domingo, 13 de julio de 2008

Sabía que cuando dejara de escribir en este blog simplemente iba a suceder. Sin previo aviso. Sin más ni más. No porque no tuviera nada que decir, sino porque serían tantas cosas que no sabría cómo empezar a describir cada una.

En este caso, es una mirada intrusiva la que provocó el abandono del presente blog. Tal vez ni siquiera la mirada intrusiva sino la posibilidad de que ésta exista. Seguramente sonará absurdo, pero este espacio había sido como una manera de expresar mi intimidad. MI ESPACIO. Lo que no digo en voz alta pero está disponible en la red, que a su vez está llena de millones de espacios de gente que hace lo mismo que yo.

Todos los ojos, excepto unos, eran bienvenidos, y cuando hubo indicios de que esos ojos también leían, opté por dejar de escribir.

Tampoco lo "opté" en plena conciencia. Llamo "optar" al conjunto de acciones por las que dejé de escribir: de pronto ya no tenía qué decir, empezaba a escribir algo y lo dejaba a medias, guardado en el borrador del Panel, hasta que el blog dejó de ser una prioridad en mi vida para convertirse en un diario del pasado. Simplemente lo dejé. No lo extrañaba. No me sentía vacía porque al mismo tiempo me pareció que, efectivamente, no tenía ya nada más que decir. "No por el momento", me convencía mientras los días pasaban y yo no escribía algo.

Después pensé en la opción de abrir un blog nuevo. Pero de verdad me gusta éste. éste y no otro. Así que ni modo. Si los ojos intrusivos de verdad rondan este blog les doy la bienvenida. Lo estuve pensando y este lugar me gusta tanto que estoy dispuesta a compartirlo con quien quiera leerlo

*y quién sabe, a lo mejor después de esto te das cuenta que no es tan conveniente que sigas leyendo...

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