Ave


Sol está aprendiendo a hablar. Primero, en vez de pronunciar "Sol", decía "Lol": Pocas semanas después ya podía pronunciar su nombre. Ahora, incluso se refiere a sí misma como "Sol". Por ejemplo, le preguntamos, "¿de quién son esos zapatitos lindos?" y ella contesta "Sol". "¿Y tú quién eres?" "Sol".

Si hago el recuento de un año para acá, puedo afirmar que es impresionante cuánto ha crecido. Su vida ya no nada más se trata de escuchar a los demás, sino de escucharse y hacerse escuchar. Ahora decide, prueba y discrimina. Caminaba primero, torpe como una bebé, con las rodillas estáticas y las pompis de fuera. Hoy corre. Se enoja con papá si intenta detenerla. Ahora es una niña chiquita, pícara, hermosa, genuina.

Sol cumple dos años. Y repite las últimas sílabas de las palabras que escucha. Y luego usa esas últimas sílabas para cantar. Siempre está pendiente: grita "papá" con la voz aguda, de bebita. Juega a que nos presta sus juguetes y luego nos los pide de vuelta. Si tiene sed, dice "jugo". Ama las tortillas y se come el pollo simultáneamente con el danonino. Tiene el cabello color negro, lacio y con dos remolinos que le dan un poco de volumen. No le gusta que le pongan sombreritos o prendedores. Sabe decir "no". Si está ocupada y le hablas, va a contestarte "ahí voy". Tal vez le regales un juguete y se entretendrá con la caja. Puede ser que use una bolsita rosa y la cargue en el antebrazo, como una señora de setecientos treinta días de vida.

Mi corazón se colma de amor y mis acciones de miel cuando estoy con ella. Aún no me dice "tía, te amo", pero cuando me acerco y me abraza, o me da un beso, siento que todas las mariposas monarcas se agolpan en mi estómago y revolotean con violencia. Literalmente me da la impresión de que el corazón deja de bombear durante un momento. Me inspira todo el amor del mundo. Un amor completamente libre de condiciones y de egoísmo. Me honra cuando escucho a la gente decir que nos parecemos. Ella, que es la materialización de la abstracción de belleza y pureza.

Y ahora, como aún no puede decirme "Charbe", me dice el nombre de los animales que me dan pánico. Me dice "Ave". ¿Y saben qué? Es justo como cuando, en mi sueño, la escuchaba decir "Charbe, te amo".

Feliz cumpleaños, Chole.

De sapos y príncipes azules



He escuchado las historias de mis amigas sobre los hombres que les dirigen palabras ofensivas disfrazadas de "piropos". Estos miembros del género masculino que se sienten con derecho de molestar a las mujeres simple y sencillamente porque un pene les cuelga entre las piernas y creen que la naturaleza los hizo superiores por el simple hecho de que, algunos, son físicamente más fuertes que el género femenino.

Afortunadamente, como soy una mujer grande, los hombres no se habían atrevido a meterse conmigo. He sido sujeto –o ellos quieren hacerme sentir como objeto– de miradas lascivas, sin embargo no era común que me encontrara con tipos que hicieran más que verme.

Hace dos semanas caminaba por la calle cuando, de pronto, sentí una de esas miradas. Me seguí de largo, con los ojos clavados al frente. Sin embargo, cuando el hombre quedó junto a mí, acercó su boca a mi oreja y susurró: "Tss, qué ricas tetas", con su correspondiente sonido fricativo. ¿La verdad? Me reí. No sé si fueron nervios o incredulidad, pero me reí. Mientras, pensaba: "¿Qué creerá este tipo? ¿Supone que algún día esa frase resultará excitante para alguna mujer que vaya pasando y que se lance a sus brazos para que él pueda disfrutar de las 'ricas tetas' que ahora solamente admira? ¿Qué harían si una mujer, de verdad, se volteara un día y le contestara: 'puedes tocarlas'?"

Después, hablando con una amiga, me pregunté dónde quedaron las frases que, supuestamente, los príncipes azules deberían pronunciar. Estoy segura de que, en el repertorio del príncipe Felipe, antes de besar a Aurora para despertarla del sueño eterno, nunca estuvo cortejarla, ni siquiera en la inconciencia, refiriéndose a sus senos como "ricas tetas". Quizá, después del conocimiento profundo de Aurora una vez que se casaron y empezaron sus prácticas sexuales, él se atrevió a pronunciar "qué ricas tetas" en la alcoba de la bella durmiente, pero definitivamente no creo que él haya dicho estas tres palabras como frase de apertura para conocerla.

Entonces, si yo soy una princesa, ¿por qué tengo que escuchar a tantos sapos croar? ¿Por qué tengo que verlos engrosar "el cuello" mientras me "cantan"?

A propósito de lo anterior, hoy estaba caminando por el andén para salir de la estación. Un hombre que estaba dentro del vagón se puso de puntitas para vislumbrar algo de mi insípido escote. Cuando se dio cuenta de que yo lo miraba, se lamió los labios. ¡El sapo que cree que la princesa va a sentirse halagada ante sus vulgaridades! A él le grité "naco".

Sigo estando grande (aunque menos que antes), pero ya perdí la hegemonía. Ahora soy una más de las princesas que tienen que toparse a diario con sapos que se consideran príncipes azules, o perros que ladran y, en una de esas, son capaces de morder.

Hablemos de Eva (con spoilers )



 La riqueza de Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin) reside en que se puede abordar por varias aristas. Acabo de leer una reseña que menciona un análisis psicoanalítico para explicar que el comportamiento de Kevin es responsabilidad del rechazo que su madre proyecta desde el principio.

Existen varias anotaciones que quiero hacer sobre la película que vi hace un par de semanas y que no puedo sacarme de la cabeza.Me he detenido a reflexionar porque, sin duda, sus personajes son tan profundos y complejos que una reseña (la del psicoanálisis, la mía o la de quien sea) no le hará justicia.

Eva es una mujer independiente y viajera. Se dedica a hacer guías de ciudades, por lo que deducimos que disfruta su libertad por sobre todas las cosas. No es frecuente verla en Nueva York. Esto lo sabemos porque Franklin le pide que no se vaya. Eva y Franklin conciben a Kevin. Desde el principio, la directora nos expone las molestias que Eva siente durante el embarazo (esto no es ninguna novedad, otras mujeres han escrito sobre las incomodidades que el embarazo trae consigo). Y luego llega Kevin. Un bebé que llora todo el tiempo, al grado que su madre prefiere escuchar cómo taladran el asfalto que el llanto de su hijo. Sin embargo, al parecer el bebé posee una conexión con el padre que le falla a Eva porque, en sus brazos, el bebé es encantador y tranquilo.Incluso, me aventuraría a decir que sí existe una conexión entre él y Eva, y es que ambos parecen desagradarse profundamente.

 El patrón de comportamiento del bebé Kevin se repite y exacerba a lo largo de su infancia y adolescencia. Parece que no quiere a Eva, aunque al mismo tiempo que no la quiere, parece que con ella se muestra como es en realidad. Acusan a Eva (y aparentemente, en la narrativa ella también se culpa) de la falta de amor –casi repulsión– que siente hacia el hijo y una de varias interpretaciones incluso afirman que es esa falta de amor la que lleva a Kevin a convertirse en un asesino.

A mi parecer, esta película (y quizá también la novela, que confieso que no he leído) sugiere muchas premisas sin llegar a una conclusión, sino que deja que el espectador especule. Yo me pregunto, por ejemplo, ¿cómo es que Eva podía amar a su hijo si le tiene miedo? Si después, poco a poco, va dándose cuenta del ser humano en el que puede convertirse y, de hecho, se convierte. ¿Cómo puede amar una persona cuyas acciones la hacen que se odie y se condene a sí misma? ¿A alguien en quien ve reflejado lo peor de ella? Si a esto le añadimos el hecho de que, desde que es un niño muy chiquito la reta y pone de manifiesto que hace las cosas como él decide, entonces el resentimiento que nace entre ellos opaca al amor de madre y al instinto materno.

Es cierto, Eva no tiene personalidad para ser madre, si bien es una esposa sumisa que acata las decisiones de su marido con respecto a Kevin. Al parecer, el error de Eva es que nunca se impone sobre nadie: el marido –en mi opinión responsable principal de que la personalidad de Kevin no se controle desde infante– la toma por loca cada vez que ella parece hablar de Kevin. Justifica todas y cada de una de las acciones del niño diciendo: "Eva, he's a sweet boy. Boys do that" (Eva, él es un niño encantador. Los niños hacen esas cosas), cada vez que el niño estrella el pan con mermelada contra el vidrio, por ejemplo. Tampoco se impone sobre el niño. La única vez que quiere hacerlo, le fractura el brazo y Kevin se da cuenta de que, ahora, tiene un elemento más para manipularla. Eva acepta el rol de madre sin que quiera hacerlo. No está mal que no quiera ser madre, que no tenga instinto ni inclinaciones. El error es que se imponga la obligación como si fuera un trabajo. Y después quiere hacer bien ese trabajo y se encuentra a un niño como Kevin.

La culpa consume a Eva. Cree que, tal como a su homónima no le quedó más que acatar la expulsión del paraíso a raíz del pecado original, a ella no le queda más que aceptar que la vituperen como castigo por haber engendrado y mal educado un hijo que lastimó a la sociedad con sus actos. Entre el dolor, la incertidumbre y la culpa crece en Eva una dependencia enferma hacia Kevin que se descubre ya avanzada la película, cuando ella pinta la habitación de la casa en la que vivirá sola, hasta que su hijo haya cumplido su condena.

Otro tema interesante que se presenta en la película es el de la maldad. ¿Se nace siendo malo o las circunstancias perfilan a la gente a cometer actos malos? ¿Kevin es un ser humano malo o la vida va haciéndolo malo? ¿O su madre lo hace malo? ¿Es malo? ¿O comete las acciones desesperadas por llamar la atención de su madre? ¿Realmente es Kevin capaz de cometer esos actos por llamar la atención de su mamá? ¿A ese grado llega su desesperación? A lo largo de la película, nunca se ve que Kevin sienta algo. Si acaso sentirá satisfacción por arruinar los planes de una Eva que, en cambio, siente todo el tiempo.

No hay explicaciones aparentes para que, un buen día, Kevin se levantara decidido a planear el asesinato de su familia y sus compañeros de escuela. Su casa es perfecta. No tiene carencias económicas. Sus padres no son sobreprotectores, si bien se preocupan por él. Ni siquiera padece de falta de atención, pues los padres lo atienden tanto como pueden. Su madre intenta amarlo, pero él no deja que ella lo ame. Es grosero. Es retador. Incluso cuando la madre acude a visitarlo. Incluso cuando Eva mira cómo lo están deteniendo, él la mira retándola.

Para reforzar las incógnitas que mencioné en párrafos anteriores, nace un miembro más de la familia Khatchadourian: una hermosa hermana de Kevin, Celia, quien es educada de la misma manera y con la misma madre y crece como una niña dulce que busca desesperadamente el amor y la aprobación de su hermano mayor. Incluso surge otra, ¿cómo es que dos niños, con circunstancias prácticamente iguales, puedan ser opuestos?

Hay quienes toman el final de la película como una reivindicación de Kevin, como la aclaración final de que no era un psicópata. De que sí siente: Eva pregunta: "¿Por qué lo hiciste?" Y él contesta: "Solía creer que lo sabía, pero ya no estoy tan seguro". No hay que olvidar, sin embargo, que momentos antes uno de los diálogos de Eva devela que Kevin manipula al jurado para que le den una condena menor a la que en realidad se merece. ¿Será que aun en la escena final manipula a Eva como la manipulaba cuando, años antes, no hablaba, arrojaba la pelota o usaba pañal cuando ya sabía ir al baño?

Por supuesto, nuestros sentidos se exacerban con el lenguaje cinematográfico: los rojos están presentes con tantos matices como niveles de tensión tiene la película. Cada detalle está sumamente cuidado. El azul en la habitación de Kevin, un color frío para un ser humano frío. Las miradas de Kevin son siempre intensas, sin importar el actor que lleve el rol. Finalmente, la imagen en la que Lynne Ramsay, la directora, rinde tributo a la cultura pop resume la angustia de Eva, la sangre que manchó las manos de su hijo y que ella carga en las espaldas.

I miss it all from the love to the lighting and the lack of it snaps me in two.

Just give me a sign, there's and end and a begining to the quiet chaos driving me mad.

My Little Miss Sunshine




Coincidir es absolutamente maravilloso, tanto que hay quienes aseguran que las coincidencias no existen y que nuestros caminos estaban predestinados a encontrarse con la gente que nos toca y nos convierte. Milan Kundera tiene una descripción exquisita sobre las coincidencias en La insoportable levedad del ser.

Hay algunas relaciones que, para germinar, necesitan una coincidencia que funja como combustible para prender la llama. No basta con la simpatía, hay que generar la atracción, trabajar por ella.

En mi opinión, las relaciones más maravillosas son las que se gestan gradualmente, como si estuvieran incubándose en una especie de vientre. Aquellas que permiten establecer lazos son las que permiten el conocimiento profundo del otro, las que se procuran con el foco prendido y no son producto de un chispazo que después causará un corto circuito.

Así es Alma para mí. Un gusto descubierto con el paso del tiempo. Honestamente, cuando la vi por primera vez no creí que forjaríamos un lazo tan estrecho como el que ahora siento. Cuando pienso en nuestra amistad, me recuerda a una nochebuena: una flor hermosa que resiste el frío de invierno y, si uno la cuida bien, es capaz de florecer todo el año.

Verla sonreír y pensar "es mi amiga la que enseña los dientes así, con esa sonrisa tan franca", me hace reforzar el hecho de que las coincidencias hacen la vida más luminosa e interesante. Paso mis mejores instantes frente a un vaso de té chai con My girls. Agradezco profundamente el hecho de sentir que ella y yo somos cómplices para algunas cosas en las que no siento complicidad con nadie más. Sé que, si viajo con ella, mi habitación no estará nunca desordenada. Que es despistada. Que es un privilegio trabajar al lado de una mente tan brillante como la que posee. Sé por qué sufre, y si no lo sé, no importa, igual puedo sufrir con ella si es lo que quiere en ese momento. Me gusta mirar sus manos morenas de dedos cortos y femeninos coronados por uñas con manicure perfecto; también me gusta ver sus rizos que parecen contener toda la alegría del mundo concentrada ahí.

Un día le hice un acto de magia, pero en realidad quería transmitirle que toda ella es mágica. Hoy quiero que sepa que uno de los días más felices y risueños de mi vida sucedió mientras hablábamos de flotación y ella nadaba en el mar sin meter la cabeza al agua, mientras Maris, Penny y yo nos derretíamos de ternura dispersa entre carcajadas.

Y hoy, 24 de enero, es su cumpleaños. Es increíble imaginarse todas las coincidencias que pasaron para que ella llegara al mundo el 24 de enero de hace 26 años. Y que luego, varios años después, ella y yo nos encontráramos y se iniciara el proceso que ahora vivimos como amistad. Pensar en todo esto me provoca lágrimas de agradecimiento y de felicidad.

Así que, aunque ya lo sabes, todo mi amor para esta amistad que apenas comienza, pero que echó raíces inquebrantables.







Little darling, the smile returning to the faces...
Here comes the sun- The Beatles


Herlinda o el mal servicio


 Mi abuelo está cercano a cumplir 80 años y tiene por lo menos cuarenta yendo al Vips a desayunar diario. Hace un par de semanas, llegó a casa con la chamarra y pantalón —ambos color beige— manchados de verde.

   —¿Qué pasó?—. Pregunté.
   — Herlinda me manchó de salsa. No me di cuenta sino hasta que me dijo un señor, y cuando enfrenté a Herlinda, me contestó: "Esa es mierda. Usted se cagó".

Por supuesto, la mancha olía a una mezcla de chiles y tomates. No pude disimular mi coraje. Mi abuelo no es solamente cliente asiduo, sino un hombre mayor. Su dinero vale lo mismo, o tal vez más porque es un comensal constante. Sin embargo, Herlinda—la mesera de la barra, lugar donde mi abuelo se sienta los 7 días de la semana— cree que puede olvidarse de que su empleo implica servicio y que le puede hablar así a un ser humano, cuando el error fue de ella. Y aun si no hubiera sido su responsabilidad, hay maneras distintas más amables de hablarle a un cliente.

Mi abuelo puede hacerse un omelette en casa. Si no tiene ganas, con que ponga a la señora, a mi hermano, a mi mamá o a mí a trabajar en la cocina, está listo. No tiene que gastar un peso, porque él no hace el súper o paga los servicios. El café se hace en la cafetera, y nuevamente, la materia prima no es la limitación. Sin embargo, en el restaurante paga el servicio. Paga que lo atiendan de cierta manera (mucho mejor que como lo atendió Herlinda). Para que le sirvan el café, levanten su plato. Paga 130 pesos por un desayuno que no cuesta ni 30 pesos, porque los 100 restantes son para costear que lo atienda una mesera y un garrotero. Para que el baño esté limpio y los cubiertos impecables. Para que la vajilla esté brillante y en excelentes condiciones.


No es un favor: es una situación ganar-ganar: a mi abuelo le brindan un servicio a cambio de que, cuando él lo desee, pida la cuenta y pague el precio indicado en la nota.


El servicio no es un valor agregado. Es una OBLIGACIÓN. En el consumo de alimentos y bebidas, en una tienda departamental, en un hotel, el servicio debe existir, aunque su calidad haga la diferencia. Si tengo poco dinero, pero me quiero ir de viaje, mejor llego a un hostal donde, de todas maneras, recibo cierto servicio.


Hace poco fui con mis antiguas compañeras de trabajo al restaurante Creperie de la Paix de la Condesa en la ciudad de México. Éramos un grupo de 10 mujeres. El mesero tenía prisa por atendernos. Primero, mientras esperábamos a que llegara la mayoría para ordenar, le urgía que pidiéramos algo para beber. Después nos apresuraba para ordenar nuestras crepas "porque el lugar se llena y la cocina va a estar saturada". Luego, parecía que quería tomar nuestras cabezas y mover nuestras mandíbulas para que masticáramos más rápido. Nos trajo de inmediato la carta de los postres, y otra vez nos carrereaba para que ordenáramos una crepa dulce, o un café, o lo que fuera. Cuando le entregamos la cuenta con el 10 por ciento de propina, se dirigió a nosotras, ahora sí muy amablemente y sin prisas: "No sé si les comentaron al llegar que, por ser un grupo grande, se les cobra el 15 por ciento de propina". ¿Que qué? Cuando le hablamos de la mala actitud con la que nos atendió, contra argumentó. Por supuesto, su argumento fue, simplemente, "es que es política del restaurante". Pues la política de un mesero inteligente debería ser atender con calidad para recibir la mejor propina.

Parece que no estoy diciendo nada nuevo. Entonces, ¿por qué se les olvida? Si compro un automóvil es porque quiero viajar cómoda y segura, no porque ahorre tiempo y dinero (pensemos en el precio de la gasolina y en el tráfico de la ciudad de México). Si compras un auto nuevo, no gastas cantidades módicas como para que el servicio que dan en Sapporo de Tlalpan Sur sea pésimo y la vendedora Magda se desentienda de sus clientes una vez que culminó el proceso de compra.

Desde el punto de vista de una consumidora que paga dinero a cambio de productos y, sobre todo, de servicios, es que no cualquiera puede aplicar para ser acomodador de ropa en el departamento de Damas de Walmart. Me pregunto por qué no les hacen exámenes para ver si son aptos para trabajar dando servicio. ¿Por qué no los someten a pruebas donde verdaderamente tengan que mostrar cuál es su carácter? Si yo no trabajo como cajera, ama de llaves, mesera, relacionista pública, sacerdote, panadera, animadora, payasita, titeretera, gerente de un salón de fiestas, directora de recursos humanos, marketera, en el área de compras o de ventas, es porque mi vocación no está en el servicio. Ni siquiera en el que es para mí, que implica que me lave la ropa. Por eso pago todos los días. Para que me laven la ropa. Para que me lleve un taxi si no tengo ganas de andar en metro. Para que me sirvan un buen café y mis amigas y yo no tengamos que ir a mi casa a ensuciar platos, si bien ahí es más barato. Para que en Cinépolis o Cinemex las butacas estén limpias y las palomitas calientes. Para que un abogado lleve mis casos y un contador mis impuestos. Meto mi dinero en cierto banco esperando que, cuando entro a una sucursal, no tenga que hacer fila porque decidieron abrir solamente una de las cinco ventanillas para depositar las cantidades de dinero que hacen al banco millonario.

Sepan que no hay algo que no pueda hacer yo, y si no lo puedo hacer, entonces no lo necesito. Tal vez, si no soy experta, me cueste trabajo. Pero todo está en aprenderlo.


Sin embargo, por eso busco ganar dinero, para pagar una buena vida en la que el contador meta a tiempo mis declaraciones de impuestos mientras yo gasto dinero en El Palacio de Hierro y como hamburguesas en Barracuda. Porque mi dinero y el de cada uno de ustedes vale cada chinga que se metieron en la semana, en el día, en el año, como para que se lo regalen a alguien que les presta un servicio, y lo está haciendo mal. Me imagino que si Herlinda estuviera sentada en la barra de un restaurante y mi abuelo le tirara la salsa encima, lo último que querría sería recibir una respuesta grosera. Después de todo, pagaría para que la atendieran como cree que se merece, y eso es "bien".



El precio es lo que se paga, el valor es lo que se obtiene
Walter Buffett


La fe


(Anónimo)

Cuando Confucio viajaba a Wei, lo llevó Jan Yu.

Confucio observó: ¡Qué población tan densa!

Jan Yu dijo: La gente ha llegado a ser muy numerosa
                   ¿Qué es lo próximo que debería hacerse para ellos?

Confucio le indicó: ¡Educarlos!

Jan Yu preguntó acerca de cómo debían gobernarse.

Confucio le dijo: Los esenciales son: alimento, tropas y la fe del pueblo.

Jan Yu inquirió: Suponga que fuera obligado a abandonar una de estas tres: ¿Cuál dejaría ir primero?

Confucio aseguró: Las tropas.

Jan Yu preguntó nuevamente: Si uno se ve forzado a dejar una de las dos restantes, ¿cuál dejaría ir?

Confucio dijo terminantemente: ¡El alimento!, ya que la gente sin fe no puede sobrevivir. 





Una reflexión que se puede aplicar en todos los aspectos de nuestras vidas, y eso que yo soy atea. 

Bienvenido 2012


Así que el nuevo año ha llegado. Estamos un poco más gordos, y eso que todavía falta la Rosca. El punto es que el 2012 era futuro ayer y hoy ya está corriendo. Quiero aprovechar para felicitar a todos mis lectores, reconocerlos por todo lo que vivieron en 2011. Me queda claro que habrá mucho que hacer en el año en curso.

Les escribo desde mi nueva herramienta de trabajo: una android tablet que me regaló mi mamá. ¡Me encanta! Es lo máximo. Además, estoy hablando y esta cosa escribe por mí. No obstante, dictarle todavía es complicado. Confunde las palabras. Aún así, seguiré intentando porque es muy divertido.

En fin, esta comunicación era simplemente para desearles lo mejor en este dos mil doce. ¡Enhorabuena!

Trescientos sesenta y cuatro días


Lo único que realmente lamento de 2011 es que no tuve la disciplina para llevar una agenda. Afortunadamente, las fotografías, correos y mi buena memoria me han permitido hacer un recuento del año que está por concluir.

Fue un año de muchísimos cambios. Los últimos tres meses, el cambio se manifestó también en mi cuerpo. Puedo decir que todos me hicieron bien. Cambié de trabajo y me siento aliviada, si bien no tengo una entrada fija de dinero. Entré al primer semestre de la segunda carrera que estoy ya estudiando. Viajé mucho. Sentí mucho. Trabajé como loca. Estudié con mayor empeño que nunca. Mi blog cumplió un lustro. He vuelto a escribir.

Sin lugar a dudas —ni a modestia—, finalizo este año más culta, más linda y más adulta que como lo empecé.

Mañana, en el día trescientos sesenta y cinco del dos mil once, me despido del que, hasta ahora, ha sido el mejor año de mi vida.

Odio la navidad


La razón por la que odio la navidad es personalísima. Pero la odio.

Letras a la carta


Bien, me dijeron que, como parte de las remodelaciones a una revista electrónica para la cual colaboré algún tiempo, van a bajar los artículos que escribí.

No voy a hacerles un solo cambio, aunque creo que debería hacerles muchísimos. Me limitaré a subirlos a este blog para conservarlos en la red.

Así que lean y, si gustan, destruyan.

Toda esa gran verdad de Montagner


        “Fue durante una de mis reflexiones cuando por fin le quité la máscara a la estrujante verdad: mi motor era el fetichismo…”
Toda esa gran verdad, Eduardo Montagner

Eduardo Montagner es uno de los escritores jóvenes mexicanos con mayor talento y originalidad en su narrativa. Con tan solo 35 años, cuenta con varios premios en véneto (lengua minoritaria de sus antepasados italianos que vinieron a México), así como la publicación de la novela que a continuación se reseña.

Toda esa gran verdad vale la pena desde la primera oración –”El disparate podría empezar precisando que los viernes siempre me han marcado, para bien o para mal.”–, hasta la última. La novela narra la obsesión de Carlo, habitante de un pueblo llamado Belmondo, que está obsesionado con Paolo y sus botas de hule negro, calzado que es empleado para realizar labores de establo.

Narrada por el propio Carlo, la novela nos lleva por los rincones más recónditos y oscuros de su alma, por los episodios más enterrados de su existencia, todo en torno a su fetiche con las botas de hule negro. Esas botas representan la virilidad añorada, no en el hombre al que “ama”, sino en él mismo. Esas botas sacan sus más profundas pasiones, es capaz de dejar de lado la moral, los principios, de olvidarse de sus amigos, de sus seres queridos, con tal de poseerlas.

A través de los ojos de Carlo conocemos a Lorena (su prima) y a Paolo (el dueño de las botas y su entrañable amigo). Conocemos el trinomio que conforman, los deseos inexpresados, las fantasías, sus realidades.

En su prosa, Eduardo Montagner hace una combinación casi perfecta entre el lenguaje coloquial de un adolescente y el habla culta, digna de un filósofo que se cuestiona el principio más relevante de la existencia humana: ¿quién soy?

El homoerotismo está presente a lo largo de la novela como un elemento que, si bien es muy importante, en el todo de la vida y crecimiento de Carlo se convierte en una parte más que lo convierte en un personaje que no decepcionará al lector.

Charbelí Ramos Chávez

Luces del Norte- Phillip Pullman


Luces del Norte es el primer libro de la trilogía de La materia oscura de Phillip Pullman. Lo protagoniza una niña de 12 años llamada Lyra Belacqua, quien se encuentra en un mundo alterno, donde cada persona tiene un daimonion (es como el espíritu de cada ser humano, representado como un animal). Un día, Lyra espía a los licenciados del Jordan College, donde vive, y ahí comienza una aventura sin igual.
Acompañada de un oso acorazado, de brujas y de giptanos, Lyra emprende un viaje que la hará conocer su origen y la acercará un poco más a su destino.

Luces del Norte cuesta trabajo al principio. Empieza muy pesado. Es completamente lineal y los finales de los capítulos generalmente son iguales: Lyra se duerme. Sin embargo, a partir de la Seguda Parte del libro, el lector ya siente interés genuino sobre lo que pasará con la niña.
Seguramente porque el personaje de Lyra lleva toda el peso de esta primera novela de la trilogía, hay ocasiones en que parece una súper heroína de esas antiguas a las que no les da miedo absolutamente nada. Y, aunque no tenga conciencia del peligro, de pronto tantos desplantes de pedantería no parecen verosímiles. Esto, aunado a otras situaciones en las que Pullman parece romper las reglas del mundo que él inventa, hacen que la trama disminuya de intensidad. De hecho, se antoja que la narración podría tener mucha más tensión de la que tiene en realidad. Cuando está alcanzando puntos álgidos, se corta y Pullman tiene que volver a construirlos.

En primera instancia, me pareció que la novela estaba fundamentada en “fantasía barata”. Muchas mezclas, nada terminaba de cuajar. Sin embargo, el final del libro tiene un buen giro de tuerca que invita a seguir leyendo las siguientes obras que conforman la Trilogía.

Aunque no es materia de esta entrada, les adelanto que el segundo libro presenta grandes cambios para bien de la lectura y de la historia.

El libro dio pie a una película llamada La Brújula Dorada. No se dejen llevar por la película, ésta es malísima y, como bien lo apuntan en todos lados, sólo está basada, vale mucho más la pena la novela que la película.

Charbelí Ramos Chávez

El hombre ilustrado- Ray Bradbury


Parece difícil pensar que la ciencia ficción se convierte en realidad. En algunas ocasiones, incluso podríamos tomar a los escritores como verdaderos profetas, cuyas predicciones están plasmadas en libros. Recordemos Un mundo feliz (A brave new world) de Aldous Huxley, donde se hablaba del diseño genético de bebés para realizar actividades, clasificados en Alfa, Beta, Gamma, Delta y Epsilon. Se veía tan lejano, y ahora eso parece estar cada vez más cerca. Gracias al genoma humano, en la actualidad los padres pueden decidir el color de ojos, de cabello y género de sus hijos.

¿Quién niega, entonces, la posibilidad de que en algunos años la gente pueda mudarse a Marte, o de que se fabriquen robots a la medida exacta de uno mismo?

El Hombre Ilustrado comienza con la introducción de este ser extraordinario que tiene tatuados cuadros por todo el cuerpo. Es infeliz. Los cuadros cobran vida. Parece que hablan sobre algo real, son como pequeños televisores en las que se proyectan historias maravillosas, que dan pie a la serie de cuentos que contiene el libro.

La mayoría de ellos representa una crítica a la sociedad. La reflexión en torno a las problemáticas de los personajes hace el equilibrio entre la fantasía y la verosimilitud de los cuentos con los que Bradbury compone una sinfonía oscura, melancólica y completamente original. Desde la Introducción hasta el Epílogo, la narrativa atrapa al lector. Su descripción nos transporta fácilmente al mundo ficcional de su obra. La psicología de sus personajes impacta, y sus desenlaces provocan sensaciones tan distintas y asombrosas que uno no puede leer dos textos seguidos sin que haya un momento de reflexión de por medio.

A pesar de que parece que en ellos reina el pesimismo, la conciencia del futuro mantiene la esperanza de que, en realidad, los seres humanos somos dueños de nuestro destino, y debemos actuar para vivir un futuro mejor.

Los más recomendados…

En realidad TODO el libro vale la pena, pero aquí están los que, a mi juicio, son los mejores:
  • El prólogo
  • La pradera
  • Caleidoscopio
  • La larga lluvia
  • Los desterrados
  • El zorro y el bosque
  • El visitante
  • La mezcladora de cemento
  • Marionetas S.A.
  • La ciudad
  • El cohete
  • El Hombre Ilustrado
(prácticamente todo el libro)

He buscado las nuevas ediciones del libro, pero al parecer está agotado. Mi recomendación sería que, si te interesa, lo busques en una librería de viejo o, en su defecto, haz clic aquí para descargarlo.

Charbelí

Molloy- Samuel Beckett



c14753 Molloy es parte de una trilogía de Samuel Beckett, que marcará la pauta de su prosa.

Beckett rompe las reglas gramaticales. Con párrafos largos y reflexiones cargadas, la lectura puede volverse tediosa si no se le encuentra sentido.

De hecho, la novela es una constante búsqueda de sentido. En la primera parte, Molloy está en busca de su madre. Recorre caminos y se encuentra con obstáculos para encontrarla. No sabe dónde está ni cómo llegará a ella, la cuestión es que el intento es lo que lo llena de sentido.

En la segunda parte Moran tiene el trabajo de encontrar a Molloy. Es en esta búsqueda cuando su vida adquiere sentido y, curiosamente, empieza a sufrir una metamorfosis y comienza a tener características semejantes a Molloy, que bien podrían ser símbolos de autoreconocimiento en el otro.

Leer Molloy implica un ejercicio intelectual importante y, sobre todo, se necesita paciencia y resistencia a la frustración. Sin embargo, digno de la camada a la que pertenece, Beckett deja al lector lleno de dudas y cuestionamientos sobre su mundo y sobre el nuestro.

Un grito de amor desde el centro del mundo- Kyoichi Katayama



Un grito de amor desde el centro del mundo

La cuarta de forros del libro, editado por Alfaguara, dice que “la conmovedora historia de amor ha enamorado a millones de lectores de todo el mundo”. Es un libro pequeño y conmovedor, efectivamente. Narrado en primera persona, nos describe el amor adolescente entre Sakutaro Matsumoto y Aki Hirose, un amor puro y espiritual que trae consigo certezas revolcadas en el lodo del dolor.

Saku-chan y Aki son amigos primero. Después un enamoramiento involuntario sucede y Saku-chan y Aki empiezan a vivir un amor apasionado,  hasta que la muerte los separe, o más allá incluso.

Es un buen libro para pasar el rato. De ninguna manera esperes leer la novela que te dará las claves para vivir la vida, pero sin duda te sentirás identificado si has vivido la pérdida del amor cuando más arraigado estaba.

Como característica de los nipones, Katayama conserva esta narrativa en la que aparentemente no pasa mucho, con el final anticipado, pero que en un segundo nivel de lectura nos devela muchas reflexiones sobre el sentido de la vida y, en este caso, también del amor.


La narrativa de la obra aparece sencilla. Pone en palabras simples algunas complejidades de la existencia. El narrador, en primera persona, provoca que de pronto el lector se convierta en el protagonista. Deja de ser observador para convertirse en el actor principal. Quizá, incluso, Katayama consiga arrancarte unas lágrimas.

Charbelí

After Dark- Haruki Murakami


After Dark es la novela más reciente de Haruki Murakami, escritor japonés de la posguerra reconocido mundialmente por la profundidad de sus obras, que a la vez se han convertido en best sellers.

Murakami tomó el nombre de la novela de una canción de jazz llamada Five Spot After Dark , tal como lo ha hecho en otras ocasiones. La presencia de gatos, de personajes cotidianos solitarios y en busca de sentido, la noche como ambiente principal en el que se desenvuelven los protagonistas y mujeres acomplejadas llenan la obra del nipón, y esta no es la excepción.

Publicada en Japón en 2004, y editada para México en 2008, After Dark nos narra la noche (de las 11:56pm a las 6:52am del día siguiente, marcados por un reloj al inicio de cada capítulo) que transcurre distinta para cada uno de los personajes. Es justo en esta noche donde los caminos de estos personajes se entrelazan. Mari Asai, un mujer de apenas 19 años, ha perdido el tren para regresar a casa. Poco antes de la media noche se encuentra en Denny’s, donde ha decidido quedarse hasta el alba. Entonces entra un joven estudiante de Derecho, Takahashi, que conoció a Mari dos años atrás, cuando Eri, hermana mayor de ésta, la llevó a una cita doble. Él la reconoce y se sienta con ella. Conversan un rato. Takahashi se retira porque ensayará por última vez con el grupo musical en el que toca el trombón, pero promete regresar. Posteriormente, por recomendación de Takahashi, la encargada de un love-ho busca a Mari para que le ayude a entenderse con una prostituta china que fue golpeada por un cliente. Simultáneamente, Eri Asai duerme apasiblemente en su cama. La joven modelo se ve más bella que nunca, pero de pronto se encuentra en una realidad alterna.

Gracias a la narrativa de Murakami, el lector parece el testigo óptico de lo que sucede en cada secuencia representada como capítulo. Como un guión, el libro no describe nada más que acciones y diálogos. Paradójicamente, las acciones son pocas y, en apariencia, irrelevantes: gente que come, que camina hacia el parque, que toca un solo para trombón, que duerme. La mayoría es mímesis inteligente (como en otros personajes de obras de Murakami) y que contiene un sentido distinto al del contexto de la conversación.

Los diálogos son también muy explicativos. Murakami los emplea como recurso para resolver situaciones que no quedan del todo claras. Situaciones que habrían dado para más y que, de buenas a primeras, corta de tajo (me refiero en particular a la situación de Eri Asai, que está dormida y de pronto despierta en un mundo alterno. En un sueño es comprensible, porque los sueños carecen de lógica. Sin embargo, en la narrativa nunca queda claro que Eri Asai esté soñando y que la cámara a través de la que nosotros observamos la escena haya capturado la experiencia onírica de la joven).
Al parecer estos personajes tan cotidianos y tan universales representan la decadencia de la humanidad: el miedo, la falta de instrospección, el excesivo cuidado por materias nimias, el deseo de escapar, el individualismo… Antes bien, Murakami reivindica a la humanidad en un final con intenciones de esperanza.

Esta novela está llena de intenciones inconclusas. A lo largo de los capítulos parece elevarse, pero únicamente para regresar en caída libre. No se mantiene. No resuelve, sólo sugiere, y estas sugerencias no son los suficientemente fuertes o lo suficientemente sutiles como para que el lector pueda pensar que se cumplió el objetivo. Nos quedamos en medio. Suspendidos y con muchas interrogantes con respecto a la narración, en vez de las interrogantes sobre la vida que permanecen cuando se ha leído una buena obra sobre el sentido de la existencia.

La obra de Murakami se desinfla. Estos personajes solitarios, cuyos caminos se cruzan para los ojos del lector más claramente que para los de los propios personajes, encuentran una tregua al final del camino (es decir, cuando acaba la novela). Con el alba viene la nueva esperanza para los que la piden, y el adormecimiento para los que no saben vivir más que de noche. Es lo que pretende, ser una alegoría de la esperanza. ¿Lo logró?

Charbelí

Una muerte muy dulce- Simone de Beauvoir



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Simone de Beauvoir, una feminista reconocida, fue una escritora destacable. Muchos la conocen por haber sido la pareja de Sartre por más de 50 años, sin embargo fue mucho más que eso.

Su novela Una muerte muy dulce es la narración de los últimos días de vida de su madre. Desde el principio, el lector sabe que se trata de ella porque, al ser autobiográfica, los nombres son verídicos.

La narrativa nos va llevando al paso inevitable, pero no por ello menos doloroso, de la muerte. Es la historia de la relación entre una madre y su hija, su hija que sabía que la progenitora tendría que morir algún día, pero sentía que sería eterna.

Las premisas existencialistas están presentes en cada una de las páginas de estas memorias. La responsabilidad de la percepción que Simone tiene de su madre e incluso la vida y el significado que Françoise de Beauvoir imprimió en sus acciones y en el sentido de su existencia, se reflejan en las reflexiones de la autora.

En el texto se condesan la vejez, la percepción actual que la juventud tiene hacia la vejez, y la muerte vista desde dos aristas distintas: la de la fe que posee la madre y la de la nada, que posee Simone.

Quizá, a través de las palabras sinceras que plasman la relación que ellas dos tenían, los lectores podrán comprender más a aquellos que los criaron. Quizá, a través de la crudeza con la que Simone de Beauvoir describe algunos pasajes de su niñez y algunas cavilaciones, los lectores podrán también reflexionar sobre su propia vida y sobre el amor filial, ése que nos forja y que a veces dejamos tan abandonado.

Charbelí

Tres momentos de una vida (Knulp)- Hermann Hesse


Knulp posee muchas de las características de la obra de este autor:  la espiritualidad, la búsqueda de sentido a la vida, la amistad e, incluso, el ascetismo como medio para encontrar lo anterior.

En Knulp, Hesse describe tres momentos de la vida de Knulp, un hombre que ha dedicado su vida a caminar. Conoce muchos lugares y hace buenas migas con muchas personas, sin embargo, es un nómada empedernido y no tiene intenciones de establecerse en algún lado. En el primer capítulo llega a casa de un amigo suyo y éste, ahora casado, le da asilo por algunos días. En este primer capítulo, el autor deja clara la ruptura con lo convencional a través de la situación marital del amigo, casado con una mujer aburrida de la vida que lleva.

El segundo capítulo está narrado en primera persona del singular. El narrador no dice cuál es su nombre, por lo que podría ser una de las innumerables compañías de las que Knulp se hace a lo largo de su vida de caminante, además de que da al lector elementos para sentirse el compañero destinado a andar con Knulp.

El tercer momento de la vida de Knulp tiene que ver con la cercanía a la muerte. Hesse hace aquí una reflexión sobre lo que alguien piensa cuando sabe que su propia muerte se acerca. Además, este capítulo explica los orígenes de la personalidad de Knulp.

Al final, Knulp se convierte en una alegoría de la sociedad. Se convierte en el reflejo del espíritu de los seres humanos, que está en constante búsqueda de tranquilidad. El camino es diferente y la interpretación de tranquilidad también puede serlo, sin embargo en el fondo todos los hombres y mujeres buscan la plenitud, la tranquilidad y, sobre todo, el conocimientos de sí.

Charbelí

Spider- Patrick McGrath


“Empiezo a escribir. Y mientras lo hago ocurre algo raro, el lápiz empieza a moverse por las tenues rayas azules de la página casi como si tuviera voluntad propia, casi como si mis recuerdos de los hechos anteriores a la tragedia de la calle Kitchener estuvieran contenidos no en el interior del áspero casco de cuero de esta cabeza mía sino en el propio lápiz, como si fueran pequeñas partículas apiñadas en una alta y delgada columna de grafito, que cruzan la página mientras mis dedos, como un motor, proporcionan el medio mecánico para su descarga. Cuando esto ocurre tengo la extraña sensación no de escribir sino de ser escrito, y ha llegado a despertar en mí sensaciones de terror, débiles al principio pero que aumentan día a día”.
Dennis Cleg, Spider 
(fragmento de la novela Spider de Patrick McGrath)
No cabe duda que los escritores se reflejan en lo que escriben. Patrick McGrath sabe de locura porque pasó su infancia viviendo al lado del manicomio de Broadmoor, pues su papá era el superintendente.

Afortunadamente, McGrath se convirtió en escritor y concibió una novela sobre la locura llamada Spider. Escrita en su mayoría en primera persona del singular, a manera de un diario, Dennis Cleg narra su tortuosa infancia al lado de su padre, los padecimientos y el oasis que su madre representa, y la llegada de un tercer factor: Hilda Wilkinson, una prostituta con quien su padre se enrolla.

 Con una gran capacidad descriptiva, McGrath nos lleva por senderos oscuros con tanta agilidad narrativa que incluso parece que solamente estamos evocando recuerdos y no leyedo una historia ajena. De pronto el lector atento es capaz de fundirse con el personaje, de convertirse en la Araña… entonces, sólo entonces, la historia da un giro sorpresivo que parece unir las piezas aparentemente bien puestas.

Así, de la mano de Dennis Cleg recorremos los caminos sinuosos de la sinrazón, sobrepasamos el límite de la cordura sin que nos demos cuenta desde cuándo empezó a suceder. Todo es tan real que lo comprendemos aunque no tenga sentido.

La capacidad excepcional de crearnos el ambiente propicio para la empatía, para la tensión y para la intriga es plausible en los elementos que hacen de Spider una obra maravillosa de culpa, desolación y locura con un final casi obvio, no por ello menos desgarrador.

Charbelí