domingo, 31 de enero de 2010

They say and end can be a start...

Me identifico con esta canción en estas circunstancias.



Hope the end is a brand new start.

De querer...

Hay una película que se llama Son de mar que compré hace poco. La vi y de inmediato se convirtió en una de mis películas favoritas. De ahí se desprende una frase que me ronda la cabeza últimamente:

"De querer a no querer hay un camino muy largo que todo mundo corre sin saber cómo ni cuándo".

sábado, 30 de enero de 2010

Paréntesis

No puedo dormir. ¿Qué es esto que sucede? No lo sé. Me siento tan poco familiarizada con estas cosas. No sé. Sólo no quiero pensar. Pero pienso. Más allá de pensar, siento. Está bien sentir, supongo, pero estaba desacostumbrada a sentir tanto.

No soy masoquista, pero definitivamente el dolor me hace sentir viva. Ni modo. Uno se decepciona y la vida sigue. Y si yo pensara de otra manera entonces significaría que no he aprendido nada. Y sí he aprendido. He aprendido, por ejemplo, que es mejor zafarse un poco de la parte de la naturaleza femenina que implica cuestionarse y darle vueltas al asunto. Lo acabado, acabado está y punto. Es mejor creer lo que se dice que preguntarse si será o no cierto. Si se dijo es por algo y el fondo es lo que importa, aunque la forma en que se manifiesta sea como el puñal, podría haber sido una bala y el resultado sería el mismo. Dentro de todo, me siento tranquila. Creo que hice lo que podía, y tenía intenciones de hacer más que eso, incluso.

He comido por obligación. Dos veces en dos días. No tengo hambre. Es la primera vez que me siento triste y se me va el apetito. Generalmente me sucede al revés. No es que piense todo el tiempo en eso, es que creo que la tristeza está en un nivel semiprofundo y constante, justo ese nivel que también se nutre de decepción, sin que tenga que pensar que estoy triste. Igual, no voy a evadir mis sentimientos ni enterrarlos mediante el bloqueo. Sencillamente dejaré que fluyan. Si ahora estoy triste, estoy triste y punto. Tengo que realizar mis actividades cotidianas –no voy a dejar de llevarlas a cabo- con una variante que no me impide vivir. Tal vez mañana me quede en cama hasta que me toque ver a Chrys. Tal vez no.

Hoy vi una película con mis amigas, Up in the air, y me llegó muchísimo una frase: “Tú eres mi paréntesis, ésta es mi vida real”, palabras más o menos, pero ése era el punto. Así me siento yo, como un paréntesis, y yo que estaba tan dispuesta a escribir la oración completa y sin paréntesis ni guiones largos como acotación.

Se me olvidó que, cuando se trata de seres humanos, uno no puede pensar en “eterno”. Simplemente porque no lo somos. Somos personas. Finitas. Y en este caso yo pensé en sempiterno, inacabable.

Ya tampoco me brotan lágrimas. Es más intenso que las lágrimas. Es cerrar los ojos y ver que el espacio que antes ocupaba una imagen, una idea, una palabra, ahora es negro como un hoyo que se queda en nada. Y pensar que hace tan poco esa única palabra, la imagen, la idea llenaba todo. Mi espíritu colmado de anhelo y esperanza, ahora sólo espera que pase el efecto.

Tengo muchos cuestionamientos en la cabeza pero cada vez que trato de plantearme uno para resolverlo mi mente queda en negro. No pienso. Soy ese paréntesis que no se había dado cuenta de que no pertenece a la frase principal.

Eso soy ahorita. Mañana… mañana quién sabe.

jueves, 28 de enero de 2010

Acabo de leer la entrada del blog de Chrystopher por segunda vez, el de la felicidad vicaria. Hace tan poco que yo me sentía en la felicidad absoluta. Y hoy otra vez estoy en ese punto de felicidad vicaria. No quiero tener malos pensamientos, pero llegan a mí de golpe, nomás me distraigo tantito y llegan. No sé si bloquearlos o no.

En realidad me doy cuenta de que los he bloqueado. He bloqueado muchas cosas, una de ellas mi capacidad de perseverar. ¿Será que he perdido tolerancia al dolor y, por ende, mi característica de perseverancia? Se me hace que sí. Lo único que sé ahorita es que quiero llegar a mi cama a ponerme a llorar como loca hasta que me quede dormida. Y como me voy a dormir cansada de haber llorado tanto entonces no voy a soñar. Y mañana me voy a despertar con los ojos hinchados y el ánimo en los suelos, pero tranquila.

La verdad ya no quiero seguir pasando por eso, yo creo que ésa es la razón por la que ya no persevero. Se puede o no. Y si no se puede ya no me dan ganas de que se pueda. ¿Será que me pase así por el resto de la vida? ¿Será que algún día se pueda? Avanza el tiempo y lo dudo más. Porque me sigo equivocando y por más que quiera aprender del error no lo encuentro. Mejor ya ni lo intento. Sí, las coincidencias sí son señales, lo que pasa es que yo las interpreto siempre, siempre, mal.

A seguir después de la pausa. A seguir.

lunes, 25 de enero de 2010

Ojos

Nunca pensé que volvería a encontrar esos ojos. Simplemente no sucedería. Así, con el color hibrido entre miel y verde, chiquitos y enmarcados por aquellas pestañas casi imperceptibles a menos que uno se acerque mucho y las vea.

Tampoco creí que los encontraría con la misma expresión con las que los vi la primera vez, hace más de ocho años. Pensé que la sonrisa que empezaba en esos ojos se quedaría en mis recuerdos, que jamás volvería a manifestarse en realidad. Incluso quien una vez fue dueño de esos ojos y esas expresiones ha padecido los cambios que la represión y la tristeza traen consigo, y ya no queda en su rostro sino la breve nostalgia del pasado dichoso.

Y los volví a ver. Volvieron a verme. Nos encontramos. Sólo que esta vez esos ojos no están en el mismo semblante, ni le pertenecen a la misma persona. Me alteré. De pronto sentí que regresaba a esa edad en la que aquella mirada me sometía y me guardaba. No podía dejar de prestarle atención pero me sentía tan incómoda como estaba maravillada. Yo tenía otra vez 15 años y apenas podía abrir la boca. Volví a ser tímida, aquella niña de cabello corto y mirada inocente.

Sólo cuando vi sus ojos me pregunté cuánto habrán cambiado los míos. Quizá, como los del exdueño de esa mirada, se han endurecido.

Si hubiera podido, habría tocado el marco de sus óculos para cerciorarme que no eran una invención mía. Al mismo tiempo que quería seguirlos viendo, tenía el nudo en la garganta, el llanto contenido y quería salir huyendo, no obstante un extraño magnetismo me atraía hacia él, hacia el nuevo dueño de los ojos que me atormentaron tanto.

Ahora que ya pasaron algunas horas desde aquel encuentro fortuito en el que estuve tan cómoda e incómoda a la vez, me siento corrupta. Como si alguien hubiera penetrado en mi intimidad sin que yo lo permitiera. Peor aún, sin darse cuenta siquiera de lo que hizo. Ni yo sé a ciencia cierta qué hizo.

I don't get you

Me encanta la diversidad. Quizá porque no soy veterinaria o soy observadora en otros sentidos, sin embargo me sorprende la diversidad que existe en la raza humana. Tengo dos tortugas, Mine y Min, y a pesar de que son distintas y conozco sus distinciones, la realidad es que no me parece que éstas sean tan tan grandes como las propias de los seres humanos.

Sin duda, más allá de las diferencias físicas, me impactan las mentales. Tantas formas de pensar que existen a raíz del desarrollo de muchas culturas. Todas las diferencias de género. Esto viene para iniciar el abordaje del mismo tema que he tratado tantas veces y que sigue estando presente en mi vida: los hombres. Los hombres que son tan diferentes de las mujeres. No importa que encuentres a uno con quien compartas gustos musicales, expectativas de vida, colores preferidos o sensibilidad absoluta, siempre habrá un abismo de esencia. Esto de que para los hombres no signifique no los simplifica demasiado, sobre todo porque existen muchos casos en los que no, para ellos, sí quiere decir otra cosa.

El lunes pasado estaba en un café con tres de mis amigas. Una de ellas está leyendo un libro que da consejos para tratar con los hombres, y otra abrió el libro y leyó una frase que decía algo así como que los hombres son simples y es nuestra perspectiva femenina la que los distorsiona hasta convertirlos en seres complicados. O sea, todo depende del cristal con el que se mire.

Pero yo los he mirado con el cristal de la simplicidad –sí, he intentando abandonar, en la medida de lo posible, mi contexto femenino, incluso mi esencia de mujer – y siempre rompen con la “armonía” de la simplicidad.

Hay quienes me califican como una persona compleja, a pesar de que no es muy difícil descifrarme. No soy misteriosa, así que no entiendo por qué me llaman complicada. Solamente soy yo. Así como soy, y siempre he vivido conmigo. Así que supongo que eso le pasa a cada una de las personas. Quizá los complicados no se sienten complicados y los tontos no se sienten tan tontos como los demás los ven.

Still, I don’t get them. Disfruto su compañía, amo a mis amigos, pero hay cosas que simplemente no me entran en la cabeza. En fin, creo que este tema jamás tendrá fin. Por ejemplo, tengo un amigo con quien ya tiré la toalla y mejor empiezo el proceso de resignación. De plano no va a ser considerado. Pero cómo él, otros tampoco lo son. Comparto experiencias con mis amigas y todas dicen lo mismo: “Fulanito le he dicho 100 mil veces esto y sigue haciéndolo”.

Y no digo que sean tontos, porque no lo creo en lo absoluto. De hecho y afortunadamente, estoy rodeada de hombres inteligentes. Es simplemente que nuestra intuición funciona de manera distinta, y luego yo me desespero y quiero saber qué tienen en la cabeza. Me matan de curiosidad. Si hubiera un genio de la botella y me concediera un deseo, le pediría que me dejara entrar en la cabeza de cierto hombre para saber qué piensa y cómo piensa.

miércoles, 13 de enero de 2010

¿Alguien que me mantenga?

El fin de semana pasado me resultó excesivamente placentero. Sentí que me cultivaba como hace mucho no sucedía: el viernes fui a casa de Aurora porque ella, Aldo y yo somos fans del té chai y queremos igualar el del Coffee Room, así que la cocina de mi querida amiga fue víctima de algunos cuantos polvos caídos para hacer el experimento.

Auror nos preparó el té chai original, del que copié la receta porque me encantó, a ver cuándo lo intento, y me sentí en el centro de la cultura. Jajaja. Sí fue así.

Luego, el sábado vino Chrystopher a mi casa, nos fuimos a tomar un café y le hice ciertos comentarios reveladores, de ésos que sólo se le pueden hacer a un gran amigo que en el fondo sea un sentimental empedernido, y regresamos a comer. Me resultó sumamente entretenido. Estábamos a la mesa mi abuelo, mi mamá, mi hermano, Isaac, Chrys y yo, y me reí como loca toda la comida y la sobremesa.

Y luego Chrys se fue y mi mamá e Isaac se durmieron un rato y mi abuelo salió a ver el futbol con su hijo y mi hermano se quedó en el estudio. Entonces, entre la lluvia y el frío, pensé en que eso es vida. El ocio debería ser la vida.

En la antigüedad el ocio no era mal visto, nada de "la madre de todos los vicios" sino, en realidad, la madre de todas las virtudes. Por supuesto que los pensamientos más profundos han salido de algún ocioso que tenía todo el tiempo del mundo para dedicarlo en pensar. Seguro se tiraban a las faldas de un árbol y miraban hacia la nada, en completo silencio, justo como yo me arrojé a mi cama y miré el techo sin mirarlo en realidad. El sábado escribí. No la cotidianidad del blog, sino la excepción de una historia. Hice un relato. Uno que me gusta. Me gusta mucho. Me identifiqué con él y me ha hecho sentir anímicamente bien toda la semana.

Vi una película. Leí. Y el domingo me levanté, y fue lo mismo. Así que llegué a la conclusión de que necesito que alguien me mantenga. Una especie de Mecenas. Alguien que confíe en mí lo suficiente y que le guste mi trabajo, que comparta mis sueños, o que sean los mismos. Ojalá, no obstante, que fueran distintos y complementarios.

No sé, no puedo decir que quiero ser la mantenida de un marido porque no va por ahí. O tal vez sí. Más bien, quiero ser la mantenida de alguien que me vea como una inversión. No quiero trabajar. O no quiero trabajar al menos en los convencionalismos del trabajo. No me gusta. Quiero ir a exposiciones y leer libros y hacer críticas y viajar y hacer cuentos. Eso quiero. Eso o ser mesera en Europa para costearme la vida y tener tiempo libre para escribir.

Ése es el resumen, quiero escribir. Y si pudiera dedicar mis días a la producción literaria exclusivamente sería feliz. Y quisiera que me mantuvieran para poder dedicarme al ocio, a ese ocio que generó el conocimiento de la humanidad. Pienso que si las mujeres en los siglos pasados hubiesen tenido las concesiones de ociosidad de su género pero con el reconocimiento social de la intelectualidad femenina actual, entonces habrían sucedido descubrimientos y propuestas filosóficas profundas e impresionantes. Eso es lo que busco. Esas concesiones y reconocimiento materializados en mí.


Así que, ¿alguien que me mantenga?

domingo, 10 de enero de 2010

Apología del frío

No pretendo hacer una apología objetiva sobre el frío. Pero para empezar aquí ni hace tanto ni va a matarnos. Sólo el suficiente para que yo me sienta feliz.

El frío me hace feliz. Me gusta la sensación de que el viento helado me inunde las mejillas cuando camino. Me gusta sentir que mis dedos están fríos, y tener que recurrir a la ropa (o algunos a un buen abrazo) para calentarnos.

Hay pocas cosas que prefiero por encima de la deliciosa sensación de meterme en mis sábanas y sentir que están frías. En época de calor me siento sofocada, no puedo dormir por el bochorno. En cambio, cuando hace frío me cubren las cobijas y duermo tan rico. No hay bochorno, sólo la magnífica sensación de que uno está protegido en su hogar. Uno, es decir, yo.

Amo, amo, amo el frío.

viernes, 8 de enero de 2010

Apuntes sobre tolerancia: de Esteban Arce al matrimonio homosexual

Todo esto que ha suscitado Esteban Arce con sus declaraciones me parece un fenómeno muy interesante y digno de análisis.

Este hombre declaró algo así como que lo normal es los matrimonios entre hombre y mujer, que los niños no deberían educarse por padres homosexuales. Y lo dijo en televisión.

Yo quiero decir varias cosas que no tienen que ver con mi postura con respecto a los homosexuales que, quienes me conocen, saben cuál es.

Libertad de expresión

La libertad de expresión es un derecho al que TODOS podemos acceder. TODOS. Es la misma libertad que tenemos de mentarle la madre al policía que vemos aceptando una mordida, la misma libertad que tienen los homosexuales de expresarse y decir que son homosexuales. Así que Esteban Arce, por muy estúpido que parezca, también tiene esa libertad de decir lo que le parece o no.

Esto refuerza el poder que tiene la televisión sobre la opinión pública. Estoy segura –metería las manos al fuego, incluso - de que si Esteban Arce hubiera hecho estas declaraciones en el periódico o en la radio, no habrían tenido tanto impacto.

Tolerancia

Nos guste o no, esta opinión, como pocas, sí es un reflejo de lo que opina el 60 por ciento de la población. Esto indica que la tolerancia no es un valor que se encuentre en la sociedad mexicana y que todavía falta un largo camino que recorrer.

Verán, a mis ojos el problema es que nos dividen en mayorías y minorías como si fuéramos cerdos en engorda: “Estos sí están en condiciones de ser tocino, estos aún no”. En donde yo estudié, que justo es una de las universidades que están en contra de los matrimonios homosexuales y de la adopción, teníamos clases de Persona y Sociedad donde nos decían que todos somos seres humanos en esencia, sin importar cuáles eran los accidentes. Pues bien, a mí me parece que la preferencia sexual es, justamente, un accidente. Y los accidentes pueden ser tolerados. Yo no veo hasta dónde afectan sus creencias católicas, judías, budistas, islámicas, que otras personas y no ellos sean homosexuales. ¿No es acaso un pecado la promiscuidad? Lo que el matrimonio busca, efectivamente, es que no haya promscuidad. Me parece mucho peor encontrarme en las noticias que un hombre amanece asesinado a cuchilladas porque era homosexual. ¿Qué no es ésa intolerancia?

Leí por ahí en Facebook que nos dejáramos de eufemismos, que llamemos al asesinato, asesinato y a lo anormal, anormal. Pues yo le llamo intolerancia a la intolerancia, y es justo esta intolerancia por parte de todos la que está consumiendo a esta sociedad y lo que la degrada.

Si efectivamente Dios existe, dudo mucho que se rija bajo las leyes de los hombres, tan inferiores a Él. Y la Biblia y la "sodomía", y las leyes de la Iglesia, son leyes de los hombres, no de Dios. Y el Corán fue dictado por Mahoma, no por Dios. Por mucho tiempo fue “normal” que la Iglesia vendiera indulgencias, y no por eso resultaba correcto. Por muchos años este país fue presa de la represión del gobierno, y no por ello estaba bien no hablar. Yo respeto a todas las facciones. Sin embargo hay cosas que me parecen mucho más graves que la permisión del matrimonio entre dos personas del mismo género, o incluso la adopción de niños por estas personas.

¿De qué se preocupan? Si en este país es tan complicado adoptar a un niño que los orfanatos del DIF se van a seguir llenando de rencor en vez de liberarse con cariño. ¿Por qué no revisan también los casos de las millones de familias con violencia intrafamiliar y cuyos padres son hombres y mujeres? ¿Por qué no se quejan de la promiscuidad de alguien que, tras revolcarse con una prostituta, regresa a su cama y le contagia el SIDA a la mujer, o viceversa? Parece que no estamos hablando de lo mismo pero sí. Lo que está bien va más allá del género, de la preferencia sexual, de la condición social. Las normas de convivencia se modifican tanto como se modifica el lenguaje y los hábitos. Gracias a eso, ahora comemos con cubiertos cuando hace mucho la costumbre era comerlo todo con las manos.

El punto es tolerar. El punto es dejar de respaldarse en “soy minoría, protégeme”. Decir que la mayoría o que la minoría tiene razón es una falacia hacia cualquiera de los lados. El punto es darse a respetar y no querer que los demás acepten mi desfile gay donde salgo en tanga y con unas alas de mariposa haciendo gala de mi amaneramiento. Entonces que también salgan las teiboleras y los 400 pueblos se desnuden y los gordos paseen con la carne afuera porque los discriminan cuando los ven. Simplemente el que es gordo es persona, y el que es gay es persona, y las teiboleras son personas, y los sacerdotes son personas, y nuestra calidad como ser humano aumenta en la medida en que reconocemos que todos somos personas y que todos, absolutamente todos, tenemos derecho de decir qué nos gusta y qué no, de manifestarnos e, incluso, de pasear en un carro alegórico aunque sea degradante. Y de decir en televisión que algo nos parece normal o no.

En un mundo correcto no hay mayorías ni minorías. La ley simplemente responde a las necesidades de convivencia de una sociedad. Estas leyes, es decir, en las que no se admite la muerte de seres humanos inocentes, por ejemplo. Estas leyes donde hay protección a gran escala. Aquí yo les diría que no se tomen el compromiso del matrimonio a la ligera. Es una decisión importante, la más importante de todas. Es decidir permanecer con alguien. Hacer el compromiso. Ser responsable de dos en vez de uno. Eso me parece mucho más importante que otra cosa.

Y a “la minoría”, les aconsejo que se dejen de mamadas. Ustedes han hecho que Esteban Arce esté en boca de todos. Ni que lo hubiera dicho el Presidente. Dejen de discriminar y de censurar cuando es de lo primero de lo que se quejaron, de que los discriminaban y censuraban. Si la ley los reconoce, celebren su triunfo y no lo opaquen por un mentecato que tiene un micrófono. De esos, ya sabemos, hay muchísimos.

domingo, 3 de enero de 2010

Intensos

Uff, soy una intensa y esta entrada es prueba de ello. Desde ayer había pensado en hacer esta entrada sobre la intensidad.

Esta palabra "intensidad" se define en el Diccionario de la Real Academia Española como "2. f. Vehemencia de los afectos del ánimo." (ver RAE). Para quien no sepa, vehemente es impulsivo, apasionado, impetuoso, entre otros sinónimos que podríamos encontrar...

En fin, como al parecer lo común en esta sociedad es ser "diferente", mientras más "intenso" se es, mejor. En mi opinión, nada más equivocado. Yo sí soy intensa, desafortunadamente. Soy intensa y estúpidamente apasionada de algunas cosas nimias. Me gustaría estar más equilibrada. Tener más inteligencia emocional. De ninguna manera me gusta "intensear". No sólo por los demás, sino en principio, por mí.

De verdad creo que he perdido mucha gente por mis niveles de intensidad. Una vez alguien me dijo que conmigo las relaciones, de cualquier naturaleza, eran profundas e intensas. Y desde esa conversación me dio la impresión de que había que bajarle. De pronto pensé que era este ritmo apresurado de sentir y apasionarse y dolerse y llorar y reír y tristear e "intensear", resultaba atrayente y, con el tiempo, también era lo que terminaba por alejar a las personas con quienes he tenido las relaciones más profundas de mi vida.

Así que le he bajado. Con el tiempo me he dado cuenta de que "ser intenso" no tiene nada que ver con sentir, ni con pensar, ni con tener bien cimentadas las bases. Ser intenso representa el principio de los males de la sociedad moderna de los que hablaba Perelman (que a su vez cita a un autor pero no me acuerdo cuál): el individualismo.

Soy partidaria del individuo, de su intimidad, de sus espacios, del "egoísmo" -pensar primero en el bienestar propio para poder brindar bienestar a los demás-, de la soledad. Pero jamás seré partidaria del individualismo. Y, en mi opinión, la intensidad es un síntoma claro de individualismo, una enfermedad que no quiero tener.

Así que hay que bajarle. Nomás se trata de entender -de verdad entender y no decirlo de dientes para afuera- que hay otras opiniones distintas y, sobre todo, que no todo es acerca de uno. Afortunadamente no cargamos con la responsabilidad de ser los masters del universo. Ni siquiera del nuestro en el que cometemos errores.

En la vida no hay Juancamaneis. Un intenso puede pensar que él/ella es, pero no. Menos que todos, estamos más lejos de ser Juancamanei. Llega un punto en el que el hartazgo domina al/los receptores de nuestra intensidad y nadie nos hace caso.

¿Cómo lo sé? Por una estupidez. Resulta que en twitter sigo a una persona cuyo nombre no mencionaré aquí. Se llama... jajaja no es cierto. Nos seguimos mutuamente y prácticamente no interactuamos. Por sus tuits me da la impresión de que esta persona se siente perfecta, pero de pronto sale con tweets que dicen que se equivoca, a pesar de que la gente le da argumentos y sigue montada en su macho. Esta persona explica sin que le pregunten, se proyecta, saca sus traumas.

Me da risa y me parece un poco patética. Creo que hay foros para llevar la intensidad y foros donde no. Viva la libertad de expresión, de lo contrario ya habría visto la manera de que se callara y calmara sus yemas. Luego lanza tweets al aire hablando de su número de followers elevado, como si cantidad definiera calidad de contenidos.

¡Y es Twitter! No es necesaria la cantidad de contenidos. El principio básico es "what are you doing?" Uno puede contestar "Estoy metiéndome el dedo a la nariz" o "Estoy conmovida por esta noche estrellada" y da igual.

Es Twitter. Bájale a la intensidad.

La primera del año

Ésta es la primera recomendación del año, la verdad me encantó. Espero que lo disfruten.

Alma from Rodrigo Blaas on Vimeo.