lunes, 24 de octubre de 2011

Amazona

Los encabezados de la sección de sociales de mi periódico particular están encabezados por escándalos de hombres heterosexuales: “Después de decirle que la ama, Fulanito de Tal sube a sus redes sociales fotografías con una persona distinta de Fulanita, la ‘amada’ en cuestión", “Sutanita engañada: Menganito nunca la quiso", "Le ofreció sexo con la condición de que fuera honesto, y la engañó", "Mintió: a pesar del mujerón que tiene al lado, sigue pensando en su ex", "Hombre jura amor a una mujer, pero no lucha por recuperar su relación; ella rema sola"... y podría extenderme más porque todos los días hay una nueva patanería que platicar. Algunas son continuaciones de las historias que ya escuché. Otras son nuevas, lo que significa que involucran más miembros del género masculino.

Sí, sé que a veces nosotras tomamos partido, pero los casos que cité tienen que ver con el sentido común, además de las diferencias de género.

No todos los errores los atribuyo a ellos. Desafortunadamente, al momento de solidarizarse, las otras mujeres se desunen porque están desesperadas por un hombre, quien sea, como sea, cuando sea.

Así que, sin querer, me metí en una Guerra Fría contra los hombres. Simplemente, estoy cansada de que lleguen a complicar mi vida. Si las historias que me contaron tienen algo en común, es que la palabra engaño siempre estuvo, explícita o implícitamente, involucrada como verbo, verboide y sustativo. No es que mi muestra esté sesgada por la edad (conozco historias que involucran hombres de todas las edades), o mis fuentes de información estén constituidas por mujeres solas, sentimentales, idiotas o nómadas. No.

Así que yo también tengo mis dramas personales, y definitivamente ahorita quisiera convertirme en una amazona.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Histeria colectiva

Así la cosa: como últimamente ando arañando las paredes porque no tengo mucho dinero, mi abuelo me dio unas monedas de 20 centavos, de las nuevas que sacaron a circulación, y que son espantosamente pequeñas. Pero es dinero, y cinco de esas moneditas equivalen a un peso.

Con esta mentalidad me subí hoy al transporte colectivo microbús. Abordé el camión y le dije: "Permítame que saque el dinero y se lo entrego". Me senté, conté las monedas, me levanté y, con el micro en movimiento, se las entregué. Regresé a mi lugar. Entonces escucho una voz estridente que me grita desde el asiento del conductor:


– ¿Qué? ¿Qué es esto?

Regreso.

– Son monedas...

¿Qué no ve que son monedas? Llego junto a él. Otra vez.

– No, no, pe... pero esto, esto ¡no sirve!

– ¿Cómo?

Parezco idiota, pero de verdad no entiendo por qué me dice que no sirven, son monedas. Chiquitas, pero monedas. Feítas, pero monedas. Poco prácticas, pero dinero.

– Sí– el chofer habla cada vez más fuerte–. ¡A mí ya no me aceptan esto como cambio!

De pronto, en un hecho sin precedentes, las arroja por la puerta que dejó abierta (si no las quería, me las hubiera regresado).

– No tengo más dinero.

– ¡Pues eso me hubieras dicho!

¿Ahora yo soy la pordiosera? ¿De pronto me convertí en la mujer sin centavos? ¿Mis centavos no son dignos? ¿Por qué me reclama a mí? ¿Por qué no va al Banco de México y arroja las monedas? ¿Sí es el Banco de México quien emite estas monedas? ¿Qué le da valor al chofer para cometer tal acto de prepotencia? ¿Cómo se atreve? ¡Cuánta histeria! Ya, ya me toca bajar. Qué bueno. Estoy a salvo.


Fin del acto.

viernes, 14 de octubre de 2011

Matemáticas

Que un amigo te sustituya por una amiga que es mejor que tú es muy doloroso. Que pase dos veces en la misma vida, no tiene madre. Que pase más convierte la sustitución en ley.

Qué curioso que la constante en esta nueva ley sea el género masculino.

Insomnio

Sé que hay que dormir, pero si no me obligan, ya no puedo. ¿Por qué será que una de las necesidades primordiales, y uno de mis placeres más grandes, se está yendo? ¿Qué hago para hacerme dormir sin pastillas? ¿Qué hago? Estoy cansada del insomnio.

jueves, 13 de octubre de 2011

Tía, te amo

Estoy totalmente enamorada de mi sobrina. Es lindísima. Es lo mejor que me ha pasado (aunque no sea mi hija). Ya quiero que hable. Ya quiero que diga que me ama. Quiero que entienda la profundidad de mi amor por ella.

No quiero que crezca rápido, pero quier que crezca un poquito.