jueves, 30 de junio de 2011

Belleza de gimnasio


Ahora que estoy desempleada e intentando trabajar por mi propia cuenta, y vi las fotos de mi viaje de 25 años en Costa Rica, decidí que debería invertir en mi cuerpo y pagar la membresía en un gimnasio. No voy a Sport's World o Sport City, esos centros de ejercicio (fitness) están fuera de mis ganas y mi presupuesto. Por el contrario, encontré un buen gimnasio cerca de mi casa, donde cobran poco y tienen buen equipo.

Ahora que llevo una semana ejercitándome, también me acordé de los clichés que están en los gimnasios a los que me he inscrito y que, no dudo, se encuentran en mayor o menor escala en cualquiera de estos recintos que rinden culto al cuerpo, ya sea que cuesten 200 pesos al mes o 14 mil pesos la membresía anual personal.

El recepcionista

De inmediato entré y recordé que el ambiente de gimnasio no me agrada particularmente: llegué a inscribirme y el "recepcionista" (quien sospecho que es también el dueño, eso se acostumbra mucho en los gimnasios de mi colonia, es decir que los dueños sean quienes atienden el lugar) me recibió con cara de pocos amigos (aunque dudo que tenga otra, por eso ejercita el cuerpo) que, después me di cuenta, es la que tiene con todos.

Por supuesto, cuando llega la "socialita" del gym, el recepcionista/posible dueño se transforma y se muestra condescendiente con ella. Incluso parece que esboza sonrisas.

La socialita

Para ganarte este título no necesitas ejercitarte tanto. Bastan 30 minutos en la elíptica y luego "hacer" que llevas a cabo la rutina que te dio el instructor. Lo único que necesitas es llevar mallones, estar delgada y maquillarte mucho (ojo, usa maquillaje a prueba de agua por si algún día se le ocurre a tu cuerpo sudar). En fin, producirte como toda diva del gym. Así te vas a ganar al recepcionista/dueño del gym, al instructor y a todo aquel intento de fisicoculturismo que encuentres en el pasillo, sin importar las preferencias sexuales. No tienes que estar buenísima (pero tampoco abuses de flaca y ahí de ti si tienes una pancita, aunque sea leve), simplemente ser foxy y sonreírle a todos, listos y tontos. Bromear sobre los bíceps del prójimo y hacer uso de toda la fragilidad de la que eres capaz. En esos lugares donde apenas entra la luz natural, no hay nada como ser una florecilla del campo para que el instinto protector de todos esos brazos trabajados busquen envolverte en sus masas musculares.

El mutante

Tener el cuerpo perfecto lleva tiempo, dinero y esfuerzo. ¿Por qué esperar cuando hay métodos más rápidos y efectivos para parecer el hombre más ejercitado del mundo? Eso piensa el mutante, típico que se vale de anabólicos, suplementos alimenticios no supervisados por nutriólogos (¿para qué voy al nutriólogo? Otro gasto.), y en el gimnasio no pueden levantar más que unos pocos kilos en las pesas. Por supuesto, no tienen fuerza en las piernas y apenas están haciendo resistencia. Desafortunadamente, los mutantes abundan en los gimnasios. Se les ensancha el cuello y, en vez de verse hermosos, son grotescos.

La bluffera

Típica señora que va a los aerobics, zumba o alguna clase y se queja todo el tiempo. Realiza la mitad de los ejercicios y llora cuando la ponen a estirar, aunque sea un poquito. Lleva seis meses y sigue tropezándose en el calentamiento, aunque ya debería sabérselo de memoria. Eso sí, besa al maestro en las mejillas como si fueran íntimos. Después se queja de su clase o sus ejercicios.

MILF

Esta señora es la mamá de adolescentes con cuerpo de adolescente. Cintura de avispa, pechos en su lugar, brazos y piernas torneadas, pelo teñido, maquillaje impecable de Clarins. Cara con bótox. Es la verdadera inspiración de las mujeres que acuden al gimnasio. Coqueta con hombres y mujeres. Pasa cuatro horas en el gym. Claro, necesita que el marido gordo, quien por supuesto no va al gimnasio, siga pagándole las mensualidades. En ella está el secreto de la eterna juventud, entre sus caderas prominentes y naturales, y los pechos operados y firmes.

El buena onda

El buena onda puede ser el instructor o bien, alguno de los miembros del gym. Es el tipo que todo el tiempo saluda, sonríe, conversa. Generalmente tiene una historia que no repara en platicar, y que se relaciona con la época en la que sí se cuidaba y tenía buen cuerpo. El buena onda generalmente solo conserva vestigios del cuerpazo del pasado. Platica con todos y todas, le interesa saber. A la hora de convivir, rompe con las reglas del gym: "conversa únicamente con los mejor formados". Él habla con todos. Le da igual. Total, hablar no compromete. O eso piensa.

La buenísima

Mamona, mamona, mamona. Elige solamente a los mejores machos para rodearse de ellos. Pica y pica, pero no pasa nada. En el fondo hace tanto ejercicio para encontrar a alguien fuera del gym. Al menos uno que lo lleve al Sport City o al de Madonna.

El Don Juan

No falta el que quiere ligarse a toda persona que vea en el gimnasio. Se disfraza del "buena onda", pero en realidad su intención es levantarse el ego. Quién sabe, a lo mejor alguna de esas personas sí le gusta y logra algo. Pero si no, es feliz acumulando en su haber admiradores que lo sigan.

El neuras

Generalmente son los maestros de las clases. Creen que no hay nada tan importante como sus clases. Exigen muchísimo de sus alumnos aunque den la clase una vez por semana. Se enojan. Levantan la voz. Son protagonistas. Necesitan que los asistentes los idolatren.

Los nuevos

Puede ser un "gordito" o "gordita" que quiera dejar la obesidad a un lado del camino, una flacucha que se encuentre celulitis por comer tantos dulces. Un hombre que sueña con marcar músculos. Todos fueron nuevos un día. Generalmente están perdidos. No saben con quién hablar. Qué hacer. Algunos se sienten observados. Creen que todos ven cómo suben a la caminadora y están ahogándose después de haber caminado cinco minutos con una inclinación mínima, mientras el del aparato de junto corre 10 kilómetros en una hora. Son los que no agarran la onda en las rutinas de las clases. Los que toman el lugar de la esquina más lejana para que nadie se dé cuenta de que no están haciendo bien el seguimiento de los pasos que puso el maestro.

En fin, hay de todo. El gimnasio es una jungla de sudores y olores donde los cuerpos quedan expuestos aunque estén vestidos. Por supuesto, yo también encajo en mis descripciones y para todo hay matices.

Para mí, los gimnasios son como males necesarios. Hay que ir y ejercitarse, al final del día lo que hay que buscar es este ideal griego donde la mente se encuentra estimulada y el cuerpo es hermoso, perfecto.

O, como bien versa el latín: Mens sana in corporis sano. Mente sana en cuerpo sano. A seguirle dando en el gimnasio.

Si tienen por ahí otro cliché, háganme favor y anótenlo en los comentarios. ¡Gracias!



viernes, 17 de junio de 2011

Enterrado vivo (lidiando con un pobre lorenzo)

En mi lista de actitudes deleznables, en una parte muy alta está hablar mal de alguien cuando no tiene derecho de réplica. Qué curioso que se diga que la razón por la que decidieron correrme es porque hablaba mal del jefe. Pobrecito, está lorenzo. De verdad lo creo. Pensé que podía demandarlo por daños a la moral, pero podría esgrimir en su defensa el argumento de que está lorenzo, y probablemente me ganaría. A lo mejor habría testigos de que es paranoico, y quizá su paranoia sea patológica. Pobre lorenzo. Ahora que lo pienso, también podría demandar por despido injustificado, ¿de cuándo acá decir la verdad implica hablar mal de alguien? No, no, no es que esté reconociendo que lo hice. Pero seguramente lo que hablé, si hablé algo, no fue más que verdad.

Pero como el pobre lorencito tiene los cables cruzados, flojitos sus escasos tornillitos, y está arriba de un ladrillo mareándose por causa del poquito poder que trae el viento allá en la vida ladrillesca, y además de hablador, es un cobarde y un difamador. Está loco. Está lorenzo. Y lo mejor que pudo pasarme es que me alejara de su locura. Tan cobarde que me lo encontré de frente y no pudo darme la cara. Que necesitaba que me fuera para hablar mal de mí.

Supongo que en su lorencez (es decir, en su locura), cree que puso un ejemplo con mi partida. En su lorencez, cree que me dio más de lo que me correspondía. En su lorencez, todo mundo va a creerle porque, como buen lunático, todos están mal excepto él. Lo malo es que su lorencez se ha contagiado. Es una enfermedad altamente peligrosa. ¿Los síntomas? Basta cuidarse de los delirios de grandeza con complejos de inferioridad.

A los lorenzos hay que darles por su lado. Es justamente lo que este particular loquito quiere, que le den por su lado. Quiere seguir pensando que el ladrillo es la cima del mundo. Que no hay nada más importante que su labor encima del ladrillito. Pero es un ladrillo tan, tan chiquito, que tiene que compartir con tanta gente... Estoy segura de que no se le distinguiría de no ser por sus prepotencias y por su coerción. De no ser porque busca disfrazar su mentalidad chaparra con lucidez, y lo único que logra es mostrar que es aún más chiquito de lo que parece.

Así que, si este pobre lorencito habla, no lo escucho. Si este pobre lorencito grita. No lo escucho. Si este pobre lorencito vive, en mi mente está enterrado. Él seguirá recordándome. Inmadura, tal vez. Poco creativa, jamás. Subordinada suya, nunca. Yo, yo lo entierro vivo hoy, porque este lorencito es nadie. Es un enano mental.

Adiós, adiós

Como lo anticipé, tengo la impresión de que este año que me espera se encontrará lleno de cambios. Algunos de ellos ya se manifestaron. Por ejemplo, ayer fue mi último día de trabajo en la empresa para la que colaboré durante un poco más de dos años. Está bien. Me siento aliviada de escribir mi entrada desde la comodidad de mi casa. De que ya no haya nudo en el estómago.

Cuando estaba pensando en escribir esto, no podía decidir a ciencia cierta si hablaría en contra de la gente responsable de mi salida (porque, afortunadamente, yo no soy responsable de que haya sucedido) o si diría las ventajas y desventajas de estar en la compañía. Al final, me sacudí a los imbéciles, borré de mi memoria los malos ratos (si bien, me quedé con el aprendizaje que los errores y los momentos incómodos traen consigo) y me quedé solamente con los instantes agradables.

Así que, lo que voy a extrañar de trabajar en Medicus, es:

1. MEP cantando y bailando "All I want for Christmas is you".
2. Cantar "Desátame" con Dalia.
3. Cerrar la puerta de la bodega que Dalia y yo teníamos por oficina cada vez que Toño quería platicarnos algo, o viceversa.
4. Las rondas de Silvia por todos los lugares, incluido el mío.
5. Ponerme mis audífonos y cantar tan fuerte que tenían que callarme.
6. Que Pili y Marthita aullaran cada vez que cantaba.
7. La risa espontánea de Lupita Chavarría.
8. Los preámbulos de Ruth para llegar a un punto o contestar una pregunta.
9. Berenice entrando a la oficina para dejarle exámenes a Dalia.
10. Las muecas de Dalia cuando Bere le dejaba los exámenes.
11. La risa de María Elena.
12. Mi collage pegado en la pared con personajes símiles a nuestros compañeros.
13. Entrar a la oficina de Evelin.
14. Los abrazos de Armando Rodríguez.
15. Alfredo y David imitando a Armando.
16. Mi mesa de trabajo.
17. La fiesta de fin de año.
18. A María Elena como Directora de Recursos Humanos.
19. Luis riéndose de la nada y yo riéndome con él.
20. Cotorrearme a Reynita.
21. Chismear con Mónica.
22. Xochitl preguntándome por qué no la saludo.
23. El día de tanda.
24. Martha Rodríguez que me lanzó al ruedo en el karaoke el día de la fiesta del 14 de febrero, y luego me dejó ahí sola.
25. El coraje que me daba que no me hicieran caso en Sistemas, y que se me olvidara cuando veía a Víctor, Armand o Chavita, siempre con buena cara.
26. Andar con mi teclado viejo conectado a la laptop, porque el de la laptop no servía.
27. Tepeji del Río con María Elena.
28. Dormir en la cama aguada de Tepeji del Río.
29. Pasear con María Elena por el Malecón de Veracruz, cuando había norte y el viento nos empujaba hacia el otro lado.
30. Viajar con Dalia.
31. Viajar con Toño.
32. Las fotos en mi escritorio.
33. Hacer catarsis con Toño.
34. Las comidas de cumpleaños.
35. Que Marthita me consintiera y arreglara mi lugar.
36. Quedarme con Mago, Romi, Laura y Marthita después de los pasteles de cumpleaños para comer y platicar.
37. Los pasteles de cumpleaños (increíble pero cierto, los voy a extrañar).
38. El proceso tedioso y complicado para cambiar la pantalla electrónica.
39. La sinceridad de Pilar.
40. El juego de la sillas compitiendo con Laura Meneses.
41. El equipo Rápidos y Furiosas.
42. Irving saltando en chinga en el juego de los costales.
43. Dalia y yo compartiendo la misma mesa de trabajo.
44. La brutal honestidad de Maribel.
45. Las comidas con Toño y Dalia.
46. El estacionamiento.
47. La implementación de cada canal nuevo de comunicación.
48. Cantarle "Stereosexual" a Armand .
49. Ganarle a Salvador en el dominó.
50. Platicar de películas con Rubén.
51. Reírme con Sergio Pardo cuando iba a entregarme trabajo.

En fin, seguramente saldrán más cosas conforme pase el tiempo. Solamente me queda estar muy, muy agradecida con la vida por haber vivido dos años de alegría, intensidad y trabajo en Medicus, con todos y cada uno de mis compañeros.

miércoles, 15 de junio de 2011

25

Cumplí 25 años el pasado 5 de junio. Ahora sí, oficialmente estoy en este mundo desde hace 25 años. Había pensado hacer un balance, recordar mis primeros años. Pero la verdad es que no me acuerdo de la mayoría, y en un balance voy a dejar fuera cosas importantes. Como si en él pudiera expresar las risas, los llantos, el tacto, el amor, las miradas, todo eso que se ha acumulado durante 25 años y que son los elementos que hacen la vida. Así que no. En cambio, me fui de viaje. A Costa Rica. Con Maricela, Alma y Penny. En cambio, comencé a enfrentarme a las responsabilidades adultas. A las metamorfosis psicológicas. A los tropezones profesionales. Ahora sí siento que mis decisiones son adultas. Que van a tener consecuencias. Ahora sí estoy eligiendo lo que debo. Tengo que regresar al camino.
Así que heme aquí. A la mitad, cambiando el rumbo. Y sí, cumplí 25.

Carpe Diem

Hace como un mes y medio estábamos Alma, Maricela, Penny y yo en la Condesa tomando café y se nos acercó un tipo: "¿Me ayudan con un experimento fotográfico?" Por supuesto, le ayudamos. Nos pidió que revisáramos un paquete de fotografías y escogiéramos la que más nos gustaba. Una vez que lo hicimos, nos contó que se dedica a viajar por México, tomar fotografías y hacer una cadena de buena vibra entre la gente. Acto seguido, nos pidió que escribiéramos un mensaje atrás de la fotografía junto con nuestro correo electrónico. Cuando terminamos, sacó unos sobres y nos los dio (no me acuerdo si nosotros los escogimos, creo que sí) y nos dijo que teníamos que abrirlo en un momento especial, así como agradecerle a la persona por su mensaje.
Yo tenía intención de abrirla el día de mi cumpleaños número 25. Pero me adelanté porque la semana en que me enteré que María Elena se iba de la oficina me deprimí muchísimo. Así que la abrí el jueves 2 de junio. Su contenido me impresionó porque se convirtió en el lema que está marcando mis tiempos y los cambios que estoy viviendo y que he de vivir. Aquí transcribo lo que anotaron tras la fotografía:
"No desdeñes el pasado
ni atisbes el porvenir
y que tus pensamientos
no vuelen más alla de este preciso instante...
he ahí el secreto de la verdadera PAZ".
Cuando leí esto, entre lágrimas y dolor, sonreí.
Y en estos días que se acercan tantos cambios, sonreiré en paz.
El movimiento que este chavo ha iniciado se llama Movimiento postal 3er Ojo. Si les interesa, pueden ingresar a su página web haciendo clic aquí

sábado, 4 de junio de 2011

MEP

Siento una desolación inmensa. Se me hace chiquito el corazón. Las lágrimas invaden el rostro. Tengo gastritis de pena. Ayer, MEP dejó de trabajar en la empresa. No sé ni qué escribir. Qué decir. Cómo decirlo. Me parece tan injusto. Tan cobarde.
Odio las formas. Ayer tenía muchas ganas de pedirles a quienes no tenían que estar ahí que se fueran. Por mí, lo hubiera hecho. Se me hacía un nudo en la garganta cuando la veía a ella, tan triste, yéndose por culpa de gente que no tendría porqué estar ahí, por culpa de gente que solamente ve su conveniencia y no se da cuenta de que el bien común significa felicidad personal.

Yo me quiero ir con ella. Quisiera haber podido hacer algo para evitarle tanto sufrimiento. Para evitarle tanto llanto. De verdad, deseo con toda mi energía que a esas personas causantes de su desventura, la vida les devuelva con creces todo lo que mal vibraron, todo lo que hicieron contra ella.

Uno puede hacer muchas cosas, menos traicionar a quienes han estado ahí, al pie del cañón. Menos hacer una cosa y decir que se hizo o se siente otra. Yo creo que, de hecho, el karma ya empezó a hacer lo suyo con la partida de MEP. La gente se encargará de lo demás.

Por mi parte, el llanto que derramo no es en balde. Lo derramo porque ya no voy a ver diario a una gran, gran mujer que me ha enseñado muchas cosas. Porque me duele que se haya cometido una injusticia tan grande con ella, que procuraba ser justa con todos. Recuerdo su rostro de ayer, empañado por las lágrimas, y me da coraje que hayan manchado su sonrisa.

Así que, para ella no tengo otra cosa que palabras de aliento y cariño. Aunque me duela su ausencia, sé que ella y yo seguiremos en contacto porque el lazo que forjamos está más allá que un espacio laboral. Me queda muy claro que a ella le esperan puras cosas buenas.

Para todos los demás, en nombre de MEP que es tan espiritual, tan religiosa, solamente tengo una frase que, de fondo, dice mucho más que de forma: "Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen". Aquí dudo que los perdonarán. A leguas se nota que lo que hacen es incorrecto y soberbio.

miércoles, 1 de junio de 2011

Me siento triste. Muy triste.