cosa y se asumen las consecuencias, así sea usar botas en pleno verano, o hacer o no la tarea.
Es que ella se siente libre. Completamente libre, a pesar de que, a sus casi 23 años, siga viviendo en casa y parcialmente mantenida. Habla de una libertad diferente, de una libertad que se logra pensando. Entre todas las cosas que tiene, nadie puede decirle que no piensa, y que esos pensamientos vuelan para demostrarse que la libertad existe. Su vida, como la de todo el mundo, está hilada por decisiones, incluso por aquellas que ella no tomó, sino que tomaron por ella.
Así que hoy, hoy a las 5:10pm cumplirá 23 años. 23 maravillosos años que bien se merecen ser festejados. Se merece levantarse y darse un abrazo. Porque está viva, tan viva como siempre. Porque hoy se siente plena. Es como si hoy, por un día aunque sea, el tiempo y ella fueran amigos.
Es porque para estos días, para esta actualidad, ella y yo ya estamos fusionadas, y nos gusta estar juntas. Nos gusta llamarnos Danila Charbelí Ramos Chávez. Nos gusta todo lo que nuestro nombre abarca.
Así que hoy, 5 de junio de 2009, me deseo feliz, feliz cumpleaños.
Muchas veces ha expresado que, para ella, los nombres contienen una carga determinante en la vida y ella agradece a sus padres que el segundo regalo que le dieron fue llamarla así, con ese nombre raro.
Dice su mamá que era muy risueña de niña. Que a veces le daba miedo que le hiciera tantas fiestas a los extraños. Tenía unos piecitos, y una boquita y unas manitas y una nariz grande, y nació en un hospital después de que su mamá mentara madres a los doctores...
No recuerda que haya pasado un instante sin sentirse amada. Recuerda momentos específicos de su infancia temprana, como cuando dormía entre sus tías, cuando le cambiaron los pañales por calzones, cuando la tía Nena y la mamá le leían y ella se quedaba dormida entre sus brazos, el libro gigantesco de cuentos para niños que su madre leía para su hermano y para ella.
Recuerda también a su hermano. Un ente chiquito que le causaba una curiosidad inmensa y una ternura fuera de límites. Recuerda que se veía los ojos, veía los ojos de su mamá, veía los ojos de su hermano, y se perdía en la inmensidad de las cavidades, al mismo tiempo que encontraba identidad en la expresión de aquellos ojos que eran también de ella.
Tiene una memoria de su padre: una vez caminaban en la noche, y él la cargaba en hombros. Después de eso no hay nada. Sólo está la imagen de su mamá, su hermano y ella, cantando Dreamlover y Like a prayer, aún antes de saber leer en español.
Su tía Julieta los llevaba al Blue Hill Garden. También recuerda brevemente que bailó Can Can, y no sabe cuánto tiempo después bailó una canción de conga de Ricardo Montaner. La vistieron de Campanita para un festival de la primavera, y hacían sus fiestas de cumpleaños en el kinder...
Se le cayeron los dientes de en medio cuando estaba en preprimaria. Se acuerda perfectamente de que no quería enseñarlos en una fotografía. El fotógrafo se lo pidió.Lo enseñó tímidamente.
Fue maestra de ceremonias. A los cinco años sabía leer muy bien. Su mamá la dejó escoger dónde estudiar la primaria. Y la estudió en el CIEB. De pronto quería tener un nombre común, como el de todos los demás. Iba y venía en el camión, y recuerda esos años como si se hubiera salido de sí misma para ver a Charbelí vivir la vida.
Conforme fue creciendo las dos se fusionaron. Alma y cuerpo. Dejó de verse como si no fuera ella, porque ya sabía que era la misma persona. Creció entre su abuelo y sus tíos. Después de que murieron el papá y la Nena y la abuela, les pusieron una nana a la que ella le hizo la vida imposible. Se acuerda también de que comía con la familia de la nana, y un día la dejaron sentada toda la tarde en el comedor, porque ella no se quería comer las verduras. No regresó. Era su decisión. Como todo en la vida. Siempre supo, porque así le enseñaron, que la vida está hecha de elecciones, se elige una cosa y se asumen las consecuencias, así sea usar botas en pleno verano, o hacer o no la tarea.
Es que ella se siente libre. Completamente libre, a pesar de que, a sus casi 23 años, siga viviendo en casa y parcialmente mantenida. Habla de una libertad diferente, de una libertad que se logra pensando. Entre todas las cosas que tiene, nadie puede decirle que no piensa, y que esos pensamientos vuelan para demostrarse que la libertad existe. Su vida, como la de todo el mundo, está hilada por decisiones, incluso por aquellas que ella no tomó, sino que tomaron por ella.
Así que hoy, hoy a las 5:10pm cumplirá 23 años. 23 maravillosos años que bien se merecen ser festejados. Se merece levantarse y darse un abrazo. Porque está viva, tan viva como siempre. Porque hoy se siente plena. Es como si hoy, por un día aunque sea, el tiempo y ella fueran amigos.
Es porque para estos días, para esta actualidad, ella y yo ya estamos fusionadas, y nos gusta estar juntas. Nos gusta llamarnos Danila Charbelí Ramos Chávez. Nos gusta todo lo que nuestro nombre abarca.
Así que hoy, 5 de junio de 2009, me deseo feliz, feliz cumpleaños.
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martes, 2 de junio de 2009
Leónidas 20:58
Me faltaron tres personas en el mes sentimental. Una de ellas es Leo, que se llama Leonardo pero yo creo que le queda también el nombre de Leónidas, como aquel espartano que lucha incansablemente, aún sabiendo que su vida está en riesgo.
Leo se encargó de mí cuando, de pronto, me vi desolada. Me brindó su entera confianza. Fue mi jefe, mi mecenas, y ahora es mi amigo. Un amigo muy querido.
Como Leónidas, es todo un estratega, y estoy segura de que va a llegar muy lejos. ¡Ya Dije! Comunicación Efectiva, se convertirá en una gran empresa, porque tiene una gran cabeza como líder. El que persevera alcanza.
El próximo lunes abordaré el metro para irme a otra oficina. Ya no llegaré a quejarme de la imac lenta y de Ramiro ineficiente. Me va a costar trabajo pasar de largo la estación Chilpancingo para llegar a Patriotismo. A lo mejor, como está pasando ahora, lloraré un poquito. El andén de Chilpancingo se quedará, como esperándome, pero con la certeza de que no me voy a bajar.
Estos tres meses he aprendido muchísimo. Te agradezco mucho, Leo, por haber sido mi guía y mi apoyo. Por "interpretar" mis silencios y mis palabras, y hacerme reír en este periodo como nunca me he reído en la vida. Pero sobre todo te agradezco que siempre hayas sido tan comprensivo. Lo digo sin temor a equivocarme: eres el mejor jefe que he tenido.
Seguro el lunes, aunque no vea para atrás, me sentiré muy sola al llegar a una oficina, una donde no estarás.
Gracias por todo
Leo se encargó de mí cuando, de pronto, me vi desolada. Me brindó su entera confianza. Fue mi jefe, mi mecenas, y ahora es mi amigo. Un amigo muy querido.
Como Leónidas, es todo un estratega, y estoy segura de que va a llegar muy lejos. ¡Ya Dije! Comunicación Efectiva, se convertirá en una gran empresa, porque tiene una gran cabeza como líder. El que persevera alcanza.
El próximo lunes abordaré el metro para irme a otra oficina. Ya no llegaré a quejarme de la imac lenta y de Ramiro ineficiente. Me va a costar trabajo pasar de largo la estación Chilpancingo para llegar a Patriotismo. A lo mejor, como está pasando ahora, lloraré un poquito. El andén de Chilpancingo se quedará, como esperándome, pero con la certeza de que no me voy a bajar.
Estos tres meses he aprendido muchísimo. Te agradezco mucho, Leo, por haber sido mi guía y mi apoyo. Por "interpretar" mis silencios y mis palabras, y hacerme reír en este periodo como nunca me he reído en la vida. Pero sobre todo te agradezco que siempre hayas sido tan comprensivo. Lo digo sin temor a equivocarme: eres el mejor jefe que he tenido.
Seguro el lunes, aunque no vea para atrás, me sentiré muy sola al llegar a una oficina, una donde no estarás.
Gracias por todo
Ser feliz 1:10
El fin de semana pasado fue uno de los mejores de mi vida. Tuvo el equilibrio perfecto: familia y amistades. Un fin de semana en el que uno se prueba, se da cuenta de que puede llevar a cabo cualquier cosa, por insignificante o ridícula que parezca, y que en realidad posee un trasfondo que uno no se imaginaba. Me conocí mejor el fin de semana pasado. El viernes y el sábado rompí con mis propias barreras, en lugares y con personas completamente distintas. Me siento viva. Tan viva como nunca. Es un placer mirar mis casi 23 años de vida y darme cuenta de que los he disfrutado al máximo. Mirar atrás con melancolía, adelante con esperanza y ser feliz en el presente. Creo que nunca había pronunciado esas palabras con tanta convicción. Ser feliz. Antes, estúpidamente, me parecía que la felicidad era sólo para los tontos y para los ignorantes. Como si vivir en un estado permanente desolación fuera más "elevado", más intelectual. La tonta y la ignorante era yo. Ahmad Akif. Ésa era yo. A lo mejor mañana regreso a la agonía constante, sin embargo ahora tengo un parámetro. Soy feliz. Tengo salud, una familia que me adora y a la que adoro. Una madre maravillosa que se emociona con cada uno de mis triunfos, amigos que son parte de mi familia también. Esta profesión que, estoy segura, me llevará adonde quiero llegar.
Espero que todo marche viento en popa, pero si no, así también pasa en la felicidad
Espero que todo marche viento en popa, pero si no, así también pasa en la felicidad
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