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domingo, 28 de marzo de 2010

Free my body

Los aproximadamente 23 kilómetros que recorrimos mis amigas y yo este domingo podrían ser suficientes. Pero para mí no son. Hoy, los 23 kilómetros representaron un absoluto y completo retroceso. Tenía un mes sin andar bicicleta y, a pesar de eso y de que dormí mal el viernes y no desquité el sueño el sábado, no hay justificación. Mi rendimiento bajó considerablemente.

Así que he decidido que me voy a dejar de pendejadas y voy a ponerme en condición. Una vez, Aurora le platicó a Aldo (quien me lo dijo a mí), que un ser humano alcanza su mayor rendimiento físico a los 25 años. Yo cumplo 24 en tres meses, así que, como mi mamá dice, es tiempo de dejar ir y, como yo digo, tendré las manos libres para agarrar lo que yo quiera.

Obviamente, es imposible que alcance mi mayor rendimiento físico si sólo me ejercito los domingos, puesto que no veré ningún resultado. Y quiero verlo, así que a continuación escribo el plan que denominaré "Free my body":

1. Seguir la dieta de mi nutrióloga estrella.
2. Dejar de fumar paulatina pero definitivamente. Voy a empezar por limitarme a dos cigarros al día por un mes, y de ahí para abajo.
3. Dejar de tomar alcohol (éste ya está prácticamente hecho).
4. Levantarme más temprano para empezar a correr diario. Empezaré con caminar/trotar media hora. Así que si me levanto a las 6.15, a las 7 podré empezar a arreglarme.
5. Haré bicicleta fija.

Ésta es la primera parte, porque necesito bajar de peso. Si alguien tiene alguna sugerencia, de verdad se los voy a agradecer :)

Mi vanidad no me permite publicar cuánto peso, pero me comprometo a escribir cada dos semanas si he bajado.

martes, 7 de julio de 2009

Dejar de fumar

No pensé que algún día la determinación de dejar de fumar sería mía. La verdad, siempre creí que sería el doctor quien, más adelante, me diría que tendría que abandonar el vicio.

Pero fui yo. Fui yo quien dejó de fumar. Bueno, dejé de fumar diez días, y luego fumé el viernes pasado, y entonces el sábado dejé de fumar otra vez.
No sé en qué consista, si es poco a poco o de plano es una decisión intempestiva. Sólo sé que me está costando mucho trabajo.

Tampoco puedo asegurar que lo dejaré para siempre: lo que quiero es adquirir condición y dejar de sentir que me ahogo cuando apenas he recorrido un kilómetro en la bicicleta.

lunes, 15 de junio de 2009

Otro fin de semana perfecto

Terminé agotada la semana corriente. Es la primera vez que trabajo de tiempo completo y, definitivamente, es agotador. Soy hiperactiva, y necesito hacer más que estar sentada en mi computadora, así que he comido en exceso.

El viernes, entonces, salí con deseos de ir a casa, mirar mi cama y refugiarme en ella y en el sueño. Pero no. Fui a comer con una amiga y con su hermana, y me la pasé muy bien. Se siente bien darme cuenta de que hemos crecido, de que nuestra amistad se conserva a pesar de que los temas iniciales que nos unieron ya no son los mismos. Me da gusto que encontráramos otros. Llegué a casa. Era temprano. Como las 5:30. Y ya tenía la invitación de otra amiga a tomar café. Vi un capítulo de mi novela y después llegó a recogerme. Tomamos café. Ella está triste. Problemas de corazón. Regresamos a mi casa. Escuchamos música. Conversamos más. La llevamos a su casa. La verdad sentí que fue un viernes como de primaria o secundaria. Y me encantó.

El sábado me levanté con mucho trabajo. Fui al taller de cuento (que ahora es cada dos semanas). Comenté los textos. Después me encontré con mi familia y fuimos a Coyoacán. Conversamos. Nos cambiamos de sede a Reforma, a la exposición de las culturas amigas. Regresamos a casa. Me arreglé. Fui a casa de Liz. Conversé con sus hermanas. Nos fuimos a la fiesta. Conversé con Liz. Fui muy sincera en la conversación. Ella dejó que yo fuera sincera. En un fin de semana perfecta no podía faltar un poco de llanto. Y efectivamente, derramé un poco con ella. Entonces llegamos a la fiesta. Parecía una fiesta de pubertad. Ahí estábamos con Penny, festejando la titulación de su novio. Fotos y fotos. Cerveza por aquí, por allá. Regresamos. Dormimos. Nos levantamos. A andar en bici. Fuimos al parque México por las bicicletas. A Liz y a mí se nos unió Maricela. Y entonces, a Reforma. Fuimos del cruce entre Insurgentes y Reforma al Museo de Antropología en bici. Encontramos ahí al comité restante. Éramos 14 personas. Por supuesto, me quedé rezagada. Casi me doy en la madre cuando cortábamos por Chapultepec. Casi le doy en la madre a dos personas. Me quedé rezagada. Pero fue maravilloso. Estar ahí, sola, andando por Reforma, con el sol quemándome la piel y el aire haciéndose presente de vez en cuando para refrescarnos. Me gustó. Nunca había recorrido tantos kilómetros en bici. Me sentía agotada, pero muy contenta. Luego llegamos al Centro Histórico. Y de ahí Roberto, el papá de un amigo, se quedó conmigo andando por el centro, y de ahí hasta llegar al Ángel. Se lo agradezco mucho. También fue una parte del recorrido que me encantó. Y entonces llegamos al Ángel. No había desayunado, así que cada vez pedaleaba con mayor dificultad. Estaba cansada. Insolada. Contenta. En la Glorieta del Ángel esperamos a que llegaran los demás que habían ido a entregar bicicletas y demás. Llegaron. Nos fuimos de regreso a entregar las bicis al parque México. Regresé a casa.

Después fui al teatro, un amigo me regaló boletos para ver Humánika y llevé a mi mamá y a Isaac. Sí me gustó. No es súper profunda ni nada por el estilo. Pero está linda. Hacen actos de magia. Yo parecía niña chiquita de tan sorprendida que estaba. Tampoco faltó el llanto cuando apareció en escena el poeta que perdió a su musa. Por supuesto. No he dormido mucho. Pero qué más da. La compañía y las actividades lo valen.

lunes, 30 de marzo de 2009

Una imagen del día

El fin de semana pasado me fui de voluntaria de Un Techo Para Mi País México, a una comunidad que se llama La Planada, en Coyotepec, Estado de México.

Ayer, cuando ya habíamos terminado de construir la casa, hubo una imagen del día en la que yo participé directamente: no sé andar en bicicleta. De niña no me enseñaron y yo tampoco quise aprender después. Desde hace mucho quiero hacerlo. Ya cuando estaba en la secundaria, un profesor me quería enseñar pero sólo practicamos una vez. Ahora, mi mejor amigo ya aprendió a andar en bici y la verdad es que se le ve tan contento que mis deseos de aprender han recobrado fuerza.

Después de este breve preámbulo, entraré en materia: la familia con la que construimos la casa tenía un par de bicicletas. En algún momento necesitábamos silicón y yo caminaba por todo el pueblo buscándolo. Del terreno donde yo construía, las demás casas no estaban cerca, así que José, el jefe de familia, me ofreció una bicicleta. "No sé andar", le dije. "Pus orita aprendes", me contestó.

Y me dio la bicicleta y comenzó a decirme que pusiera el pedal a la mitad para apoyarme en él y luego en el otro. Por supuesto, me iba de lado, me daba miedo y me detenía. Lo intenté varias veces, hasta que él tomó la bicicleta por el manubrio mientras yo pedaleaba. Nunca antes había recorrido tanto camino en bici.

Algo sucedió entonces: de pronto, yo me transporté a la edad en la que la mayoría de la gente aprende a andar en bicicleta -la infancia- y ese señor se convirtió en una figura paterna en quien yo confiaba y que me estaba llevando por el camino de la enseñanza. Para no variar, los ojos se me llenaron de lágrimas y el corazón se me hinchó de una mezcla de añoranza y alegría.

No aprendí ayer. Pero gracias a él, a su esposa, y a Aldo, ayer di un paso más en el camino para aprender a andar en bicicleta.