jueves, 12 de junio de 2008

Las mañanas

Hoy me di cuenta que soy una mujer de rutinas. Me levanté, tardé 10 minutos en meterme a bañar. Escuché el mismo disco que escucho todos los días mientras me baño. Es más, la misma canción. Después dejo el disco correr. Empiezo lavándome la cabeza, después el cuerpo, y después me paso unos zacates muy originales porque son guantes. Salgo, vuelvo a poner música, busco mi ropa interior. Veo las noticias mientras me unto crema de miel. Me pongo un aceite en el cabello. Me cepillo el cabello. Me veo en el espejo. Me visto. Me pongo los zapatos, me lavo los dientes. Agarro mi bolsa. Salgo de la casa. Camino al metro. Entro. Voy al último vagón. Se abren las puertas, ingreso. Voy siempre parada. Bajo en Pino Suárez. Transbordo. Camino con la gente. Bajo escaleras. Otra vez al último vagón. Me siento -siempre me siento-. Saco mi maquillaje. Me aplico delineador. Después rímel. Luego blush. Espero. Llego a General Anaya. Salgo del vagón. Camino hacia las escaleras más cercanas -aunque estén más llenas que las demás-. Espero. Subo. Camino por el corredor. Me detengo antes de bajar otras escaleras. Compro un agua Bonafont de litro y medio. Mientras bajo la abro y tomo un sorbo. Salgo a la calle. Escucho al borracho que siempre está cantando canciones. Hoy cantaba "Árboles de la barranca" Eso sí, siempre trae su mini barril de tequila, de esos que venden en Oxxo.

Camino. Veo al vendedor de chicles mirarme de arriba a abajo y escucho que dice entre dientes alguna majadería. Paso junto al estacionamiento de visitantes. Junto a la puerta de visitantes. Entro por la puerta de trabajadores. Saludo a los vigilantes. Camino. Paso frente a todos los edificios. Llego al mío. No necesito pasar la credencial porque la puerta está descompuesta. La empujo. Subo las escaleras. Para cuando llego al piso estoy cansada: las escaleras están pesadas y en dos horas iré al área de fumar para prender el primer cigarro del día. Camino. Paso junto a la oficina del jefe. Junto a los diseñadores y llego a mi lugar. De mi lado izquierdo ya está prendida la luz de la oficina de mi jefa. Ya llegó y está trabajando. Está Chryts también. Que llega como a las 8:30 am. Siempre lo saludo con "¿qué pasó mi Chryts?" y juntamos nuestras mejillas -a eso lo llaman "saludarse de beso"-. Me siento. Miro el reloj. Más de las nueve -aunque sean las 9:02 o las 9:17-. Exclamo y maldigo porque volví a llegar tarde. Chryts se ríe. Prendo la computadora. Meto mi contraseña. Al fin abre. Hago clic en el icono de Lotus Notes. Espero. Prendo iTunes. Espero. Y de ahí a leer mails, escuchar música. Prender el mensajero de la empresa. Y empezar con las labores diarias.

Todos los días. Todos los días así son mis mañanas.

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