sábado, 23 de junio de 2007

De pronto

este verano se llena de actividades. Ya no es sólo la película de Ariel, sino también el nuevo proyecto para el que nos reunimos hoy al medio día. Me siento abrumada, por lo que pensé que escribir en el blog podría ser un buen desahogo.

¿Por qué abrumada? Porque el proyecto de la Pinacoteca -el de Stephan para el que nos reunimos hoy-, es una gran oportunidad, y un gran reto. Estar frente a tantas obras de arte, respirarlas, probar su sabor con los ojos y buscar en su iconografía un refugio representa para mí un honor, al igual que un compromiso con las obras maestras y sus compositores, aún cuando muchas de ellas no están firmadas.

No pasaba el tiempo adentro. Las pinturas permanecían colosales e impávidas ante los ojos sorprendidos del escaso equipo que buscará hacerles justicia.

Sentí lo que sólo el arte pude hacerme sentir: la plenitud en el resguardo de las paredes que lo contienen; la tempestad transmitida con colores y trazos, la noción de que quien lo hizo no tendría ni idea de que pasado el tiempo y su talento es reconocido. Incluso el tiempo se pone tan celoso que busca maneras de estropear lo que lo trasciende, por lo que las obras no han sido mantenidas adecuadamente y algunas están perdiéndose. una verdadera lástima para un patrimonio tan importante.

Por eso siento doble carga.

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