miércoles, 30 de noviembre de 2011

Tener un blog (y mantenerlo actualizado)




Qué significativo. El 16 de noviembre pasado mi blog cumplió un lustro en la nube. Si existe en mi vida un ejemplo de constancia, es precisamente el espacio personal que aquí comparto. Curiosamente, creí que Hasta las últimas cumplía años hoy. No me acordaba de la fecha. No importa: este lugar intangible y perdido en la blogósfera es parte de mis entrañas. Simplemente no imagino mi vida sin bloggear, sin hacerlo aquí.

Ha tenido tres nombres distintos y diseños diferentes. El proyecto empezó como Hojas secas; después se transformó a El sofá de los sueños y, finalmente, se convirtió en Hasta las últimas. 


Es que este blog y yo estamos destinados a caminar juntos hasta las últimas consecuencias, hasta las últimas horas, hasta las últimas... No tengo la menor intención de dejar de escribir en él, que ha sido catarsis y terapia, testigo y consecuencia.


He leído muchos posts de otros bloggeros donde ponen tips para que el blog funcione. Por supuesto, depende de hacia dónde se dirija el espacio, pero creo que, en todos los casos, el común denominador es la constancia. Si no se es constante, no se puede mantener un blog. Probablemente habrá gente que necesite ponerse tiempo; otros que necesiten programar sus temas. No importa cómo, pero hay que actualizarlo. A lo largo de estos años, he visto muchos blogs que se vienen abajo porque los abandonaron.

Abandonar un blog debería estar prohibido. Es como abandonarse a sí mismo. Es una cuestión personalísima que, de pronto, se queda en una dimensión en realidad desconocida. Es una parte de nosotros que olvidamos, que descuidamos...

Finalmente, quiero agradecer a los lectores que han leído mis devenires durante cinco años. También podría revelar mis estadísticas –que no son pocas, creo–, sin embargo el acceso a mis pensamientos es una opción cualitativa.

Y aquí seguimos, Hasta las últimas...

martes, 22 de noviembre de 2011

La respuesta de Charlie

Charlie es el dueño de Don Keso. El domingo publiqué mi post pasado en la página de Facebook de Don Keso y ayer, lunes, me contestó. Le agradezco mucho su respuesta. Además de las cosas que me contó y que aprecio, me pareció una respuesta sincera, y eso lo aprecio mucho más que todo.

Don Keso, "el lugar del barrio", es mi sitio favorito. El viernes sentí que alguien me lo arrebataba. Tal vez fue una reacción exagerada, pero para alguien como yo a quien le pesan tanto las palabras, es lógico pensar eso.

Hoy Carlos, una persona a quien no tengo el placer de conocer aunque nos una mi restaurante favorito, me devolvió la buena vibra que siento cuando convivo entre las velas y el bullicio de la esquina de Parras y Ámsterdam de la Condesa.

Una vez más, tengo ganas de regresar a Don Keso a comerme unos ravioles rellenos de cuatro quesos, bañados en salsa de queso, y a generar nuevos recuerdos.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Ser o no ser buen cliente en Don Keso

La primera vez que Mario me llevó a Don Keso estábamos en el cuarto semestre de la carrera. Estefa, él y yo pasamos horas buscando el lugar hasta que, como a la una de la mañana de un día entre semana, dimos con él. Un lindo restaurante casi en la esquina de Ámsterdam y Parras que estaba por cerrar cuando llegamos. Bebimos una jarra de cerveza de barril oscura, reí como loca de las anécdotas que Estefa y Mario me contaron, y me enamoré del lugar.

Eso fue hace cinco años.

Desde entonces, he visto desfilar meseras; me ha tocado que no haya terminal para pagar con tarjeta o que pida un tarro de barril oscura y me digan que no hay. ¿La verdad? El servicio es malo y lento, pero la actitud hace la diferencia y Don Keso me parece un lugar de buena vibra.

Ayer fui con mis amigas. Llegamos al cuarto para las 8 y nos fuimos a las 12; en ningún momento dejamos de pedir comida y bebidas. Como la compañía y el buen rato estaban a la orden del día, decidimos obviar el hecho de que el servicio estaba mucho peor que de costumbre. Mejor dicho, la actitud estaba fallando: cada vez que pedíamos algo a la mesera, parecía desesperada e impaciente.

Todos podemos estar de malas. Quizá tuvimos un mal día o nos hicieron enojar; y si mi trabajo involucra servicio, en alguna medida hay que pretender. Si un día no quieres actuar, mejor ni te presentes.

La actitud de la mesera fue TAN MALA que nos dejó atónitas. Parecía que nos regañaba cuando nos respondía; en más de una ocasión nos dejó con la palabra en la boca. La propina se gana. Y, la verdad, ella no se la ganó.  Maricela habló con ella en el tono más amable sobre su terrible manera de atendernos. Y sí, en este país el cliente -que es quien paga- siempre tiene la razón. Sobre todo cuando lo atendieron tan mal y está haciendo una observación educada y pertinente. Sin embargo, la mesera asumió una postura defensiva, interrumpía a mi amiga en medio de una frase y, al final, ante el argumento de Mari, "Hay lugares más llenos" (que contestó luego de que la mujer justificara el maltrato con el pretexto de que tenía mucha gente y mencionara que la propina era menor al 10 por ciento), su contra argumento fue: "Y también hay mejores clientes".

Rápidamente hice un compendio mental de todas las veces que he ido a Don Keso desde aquella primera visita de madrugada. Al menos cada cumpleaños desde hace tres años. El de 2011 mis compañeros de trabajo, mis amigos y yo estuvimos ahí por lo menos diez horas. Llevo a mis amigos, y ahora ellos llevan a sus parejas y a sus amigos, y si esos amigos de mis amigos llevan a sus parejas y a otros amigos, la lista se vuelve interminable. He ido tan seguido que en algún momento me convertí en mayor de Don Keso en Foursquare. Parecen banalidades, pero cuando la mesera dijo "Y también hay mejores clientes", me puse a pensar en el dinero que he pagado en el restaurante, la cantidad de gente que he llevado y se han vuelto clientes frecuentes, en el hecho de que por lo menos voy una vez a la quincena, y ha habido semanas en que como o ceno ahí dos días. Para ser más clara, he sido comensal desde antes de que la mesera trabajara ahí.

Para mí eso es ser una buena clienta. No buena, excelente, y obviamente no pido una recompensa, únicamente que, cuando me pare por ahí, mis amigas y yo recibamos un servicio decente, porque definitivamente ayer no sentí la buena vibra de Don Keso que siempre me hace regresar.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Una cita:


"El varón es una sombra, un hueco magnificado por la imaginación de la mujer. Cuando ese hueco se encarna en un ser real, es a menudo una criatura decepcionante que provoca la desesperación de su pareja". 

Pedraza Jiménez, Felipe B. et al, Manual de literatura española. XI. Novecentismo y vanguardia: Líricos. p. 552.
(sobre La casa de Bernarda Alba)

¿Será?

martes, 1 de noviembre de 2011

La Calaca triste

Estaba la calaca
muy triste en el panteón
otra vez un hombre
le había roto el corazón
Le dijo que la amaba
y desapareció
después, por un infarto,
la desdichada lo encontró.

Mientras viajaban al infierno
la Muerte se contuvo,
mas, cuando estaba por dejarlo,
la angustia la detuvo
"¿Por qué me abandonaste,
hombre que creí tierno?
¿Por qué, si yo te amo,
por qué me lastimaste?

El hombre, indiferente,
se dolía por otros males
"yo no fui un ser errante"
"no debo, por tanto,
recibir castigos tales"
y después miró a Catrina,
que lo observaba, expectante
y se dijo "es su culpa,
mira esta tan ardida".

"Mira, Catrina,
que todo esto es tu culpa,
yo no me comprometí contigo
lo nuestro era diversión pura
no quedé en llamarte
si eres un peligro
¿quién podría quererte,
estás tan flaca,
eres tan repugnante,
a mí el físico me importa
y tú nunca me gustaste".

"Y, además,
quieres que pague,
cuando te hice un favor
pretendiendo amor
te hice feliz
¿y me pagas así?
me mandas al infierno
yo, que fui tan tierno".

"Tenías que ser 'la'
tenías que ser mujer
con tus hormonas llevo
toditas las de perder.
Tu trabajo es para un hombre
que no involucre el ego
y el dolor
propios de tu género.
Un macho que sea objetivo
que la seriedad sea su estilo
no una menopáusica sentimental".

La calaca sintió puñaladas
con todas esas palabras
y después sintió coraje
de lo que escuchó pronunciar
"El averno te corresponde,
yo solo te llevo,
y la ofensa a la Muerte,
te reafirma merecedor de ello".

"Yo podría haber intercedido
si respetarme hubieras
pero ahora estás perdido
en el infierno te quedas.
No son las hormonas,
ni mi condición femenina
es que unas veces vas arriba,
y otras, como hoy, abajo te toca
y abajo te quedas".