jueves, 26 de enero de 2012

Hablemos de Eva (con spoilers )


 La riqueza de Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin) reside en que se puede abordar por varias aristas. Acabo de leer una reseña que menciona un análisis psicoanalítico para explicar que el comportamiento de Kevin es responsabilidad del rechazo que su madre proyecta desde el principio.

Existen varias anotaciones que quiero hacer sobre la película que vi hace un par de semanas y que no puedo sacarme de la cabeza.Me he detenido a reflexionar porque, sin duda, sus personajes son tan profundos y complejos que una reseña (la del psicoanálisis, la mía o la de quien sea) no le hará justicia.

Eva es una mujer independiente y viajera. Se dedica a hacer guías de ciudades, por lo que deducimos que disfruta su libertad por sobre todas las cosas. No es frecuente verla en Nueva York. Esto lo sabemos porque Franklin le pide que no se vaya. Eva y Franklin conciben a Kevin. Desde el principio, la directora nos expone las molestias que Eva siente durante el embarazo (esto no es ninguna novedad, otras mujeres han escrito sobre las incomodidades que el embarazo trae consigo). Y luego llega Kevin. Un bebé que llora todo el tiempo, al grado que su madre prefiere escuchar cómo taladran el asfalto que el llanto de su hijo. Sin embargo, al parecer el bebé posee una conexión con el padre que le falla a Eva porque, en sus brazos, el bebé es encantador y tranquilo.Incluso, me aventuraría a decir que sí existe una conexión entre él y Eva, y es que ambos parecen desagradarse profundamente.

 El patrón de comportamiento del bebé Kevin se repite y exacerba a lo largo de su infancia y adolescencia. Parece que no quiere a Eva, aunque al mismo tiempo que no la quiere, parece que con ella se muestra como es en realidad. Acusan a Eva (y aparentemente, en la narrativa ella también se culpa) de la falta de amor –casi repulsión– que siente hacia el hijo y una de varias interpretaciones incluso afirman que es esa falta de amor la que lleva a Kevin a convertirse en un asesino.

A mi parecer, esta película (y quizá también la novela, que confieso que no he leído) sugiere muchas premisas sin llegar a una conclusión, sino que deja que el espectador especule. Yo me pregunto, por ejemplo, ¿cómo es que Eva podía amar a su hijo si le tiene miedo? Si después, poco a poco, va dándose cuenta del ser humano en el que puede convertirse y, de hecho, se convierte. ¿Cómo puede amar una persona cuyas acciones la hacen que se odie y se condene a sí misma? ¿A alguien en quien ve reflejado lo peor de ella? Si a esto le añadimos el hecho de que, desde que es un niño muy chiquito la reta y pone de manifiesto que hace las cosas como él decide, entonces el resentimiento que nace entre ellos opaca al amor de madre y al instinto materno.

Es cierto, Eva no tiene personalidad para ser madre, si bien es una esposa sumisa que acata las decisiones de su marido con respecto a Kevin. Al parecer, el error de Eva es que nunca se impone sobre nadie: el marido –en mi opinión responsable principal de que la personalidad de Kevin no se controle desde infante– la toma por loca cada vez que ella parece hablar de Kevin. Justifica todas y cada de una de las acciones del niño diciendo: "Eva, he's a sweet boy. Boys do that" (Eva, él es un niño encantador. Los niños hacen esas cosas), cada vez que el niño estrella el pan con mermelada contra el vidrio, por ejemplo. Tampoco se impone sobre el niño. La única vez que quiere hacerlo, le fractura el brazo y Kevin se da cuenta de que, ahora, tiene un elemento más para manipularla. Eva acepta el rol de madre sin que quiera hacerlo. No está mal que no quiera ser madre, que no tenga instinto ni inclinaciones. El error es que se imponga la obligación como si fuera un trabajo. Y después quiere hacer bien ese trabajo y se encuentra a un niño como Kevin.

La culpa consume a Eva. Cree que, tal como a su homónima no le quedó más que acatar la expulsión del paraíso a raíz del pecado original, a ella no le queda más que aceptar que la vituperen como castigo por haber engendrado y mal educado un hijo que lastimó a la sociedad con sus actos. Entre el dolor, la incertidumbre y la culpa crece en Eva una dependencia enferma hacia Kevin que se descubre ya avanzada la película, cuando ella pinta la habitación de la casa en la que vivirá sola, hasta que su hijo haya cumplido su condena.

Otro tema interesante que se presenta en la película es el de la maldad. ¿Se nace siendo malo o las circunstancias perfilan a la gente a cometer actos malos? ¿Kevin es un ser humano malo o la vida va haciéndolo malo? ¿O su madre lo hace malo? ¿Es malo? ¿O comete las acciones desesperadas por llamar la atención de su madre? ¿Realmente es Kevin capaz de cometer esos actos por llamar la atención de su mamá? ¿A ese grado llega su desesperación? A lo largo de la película, nunca se ve que Kevin sienta algo. Si acaso sentirá satisfacción por arruinar los planes de una Eva que, en cambio, siente todo el tiempo.

No hay explicaciones aparentes para que, un buen día, Kevin se levantara decidido a planear el asesinato de su familia y sus compañeros de escuela. Su casa es perfecta. No tiene carencias económicas. Sus padres no son sobreprotectores, si bien se preocupan por él. Ni siquiera padece de falta de atención, pues los padres lo atienden tanto como pueden. Su madre intenta amarlo, pero él no deja que ella lo ame. Es grosero. Es retador. Incluso cuando la madre acude a visitarlo. Incluso cuando Eva mira cómo lo están deteniendo, él la mira retándola.

Para reforzar las incógnitas que mencioné en párrafos anteriores, nace un miembro más de la familia Khatchadourian: una hermosa hermana de Kevin, Celia, quien es educada de la misma manera y con la misma madre y crece como una niña dulce que busca desesperadamente el amor y la aprobación de su hermano mayor. Incluso surge otra, ¿cómo es que dos niños, con circunstancias prácticamente iguales, puedan ser opuestos?

Hay quienes toman el final de la película como una reivindicación de Kevin, como la aclaración final de que no era un psicópata. De que sí siente: Eva pregunta: "¿Por qué lo hiciste?" Y él contesta: "Solía creer que lo sabía, pero ya no estoy tan seguro". No hay que olvidar, sin embargo, que momentos antes uno de los diálogos de Eva devela que Kevin manipula al jurado para que le den una condena menor a la que en realidad se merece. ¿Será que aun en la escena final manipula a Eva como la manipulaba cuando, años antes, no hablaba, arrojaba la pelota o usaba pañal cuando ya sabía ir al baño?

Por supuesto, nuestros sentidos se exacerban con el lenguaje cinematográfico: los rojos están presentes con tantos matices como niveles de tensión tiene la película. Cada detalle está sumamente cuidado. El azul en la habitación de Kevin, un color frío para un ser humano frío. Las miradas de Kevin son siempre intensas, sin importar el actor que lleve el rol. Finalmente, la imagen en la que Lynne Ramsay, la directora, rinde tributo a la cultura pop resume la angustia de Eva, la sangre que manchó las manos de su hijo y que ella carga en las espaldas.
I miss it all from the love to the lighting and the lack of it snaps me in two.

Just give me a sign, there's and end and a begining to the quiet chaos driving me mad.

lunes, 23 de enero de 2012

My Little Miss Sunshine



Coincidir es absolutamente maravilloso, tanto que hay quienes aseguran que las coincidencias no existen y que nuestros caminos estaban predestinados a encontrarse con la gente que nos toca y nos convierte. Milan Kundera tiene una descripción exquisita sobre las coincidencias en La insoportable levedad del ser.

Hay algunas relaciones que, para germinar, necesitan una coincidencia que funja como combustible para prender la llama. No basta con la simpatía, hay que generar la atracción, trabajar por ella.

En mi opinión, las relaciones más maravillosas son las que se gestan gradualmente, como si estuvieran incubándose en una especie de vientre. Aquellas que permiten establecer lazos son las que permiten el conocimiento profundo del otro, las que se procuran con el foco prendido y no son producto de un chispazo que después causará un corto circuito.

Así es Alma para mí. Un gusto descubierto con el paso del tiempo. Honestamente, cuando la vi por primera vez no creí que forjaríamos un lazo tan estrecho como el que ahora siento. Cuando pienso en nuestra amistad, me recuerda a una nochebuena: una flor hermosa que resiste el frío de invierno y, si uno la cuida bien, es capaz de florecer todo el año.

Verla sonreír y pensar "es mi amiga la que enseña los dientes así, con esa sonrisa tan franca", me hace reforzar el hecho de que las coincidencias hacen la vida más luminosa e interesante. Paso mis mejores instantes frente a un vaso de té chai con My girls. Agradezco profundamente el hecho de sentir que ella y yo somos cómplices para algunas cosas en las que no siento complicidad con nadie más. Sé que, si viajo con ella, mi habitación no estará nunca desordenada. Que es despistada. Que es un privilegio trabajar al lado de una mente tan brillante como la que posee. Sé por qué sufre, y si no lo sé, no importa, igual puedo sufrir con ella si es lo que quiere en ese momento. Me gusta mirar sus manos morenas de dedos cortos y femeninos coronados por uñas con manicure perfecto; también me gusta ver sus rizos que parecen contener toda la alegría del mundo concentrada ahí.

Un día le hice un acto de magia, pero en realidad quería transmitirle que toda ella es mágica. Hoy quiero que sepa que uno de los días más felices y risueños de mi vida sucedió mientras hablábamos de flotación y ella nadaba en el mar sin meter la cabeza al agua, mientras Maris, Penny y yo nos derretíamos de ternura dispersa entre carcajadas.

Y hoy, 24 de enero, es su cumpleaños. Es increíble imaginarse todas las coincidencias que pasaron para que ella llegara al mundo el 24 de enero de hace 26 años. Y que luego, varios años después, ella y yo nos encontráramos y se iniciara el proceso que ahora vivimos como amistad. Pensar en todo esto me provoca lágrimas de agradecimiento y de felicidad.

Así que, aunque ya lo sabes, todo mi amor para esta amistad que apenas comienza, pero que echó raíces inquebrantables.







Little darling, the smile returning to the faces...
Here comes the sun- The Beatles


martes, 3 de enero de 2012

Herlinda o el mal servicio

 Mi abuelo está cercano a cumplir 80 años y tiene por lo menos cuarenta yendo al Vips a desayunar diario. Hace un par de semanas, llegó a casa con la chamarra y pantalón —ambos color beige— manchados de verde.

   —¿Qué pasó?—. Pregunté.
   — Herlinda me manchó de salsa. No me di cuenta sino hasta que me dijo un señor, y cuando enfrenté a Herlinda, me contestó: "Esa es mierda. Usted se cagó".

Por supuesto, la mancha olía a una mezcla de chiles y tomates. No pude disimular mi coraje. Mi abuelo no es solamente cliente asiduo, sino un hombre mayor. Su dinero vale lo mismo, o tal vez más porque es un comensal constante. Sin embargo, Herlinda—la mesera de la barra, lugar donde mi abuelo se sienta los 7 días de la semana— cree que puede olvidarse de que su empleo implica servicio y que le puede hablar así a un ser humano, cuando el error fue de ella. Y aun si no hubiera sido su responsabilidad, hay maneras distintas más amables de hablarle a un cliente.

Mi abuelo puede hacerse un omelette en casa. Si no tiene ganas, con que ponga a la señora, a mi hermano, a mi mamá o a mí a trabajar en la cocina, está listo. No tiene que gastar un peso, porque él no hace el súper o paga los servicios. El café se hace en la cafetera, y nuevamente, la materia prima no es la limitación. Sin embargo, en el restaurante paga el servicio. Paga que lo atiendan de cierta manera (mucho mejor que como lo atendió Herlinda). Para que le sirvan el café, levanten su plato. Paga 130 pesos por un desayuno que no cuesta ni 30 pesos, porque los 100 restantes son para costear que lo atienda una mesera y un garrotero. Para que el baño esté limpio y los cubiertos impecables. Para que la vajilla esté brillante y en excelentes condiciones.


No es un favor: es una situación ganar-ganar: a mi abuelo le brindan un servicio a cambio de que, cuando él lo desee, pida la cuenta y pague el precio indicado en la nota.


El servicio no es un valor agregado. Es una OBLIGACIÓN. En el consumo de alimentos y bebidas, en una tienda departamental, en un hotel, el servicio debe existir, aunque su calidad haga la diferencia. Si tengo poco dinero, pero me quiero ir de viaje, mejor llego a un hostal donde, de todas maneras, recibo cierto servicio.


Hace poco fui con mis antiguas compañeras de trabajo al restaurante Creperie de la Paix de la Condesa en la ciudad de México. Éramos un grupo de 10 mujeres. El mesero tenía prisa por atendernos. Primero, mientras esperábamos a que llegara la mayoría para ordenar, le urgía que pidiéramos algo para beber. Después nos apresuraba para ordenar nuestras crepas "porque el lugar se llena y la cocina va a estar saturada". Luego, parecía que quería tomar nuestras cabezas y mover nuestras mandíbulas para que masticáramos más rápido. Nos trajo de inmediato la carta de los postres, y otra vez nos carrereaba para que ordenáramos una crepa dulce, o un café, o lo que fuera. Cuando le entregamos la cuenta con el 10 por ciento de propina, se dirigió a nosotras, ahora sí muy amablemente y sin prisas: "No sé si les comentaron al llegar que, por ser un grupo grande, se les cobra el 15 por ciento de propina". ¿Que qué? Cuando le hablamos de la mala actitud con la que nos atendió, contra argumentó. Por supuesto, su argumento fue, simplemente, "es que es política del restaurante". Pues la política de un mesero inteligente debería ser atender con calidad para recibir la mejor propina.

Parece que no estoy diciendo nada nuevo. Entonces, ¿por qué se les olvida? Si compro un automóvil es porque quiero viajar cómoda y segura, no porque ahorre tiempo y dinero (pensemos en el precio de la gasolina y en el tráfico de la ciudad de México). Si compras un auto nuevo, no gastas cantidades módicas como para que el servicio que dan en Sapporo de Tlalpan Sur sea pésimo y la vendedora Magda se desentienda de sus clientes una vez que culminó el proceso de compra.

Desde el punto de vista de una consumidora que paga dinero a cambio de productos y, sobre todo, de servicios, es que no cualquiera puede aplicar para ser acomodador de ropa en el departamento de Damas de Walmart. Me pregunto por qué no les hacen exámenes para ver si son aptos para trabajar dando servicio. ¿Por qué no los someten a pruebas donde verdaderamente tengan que mostrar cuál es su carácter? Si yo no trabajo como cajera, ama de llaves, mesera, relacionista pública, sacerdote, panadera, animadora, payasita, titeretera, gerente de un salón de fiestas, directora de recursos humanos, marketera, en el área de compras o de ventas, es porque mi vocación no está en el servicio. Ni siquiera en el que es para mí, que implica que me lave la ropa. Por eso pago todos los días. Para que me laven la ropa. Para que me lleve un taxi si no tengo ganas de andar en metro. Para que me sirvan un buen café y mis amigas y yo no tengamos que ir a mi casa a ensuciar platos, si bien ahí es más barato. Para que en Cinépolis o Cinemex las butacas estén limpias y las palomitas calientes. Para que un abogado lleve mis casos y un contador mis impuestos. Meto mi dinero en cierto banco esperando que, cuando entro a una sucursal, no tenga que hacer fila porque decidieron abrir solamente una de las cinco ventanillas para depositar las cantidades de dinero que hacen al banco millonario.

Sepan que no hay algo que no pueda hacer yo, y si no lo puedo hacer, entonces no lo necesito. Tal vez, si no soy experta, me cueste trabajo. Pero todo está en aprenderlo.


Sin embargo, por eso busco ganar dinero, para pagar una buena vida en la que el contador meta a tiempo mis declaraciones de impuestos mientras yo gasto dinero en El Palacio de Hierro y como hamburguesas en Barracuda. Porque mi dinero y el de cada uno de ustedes vale cada chinga que se metieron en la semana, en el día, en el año, como para que se lo regalen a alguien que les presta un servicio, y lo está haciendo mal. Me imagino que si Herlinda estuviera sentada en la barra de un restaurante y mi abuelo le tirara la salsa encima, lo último que querría sería recibir una respuesta grosera. Después de todo, pagaría para que la atendieran como cree que se merece, y eso es "bien".



El precio es lo que se paga, el valor es lo que se obtiene
Walter Buffett


La fe

(Anónimo)

Cuando Confucio viajaba a Wei, lo llevó Jan Yu.

Confucio observó: ¡Qué población tan densa!

Jan Yu dijo: La gente ha llegado a ser muy numerosa
                   ¿Qué es lo próximo que debería hacerse para ellos?

Confucio le indicó: ¡Educarlos!

Jan Yu preguntó acerca de cómo debían gobernarse.

Confucio le dijo: Los esenciales son: alimento, tropas y la fe del pueblo.

Jan Yu inquirió: Suponga que fuera obligado a abandonar una de estas tres: ¿Cuál dejaría ir primero?

Confucio aseguró: Las tropas.

Jan Yu preguntó nuevamente: Si uno se ve forzado a dejar una de las dos restantes, ¿cuál dejaría ir?

Confucio dijo terminantemente: ¡El alimento!, ya que la gente sin fe no puede sobrevivir. 





Una reflexión que se puede aplicar en todos los aspectos de nuestras vidas, y eso que yo soy atea. 

domingo, 1 de enero de 2012

Bienvenido 2012

Así que el nuevo año ha llegado. Estamos un poco más gordos, y eso que todavía falta la Rosca. El punto es que el 2012 era futuro ayer y hoy ya está corriendo. Quiero aprovechar para felicitar a todos mis lectores, reconocerlos por todo lo que vivieron en 2011. Me queda claro que habrá mucho que hacer en el año en curso.

Les escribo desde mi nueva herramienta de trabajo: una android tablet que me regaló mi mamá. ¡Me encanta! Es lo máximo. Además, estoy hablando y esta cosa escribe por mí. No obstante, dictarle todavía es complicado. Confunde las palabras. Aún así, seguiré intentando porque es muy divertido.

En fin, esta comunicación era simplemente para desearles lo mejor en este dos mil doce. ¡Enhorabuena!