jueves, 15 de noviembre de 2007

Dálogo 15

- De pronto me duele el tiempo.

- El tiempo, ¿cómo puede dolerte el tiempo?

- Me duele en las venas de las manos, que antes se ocultaban debajo de mi piel.

- No te entiendo.

- Si no lo entiendes, entonces siéntelo (Lleva las yemas ajenas a sus venas y las conduce por los caminos sinuosos del cuerpo humano)-. ¿Ves?

- Pero, ¿cómo puede dolerte el tiempo?

- Me duele porque me lastima. Porque ha sido mi acompañante incondicional, el único, pero me ha degradado conforme avanza. Me ha reducido a pellejo y huesos frágiles.

- Me parece que en realidad te dueles tú mismo y culpas al tiempo.

- No. No entiendes que me duele él porque creí que era mi mejor amigo… ¿Por qué te levantas?

- No tiene caso que me quede contigo. Tu ingratitud es el peor de los látigos. Efectivamente, no soy tu mejor amigo. Por lo visto no ha funcionado el intercambio: a diferencia de otros, tú has perdido carne y tu ignorancia aumenta con la edad.

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