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on miércoles 2 de diciembre de 2009
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desahogo,
desamistad,
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No sé ni cómo titular esta entrada ni tampoco sé a ciencia cierta qué incluir en ella y qué no. Sobre la muerte de mi tío hablaré más adelante, cuando el shock haya pasado y yo deje de llorarlo. Pero no puedo sacarme de la mente los acontecimientos del jueves al domingo de la semana pasada... en fin, él se merece una entrada libre de dolor e independiente de ésta que, te anticipo, también es catártica.
Quiero desahogar aquí los días 21, 22 de noviembre, así como la primera mitad de la semana pasada. Quisiera borrarlos de mi memoria como si nunca hubieran sucedido. PIenso en la ganancia y la comparo con las pérdidas, y la balanza se inclina a la pérdida. Perdí desde mi música querida hasta mis fotografías invaluables. Desde horas de sueño hasta conceptos de amistad. Perdí confianza. Perdí libertad en mi trabajo. Y gané muy poco o, es tan material, que yo diría que en realidad no gané nada.
Me siento, además, dolida y traicionada. Está cabrón cómo la vida se encarga de acomodar las cosas. A mí nunca me ha tocado que se acomoden a mi favor. Todo lo contrario. Pero bueno, para gozar los triunfos hay que pasar por fracasos.
Sin embargo, aunque al final los resultados fueron satisfactorios, debo decir que nunca me sentí tan fracasada como el martes y miércoles pasados. Nunca. Y espero no volverme a sentir así jamás.
Todas estas sensaciones terribles, tanto personales como profesionales, fueron opacadas el jueves por un sentimiento mucho más profundo que prevalece. Y es por respeto a ese sentimiento que se ha instalado en mi alma que hago catarsis aquí. Quiero sentir una cosa a la vez y darle prioridad a lo que la tiene.
Y la muerte le gana a todo lo demás, como siempre.
Quiero desahogar aquí los días 21, 22 de noviembre, así como la primera mitad de la semana pasada. Quisiera borrarlos de mi memoria como si nunca hubieran sucedido. PIenso en la ganancia y la comparo con las pérdidas, y la balanza se inclina a la pérdida. Perdí desde mi música querida hasta mis fotografías invaluables. Desde horas de sueño hasta conceptos de amistad. Perdí confianza. Perdí libertad en mi trabajo. Y gané muy poco o, es tan material, que yo diría que en realidad no gané nada.
Me siento, además, dolida y traicionada. Está cabrón cómo la vida se encarga de acomodar las cosas. A mí nunca me ha tocado que se acomoden a mi favor. Todo lo contrario. Pero bueno, para gozar los triunfos hay que pasar por fracasos.
Sin embargo, aunque al final los resultados fueron satisfactorios, debo decir que nunca me sentí tan fracasada como el martes y miércoles pasados. Nunca. Y espero no volverme a sentir así jamás.
Todas estas sensaciones terribles, tanto personales como profesionales, fueron opacadas el jueves por un sentimiento mucho más profundo que prevalece. Y es por respeto a ese sentimiento que se ha instalado en mi alma que hago catarsis aquí. Quiero sentir una cosa a la vez y darle prioridad a lo que la tiene.
Y la muerte le gana a todo lo demás, como siempre.
Girl, why don't you give it a try?
Después de leer poemas, pensé que estaría bien intentar escribir uno y, aún mayor hazaña, publicarlo.
So, here it is. No está corregido ni mucho menos, y sólo es un intento:
Has levantado en mí una pasión indómita. Un sentimiento voraz que me consume las entrañas y me palpita en la cabeza ardiente de ti. ¿Cómo alcanza una el estado de adolescencia, donde sabe que esto es efimero y se deja engañar por lo eterno?
Quiero que estos ojos negros se colmen de piel. Que la piel se convierta en llamas de locura, en sazones salados, en girones de lujuria. Y después he de cerrarlos para que a través de ellos mis órganos se llenen de la mirada encendida que retienen mientras tú, agente de combustión interna, aumentas la fricción como un fósforo a encenderse.
Así, con los ojos transmitiendo fuego a mi cuerpo, quiero andar a tientas el camino que tu respiración marca. Necesito sentir la pauta del director de orquesta que hace esta melodía armónica y correcta. Quiero componerte con las yemas de los dedos, y que interpretes con los roces tibios de saliva que emanan de tu boca.
Este réquiem de cuerpos cálidos que tocamos. Porque nacemos diario y los dos morimos entre labios, entre ojos, entre abrazos. Y renacemos en el capullo que se forma cuando terminamos.
Charbelí, noviembre 2009.
So, here it is. No está corregido ni mucho menos, y sólo es un intento:
Has levantado en mí una pasión indómita. Un sentimiento voraz que me consume las entrañas y me palpita en la cabeza ardiente de ti. ¿Cómo alcanza una el estado de adolescencia, donde sabe que esto es efimero y se deja engañar por lo eterno?
Quiero que estos ojos negros se colmen de piel. Que la piel se convierta en llamas de locura, en sazones salados, en girones de lujuria. Y después he de cerrarlos para que a través de ellos mis órganos se llenen de la mirada encendida que retienen mientras tú, agente de combustión interna, aumentas la fricción como un fósforo a encenderse.
Así, con los ojos transmitiendo fuego a mi cuerpo, quiero andar a tientas el camino que tu respiración marca. Necesito sentir la pauta del director de orquesta que hace esta melodía armónica y correcta. Quiero componerte con las yemas de los dedos, y que interpretes con los roces tibios de saliva que emanan de tu boca.
Este réquiem de cuerpos cálidos que tocamos. Porque nacemos diario y los dos morimos entre labios, entre ojos, entre abrazos. Y renacemos en el capullo que se forma cuando terminamos.
Charbelí, noviembre 2009.
Antes que se acabe noviembre...
Mi blog cumplió tres años el pasado 15 de noviembre. Esta vez, el 15 estaba yo en los Rápidos de Veracruz y luego olvidé hacerle mención.
Pero en fin, aquí está el honor a quien honor merece. Este blog que ya lleva tres años haciéndome constante en algo. Y resulta que ese algo es escribir.
Gracias a mis lectores. Ya son tres años de robar espacio en la blogósfera, y tres años en los que ustedes se toman algunos minutos para leer mis cavilaciones.
Charbelí
Pero en fin, aquí está el honor a quien honor merece. Este blog que ya lleva tres años haciéndome constante en algo. Y resulta que ese algo es escribir.
Gracias a mis lectores. Ya son tres años de robar espacio en la blogósfera, y tres años en los que ustedes se toman algunos minutos para leer mis cavilaciones.
Charbelí
Última voluntad adelantada y pública
Cuando muera, a quien quiera que le toque, le pido por favor que me lleve directito a cremar. No practico ninguna religión así que no hay necesidad de Rosarios ni de gastar en sacerdotes o en misas.
Por favor, lléveme a cremar. No le avise a nadie. Agarre sus cosas y lléveme. Quiero que me cremen sin féretro. O bueno, si es indispensable pues con féretro. Ni modo. Y luego de que me lleve a cremar, ponga mis cenizas en una lata cualquiera y lléveme a algún lugar (más adelante le diré cuál) y ahí abra la lata, disperse mis cenizas, llóreme, y bébase unas chelas oscuras a mi salud. Ríase conmigo. Y después váyase de vacaciones al lugar que haya elegido.
Cuando haya regresado, entonces avise. Avise que me morí y que mi última voluntad se consumó. Le voy a dejar un videito o algo para que no se enojen con usted. Ahí diré que yo le escogí para ser mi último acompañante. Que no quería plañideras, ni gran escándalo, ni desvelos en mi deceso.
Espero no morirme pronto para ahorrar y que todos los gastos de mi muerte corran por mi cuenta. Incluido mi último regalo: sus primeras vacaciones sin mí.
Diviértase sin mí. Si fui importante, entonces olvídeme. No me llore. Jamás me llore.
Por favor, lléveme a cremar. No le avise a nadie. Agarre sus cosas y lléveme. Quiero que me cremen sin féretro. O bueno, si es indispensable pues con féretro. Ni modo. Y luego de que me lleve a cremar, ponga mis cenizas en una lata cualquiera y lléveme a algún lugar (más adelante le diré cuál) y ahí abra la lata, disperse mis cenizas, llóreme, y bébase unas chelas oscuras a mi salud. Ríase conmigo. Y después váyase de vacaciones al lugar que haya elegido.
Cuando haya regresado, entonces avise. Avise que me morí y que mi última voluntad se consumó. Le voy a dejar un videito o algo para que no se enojen con usted. Ahí diré que yo le escogí para ser mi último acompañante. Que no quería plañideras, ni gran escándalo, ni desvelos en mi deceso.
Espero no morirme pronto para ahorrar y que todos los gastos de mi muerte corran por mi cuenta. Incluido mi último regalo: sus primeras vacaciones sin mí.
Diviértase sin mí. Si fui importante, entonces olvídeme. No me llore. Jamás me llore.
Los poemas
Esto lo escribió alguien que conozco y, francamente, me parecieron muy buenos.
Gracias a ti por permitirme compartirlos:
Ya bésame
Bésame suavemente
Gracias a ti por permitirme compartirlos:
Ya bésame
Bésame suavemente
Penetra tus sentidos en mi cuerpo
Complace tus deseos en esta masa amorfa
Sáciate del mástil de marfil
Muérdeme
Penétrame
Húndete en mis sentidos
Embriágate de mí
Sacude el miedo de este cuerpo anatema
Convierte el credo en mí
Y mientras bailas sobre mi cuerpo besaré tus entrañas
Has traído prosa sin ritmo.
Esta noche deja que me escurra entre tus sábanas para robar tu virginidad
Que el calor que emana de tu bajo vientre y mi vaho se fundan en uno
Mientras nuestras sombras se aman
Dejemos que los ojos millares del cielo sean testigos de la emancipación del placer,
la lujuria y el amor.
Sáltatelo, es catarsis
No conozco la muerte lenta. Las tres más significativas de mi vida (papá, tía Nena y abuela, así se sucedieron) ocurrieron en un periodo entre los 5 y los siete años, y después ya, el mundo fue libre de muertes que realmente me importaran.
No poseo recuerdos sobre las muertes, algunos cuantos sobre los duelos. Así que, aunque conozco la ausencia, en realidad conozco muy poco la muerte.
Pero la voy a conocer pronto.
Hoy me avisó mi mamá que su primo hermano, la persona más querida para ella, está en fase terminal de cáncer. Es un hombre joven, luchador, con una esposa que lo ama y dos hijos que lo adoran. Es un buen hombre. Yo no le deseo la muerte a absolutamente nadie, pero mucho menos a una persona que ha sido tan, tan buena. Esta clase de muerte, es decir, porque uno muere y ya. Es el único y verdadero destino al que todos nos dirigimos, sin embargo morir debería ser un verbo que sucediera rápido. Así, morir y ya.
Este concepto de morir lentamente es pavoroso. Mi tío lleva algunos meses muriéndose, pero ahora que ya es oficial, que no hay esperanzas que albergar, el verbo morir se conjuga en presente continuo y es aberrante.
Nadie debería pronunciar "está muriéndose". Debería ser vida o muerte y ya, sin medias tintas.
En una ocasión escuché una conversación que francamente hoy me parece absurda. Decía alguien que la ventaja de que cierta persona querida hubiera muerto lentamente era que la familia se había resignado. Yo no creo que haya ventajas. La muerte es muerte y la ausencia duele, y no puedo concebir mayor dolor que ver cómo alguien se te va de las manos, involuntariamente, y tú no puedes hacer absolutamente nada para retenerlo. La vida se escapa en esta media tinta que desafortunadamente existe, y tú no puedes guardarla en una botella para que no salga. Se evapora. De pronto, aquella persona a la que alguna vez viste fuerte y joven se la ha comido la enfermedad, aliada cruel de la muerte.
No hay más que hacer. Sólo poner buena cara ante esa persona que sabe que porta la muerte. Que el porcentaje de vida se disminuye y el de no vida aumenta. No puedo ni imaginarme la tortura que representa saber que vas a irte cuando no te tocaba, que no es natural, que no vas a ver a tus hijos casarse, vaya, ni terminar la carrera, que vas a dejar a tu esposa con un montón de deudas y viuda y sola. El vacío.
Al menos si crees en Dios, pues puedes pensar que algo hay después de la muerte, pero si no, quedará lo que haya aquí, en vida... Y los últimos momentos no serán precisamente agradables.
esto sólo era a manera de catarsis.
No poseo recuerdos sobre las muertes, algunos cuantos sobre los duelos. Así que, aunque conozco la ausencia, en realidad conozco muy poco la muerte.
Pero la voy a conocer pronto.
Hoy me avisó mi mamá que su primo hermano, la persona más querida para ella, está en fase terminal de cáncer. Es un hombre joven, luchador, con una esposa que lo ama y dos hijos que lo adoran. Es un buen hombre. Yo no le deseo la muerte a absolutamente nadie, pero mucho menos a una persona que ha sido tan, tan buena. Esta clase de muerte, es decir, porque uno muere y ya. Es el único y verdadero destino al que todos nos dirigimos, sin embargo morir debería ser un verbo que sucediera rápido. Así, morir y ya.
Este concepto de morir lentamente es pavoroso. Mi tío lleva algunos meses muriéndose, pero ahora que ya es oficial, que no hay esperanzas que albergar, el verbo morir se conjuga en presente continuo y es aberrante.
Nadie debería pronunciar "está muriéndose". Debería ser vida o muerte y ya, sin medias tintas.
En una ocasión escuché una conversación que francamente hoy me parece absurda. Decía alguien que la ventaja de que cierta persona querida hubiera muerto lentamente era que la familia se había resignado. Yo no creo que haya ventajas. La muerte es muerte y la ausencia duele, y no puedo concebir mayor dolor que ver cómo alguien se te va de las manos, involuntariamente, y tú no puedes hacer absolutamente nada para retenerlo. La vida se escapa en esta media tinta que desafortunadamente existe, y tú no puedes guardarla en una botella para que no salga. Se evapora. De pronto, aquella persona a la que alguna vez viste fuerte y joven se la ha comido la enfermedad, aliada cruel de la muerte.
No hay más que hacer. Sólo poner buena cara ante esa persona que sabe que porta la muerte. Que el porcentaje de vida se disminuye y el de no vida aumenta. No puedo ni imaginarme la tortura que representa saber que vas a irte cuando no te tocaba, que no es natural, que no vas a ver a tus hijos casarse, vaya, ni terminar la carrera, que vas a dejar a tu esposa con un montón de deudas y viuda y sola. El vacío.
Al menos si crees en Dios, pues puedes pensar que algo hay después de la muerte, pero si no, quedará lo que haya aquí, en vida... Y los últimos momentos no serán precisamente agradables.
esto sólo era a manera de catarsis.
Tolerancia al SME
on miércoles 11 de noviembre de 2009
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ciudad de México,
ciudadanía,
indignación,
política
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Hace muchísimo que no escribo sobre política. Desde hace algunos años, la política dejó de importarme. Me decepcioné de ella y no quise saber más. Hay quienes me han llamado irresponsable, y no lo niego, me volví irresponsable con este país que quería tanto.
Quizá por eso les parezca que mi opinión vale menos, pero la verdad no me importa. Ja.
En la elección a la presidencia voté por Felipe Calderón. Aún cuando hoy me parece un presidente débil, no me arrepiento de esa decisión. No encontré otro candidato mejor… ése es el problema. Calderón llegó al poder para que no llegara AMLO, y no porque realmente hubiera encantado a la mayoría de los votantes.
Sin embargo, han pasado tres años y Calderón no ha ganado simpatizantes, sino todo lo contrario: de pronto el PAN parece perfilarse como un PRI BIS, pero sin tanto colmillo.
Por mi parte, estoy a favor de la alternancia. No confío en los partidos que buscan perpetuarse en el poder como instituciones dictatoriales. Pero, la verdad, tampoco confío en la “izquierda” que de izquierda no tiene más que el nombre y que, como el Gran Hermano de Orwell, parece que bajo la bandera de proteger a los que tienen menos, busca en realidad la ignorancia para poderlos manipular como mejor les venga en gana. Ante este panorama desesperanzador, preferí excluirme de la vida política del país donde nací.
No es justificación. No creo que existan pretextos para deslindarse de la responsabilidad ciudadana. Quizá esta entrada marque mi re-entrada a ejercer mi ciudadanía. Espero que sí.
¿Hace cuánto pasó lo de Luz y Fuerza del Centro? No me acuerdo, la cuestión es que, como ya todos ustedes, lectores mexicanos y lectores cultos, deben saber, el gobierno federal disolvió esta institución llena de corrupción y controlada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (días antes había salido una noticia de que habían hecho una cancha estúpidamente cara), que consumía recursos a lo pendejo y no había retorno de inversión.
LyFC era una institución que daba sueldos altísimos, liquidaciones tempranas, plazas hereditarias, entre otras cosas. Fue un acierto acabar con LyFC. Finalmente, Calderón estaba haciendo algo por este país Iba a haber un costo político, por supuesto: el excandidato que se publicitó como “Presidente del Empleo” estaba ahora liquidando una compañía gigantesca y dejando sin trabajo a miles de trabajadores en plena crisis.
Sin embargo, también se anotó una palomota puesto que el común denominador de la gente pensaba que era momento de acabar con el monstruo. Y luego Gómez-Mont declaró que no iban a dejar desamparados a los desempleados y habló de las condiciones de liquidación (hasta tres años de sueldo y un bono si pasaban por la liquidación antes del 14 de noviembre, así como de ayudas para quienes de plano no puedan integrarse a laborar en la Compañía Federal de Electricidad.
Ha sido un desmadre. Por supuesto, ya salió AMLO a decir que apoya al Sindicato y otros Sindicatos con mucho poder también los apoyan. De inmediato sonaron los nombres del sindicato de la UNAM, de los maestros, y de instituciones como el IMSS que también consumen muchos recursos y deberían ser removidas y/o reestructuradas.
Representantes del SME han dialogado con el Secretario de Gobernación, han reclamado, pataleado, alegado inconstitucionalidad, pero la realidad es que a los gobernantes los elige la mayoría y la mayoría de la gente está contenta con esta decisión. Por un momento este país tan desafortunado e ignorante concuerda con que fue una medida correcta y el ejecutivo ha sido lo suficientemente generoso con los trabajadores.
DEMASIADO. Espero que la gente a la que recontraten en la CFE sea honesta y no esta bola de corruptos que hoy se manifiesta.
Una vez más, las minorías ayudadas de la tiranía que tenemos por gobierno del Distrito Federal (éstos ya empiezan a convertirse en Dictadores Institucionales, puesto que el PRD ha estado en el poder desde que se acabó la figura de Regente y se llevaron a cabo las primeras elecciones, y además tienen mayoría en las cámaras de la Entidad), toman nuestra ciudad. Cada año, la mayoría de nosotros, porque somos mayoría los afectados, tenemos que soportar el sitio de algún sindicato, del grupo de los 400, de AMLO afirmándose presidente, de quien sea. No les importa desquiciar el tráfico ya de por sí numeroso por la cantidad de gente que habita esta ciudad. No. Parece que lo hacen a propósito. Parece que quieren desatar nuestra furia contra el gobierno y no contra ellos, que son acarreados de quienes toman la decisión.
No me malinterpretes, lector, yo soy una apasionada de la libertad de expresión. Hablar de lo que sea como se quiera. De eso soy apasionada. De escuchar lo que el otro tiene que decir. Pero hay niveles y hay maneras. ¿Por qué bloquear el tránsito? Pueden transitar por las banquetas. ¿Por qué no me voy un día mentando madres al Presidente, en medio de la calle desde La carretera México-Querétaro hasta la salida a Cuernavaca, porque me siento inconforme con mi peso? ¿Por qué no le digo a mis amigas, y ellas a sus amigas inconformes, que vayamos mentándole la madre a Televisa porque transmite anuncios de Sabritas, y las Sabritas nos han hecho engordar? Digo, ya que uno puede manifestarse por lo que sea y bloquear calles por lo que sea, yo quiero que me bloqueen circuito para quejarme de la publicidad… Les aseguro que encontraría muchas más de tres mil mujeres inconformes con su peso y dispuestas a deslindarse de la responsabilidad. Parece una comparación absurda. Pero puedo hacerla. Porque nadie me haría caso. Si llegara con las autoridades a decir que quiero manifestar mi inconformidad me contestarían: “Grite y baje de peso”, no me pondrían patrullas para vigilar mi llegada segura a Televisa. Es más, seguro no llegaríamos, quizá nos arrestarían por obstruir las vías de tránsito.
Hace un rato salí al banco y me encontré a una caravana del SME en donde circuito se bifurca y se convierte en Tacubaya o Revolución. Me dio risa/coraje ver que no más de 200 personas bloqueaban la circulación, y patrullas los escoltaban. Cantaban cosas como “Calderón te vamos a agarrar de los huevos, de los huevos te vamos a agarrar” (BIS). Mentaban madres contra el gobierno y con un megáfono instaban a la ciudadanía a apagar la luz de 19:30 a 21:30 horas. Mientras caminaba escuché muchos comentarios. La gente, dentro de los establecimientos, los veía pasar. Algunos indignados, otros más serenos. Recuerdo el comentario de un señor que dijo: “Nomás acuérdate de cuando tú no tenías trabajo cómo estabas desesperado. Ellos también están”.
Yo no me meto con su desesperación. La entiendo. En una época de mi vida mi mamá se quedó sin trabajo por años. Esa desesperación no se la deseo a nadie. Pero a mi mamá no le ofrecieron tres años de sueldo ni un bono, ni le dijeron que la tomarían en cuenta para entrar a trabajar a otro lugar si no armaba desmadres y acudía pronto por su liquidación.
¿Que sólo hay plazas para un porcentaje de la población? Eso se llama competencia laboral. Si quieres aplicar para un puesto, ve a la entrevista y compite por él. Si para contratar dicen que van a dar preferencia a quienes lleguen antes de las 9am, ¿por qué llegas a las 9:10? ¿Por qué no llegas? ¿No quieres trabajar? Y si llegaste tarde o no llegaste, ¿entonces por qué vas a armar desmadre a la oficina del director general? Tú te cerraste la puerta, no él. Él ya te dio la opción del súper combo LIQUIDACIÓN POR ENCIMA DE LA LEY+BONO+POSIBILIDAD DE TRABAJO, y tú cerraste la puerta a la comodidad. ¿Por qué no, todos los desempleados, aplican el mismo principio y exigen ayudas importantes, no como el seguro de desempleo que es una burla?
Si tengo la opción de cerrar la boca y dejar de comer, y no lo hago, entonces con qué pantalones voy a decir que quiero bajar de peso. ¿Quién me va a creer si me ven comiendo papas adobadas y tomando Coca Cola cada vez que puedo? ¿Quién va a creerme cuando me manifieste? ¿Por qué tendrían que tolerarme cuando ya me ofrecieron una dieta, y hasta dinero por bajar de peso y yo sigo renuente?
Tolerancia
Hoy un tuitero a quien respeto mucho y con quien comparto la pasión por las letras escribió, ante los reproches agresivos que leyó en twitter, que necesitamos ser tolerantes. De inmediato, la palabra tolerante me saltó. Me da coraje que esté tan desgastada.
Me parece que nos escondemos detrás del concepto de tolerancia. Que nos da miedo opinar y entonces decimos que somos tolerantes hacia acciones que no están bien. Que pueden juzgarse. No. Yo no tolero que se apropien de esta ciudad. No estoy de acuerdo. Puedo juzgarlo y digo que está mal que lo hagan. Porque está mal. Está mal que alguien tenga que pasar tres horas en el tráfico, porque no fue su elección. No viene a trabajar de Toluca, sino que vive a cuarenta minutos del trabajo. No fue su elección y hay alternativas para hacerse escuchar. No lo tolero porque me jode y jode a los demás. Tolerar es respetar las ideas ajenas, aunque no concordemos con ellas, y necesariamente tiene que pasar en dos vías. Si la clave, el respeto, falta, entonces no podemos hablar de tolerancia. Esta gente que se manifiesta hoy no respeta. Y con respeto me refiero al punto básico: que nos dejen transitar. Que respeten nuestro tiempo, que busquen vías de protesta alternas. Ellos no nos toleran. Quieren convertirnos. Quieren que pensemos que lo que hacen está bien. Que el gobierno estuvo mal. El gobierno está mal en otras cosas, que tampoco debemos tolerar, pero esta vez tomó la decisión correcta.
Así que no. No puedo tolerar eso. Si lo tolerara seguiría siendo irresponsable con mi país y con mi gente. Alzo la voz y les recomiendo que no toleren este tipo de acciones. Quéjense y propongan. Son las únicas dos maneras de encontrar soluciones.
Lo que decía el papelito...
Cuando me topé con la caravana manifestante me ofrecieron un papelito. Primero dije que no lo quería, pero luego recapacité y lo acepté. Se los transcribo para que ustedes decidan:
Ciudadanos:
No podemos quedarnos con los brazos cruzados cuando estamos a punto de ser de nueva cuenta sacrificados. Tenemos que hacer algo. La situación es verdaderamente insoportable. El gobierno con el aval del poder legislativo nos está imponiendo un desventajoso paquete fiscal que vaciará nuestros bolsillos. El aumento de impuestos (16% de IVA, 30% de Impuesto sobre la renta, 3% a las telecomunicaciones) disminuirá nuestros ingresos. La otra parte que complementa el paquete económico del gobierno (ley de egresos) tenderá a recortar el gasto público, los bienes y servicios como el agua, el transporte público, la electricidad y las gasolinas aumentarán de precio, en tanto que los servicios de seguridad social, salud y educación seguirán en detrimento y los salarios irán en picada. Nos van a quitar más para darnos menos.
En contra parte, las grandes empresas comerciales, TV Azteca y Televisa, los industriales nacionales y extranjeros, seguirán disfrutando de una política fiscal donde el que más tiene paga menos.
En lo político "el presidente del empleo" pasando por encima de la Constitución y la Ley Federal del Trabajo, apoyado por la fuerza policiaca-militar del Estado y de los medios de comunicación incondicionales, qua a cambio de canonjías se pagan favores, decreta la extinción de Luz y Fuerza que deja sin emplea a 44 mil trabajadores. Tras este decreto inconstitucional se encuentra el deseo de acabar con uno de los Sindicatos más combativos del país y por supuesto al seguir privatizando el sector eléctrico que a la fecha genera el 48% de la electricidad que se produce en México.
Manifestemos nuestro RECHAZO TOTAL a la clase gobernante y sus políticas. SUMATE AL PARO CÍVICO NACIONAL, organízate en tu colonia, tu escuela, tu centro de trabajo, la calle, el hospital, etc. Intégrate a las actividades de protesta civil y pacífica que la Asamblea Nacional de la Resistencia Popular realizará durante el transcurso del día.
DEMANDAMOS:
Quizá por eso les parezca que mi opinión vale menos, pero la verdad no me importa. Ja.
En la elección a la presidencia voté por Felipe Calderón. Aún cuando hoy me parece un presidente débil, no me arrepiento de esa decisión. No encontré otro candidato mejor… ése es el problema. Calderón llegó al poder para que no llegara AMLO, y no porque realmente hubiera encantado a la mayoría de los votantes.
Sin embargo, han pasado tres años y Calderón no ha ganado simpatizantes, sino todo lo contrario: de pronto el PAN parece perfilarse como un PRI BIS, pero sin tanto colmillo.
Por mi parte, estoy a favor de la alternancia. No confío en los partidos que buscan perpetuarse en el poder como instituciones dictatoriales. Pero, la verdad, tampoco confío en la “izquierda” que de izquierda no tiene más que el nombre y que, como el Gran Hermano de Orwell, parece que bajo la bandera de proteger a los que tienen menos, busca en realidad la ignorancia para poderlos manipular como mejor les venga en gana. Ante este panorama desesperanzador, preferí excluirme de la vida política del país donde nací.
No es justificación. No creo que existan pretextos para deslindarse de la responsabilidad ciudadana. Quizá esta entrada marque mi re-entrada a ejercer mi ciudadanía. Espero que sí.
¿Hace cuánto pasó lo de Luz y Fuerza del Centro? No me acuerdo, la cuestión es que, como ya todos ustedes, lectores mexicanos y lectores cultos, deben saber, el gobierno federal disolvió esta institución llena de corrupción y controlada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (días antes había salido una noticia de que habían hecho una cancha estúpidamente cara), que consumía recursos a lo pendejo y no había retorno de inversión.
LyFC era una institución que daba sueldos altísimos, liquidaciones tempranas, plazas hereditarias, entre otras cosas. Fue un acierto acabar con LyFC. Finalmente, Calderón estaba haciendo algo por este país Iba a haber un costo político, por supuesto: el excandidato que se publicitó como “Presidente del Empleo” estaba ahora liquidando una compañía gigantesca y dejando sin trabajo a miles de trabajadores en plena crisis.
Sin embargo, también se anotó una palomota puesto que el común denominador de la gente pensaba que era momento de acabar con el monstruo. Y luego Gómez-Mont declaró que no iban a dejar desamparados a los desempleados y habló de las condiciones de liquidación (hasta tres años de sueldo y un bono si pasaban por la liquidación antes del 14 de noviembre, así como de ayudas para quienes de plano no puedan integrarse a laborar en la Compañía Federal de Electricidad.
Ha sido un desmadre. Por supuesto, ya salió AMLO a decir que apoya al Sindicato y otros Sindicatos con mucho poder también los apoyan. De inmediato sonaron los nombres del sindicato de la UNAM, de los maestros, y de instituciones como el IMSS que también consumen muchos recursos y deberían ser removidas y/o reestructuradas.
Representantes del SME han dialogado con el Secretario de Gobernación, han reclamado, pataleado, alegado inconstitucionalidad, pero la realidad es que a los gobernantes los elige la mayoría y la mayoría de la gente está contenta con esta decisión. Por un momento este país tan desafortunado e ignorante concuerda con que fue una medida correcta y el ejecutivo ha sido lo suficientemente generoso con los trabajadores.
DEMASIADO. Espero que la gente a la que recontraten en la CFE sea honesta y no esta bola de corruptos que hoy se manifiesta.
Una vez más, las minorías ayudadas de la tiranía que tenemos por gobierno del Distrito Federal (éstos ya empiezan a convertirse en Dictadores Institucionales, puesto que el PRD ha estado en el poder desde que se acabó la figura de Regente y se llevaron a cabo las primeras elecciones, y además tienen mayoría en las cámaras de la Entidad), toman nuestra ciudad. Cada año, la mayoría de nosotros, porque somos mayoría los afectados, tenemos que soportar el sitio de algún sindicato, del grupo de los 400, de AMLO afirmándose presidente, de quien sea. No les importa desquiciar el tráfico ya de por sí numeroso por la cantidad de gente que habita esta ciudad. No. Parece que lo hacen a propósito. Parece que quieren desatar nuestra furia contra el gobierno y no contra ellos, que son acarreados de quienes toman la decisión.
No me malinterpretes, lector, yo soy una apasionada de la libertad de expresión. Hablar de lo que sea como se quiera. De eso soy apasionada. De escuchar lo que el otro tiene que decir. Pero hay niveles y hay maneras. ¿Por qué bloquear el tránsito? Pueden transitar por las banquetas. ¿Por qué no me voy un día mentando madres al Presidente, en medio de la calle desde La carretera México-Querétaro hasta la salida a Cuernavaca, porque me siento inconforme con mi peso? ¿Por qué no le digo a mis amigas, y ellas a sus amigas inconformes, que vayamos mentándole la madre a Televisa porque transmite anuncios de Sabritas, y las Sabritas nos han hecho engordar? Digo, ya que uno puede manifestarse por lo que sea y bloquear calles por lo que sea, yo quiero que me bloqueen circuito para quejarme de la publicidad… Les aseguro que encontraría muchas más de tres mil mujeres inconformes con su peso y dispuestas a deslindarse de la responsabilidad. Parece una comparación absurda. Pero puedo hacerla. Porque nadie me haría caso. Si llegara con las autoridades a decir que quiero manifestar mi inconformidad me contestarían: “Grite y baje de peso”, no me pondrían patrullas para vigilar mi llegada segura a Televisa. Es más, seguro no llegaríamos, quizá nos arrestarían por obstruir las vías de tránsito.
Hace un rato salí al banco y me encontré a una caravana del SME en donde circuito se bifurca y se convierte en Tacubaya o Revolución. Me dio risa/coraje ver que no más de 200 personas bloqueaban la circulación, y patrullas los escoltaban. Cantaban cosas como “Calderón te vamos a agarrar de los huevos, de los huevos te vamos a agarrar” (BIS). Mentaban madres contra el gobierno y con un megáfono instaban a la ciudadanía a apagar la luz de 19:30 a 21:30 horas. Mientras caminaba escuché muchos comentarios. La gente, dentro de los establecimientos, los veía pasar. Algunos indignados, otros más serenos. Recuerdo el comentario de un señor que dijo: “Nomás acuérdate de cuando tú no tenías trabajo cómo estabas desesperado. Ellos también están”.
Yo no me meto con su desesperación. La entiendo. En una época de mi vida mi mamá se quedó sin trabajo por años. Esa desesperación no se la deseo a nadie. Pero a mi mamá no le ofrecieron tres años de sueldo ni un bono, ni le dijeron que la tomarían en cuenta para entrar a trabajar a otro lugar si no armaba desmadres y acudía pronto por su liquidación.
¿Que sólo hay plazas para un porcentaje de la población? Eso se llama competencia laboral. Si quieres aplicar para un puesto, ve a la entrevista y compite por él. Si para contratar dicen que van a dar preferencia a quienes lleguen antes de las 9am, ¿por qué llegas a las 9:10? ¿Por qué no llegas? ¿No quieres trabajar? Y si llegaste tarde o no llegaste, ¿entonces por qué vas a armar desmadre a la oficina del director general? Tú te cerraste la puerta, no él. Él ya te dio la opción del súper combo LIQUIDACIÓN POR ENCIMA DE LA LEY+BONO+POSIBILIDAD DE TRABAJO, y tú cerraste la puerta a la comodidad. ¿Por qué no, todos los desempleados, aplican el mismo principio y exigen ayudas importantes, no como el seguro de desempleo que es una burla?
Si tengo la opción de cerrar la boca y dejar de comer, y no lo hago, entonces con qué pantalones voy a decir que quiero bajar de peso. ¿Quién me va a creer si me ven comiendo papas adobadas y tomando Coca Cola cada vez que puedo? ¿Quién va a creerme cuando me manifieste? ¿Por qué tendrían que tolerarme cuando ya me ofrecieron una dieta, y hasta dinero por bajar de peso y yo sigo renuente?
Tolerancia
Hoy un tuitero a quien respeto mucho y con quien comparto la pasión por las letras escribió, ante los reproches agresivos que leyó en twitter, que necesitamos ser tolerantes. De inmediato, la palabra tolerante me saltó. Me da coraje que esté tan desgastada.
Me parece que nos escondemos detrás del concepto de tolerancia. Que nos da miedo opinar y entonces decimos que somos tolerantes hacia acciones que no están bien. Que pueden juzgarse. No. Yo no tolero que se apropien de esta ciudad. No estoy de acuerdo. Puedo juzgarlo y digo que está mal que lo hagan. Porque está mal. Está mal que alguien tenga que pasar tres horas en el tráfico, porque no fue su elección. No viene a trabajar de Toluca, sino que vive a cuarenta minutos del trabajo. No fue su elección y hay alternativas para hacerse escuchar. No lo tolero porque me jode y jode a los demás. Tolerar es respetar las ideas ajenas, aunque no concordemos con ellas, y necesariamente tiene que pasar en dos vías. Si la clave, el respeto, falta, entonces no podemos hablar de tolerancia. Esta gente que se manifiesta hoy no respeta. Y con respeto me refiero al punto básico: que nos dejen transitar. Que respeten nuestro tiempo, que busquen vías de protesta alternas. Ellos no nos toleran. Quieren convertirnos. Quieren que pensemos que lo que hacen está bien. Que el gobierno estuvo mal. El gobierno está mal en otras cosas, que tampoco debemos tolerar, pero esta vez tomó la decisión correcta.
Así que no. No puedo tolerar eso. Si lo tolerara seguiría siendo irresponsable con mi país y con mi gente. Alzo la voz y les recomiendo que no toleren este tipo de acciones. Quéjense y propongan. Son las únicas dos maneras de encontrar soluciones.
Lo que decía el papelito...
Cuando me topé con la caravana manifestante me ofrecieron un papelito. Primero dije que no lo quería, pero luego recapacité y lo acepté. Se los transcribo para que ustedes decidan:
TODOS AL PARO CÍVICO NACIONAL EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2009
AL PUEBLO DE MÉXICO
Ciudadanos:
No podemos quedarnos con los brazos cruzados cuando estamos a punto de ser de nueva cuenta sacrificados. Tenemos que hacer algo. La situación es verdaderamente insoportable. El gobierno con el aval del poder legislativo nos está imponiendo un desventajoso paquete fiscal que vaciará nuestros bolsillos. El aumento de impuestos (16% de IVA, 30% de Impuesto sobre la renta, 3% a las telecomunicaciones) disminuirá nuestros ingresos. La otra parte que complementa el paquete económico del gobierno (ley de egresos) tenderá a recortar el gasto público, los bienes y servicios como el agua, el transporte público, la electricidad y las gasolinas aumentarán de precio, en tanto que los servicios de seguridad social, salud y educación seguirán en detrimento y los salarios irán en picada. Nos van a quitar más para darnos menos.
En contra parte, las grandes empresas comerciales, TV Azteca y Televisa, los industriales nacionales y extranjeros, seguirán disfrutando de una política fiscal donde el que más tiene paga menos.
En lo político "el presidente del empleo" pasando por encima de la Constitución y la Ley Federal del Trabajo, apoyado por la fuerza policiaca-militar del Estado y de los medios de comunicación incondicionales, qua a cambio de canonjías se pagan favores, decreta la extinción de Luz y Fuerza que deja sin emplea a 44 mil trabajadores. Tras este decreto inconstitucional se encuentra el deseo de acabar con uno de los Sindicatos más combativos del país y por supuesto al seguir privatizando el sector eléctrico que a la fecha genera el 48% de la electricidad que se produce en México.
Manifestemos nuestro RECHAZO TOTAL a la clase gobernante y sus políticas. SUMATE AL PARO CÍVICO NACIONAL, organízate en tu colonia, tu escuela, tu centro de trabajo, la calle, el hospital, etc. Intégrate a las actividades de protesta civil y pacífica que la Asamblea Nacional de la Resistencia Popular realizará durante el transcurso del día.
DEMANDAMOS:
- Derogación inmediata del Decreto de extinción de Luz y Fuerza y Reinstalación de los Trabajadores del SME. Regreso a la Legalidad Constitucional.
- La Soberanía Nacional, Alimentaria y Energética.
- El fortalecimiento de la Educación Pública, Gratuita y Laica, de la Seguridad Social, el Salaraio, el Empleo Digno.
- La defensa del Patrimonio Nacional y Cultural.
- La igualdad laboral de los Trabajadores Migrantes.
- Respeto a los Derechos de los Pueblos Indígenas y a los Acuerdos de San Andrés Larrainzar.
- Alto a la Represión, Libertad a los Presos Políticos, no a la Criminalización de la Lucha Social y Regreso del Ejército a sus cuarteles.
- Presupuesto justo al Campo Mexicano, a las Empresas Públicas, a la Educación, a la Seguridad Social y el sector Salud.
De las 19:30 a las 21:30 hr.s apaga la luz en señal de protesta.
¡¡QUE VIVA EL PRIMER PARO CÍVICO NACIONAL!!
ASAMBLEA NACIONAL DE LA RESISTENCIA POPULAR
Cuentos del sótano
Hace alrededor de diez meses comencé a asistir a un taller de cuento gratuito que impartían en la librería del Sótano de Coyoacán. El plan era que la coordinadora de ese taller necesitaba una persona que coordinara otros talleres matutinos y pagados. Yo estaba por quedarme sin trabajo y la idea de impartir un taller me enloquecía. Al fin, me decía, voy a dedicarme a lo que verdaderamente me gusta, sin importar que la paga fuera una bicoca.
Total que la primera vez que fui, la coordinadora me citó a la semana siguiente. Quería ver cómo hablaba en público y qué comentarios hacía a los textos de los demás. Efectivamente, me quedé. No sólo me seleccionó para dar un par de talleres, sino que además me gustó tanto su taller que dedicaba mis martes a asistir, a leer y comentar los textos ajenos, y de vez en cuando compartir uno propio.
No sé si quepa aquí decir que llevo muchos años —desde que escribí el primer intento de cuento— asistiendo a talleres. Me gusta. Es casi el único momento en el que puedo relacionarme con gente con quien comparto el mismo interés: escribir.
Salvo Susana, una amiga que lo vive conmigo, dudo mucho que algún otro de mis seres cercanos comprenda el placer que me provoca asistir a esta clase de actividades. Independientemente de que puede convertirse en un martirio, de que, sin duda, destruyen los textos, de que hay veces que se torna agresivo, a mí me ENCANTA.
Aunque, ahora lo digo sin tristeza, mis talleres resultaron ser un fracaso —porque también es cierto que la gente es muy inconstante en un taller—, haber acudido al Sótano y haber impartido mis talleres y mi círculo de lectura fueron experiencias que rindieron frutos intelectuales y tangibles.
A finales de septiembre fue la presentación del libro Cuentos del sótano, una antología en la que participé.
Al fin, el primer triunfo. La primera oda a mi perseverancia. Un incentivo para seguir escribiendo. Quien diga que no quiere que lo lean, está mintiendo. Todos escribimos para que nos lean en primera y básica instancia. Y ahora, uno de mis personajes, de mis creaciones, está impreso en papel más grueso que el Bond y encuadernado junto con la obra de otros más. Ya lo había escrito aquí, pero me resulta inexplicable —sí, yo que escribo no le encuentro explicación—este reconocimiento de que las páginas de un libro son exclusivamente mías, están llenas de mis letras, empapadas de mi experiencia. Ahí está una parte de mí, y una parte importante. Quizá la más.
Sin temor a equivocarme afirmo que el día de la presentación no había otra persona tan contenta como yo. Tan realizada. Algunas personas me pidieron que les firmara mi cuento, y yo no cabía en la emoción. Me parecía una prueba que gritaba: "Vas bien, éste es el camino, persevera".
Estoy meditando la manera de hacerlo. Me tomó muchos años atreverme, —¡al fin!— he decidido que quiero dedicarme a la Literatura. Única y exclusivamente a la Literatura.
Así que, después de un buen mes y medio, he podido escribir sobre mi libro. Esta maravillosa experiencia de vida. Agradezco mucho a la vida y, una vez más, a las coincidencias hasta la primera, que fue que mi mamá entrara a trabajar a la agencia de publicidad donde conoció a una uruguaya que asistía al Sótano de Coyoacán a un taller de creación...
Y también agradezco a mi mamá, sin cuyo apoyo jamás habría descubierto el maravilloso y arduo mundo de la literatura.
Total que la primera vez que fui, la coordinadora me citó a la semana siguiente. Quería ver cómo hablaba en público y qué comentarios hacía a los textos de los demás. Efectivamente, me quedé. No sólo me seleccionó para dar un par de talleres, sino que además me gustó tanto su taller que dedicaba mis martes a asistir, a leer y comentar los textos ajenos, y de vez en cuando compartir uno propio.
No sé si quepa aquí decir que llevo muchos años —desde que escribí el primer intento de cuento— asistiendo a talleres. Me gusta. Es casi el único momento en el que puedo relacionarme con gente con quien comparto el mismo interés: escribir.
Salvo Susana, una amiga que lo vive conmigo, dudo mucho que algún otro de mis seres cercanos comprenda el placer que me provoca asistir a esta clase de actividades. Independientemente de que puede convertirse en un martirio, de que, sin duda, destruyen los textos, de que hay veces que se torna agresivo, a mí me ENCANTA.
Aunque, ahora lo digo sin tristeza, mis talleres resultaron ser un fracaso —porque también es cierto que la gente es muy inconstante en un taller—, haber acudido al Sótano y haber impartido mis talleres y mi círculo de lectura fueron experiencias que rindieron frutos intelectuales y tangibles.
A finales de septiembre fue la presentación del libro Cuentos del sótano, una antología en la que participé.
Al fin, el primer triunfo. La primera oda a mi perseverancia. Un incentivo para seguir escribiendo. Quien diga que no quiere que lo lean, está mintiendo. Todos escribimos para que nos lean en primera y básica instancia. Y ahora, uno de mis personajes, de mis creaciones, está impreso en papel más grueso que el Bond y encuadernado junto con la obra de otros más. Ya lo había escrito aquí, pero me resulta inexplicable —sí, yo que escribo no le encuentro explicación—este reconocimiento de que las páginas de un libro son exclusivamente mías, están llenas de mis letras, empapadas de mi experiencia. Ahí está una parte de mí, y una parte importante. Quizá la más.
Sin temor a equivocarme afirmo que el día de la presentación no había otra persona tan contenta como yo. Tan realizada. Algunas personas me pidieron que les firmara mi cuento, y yo no cabía en la emoción. Me parecía una prueba que gritaba: "Vas bien, éste es el camino, persevera".
Estoy meditando la manera de hacerlo. Me tomó muchos años atreverme, —¡al fin!— he decidido que quiero dedicarme a la Literatura. Única y exclusivamente a la Literatura.
Así que, después de un buen mes y medio, he podido escribir sobre mi libro. Esta maravillosa experiencia de vida. Agradezco mucho a la vida y, una vez más, a las coincidencias hasta la primera, que fue que mi mamá entrara a trabajar a la agencia de publicidad donde conoció a una uruguaya que asistía al Sótano de Coyoacán a un taller de creación...
Y también agradezco a mi mamá, sin cuyo apoyo jamás habría descubierto el maravilloso y arduo mundo de la literatura.
It's all over
Wow. Supongo que tengo que escribir esto antes de irme a dormir. Es imperativo. De lo contrario no podré pegar el ojo. Quería escribir antes sobre este momento definitorio. Desde que sucedió.
Se acabó. Esta yo no quiere seguir atada a ese pasado. Y se fue. Me fui... Dejaré de hablar en tercera persona. Me fui. De pronto me di cuenta de la ridiculez de estar ahí. No quería. Y me largué.
En realidad, hace mucho que nos fuimos. Se siente tan bien ser consciente de ello. Se siente tan bien saber que marcó el resto de mi vida, pero ya no necesito que esté ahí.
Por coincidencia, escuché su voz por última vez. Estuvo bien. Fue LA despedida sin necesidad de decir adiós. Si algún día vuelvo a verlo o escucharle, será como la primera vez, porque no será con los mismos oídos o la misma mirada.
Lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia. Aunque estoy segura de que nunca me será indiferente, lo que experimento se le acerca.
Ahora el shock verdadero consiste en que el lugar ya está vacío. Es el hueco. Es que, definitivamente, le puse final. Hoy después de ni más ni menos que ocho años y casi tres meses, aquel primer encuentro que marcó mi vida puede archivarse en los cajones de las grandes coincidencias de mi vida, en vez de las tragedias. Conservaré en mi memoria a aquellos dos chiquillos y valolaré la coincidencia que los hizo acecarse. Esto quedará clasificado en las cosas que hacen que la vida valga la pena, no en las que me provocaron pesar.
Hoy, sin temor a equivocarme, puedo afirmar con conocimiento de causa que amé profundamente, y que ese alguien correspondió a mi cariño. ¿Cómo? Seguramente nunca lo sabré con certeza, pero nos quisimos y nos dolió con la misma intensidad.
A él, le deseo toda la felicidad de la que pueda colmarse. A mí, me procuraré toda la felicidad de la que sea capaz y que, definitivamente, en el mismo camino jamás habríamos alcanzado.
Fue mi gran, gran amor. Un hombre que por mucho tiempo se convirtió en paradigmático, en la medida de los demás. Hoy pienso que si escaló a ese lugar fue porque se lo merecía. Y quisiera que, de alguna manera, el mensaje le llegara.
Ojalá que te llegue. Ahora comprendo -¡al fin comprendo!- esa frase, y te la escribo: Te quiero tanto como para dejarte ir. Para no alimentar más este karma que nos lastimaba a ambos. No cabe duda de que el amor se transforma para seguir existiendo, y el mío cambió a buenos recuerdos y buenos deseos.
Quizá ya estuvimos juntos o, si las vidas futuras existen, lo estaremos. Pero eso es secundario, porque en esta vida ya pasó, fue maravilloso y mientras me acuerde, sabré que exististe y que cumpliste tu labor en mi camino con cuatro años de presencia y otros cuatro de ausencias aparentes.
Así que gracias, Rafael.
Se acabó. Esta yo no quiere seguir atada a ese pasado. Y se fue. Me fui... Dejaré de hablar en tercera persona. Me fui. De pronto me di cuenta de la ridiculez de estar ahí. No quería. Y me largué.
En realidad, hace mucho que nos fuimos. Se siente tan bien ser consciente de ello. Se siente tan bien saber que marcó el resto de mi vida, pero ya no necesito que esté ahí.
Por coincidencia, escuché su voz por última vez. Estuvo bien. Fue LA despedida sin necesidad de decir adiós. Si algún día vuelvo a verlo o escucharle, será como la primera vez, porque no será con los mismos oídos o la misma mirada.
Lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia. Aunque estoy segura de que nunca me será indiferente, lo que experimento se le acerca.
Ahora el shock verdadero consiste en que el lugar ya está vacío. Es el hueco. Es que, definitivamente, le puse final. Hoy después de ni más ni menos que ocho años y casi tres meses, aquel primer encuentro que marcó mi vida puede archivarse en los cajones de las grandes coincidencias de mi vida, en vez de las tragedias. Conservaré en mi memoria a aquellos dos chiquillos y valolaré la coincidencia que los hizo acecarse. Esto quedará clasificado en las cosas que hacen que la vida valga la pena, no en las que me provocaron pesar.
Hoy, sin temor a equivocarme, puedo afirmar con conocimiento de causa que amé profundamente, y que ese alguien correspondió a mi cariño. ¿Cómo? Seguramente nunca lo sabré con certeza, pero nos quisimos y nos dolió con la misma intensidad.
A él, le deseo toda la felicidad de la que pueda colmarse. A mí, me procuraré toda la felicidad de la que sea capaz y que, definitivamente, en el mismo camino jamás habríamos alcanzado.
Fue mi gran, gran amor. Un hombre que por mucho tiempo se convirtió en paradigmático, en la medida de los demás. Hoy pienso que si escaló a ese lugar fue porque se lo merecía. Y quisiera que, de alguna manera, el mensaje le llegara.
Ojalá que te llegue. Ahora comprendo -¡al fin comprendo!- esa frase, y te la escribo: Te quiero tanto como para dejarte ir. Para no alimentar más este karma que nos lastimaba a ambos. No cabe duda de que el amor se transforma para seguir existiendo, y el mío cambió a buenos recuerdos y buenos deseos.
Quizá ya estuvimos juntos o, si las vidas futuras existen, lo estaremos. Pero eso es secundario, porque en esta vida ya pasó, fue maravilloso y mientras me acuerde, sabré que exististe y que cumpliste tu labor en mi camino con cuatro años de presencia y otros cuatro de ausencias aparentes.
Así que gracias, Rafael.
De Ícaro a Dédalo
on jueves 5 de noviembre de 2009
Etiquetas:
adolescencia,
amor,
aprender,
reflexión
/
Comments: (1)
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Definitivamente éste ha sido el año de los cambios. Lo he escrito varias veces aquí, y una vez más lo afirmo. No sé si yo he cambiado, pero definitivamente las circunstancias a mi alrededor se transformaron. Por ejemplo, cambié dos veces de trabajo, aprendí a andar en bicicleta, pasé de pretendiente a autora publicada. Tomé decisiones importantes con respecto a mi salud tanto física como emocional.
Y es justo de un ámbito de la parte emocional de la que me interesa escribir hoy.
Hace algún tiempo -años- empecé a vivir una época de estancamiento emocional. Sentía mucho hacia una persona en particular. Y nada más. Todas mis pasiones se volcaron hacia esa persona, y cuando se dio la ruptura mi alma quedó devastada. Cambié. Costruí una atalaya gigantesca, un muro de Berlín en torno a mis sentimientos. Me convertí en una discriminadora práctica: sólo sentimientos que se apellidaran estéticos, que me sirvieran para escribir.
Parece contrastante que la niña que llora diario diga que no sentía. Pero creo que antes sentía deseos de sollozar todos los días porque en algún momento, una parte de mí, la escondida, la que no tenía miedo de parecer vulnerable, se manifestaba a través de las lágrimas. "No me sueltes", me decía, pero yo estaba tan perdida en aquel nuevo mundo de la racionalidad que los miembros se me durmieron y no sabía que estábamos en un precipicio en el que yo tenía que agarrar la mano de mi otro yo.
Este año desperté. No sé cómo. Pero desperté. Entonces entré en pánico. El primer sentimiento que experimenté, después de estar dormida por casi cuatro años -o, tal vez, por veintitrés- fue miedo. Terror. Vi a mi otro yo cayendo. Escuché sus gritos, sentí el fantasma de su mano sobre la mía, el sudor de mis palmas, pero ya era tarde. La había perdido porque la olvidé.
Me miré en el espejo y había sufrido los cambios de quien crece en coma. ¿Dónde estaba? Mis ojos estaban vacíos...
... O al menos eso pensé por algunos días. Me tiré en la tragedia. Era como si todas las emociones reprimidas escaparan simultáneamente y se instalaran en mi alma. Así se sentía. Pero luego vi en mis ojos desesperación. Frustración. Tristeza. Entonces, con la esperanza de la desesperación, regresé al precipicio para probar las alas que dejé de usar.
Estaban desgastadas, es cierto. Y yo tenía que reaprender a volar.
Y vivo en ese proceso. Ahí va. Ahí voy. Hay días mejores y días peores, pero ahí voy.
Me gusta esta nueva vida. Estas alas. Y hay una parte en específico que estoy volviendo a vivir.
En este segundo semestre de 2009 he redescubierto las maripositas en el estómago. He redescubierto al género masculino y ya no le tengo miedo. Hasta cierto punto, podría incluso decir que estoy enamorada. Como Fausto de Margarita. Yo soy una especie de Fausta, que idealiza y se enamora. Me he enamorado dos veces en este segundo trimestre, de hombres completamente distintos y en situaciones disímiles, variables, sensacionales. Con uno se terminó muy rápido. Con el otro fue un suceso efímero.
Pero esto. Estas historias, una en particular, la guardo en mi memoria y me siento afortunada de que haya sucedido. Y una vez más, soy como una adolescente de secundaria que empieza a descubrir el maravilloso mundo del enamoramiento y del género opuesto. Que está probando, a ver qué le gusta y qué no. He tenido una idea de lo que me gusta tan arraigada, y una imagen de la que no podía despojarme, que el costo de sacármela de la mente fue que me borrara la memoria y la madurez para querer.
Así que así estoy. Como abeja repartiendo polen. No sé en qué momento terminará esta etapa inusual. Hasta hace poco parecía que estaba terminando, pero me doy cuenta de que lo que busco ahora es idealizar imposibles. Hombres que, por una u otra razón, no pueden ser para mí.
El señor Charbelí -hombre al que he apodado así-, por ejemplo, es casado y tiene hijas. Físicamente me fascina. Tiene algo que me atrae, pero no va a suceder algo, ni es mi intención.
Es eso... aún no es mi intención. Quizá por eso puedo vivir ilusionada/emocionada con el recuerdo de unos buenos momentos, o ser completamente indiferente con aquel que me gustaba. Porque no quiero que pase a más.
Pero si estás ahí, y me lees, y estás interesado, quiero decirte que la puerta está abierta, sólo que rechina mucho cuando abre, y a lo mejor tendrás que soportar el ruido antes de ver el esplendor.
Mis alas están curándose. Y mientras yo reaprendo a usarlas.
Y es justo de un ámbito de la parte emocional de la que me interesa escribir hoy.
Hace algún tiempo -años- empecé a vivir una época de estancamiento emocional. Sentía mucho hacia una persona en particular. Y nada más. Todas mis pasiones se volcaron hacia esa persona, y cuando se dio la ruptura mi alma quedó devastada. Cambié. Costruí una atalaya gigantesca, un muro de Berlín en torno a mis sentimientos. Me convertí en una discriminadora práctica: sólo sentimientos que se apellidaran estéticos, que me sirvieran para escribir.
Parece contrastante que la niña que llora diario diga que no sentía. Pero creo que antes sentía deseos de sollozar todos los días porque en algún momento, una parte de mí, la escondida, la que no tenía miedo de parecer vulnerable, se manifestaba a través de las lágrimas. "No me sueltes", me decía, pero yo estaba tan perdida en aquel nuevo mundo de la racionalidad que los miembros se me durmieron y no sabía que estábamos en un precipicio en el que yo tenía que agarrar la mano de mi otro yo.
Este año desperté. No sé cómo. Pero desperté. Entonces entré en pánico. El primer sentimiento que experimenté, después de estar dormida por casi cuatro años -o, tal vez, por veintitrés- fue miedo. Terror. Vi a mi otro yo cayendo. Escuché sus gritos, sentí el fantasma de su mano sobre la mía, el sudor de mis palmas, pero ya era tarde. La había perdido porque la olvidé.
Me miré en el espejo y había sufrido los cambios de quien crece en coma. ¿Dónde estaba? Mis ojos estaban vacíos...
... O al menos eso pensé por algunos días. Me tiré en la tragedia. Era como si todas las emociones reprimidas escaparan simultáneamente y se instalaran en mi alma. Así se sentía. Pero luego vi en mis ojos desesperación. Frustración. Tristeza. Entonces, con la esperanza de la desesperación, regresé al precipicio para probar las alas que dejé de usar.
Estaban desgastadas, es cierto. Y yo tenía que reaprender a volar.
Y vivo en ese proceso. Ahí va. Ahí voy. Hay días mejores y días peores, pero ahí voy.
Me gusta esta nueva vida. Estas alas. Y hay una parte en específico que estoy volviendo a vivir.
En este segundo semestre de 2009 he redescubierto las maripositas en el estómago. He redescubierto al género masculino y ya no le tengo miedo. Hasta cierto punto, podría incluso decir que estoy enamorada. Como Fausto de Margarita. Yo soy una especie de Fausta, que idealiza y se enamora. Me he enamorado dos veces en este segundo trimestre, de hombres completamente distintos y en situaciones disímiles, variables, sensacionales. Con uno se terminó muy rápido. Con el otro fue un suceso efímero.
Pero esto. Estas historias, una en particular, la guardo en mi memoria y me siento afortunada de que haya sucedido. Y una vez más, soy como una adolescente de secundaria que empieza a descubrir el maravilloso mundo del enamoramiento y del género opuesto. Que está probando, a ver qué le gusta y qué no. He tenido una idea de lo que me gusta tan arraigada, y una imagen de la que no podía despojarme, que el costo de sacármela de la mente fue que me borrara la memoria y la madurez para querer.
Así que así estoy. Como abeja repartiendo polen. No sé en qué momento terminará esta etapa inusual. Hasta hace poco parecía que estaba terminando, pero me doy cuenta de que lo que busco ahora es idealizar imposibles. Hombres que, por una u otra razón, no pueden ser para mí.
El señor Charbelí -hombre al que he apodado así-, por ejemplo, es casado y tiene hijas. Físicamente me fascina. Tiene algo que me atrae, pero no va a suceder algo, ni es mi intención.
Es eso... aún no es mi intención. Quizá por eso puedo vivir ilusionada/emocionada con el recuerdo de unos buenos momentos, o ser completamente indiferente con aquel que me gustaba. Porque no quiero que pase a más.
Pero si estás ahí, y me lees, y estás interesado, quiero decirte que la puerta está abierta, sólo que rechina mucho cuando abre, y a lo mejor tendrás que soportar el ruido antes de ver el esplendor.
Mis alas están curándose. Y mientras yo reaprendo a usarlas.
Redlaciones
on miércoles 4 de noviembre de 2009
Etiquetas:
Amistad,
amor,
internet,
redes sociales,
twitter
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Comments: (2)
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Estoy leyendo una novela de René Avilés Fabiles -quien me dio clase en el módulo de novela- llamada "El amor intangible". La compré el lunes en la librería Rosario Castellanos, francamente porque sólo había dos obras de su autoría en existencia y ésta era la más barata.
Ahí mismo, mientras esperaba, me dispuse a leer. Fue una sorpresa encontrarme con que el libro trata sobre un hombre que narra sus relaciones virtuales con dos mujeres distintas. Con una se encuentra en Guadalajara y tienen relaciones sexuales, a la otra nunca logra conocerla a pesar de que viven en la misma ciudad y la ama. No se preocupen, queridos lectores, que no estoy arruinándoles ni un poco del libro, lo que les revelo es lo primero que leen, e incluso yo no he terminado de leerlo.
Me pareció un buen momento para que este libro llegara a mis manos, independientemente de cómo termine o si mi maestrojuzga positiva o negativamente las relaciones gestadas en la internet. Culminó con una época en la que han llegado a mis oídos varios acontecimientos: una de mis compañeras de trabajo me pidió recomendación de un bar donde pueda llevar a un hombre de cuarenta y cuatro años con el que se envía correos, pero jamás se han visto. Otra me contó su experiencia con las relaciones virtuales, y me dijo que estuvo a punto de irse a Argentina. Una más me platicó que tiene un enamorado en Francia, y que él está ahorrando para venir a verla. Uno más comió con una chava que conoció por twitter y al parecer se cayeron bien.
Si bien no todas las relaciones que abordé anteriormente son amorosas, sí me hicieron cuestionarme si uno realmente puede conocer a alguien en la red. Hasta ahora, mis cavilaciones tienden hacia la afirmación.
Yo creo que sí se puede. Creo que la red es romanticismo puro. Puro. Encontramos en el otro un ideal, y si no es un ideal, al menos es alguien que nos causa ilusión porque nos falta una dimensión por conocer. No importa si hemos visto fotografías, no hemos tocado, olido el aire cuando se impregna del otro, no hemos escuchado su voz. Es totalmente romántico, así se enamora Fausto de Margarita, así inspiraba Beatriz a Dante, sólo que a ellos les sucede al revés: se prendan de la delicadeza de las mujeres en cuestión sin conocer sus inquietudes, sus personalidades, su interior. En cambio, yo creo que uno se abre más con la gente que "desconoce". Es más fácil platicarle los temores a un "faceless" que al espejo, o que a los seres queridos. Uno se abre por completo a los extraños, más si éstos han externado disposición a la apertura. ¿De qué manera las declaraciones amorosas podían ser más apasionadas que cuando se escribían dos amantes que no se veían, sino se imaginaban e imaginaban la reacción del otro, sin conocer en realidad la tangible, la real? Lo que más apasiona es lo que está en nuestra cabeza. Es lo misterioso, lo improbable, pero posible. Lo ausente. Y es justo esta pasión y el deseo de alcanzar lo inasequible, lo que provoca en nosotros las ganas de abrirnos más. Y terminamos conociendo y, buenísimo también, dejando que nos conozcan.
Aparentemente, son relaciones donde la gente no arriesga. Total, si la foto no te gusta, la mandas a la chingada y la ignoras o cambias de mail. O si te hace pancho, la bloqueas y punto. Pero en realidad uno puede terminar verdaderamente metido hasta la coronilla. Precisamente porque estas relaciones son "intangibles", porque en muchos casos uno desconoce dónde vive el otro, o cómo se ve, se necesita mucho compromiso. Es tan fácil desaparecer que uno tiene que procurar y hacerse presente... Así que, si uno mezcla compromiso, interés, vulnerabilidad y apertura, y disposición para probar cosas nuevas, puede que uno encuentre más de un amigo en la red y, para los más osados, los más tímidos y los más afortunados, quizá encuentren al amor de su vida en Facebook, o twitter, a través de los blogs o a lo mejor solamente porque llegó el correo equivocado.
A mí me gusta ver esta capacidad de adaptación de la comunicación y la sociabilidad. En esta sociedad donde el individualismo impera, seguimos necesitando al otro, entregándonos al otro, y esta transformación que mucha gente juzga como errónea es únicamente la respuesta natural al rumbo de la humanidad. Darwin lo llamaría adaptabilidad, yo sólo creo que no hay nada nuevo, que nos repetimos y somos como Napoleón y Josefina, como Beethoven y su amada, como Joyce y Nora. Sólo que ahora el papel es pantalla y las cartas se llaman emails.
Ahí mismo, mientras esperaba, me dispuse a leer. Fue una sorpresa encontrarme con que el libro trata sobre un hombre que narra sus relaciones virtuales con dos mujeres distintas. Con una se encuentra en Guadalajara y tienen relaciones sexuales, a la otra nunca logra conocerla a pesar de que viven en la misma ciudad y la ama. No se preocupen, queridos lectores, que no estoy arruinándoles ni un poco del libro, lo que les revelo es lo primero que leen, e incluso yo no he terminado de leerlo.
Me pareció un buen momento para que este libro llegara a mis manos, independientemente de cómo termine o si mi maestrojuzga positiva o negativamente las relaciones gestadas en la internet. Culminó con una época en la que han llegado a mis oídos varios acontecimientos: una de mis compañeras de trabajo me pidió recomendación de un bar donde pueda llevar a un hombre de cuarenta y cuatro años con el que se envía correos, pero jamás se han visto. Otra me contó su experiencia con las relaciones virtuales, y me dijo que estuvo a punto de irse a Argentina. Una más me platicó que tiene un enamorado en Francia, y que él está ahorrando para venir a verla. Uno más comió con una chava que conoció por twitter y al parecer se cayeron bien.
Si bien no todas las relaciones que abordé anteriormente son amorosas, sí me hicieron cuestionarme si uno realmente puede conocer a alguien en la red. Hasta ahora, mis cavilaciones tienden hacia la afirmación.
Yo creo que sí se puede. Creo que la red es romanticismo puro. Puro. Encontramos en el otro un ideal, y si no es un ideal, al menos es alguien que nos causa ilusión porque nos falta una dimensión por conocer. No importa si hemos visto fotografías, no hemos tocado, olido el aire cuando se impregna del otro, no hemos escuchado su voz. Es totalmente romántico, así se enamora Fausto de Margarita, así inspiraba Beatriz a Dante, sólo que a ellos les sucede al revés: se prendan de la delicadeza de las mujeres en cuestión sin conocer sus inquietudes, sus personalidades, su interior. En cambio, yo creo que uno se abre más con la gente que "desconoce". Es más fácil platicarle los temores a un "faceless" que al espejo, o que a los seres queridos. Uno se abre por completo a los extraños, más si éstos han externado disposición a la apertura. ¿De qué manera las declaraciones amorosas podían ser más apasionadas que cuando se escribían dos amantes que no se veían, sino se imaginaban e imaginaban la reacción del otro, sin conocer en realidad la tangible, la real? Lo que más apasiona es lo que está en nuestra cabeza. Es lo misterioso, lo improbable, pero posible. Lo ausente. Y es justo esta pasión y el deseo de alcanzar lo inasequible, lo que provoca en nosotros las ganas de abrirnos más. Y terminamos conociendo y, buenísimo también, dejando que nos conozcan.
Aparentemente, son relaciones donde la gente no arriesga. Total, si la foto no te gusta, la mandas a la chingada y la ignoras o cambias de mail. O si te hace pancho, la bloqueas y punto. Pero en realidad uno puede terminar verdaderamente metido hasta la coronilla. Precisamente porque estas relaciones son "intangibles", porque en muchos casos uno desconoce dónde vive el otro, o cómo se ve, se necesita mucho compromiso. Es tan fácil desaparecer que uno tiene que procurar y hacerse presente... Así que, si uno mezcla compromiso, interés, vulnerabilidad y apertura, y disposición para probar cosas nuevas, puede que uno encuentre más de un amigo en la red y, para los más osados, los más tímidos y los más afortunados, quizá encuentren al amor de su vida en Facebook, o twitter, a través de los blogs o a lo mejor solamente porque llegó el correo equivocado.
A mí me gusta ver esta capacidad de adaptación de la comunicación y la sociabilidad. En esta sociedad donde el individualismo impera, seguimos necesitando al otro, entregándonos al otro, y esta transformación que mucha gente juzga como errónea es únicamente la respuesta natural al rumbo de la humanidad. Darwin lo llamaría adaptabilidad, yo sólo creo que no hay nada nuevo, que nos repetimos y somos como Napoleón y Josefina, como Beethoven y su amada, como Joyce y Nora. Sólo que ahora el papel es pantalla y las cartas se llaman emails.
Queridos lectores:
Antes de dar paso al motivo de esta entrada quisiera ofrecer una disculpa a mis lectores. Hace poco me di cuenta de que la calidad de mis posts ha disminuido. Se merecen una explicación: la razón por la que la calidad de mis entradas ha bajado es, presumo yo, que generalmente escribo desde el celular. Amo tanto este blog que no quiero dejarlo, pero poco a poco mis actividades impiden que me dé el tiempo de sentarme y escribir. En cambio, en mi Blackberry (al que le rindo pleitesía) puedo actualizar mi blog desde el metro, el camión, el baño (no es que lo haya hecho) o, como ahora, desde el coche. Ahora tengo una idea y la subo de inmediato. No me da tiempo de arrepentirme y eso me gusta, ya que he convertido a este blog en el depositario de mis sensaciones y pensamientos.
Sin embargo, con la inmediatez viene la superficialidad, y tampoco es mi intención que este blog se convierta en portador de banalidades, mucho menos si el título invita a llegar a las últimas consecuencias. Así que, queridos, de ahora en adelante intentaré que este blog sea un misceláneo, como antaño.
Desde hace ya casi tres años (el aniversario de este diario virtual es en noviembre), este espacio es prioritario en mi vida. Vivimos un romance, que en el fondo es un romance conmigo misma. Ustedes son testigos de mi romance, y también son, ocasionalmente, consejeros y guías. De manera que lo mínimo que se merecen, y lo menos que merezco yo, es un romance de calidad.
Muchas gracias por seguir aquí, al pie del cañón.
Sin embargo, con la inmediatez viene la superficialidad, y tampoco es mi intención que este blog se convierta en portador de banalidades, mucho menos si el título invita a llegar a las últimas consecuencias. Así que, queridos, de ahora en adelante intentaré que este blog sea un misceláneo, como antaño.
Desde hace ya casi tres años (el aniversario de este diario virtual es en noviembre), este espacio es prioritario en mi vida. Vivimos un romance, que en el fondo es un romance conmigo misma. Ustedes son testigos de mi romance, y también son, ocasionalmente, consejeros y guías. De manera que lo mínimo que se merecen, y lo menos que merezco yo, es un romance de calidad.
Muchas gracias por seguir aquí, al pie del cañón.
M.
Tengo un amigo a quien se le acaba de romper el corazón. O quizá el corazón fue quebrándose gradualmente hasta que se tensó la última vena de que pendía, y de un pequeño golpe se hizo trizas.
Ayer leí una entrada en su blog al respecto. Y me gustó. Me gustó de pronto leerle tanta madurez, a pesar de todo el dolor. Tanta vulnerabilidad aunque, esta vez, parezca que el resultado fue la falla.
Me encanta. Hace un tiempo (no tanto en realidad) M. estaba anestesiado. No sentía. De pronto vivió automatizado, ahora vive humano, vive sentimientos, vive desamor.
¡Qué chingón! Nada como cuando sabes que vas a superarlo. Porque sí se supera, siempre se supera. Y sí, habrá esperanza de un mundo mejor con una relación adecuada para uno.
Yo no sé si existe la media naranja, pero definitivamente vale la pena buscarla. Tan sólo la idea del encuentro es lo suficientemente fuerte e ilusoria como para hacer el intento.
Y él lo sabe. Está sufriendo la metamorfosis que amar implica. El antes, muy fijo en mi memoria, empieza a sustituirse por el atractivo después. Mi amigo M. ha madurado. Ése es su después. Entender que puede doler a niveles insospechados pero que, en realidad y por fortuna, los seres humanos perdemos la memoria del dolor. Por eso seguimos viviendo. Porque nuestro cuerpo y nuestra alma saben que dolió pero no recuerdan cómo. Y en cambio, después del sufrimiento, nos queda el resplandor de la felicidad. Sí, fuimos felices, en el amor, en la entrega absoluta, y recordamos al otro sin rencor y con un dejo de nostalgia. Lo recordamos bien. Bellamente. Verdaderamente.
Vale la pena. La intención es que, la próxima vez, seamos más felices. Es lo bueno de que la plenitud sólo sea alcanzable hasta que uno decide que ya se instaló en ella. Y va a ser mejor. Para estas personas que maduran sus errores y entienden los ajenos, esta nueva posibilidad de amar mejor es un hecho y una recompensa.
Como bien escribió Lourditas en un comentario, hay que empezar a andar en bicicleta y caerse, antes de poder hacer ciclismo de montaña.
Así que, M., bienvenido al club del péndulo. Te aseguro que habrá un día en que ya no osciles entre un extremo y otro y alcances el punto medio.
Felicidades por el dolor.
Ayer leí una entrada en su blog al respecto. Y me gustó. Me gustó de pronto leerle tanta madurez, a pesar de todo el dolor. Tanta vulnerabilidad aunque, esta vez, parezca que el resultado fue la falla.
Me encanta. Hace un tiempo (no tanto en realidad) M. estaba anestesiado. No sentía. De pronto vivió automatizado, ahora vive humano, vive sentimientos, vive desamor.
¡Qué chingón! Nada como cuando sabes que vas a superarlo. Porque sí se supera, siempre se supera. Y sí, habrá esperanza de un mundo mejor con una relación adecuada para uno.
Yo no sé si existe la media naranja, pero definitivamente vale la pena buscarla. Tan sólo la idea del encuentro es lo suficientemente fuerte e ilusoria como para hacer el intento.
Y él lo sabe. Está sufriendo la metamorfosis que amar implica. El antes, muy fijo en mi memoria, empieza a sustituirse por el atractivo después. Mi amigo M. ha madurado. Ése es su después. Entender que puede doler a niveles insospechados pero que, en realidad y por fortuna, los seres humanos perdemos la memoria del dolor. Por eso seguimos viviendo. Porque nuestro cuerpo y nuestra alma saben que dolió pero no recuerdan cómo. Y en cambio, después del sufrimiento, nos queda el resplandor de la felicidad. Sí, fuimos felices, en el amor, en la entrega absoluta, y recordamos al otro sin rencor y con un dejo de nostalgia. Lo recordamos bien. Bellamente. Verdaderamente.
Vale la pena. La intención es que, la próxima vez, seamos más felices. Es lo bueno de que la plenitud sólo sea alcanzable hasta que uno decide que ya se instaló en ella. Y va a ser mejor. Para estas personas que maduran sus errores y entienden los ajenos, esta nueva posibilidad de amar mejor es un hecho y una recompensa.
Como bien escribió Lourditas en un comentario, hay que empezar a andar en bicicleta y caerse, antes de poder hacer ciclismo de montaña.
Así que, M., bienvenido al club del péndulo. Te aseguro que habrá un día en que ya no osciles entre un extremo y otro y alcances el punto medio.
Felicidades por el dolor.
on martes 27 de octubre de 2009
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facebook,
insoportable,
regreso
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Definitivamente me iba mejor sin Facebook. Me gustaba más mi vida sin estar pendiente de la vida de los demás. Pero parece que Facebook ha reforzado la necesidad de los seres humanos de entrometerse en la vida ajena.
Lo acabo de pensar. Hoy que supe que Facebook es la manera de esa persona de seguir conociendo los detalles de la vida de otra -¿de verdad se podrán ver los detalles de una vida a través de Facebook?-.
Me choca Facebook. Si lo volví a abrir fue para dejar abierta la memoria fotográfica que está en mis álbumes. Porque mi abandono hacia la gente ha sido demasiado, y quizá crean que con Facebook estamos más cerca.
Yo sigo en el mismo lugar. Mi órbita ahora está más lejos del sol. Pero así son las elipses, unas veces estás cerca, otras lejos.
En fin, al parecer integrarse a la sociedad implica tener Facebook. Al menos en esta sociedad a la que yo pertenezco.
Lo acabo de pensar. Hoy que supe que Facebook es la manera de esa persona de seguir conociendo los detalles de la vida de otra -¿de verdad se podrán ver los detalles de una vida a través de Facebook?-.
Me choca Facebook. Si lo volví a abrir fue para dejar abierta la memoria fotográfica que está en mis álbumes. Porque mi abandono hacia la gente ha sido demasiado, y quizá crean que con Facebook estamos más cerca.
Yo sigo en el mismo lugar. Mi órbita ahora está más lejos del sol. Pero así son las elipses, unas veces estás cerca, otras lejos.
En fin, al parecer integrarse a la sociedad implica tener Facebook. Al menos en esta sociedad a la que yo pertenezco.
Cuando llega la musa
Justo este año mi proceso creativo ha sufrido algunas transformaciones porque he tenido que obligarme a escribir. Salvo un par de ocasiones, el estado alterado de conciencia ha llegado porque yo me forcé a que saliera. La musa ha estado dormida, a menos que le grite para despertar...
Han salido buenas cosas de este ejercicio de buscar a la musa, pero mi producción literaria ha sido menor a la de cualquier año de mi vida desde que me decidí por el camino de la escritura, y de eso han pasado ya más de dos lustros.
Sin embargo ayer la musa llegó sin que yo la buscara. Me encontró. Yo estaba a punto de dormir, y su voz pianita y dulce vino a mis oídos como un canto irreconocible. Como antaño, entré en trance. Busqué un cuaderno y me fui al baño a escribir (sí, yo confieso que mi lugar preferido para escribir es el baño, así como Hemingway tenía la costumbre de escribir desnudo y de pie).
Ya era de madrugada. Para mis costumbres estrictas de sueño, resultaba imposible que yo permitiera la alteración de mi disciplina. Pero con ella aquí, todo es posible.
Escribí tanto y tan intensamente que cuando salí del trance me di cuenta de que lloraba. Antes no le di importancia a mi mirada empañada por las lágrimas. Al fin y al cabo son las consecuencias de mi proceso creativo.
Una vez que la musa terminó conmigo, me besó los labios y los ojos y me llevó de la mano a la cama.
Yo me sentía agotada y caí dormida de inmediato.
No soñé. Mi sueño de meses ya había llegado y me acompañó para que escribiera algunas palabras que tenía que sacar.
Esas palabras que hoy leeré, y que me sorprenderé de haberlas escrito yo.
Así pasa siempre que llega la musa.
Han salido buenas cosas de este ejercicio de buscar a la musa, pero mi producción literaria ha sido menor a la de cualquier año de mi vida desde que me decidí por el camino de la escritura, y de eso han pasado ya más de dos lustros.
Sin embargo ayer la musa llegó sin que yo la buscara. Me encontró. Yo estaba a punto de dormir, y su voz pianita y dulce vino a mis oídos como un canto irreconocible. Como antaño, entré en trance. Busqué un cuaderno y me fui al baño a escribir (sí, yo confieso que mi lugar preferido para escribir es el baño, así como Hemingway tenía la costumbre de escribir desnudo y de pie).
Ya era de madrugada. Para mis costumbres estrictas de sueño, resultaba imposible que yo permitiera la alteración de mi disciplina. Pero con ella aquí, todo es posible.
Escribí tanto y tan intensamente que cuando salí del trance me di cuenta de que lloraba. Antes no le di importancia a mi mirada empañada por las lágrimas. Al fin y al cabo son las consecuencias de mi proceso creativo.
Una vez que la musa terminó conmigo, me besó los labios y los ojos y me llevó de la mano a la cama.
Yo me sentía agotada y caí dormida de inmediato.
No soñé. Mi sueño de meses ya había llegado y me acompañó para que escribiera algunas palabras que tenía que sacar.
Esas palabras que hoy leeré, y que me sorprenderé de haberlas escrito yo.
Así pasa siempre que llega la musa.
Estar sola
Para todos aquellos que me conocen bien, seguramente este título les supondrá una entrada triste o fatídica con respecto a mis sensaciones sobre la soledad.
Nada más alejado de la realidad. Justo este post pretende reivindicar a la soledad. Reivindicarla ante ustedes, porque yo ya la veo con otros ojos, la respiro como un perfume delicioso en el ambiente, me atrae como Eros se prendó de Psique.
En meses pasados odiaba estar sola. No podía pasar un día sin convivencia. El único momento válido para estar conmigo misma era cuando dormía, y aún así soñaba y estaba acompañada.
Uno de mis amigos, pobre, tenía que vivir con que su teléfono sonara a todas horas, y escuchar por el auricular quejas y tristezas y solicitudes de compañía.
Y luego empecé a vivir el proceso de desintoxicación de mí misma. Y cuando me vi así, sin efugios, me gusté. Recordé cuán maravilloso es estar conmigo y no depender de que otros piensen, o digan, o sientan sobre mí. Entonces me fui de viaje, y la mayor parte de los días transcurrieron en soledad.
¡Cómo lo disfruté! Pasar el día mayoritariamente en silencio. En completo silencio. O, de pronto, entablar un diálogo conmigo misma.
Ahora veo en la soledad una oportunidad de conocerme mejor y reconocerme cuando me siento perdida. Sencillamente adoro esta burbuja transparente en la que puedo entrar y salir cuando me venga en gana. En la que puedo reflexionar como hace mucho no sucedía. En la que puedo observar a distancia a los demás, como en épocas en las que mi producción literaria era más prolija.
Así me gusto. No quiere decir que no tenga amigos (sí tengo y muchos) ni oportunidades de salida. Amo estar sola por decisión y no por rezago. Así disfruto mucho más la compañía, en la medida en que no está siempre ahí. En que yo elijo cuándo sí y cuándo no.
Y ahorita, simplemente, quiero estar sola.
Nada más alejado de la realidad. Justo este post pretende reivindicar a la soledad. Reivindicarla ante ustedes, porque yo ya la veo con otros ojos, la respiro como un perfume delicioso en el ambiente, me atrae como Eros se prendó de Psique.
En meses pasados odiaba estar sola. No podía pasar un día sin convivencia. El único momento válido para estar conmigo misma era cuando dormía, y aún así soñaba y estaba acompañada.
Uno de mis amigos, pobre, tenía que vivir con que su teléfono sonara a todas horas, y escuchar por el auricular quejas y tristezas y solicitudes de compañía.
Y luego empecé a vivir el proceso de desintoxicación de mí misma. Y cuando me vi así, sin efugios, me gusté. Recordé cuán maravilloso es estar conmigo y no depender de que otros piensen, o digan, o sientan sobre mí. Entonces me fui de viaje, y la mayor parte de los días transcurrieron en soledad.
¡Cómo lo disfruté! Pasar el día mayoritariamente en silencio. En completo silencio. O, de pronto, entablar un diálogo conmigo misma.
Ahora veo en la soledad una oportunidad de conocerme mejor y reconocerme cuando me siento perdida. Sencillamente adoro esta burbuja transparente en la que puedo entrar y salir cuando me venga en gana. En la que puedo reflexionar como hace mucho no sucedía. En la que puedo observar a distancia a los demás, como en épocas en las que mi producción literaria era más prolija.
Así me gusto. No quiere decir que no tenga amigos (sí tengo y muchos) ni oportunidades de salida. Amo estar sola por decisión y no por rezago. Así disfruto mucho más la compañía, en la medida en que no está siempre ahí. En que yo elijo cuándo sí y cuándo no.
Y ahorita, simplemente, quiero estar sola.
Superación
Ayer estaba platicando por messenger con la ninfa, amiga mía testigo de estos días desde hace ocho años, de cómo Boogie man está superado. Le dije específicamente: "tengo ganas de verlo sólo para comprobar que ya está superado, pero ya está. Mi hermano me contó que se lo encontró con alguien y la verdad ya no me afectó en lo más mínimo".
Entonces la ninfa se puso a reflexionar sobre la sensación que un hecho "superado" provoca. Uno está tan acostumbrado a que le duela, que después del proceso en el que el dolor se acaba parece que queda un vacío. Faltaba movilidad. Era como un esguince en el tobillo que nos mantiene anclados, y de pronto el esguince se cura. Como nos acostumbramos a arrastrar la pierna, esta nueva forma de caminar nos intimida al principio.
Sin embargo, poco a poco, nos damos cuenta de que la movilidad es maravillosa, y que la dimos por sentado cuando la perdimos, así como nos olvidamos de ella cuando nos privamos.
So... Yo soy libre ahora. Me liberé de aquel yugo que el pasado me infringía. Y mi cárcel ha desaparecido. Soy tan libre que puedo mirar en cualquier dirección, o girar el cuerpo para mirar atrás, pero ahora mirar desde adelante. Ya sólo quedan recuerdos. No hay más. Y en esta etapa liberadora, es mi responsabilidad hacer que los recuerdos sean buenos. Yo quiero que sean sólo buenos.
Superarlo también es un signo de madurez. Y sí, está superado. Lástima de los años que me estanqué. Enhorabuena por los que me quedan libre y avanzando.
I'm so fucking alive!
Entonces la ninfa se puso a reflexionar sobre la sensación que un hecho "superado" provoca. Uno está tan acostumbrado a que le duela, que después del proceso en el que el dolor se acaba parece que queda un vacío. Faltaba movilidad. Era como un esguince en el tobillo que nos mantiene anclados, y de pronto el esguince se cura. Como nos acostumbramos a arrastrar la pierna, esta nueva forma de caminar nos intimida al principio.
Sin embargo, poco a poco, nos damos cuenta de que la movilidad es maravillosa, y que la dimos por sentado cuando la perdimos, así como nos olvidamos de ella cuando nos privamos.
So... Yo soy libre ahora. Me liberé de aquel yugo que el pasado me infringía. Y mi cárcel ha desaparecido. Soy tan libre que puedo mirar en cualquier dirección, o girar el cuerpo para mirar atrás, pero ahora mirar desde adelante. Ya sólo quedan recuerdos. No hay más. Y en esta etapa liberadora, es mi responsabilidad hacer que los recuerdos sean buenos. Yo quiero que sean sólo buenos.
Superarlo también es un signo de madurez. Y sí, está superado. Lástima de los años que me estanqué. Enhorabuena por los que me quedan libre y avanzando.
I'm so fucking alive!
Normalcy will never be the same again
on martes 20 de octubre de 2009
Etiquetas:
agradecimiento,
Querétaro,
viaje
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Me siento en la transición de quien vivió algo muy fuerte y no sabe con precisión decir qué fue. Fue un cúmulo de situaciones, sensaciones que no acostumbraba. Estar sola. Ser feliz sola o acompañada. Ser más feliz acompañada de buena gente. Que alguien te regale la puesta de sol más linda que has visto.
Normalcy will never be the same again. No sé a ciencia cierta por qué, pero esta aseveración ronda mi cabeza. He flotado, estos días, sobre una nube de felicidad que me embarga. La gente no puede creer que me fui sola y que fui tan feliz, que regresé tan purificada. A mí también me cuesta trabajo creerlo. Cómo un viaje de cuatro días puede hacer en alguien maravillas. Pues yo soy prueba de ello. Me siento confundida, y a veces -como ahora- tan feliz que me embarga el llanto.
Fue perfecto. En todos los sentidos. Perfecto, y cuando uno vive la perfección no le queda más que agradecer a las coincidencias, al dios personal, al destino o a la vida por semejante regalo. No a todos les pasa. Y a mí me pasó.
Así que éste es mi primer agradecimiento. A reserva de que seguro habrá más.
Normalcy will never be the same again. No sé a ciencia cierta por qué, pero esta aseveración ronda mi cabeza. He flotado, estos días, sobre una nube de felicidad que me embarga. La gente no puede creer que me fui sola y que fui tan feliz, que regresé tan purificada. A mí también me cuesta trabajo creerlo. Cómo un viaje de cuatro días puede hacer en alguien maravillas. Pues yo soy prueba de ello. Me siento confundida, y a veces -como ahora- tan feliz que me embarga el llanto.
Fue perfecto. En todos los sentidos. Perfecto, y cuando uno vive la perfección no le queda más que agradecer a las coincidencias, al dios personal, al destino o a la vida por semejante regalo. No a todos les pasa. Y a mí me pasó.
Así que éste es mi primer agradecimiento. A reserva de que seguro habrá más.
No desearás al hombre de tu prójima...
... Menos si tu prójima está tan cerca.
Voy a contar la historia de una amiga. En un momento pensé hacerla un cuento, sin embargo no estoy segura de que la anécdota tenga tanto peso. Así, mejor la dejo en una entrada de blog. Ya la vida decidirá si da para más.
El título de la presente alude a la maravillosísima obra literaria llamada Biblia, en particular al libro que habla de cuando Moisés recibió los diez mandamientos de Dios.
La cosa es ésta: no importa si uno es cristiano, judío, taoísta o ateo, todos buscamos establecernos, tener una pareja, que esa pareja nos quiera y nos respete, y que no desee a nadie más que a nosotros, aunque otros lo(la) deseen. Mejor si otros lo(la) desean.
Mi amiga fue de ésas que, contra el mandamiento, deseó al hombre de una prójima. Una. Artículo indeterminado que denota superioridad e indiferencia de quien lo pronuncia.
No supo quién era ella, y tampoco le interesaba saber. Lo que le importaba era que el hombre le gustaba y parecía haber correspondencia. Pronto, su emoción era tanta que se olvidó de la indeterminada "una" y, por supuesto, del mandamiento que no sólo es un mandamiento sino una regla básica de convivencia.
Recibía toda clase de consejos que versaban: "Aviéntate, total, no hay anillo" "Si estuviera tan contento no tendría porqué fijarse en otras mujeres", etcétera, etcétera. Consejos tanto de hombres como de mujeres.
Sí, ella podía conquistarlo. ¿Qué más daba lo demás? Total, ni conocía a la una, y el hombre no parecía estar tan interesado en su novia. Ni hablaba de ella.
Hasta que la "una" dejó el artículo indeterminado para convertirse en "la". Artículo determinado que denota el conocimiento del hablante con respecto al sujeto que dicho artículo modifica. "La".
"La" llegó a ella como en Sensatez y sentimientos llega la prometida de Edward a hablar con Eleonor Dashwood. Llegó a confesarle sus relaciones con el hombre que mi amiga había estado dispuesta a amarrar. "Yo ando con él", declaró "Una", y de inmediato dejó de serlo y mi amiga supo su nombre, "La".
Mi amiga apenas estaba en el proceso de enamoramiento, sin embargo pensó en las ironías. "La" siempre estuvo ahí, tiene nombre, y es su amiga y su compañera de trabajo. Se sienta junto a ella. Comparten el teléfono, y nunca, hasta que "La" se lo platicó en confesión, sospechó siquiera que ella pudiera ser la mujer indeterminada con quien competía.
Tampoco la reconoció cuando vio una fotografía en el messenger del hombre. Incluso se dijo que "Una" era fea. Tanto como Frida Kahlo.
Según "La", la razón por la que no le platicó antes fue que el objeto del deseo no quería que mi amiga se enterase, por aquello de los chismes en la oficina. ¡Vaya valentón! ¡Vaya pendeja!
Desconocemos la intención verdadera de "La", aunque mi amiga no se atreve a juzgarla y está segura de que se lo dijo por las razones correctas.
¿La conclusión? Una nunca sabe a quién le pega con sus acciones.
Voy a contar la historia de una amiga. En un momento pensé hacerla un cuento, sin embargo no estoy segura de que la anécdota tenga tanto peso. Así, mejor la dejo en una entrada de blog. Ya la vida decidirá si da para más.
El título de la presente alude a la maravillosísima obra literaria llamada Biblia, en particular al libro que habla de cuando Moisés recibió los diez mandamientos de Dios.
La cosa es ésta: no importa si uno es cristiano, judío, taoísta o ateo, todos buscamos establecernos, tener una pareja, que esa pareja nos quiera y nos respete, y que no desee a nadie más que a nosotros, aunque otros lo(la) deseen. Mejor si otros lo(la) desean.
Mi amiga fue de ésas que, contra el mandamiento, deseó al hombre de una prójima. Una. Artículo indeterminado que denota superioridad e indiferencia de quien lo pronuncia.
No supo quién era ella, y tampoco le interesaba saber. Lo que le importaba era que el hombre le gustaba y parecía haber correspondencia. Pronto, su emoción era tanta que se olvidó de la indeterminada "una" y, por supuesto, del mandamiento que no sólo es un mandamiento sino una regla básica de convivencia.
Recibía toda clase de consejos que versaban: "Aviéntate, total, no hay anillo" "Si estuviera tan contento no tendría porqué fijarse en otras mujeres", etcétera, etcétera. Consejos tanto de hombres como de mujeres.
Sí, ella podía conquistarlo. ¿Qué más daba lo demás? Total, ni conocía a la una, y el hombre no parecía estar tan interesado en su novia. Ni hablaba de ella.
Hasta que la "una" dejó el artículo indeterminado para convertirse en "la". Artículo determinado que denota el conocimiento del hablante con respecto al sujeto que dicho artículo modifica. "La".
"La" llegó a ella como en Sensatez y sentimientos llega la prometida de Edward a hablar con Eleonor Dashwood. Llegó a confesarle sus relaciones con el hombre que mi amiga había estado dispuesta a amarrar. "Yo ando con él", declaró "Una", y de inmediato dejó de serlo y mi amiga supo su nombre, "La".
Mi amiga apenas estaba en el proceso de enamoramiento, sin embargo pensó en las ironías. "La" siempre estuvo ahí, tiene nombre, y es su amiga y su compañera de trabajo. Se sienta junto a ella. Comparten el teléfono, y nunca, hasta que "La" se lo platicó en confesión, sospechó siquiera que ella pudiera ser la mujer indeterminada con quien competía.
Tampoco la reconoció cuando vio una fotografía en el messenger del hombre. Incluso se dijo que "Una" era fea. Tanto como Frida Kahlo.
Según "La", la razón por la que no le platicó antes fue que el objeto del deseo no quería que mi amiga se enterase, por aquello de los chismes en la oficina. ¡Vaya valentón! ¡Vaya pendeja!
Desconocemos la intención verdadera de "La", aunque mi amiga no se atreve a juzgarla y está segura de que se lo dijo por las razones correctas.
¿La conclusión? Una nunca sabe a quién le pega con sus acciones.
Bien/ de la chingada
No quiero hablar del tema. Quienes lean mi blog se enterarán y punto.
Mi primera expedición después de ocho años fracasó.
Fracasó rotundamente. Sin embargo, en un intento de quedarme con lo bueno, aquí expongo los puntos positivos aprendidos:
1. Boogie man NO es el único que puede hacerme sentir maripositas.
2. Tengo bien arraigada mi convicción de correspndencia, es decir, soy más segura de mí misma.
3. Soy lo suficientemente consciente como para dar vuelo a mis emociones, pero no seguir cansándome por causas perdidas, como ésta.
4. No me interesa la amistad como premio de consolación.
5. Siento.
Ahora, una vez expuestos los puntos anteriores, sólo me queda desdedicar por anticipado At last, y decir que sí, sí estoy triste, y en el fondo me da gusto estarlo, porque quiere decir que siento, y que siento en equilibrio, no como con Boogie man, a quien, incluso, le mando un cordial saludo.
Qué bien/de la chingada está.
Mi primera expedición después de ocho años fracasó.
Fracasó rotundamente. Sin embargo, en un intento de quedarme con lo bueno, aquí expongo los puntos positivos aprendidos:
1. Boogie man NO es el único que puede hacerme sentir maripositas.
2. Tengo bien arraigada mi convicción de correspndencia, es decir, soy más segura de mí misma.
3. Soy lo suficientemente consciente como para dar vuelo a mis emociones, pero no seguir cansándome por causas perdidas, como ésta.
4. No me interesa la amistad como premio de consolación.
5. Siento.
Ahora, una vez expuestos los puntos anteriores, sólo me queda desdedicar por anticipado At last, y decir que sí, sí estoy triste, y en el fondo me da gusto estarlo, porque quiere decir que siento, y que siento en equilibrio, no como con Boogie man, a quien, incluso, le mando un cordial saludo.
Qué bien/de la chingada está.