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martes, 22 de noviembre de 2011

La respuesta de Charlie

Charlie es el dueño de Don Keso. El domingo publiqué mi post pasado en la página de Facebook de Don Keso y ayer, lunes, me contestó. Le agradezco mucho su respuesta. Además de las cosas que me contó y que aprecio, me pareció una respuesta sincera, y eso lo aprecio mucho más que todo.

Don Keso, "el lugar del barrio", es mi sitio favorito. El viernes sentí que alguien me lo arrebataba. Tal vez fue una reacción exagerada, pero para alguien como yo a quien le pesan tanto las palabras, es lógico pensar eso.

Hoy Carlos, una persona a quien no tengo el placer de conocer aunque nos una mi restaurante favorito, me devolvió la buena vibra que siento cuando convivo entre las velas y el bullicio de la esquina de Parras y Ámsterdam de la Condesa.

Una vez más, tengo ganas de regresar a Don Keso a comerme unos ravioles rellenos de cuatro quesos, bañados en salsa de queso, y a generar nuevos recuerdos.

martes, 27 de octubre de 2009

Facebook

Definitivamente me iba mejor sin Facebook. Me gustaba más mi vida sin estar pendiente de la vida de los demás. Pero parece que Facebook ha reforzado la necesidad de los seres humanos de entrometerse en la vida ajena.

Lo acabo de pensar. Hoy que supe que Facebook es la manera de esa persona de seguir conociendo los detalles de la vida de otra -¿de verdad se podrán ver los detalles de una vida a través de Facebook?-.

Me choca Facebook. Si lo volví a abrir fue para dejar abierta la memoria fotográfica que está en mis álbumes. Porque mi abandono hacia la gente ha sido demasiado, y quizá crean que con Facebook estamos más cerca.

Yo sigo en el mismo lugar. Mi órbita ahora está más lejos del sol. Pero así son las elipses, unas veces estás cerca, otras lejos.

En fin, al parecer integrarse a la sociedad implica tener Facebook. Al menos en esta sociedad a la que yo pertenezco.

jueves, 27 de agosto de 2009

Coming back

Este día que ya va a acabar fue uno lleno de contraste. De pronto me vi así como no soy, con este vestido blanco y negro arriba de la rodilla que no acostumbro usar, con estos tacones chiquitos, pero al fin y al cabo tacones. Con el cabello lacio y las pestañas más largas que de costumbre. Ésta no soy yo. Como no he sido durante el mes que tengo desde que clausuré el blog. No es la ropa, es el interior. Me siento perdida entre un mundo que gira y no me espera ni para agarrar impulso. Y yo tampoco lo espero. Vuelo sobre él, pero no me detengo a verlo y que me vea y nos apreciemos los rostros. Giro sin dirección. Voy sin dirección. A la deriva. A ver adónde me lleva el viento y adónde me lleva mi melancolía.

Necesito dejar de hacer del tiempo un ciclo para no detenerme más en el pasado. El pasado ahí está. Me ha marcado, pero ya es pasado. Hoy es uno de esos días que tengo una tregua con el tiempo. Que entiendo que es lineal porque sería un tormento regresar a la felicidad de antaño y al dolor previo. Entiendo que me empuje, y que parezca que se enoja porque yo opongo mucha resistencia a avanzar.

Ya estoy harta de victimizarme. Yo he sido mi propia víctima. Mi verdugo y mortaja. Nadie más. Puedo nombrar a los fantasmas y culparlos, pero yo fui quien les dio las armas. Yo sola dejé que la tristeza avanzara y nublara mis días. Yo le abrí la puerta y la invité a instalarse en mi alma.

Pero ya me dio hueva. Si la tristeza viene que sea porque tiene que llegar, no porque yo la fomente en mí misma. Quiero dejar de reprimirme.

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MaicoC merece una mención especial. Este post de regreso está lleno de divagación, pero no importa. Me parece impresionante la capacidad de una presencia. No es que esté aquí físicamente, pero es alguien que siempre está ahí. Que llega de manera efímera pero pisando fuerte. Ayer declaró que extrañaba el Sofá de los sueños de Charbelí. No lo sabe, pero sus palabras influyeron mucho en mí, destaparon un sentimiento reprimido dentro de mí. Yo también me sentía así. Yo también extrañaba mi blog. Este placer que omití por castigo. Por castigarme. Y no me lo merezco. No es justo conmigo misma evitar una actividad que me gusta tanto, cerrar un blog que durante tres años ha sido mi acompañante fiel. Y la diferencia entre esta presencia a la que no le he visto el rostro y los demás, es que de pronto yo me di cuenta de que había alguien que también lo extrañaba. Quizá sus palabras estaban escogidas, pero para mí fueron muy importantes.

Gracias a él, la cosquilla de regresar terminó de instalarse dentro de mí.