domingo, 6 de septiembre de 2009

Curitas

Ayer uno de mis amigos se reía de todas las reparaciones que he tenido que hacer desde que me conoce. Todos saben que no soy cuidadosa con las cosas materiales e, incluso, sucede que me desprendo fácilmente de ellas.

Yo estaba haciendo un recuento de lo que he tenido que reparar de un año para acá y, de lo que me acuerdo, está lo siguiente:

- La reposición de una cámara de video que perdí.
- Tiré mi celular y se rompió la pantalla.
- La pantalla de otro celular.
- Tuve que reponer mi cámara digital porque también la perdí.
- Compramos otro DVD porque eché a perder el anterior.
- La pantalla de la Qtek que estrellé un día que me caí.
- Eché a perder otro celular en el inter.
- Tiré la bolita de mi bberry por el lavabo, así que tuve que comprar otra para reponerla.
- Tengo que llevar mi bici a un taller porque se le jodió un disco de velocidades.
- Tengo que llevar otra vez mi bberry a reparación por una tontería.
- Dos computadoras descompuestas y mi información ahí.
- El cargador de mi lap que ha tenido que ir a reparación tres veces.

Yo les dije que estas cosas que he tenido están o estuvieron enfermitas, y ahorita tienen un curita porque tengo que llevarlas a las puntadas, u otras están ya curadas de la enfermedad.

Luego regresé sobre mis palabras y me di cuenta de que yo también tengo un curita. Tengo un curita en el alma. A veces me cubre la enfermedad, pero no la elimina. Me di cuenta ayer. No importa cuán bonito se vea el curita, sigue siendo un curita. El alma sigue herida y quizá las medidas tengan que ser más drásticas. Y así será. Estoy harta del curita, pero estoy más harta de la herida. Es como un hoyo negro que absorbe y se come todo lo que está alrededor.

Me siento nociva y no sé si alejarme del mundo para no lastimarlo, o quedarme. No sé qué hacer.

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