domingo, 17 de febrero de 2008

No aguanto mucho sin blog...

En realidad sí tuve otro blog pero lo que escribí ahí fue completamente secreto. El punto es que no puedo dejar de escribir un blog. Lo dejo para pensar, pero al fin me he dado cuenta que escribir aquí me ayuda a despejar la mente y a pensar mejor. Así que aquí estoy. De nuevo en este espacio que me pertenece y que generé hace poco más de un año de manera gratuita en blogger.

Mi espacio. Tal vez no es un espacio físico, pero se me antoja tan mío como ninguno otro que tenga. Quizá eso sea resultado de que nunca he vivido sola ni he tenido un espacio físico verdaderamente íntimo.

En fin, el tema es otro.

Febrero es un mes especialmente difícil para mí. No sin cierta nostalgia confieso que, desde hace seis años, febrero se ha convertido en el mes más importante de mi vida, y desde hace dos, también en el más triste.

¿Por qué? Porque el 19 de febrero otra persona y yo conmemoramos el aniversario del horror. Durante los primeros cuatro años de relevancia febrero era el mes del cumpleaños. El cumpleaños de quien ahora nombro el Boggie man y, como en esas épocas era mi persona favorita, la más importante, el mes cobró un nuevo sentido.

Pero después nos separamos. Literalmente lo abandoné el 19 de febrero de 2006. Le escribí una carta espantosa donde le pedía que no me buscara, que dejara de seguirme, que lo odiaba por lo que me estaba haciendo. Algún día, cuando en verdad consiga odiarlo -tal vez nunca-, escribiré con precisión qué fue lo que me hizo... qué nos hicimos.

Me cuesta trabajo el tema. De verdad me sorprende cómo cuatro años pueden marcar dos vidas. Aunque no lo veo, por varias razones sé que le pesa no estar conmigo. No poder hablarme, ya no llamarme ni amiga. A mí también me pesa. A pesar de todo a veces me arrepiento de estar ajena. De no compartir mi vida con él. Quienes conocen los detalles creen que soy una estúpida, que estoy loca, que no es posible, pero así es.

Así, en breve será 19 de febrero. Y el cumpleaños ya fue. En breve el recordatorio de que nuestras vidas continúan por separado se intensificará y llegará al grado máximo la melancolía de recordar lo que nunca tuve pero la esperanza de tenerlo prevalecía. Ahora ya no tengo esa esperanza.

Tengo nada.

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