sábado, 24 de abril de 2010

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Hoy fui al doctor y me dijo que tengo obesidad mórbida. Me dieron ganas de llorar. No es que no lo viera en el espejo, pero cuando dicen que necesitas bajar de peso porque tu vida está en peligro... está muy cabrón. He de confesar que cuando estaba más chica fui a "Comedores Compulsivos Anónimos" y conocí a un señor que dio el testimonio de que no podía dejar de fumar puro, que no podía tener sexo con su mujer, que tomaba café como desesperado y que estaba a punto de tener un hijo. Sí, era tan grande que necesitaba dos sillas y se fatigaba de hablar. Me dio tristeza, y también pensé, ¡qué bueno que no estoy así!

Hoy, cuando me dieron el diagnóstico, me transporté a ese momento. Y, aunque no he llegado a ese extremo, no necesito llegar, estamos iguales para efectos prácticos. Me dio coraje, pensé en todo lo que he hecho a lo largo de mi vida para estar donde estoy hoy. Ahora sí creo que no se justifican las depresiones, ni nada, debí haber cuidado más mi cuerpo y mi salud.

Fui mi peor enemiga.

En fin, espero que en dos años (si bajara de peso de manera constante) pueda estar en mi peso ideal. Pero hoy, hoy me siento derrotada.





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