jueves, 8 de abril de 2010

El circo mediático

Había prometido en Twitter que no iba a corromper más el nombre de la niña que recientemente ha acaparado el espacio "informativo" mediático y que tiene a los oficinistas hablando del tema y a la opinión pública indignada.

Pero no puedo.

Cuando entré a estudiar Comunicación quería ser periodista. Me imaginaba como una de esas reporteras de guerra, siempre en acción, arriesgando la vida por acercarme a la verdad. Incluso hice mis prácticas de prensa en el periódico en línea escolar, y luego entré a colaborar ahí de fijo, y mi profesor tenía que bajarme los bríos porque yo quería escribir sobre asuntos arriesgados para una alumna de 19 años.

Y luego me decepcioné de mi país y mis intereses cambiaron. Como ya lo he escrito, dejé de leer los periódicos y ver las noticias, e incluso escuchar la radio. Me convertí en una ignorante de lo que sucedía en el mundo. Mi interés por las noticias regresó hace poco (antes del caso de la niña ésta), y he recordado por qué me alejé: el Cuarto poder es tan arbitrario y corrupto como los otros.

Ésa es la razón por la que dejé de apasionarme por el periodismo, porque me decepcionó. Porque pensé que, al menos por un tiempo, tendría que ceñirme a las agendas "informativas" que pocas veces obedecen a las necesidades reales de la población. Y no estuve dispuesta.

Últimamente ha estado en boga el caso de la niña Paulette. Sí, es motivo de consternación que un menor indefenso muera por las negligencias de sus protectores. Sin importar si murió por accidente o la mataron, el caso es que a ella le faltaba el apoyo de sus progenitores. Triste, desafortunado y, quizá si viviéramos en un país distinto y seguro, podríamos darnos el lujo de que los noticieros y las plumas que encabezan la opinión pública dedicaran tanto tiempo y papel a especular sobre la muerte de la niña de Interlomas. Antes bien, no es el caso. El cambio climático (el temblor en Mexicali, o la pérdida de masas de hielo en el Popo y el Izta), las masacres del narcotráfico, el descontrol gubernamental, eso es más importante que el microperiodismo del que se abusa tanto. Y aún así, el microperiodismo es una forma de ejemplificar un tema de importancia nacional (por ejemplo, la historia de una familia que perdió todos sus bienes a raíz de la inundación de Chalco).

La manera en la que se ha abordado el tema no es, para nada, una historia que nos lleva a un problema mayor, aunque ciertamente podría llevarnos. Es una fantochada. Si tuviera que compararlo con una película, creo que sería con el musical "Chicago". En la película, la protagonista comete un crimen y su abogado le da proyección mediática para que las empresas informativas hagan presión y la saquen de la cárcel. Su caso no es especialmente importante, pero por un periodo de tiempo ella se convierte en la atracción principal. Y cuando al fin sale, se olvidan de ella y otro crimen llena el inexistente vacío que su caso deja.

Antier me senté con mi abuelo a ver su novela, y cuando se acabó dio paso al noticiero de Javier Alatorre. Ahí estaba él, cubriendo un especial de Paulette. ¿De verdad? Mi mente repasó los temas relevantes a nivel nacional, y Paulette no se encontraba entre ellos. Una vez más, a Javier Alatorre solamente le faltaba el sombrero de copa y el bastón para convertirse en el Dr. Caligari que invitaba a la gente a ver al sonámbulo, un fenómeno de feria.

Y luego la foto en Milenio. Una foto terrible que no aporta absolutamente ningún valor agregado a la información difundida. Y periodistas que han sido parte de esta absurda algarabía se indignan contra Milenio, cuando ellos han sido también, de alguna manera, contribuyentes a que un medio se atribuya las libertades de violar la intimidad de quien fue un ser humano, aunque ahora esté muerto. No es una cuestión de labor periodística, como menciona Carlos Marín en El asalto a la razón de hoy. Es una cuestión ética. Es una lástima que el Derecho sólo proteja a los individuos en tanto estén vivos (a pesar de que sus bienes sí queden protegidos). También escuché decir a Marín que el caso Paulette era "la reivindicación de la nota roja", y que ello justificaba la fotografía que cubrió la primera plana de ayer miércoles 7 de abril.

Qué asco que ésa sea la clase de periodismo que sustentan los medios y, peor aún, que sustente la población. Y no hablo sólo del caso Paulette, sino de todos los demás. ¿De verdad es necesario que nos muestren a Paco Stanley muerto y baleado? ¿O los cadáveres de las víctimas de los sicarios? Estoy segura de que no. Aunque los periódicos y los noticieros sean clasificación C, sus portadas están al alcance de la vista de la mayoría, incluyendo niños. Me parece irresponsable que lo hagan. Esta tendencia Gore del fotoperiodismo es terrible, porque todos somos susceptibles de verlo. No nos dan a escoger. "Somos televisoras grandes y la mayoría de la gente no tiene acceso a otro medio de información, entonces se chingan y que vean lo que les proyectamos". Y, salvo contadas excepciones, lo que proyectan es basura.

La nota roja es, como bien dijo Lourditas, catártica, pero como catarsis, debería estar en una parte del periódico, no abrir las ediciones.

Aunque, en un país donde las telenovelas se llevan la audiencia, esto ya no debería extrañarme. No cabe duda que el pueblo tiene el gobierno que se merece... y también los medios.

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