sábado, 18 de septiembre de 2010

Correspondencia

Últimamente he estado dándole vueltas a la idea de la correspondencia. A sus matices y sus posibilidades, desde la coincidencia que representa, hasta las responsabilidades que genera.

Una es consecuencia de la otra: es que, como entre dos personas se dieron las variables de tiempo, espacio y química simultáneamente, y es tan extraño que pase, esas dos personas adquieren responsabilidades para consigo mismos y con la otra persona. Esta responsabilidad existe desde el momento en que uno asume la intención de corresponder, se intensifica si la correspondencia se logra, y continúa aún cuando la correspondencia se acabe, es decir, que una de las dos personas deje de sentir amor por la otra.

Me parece que muchas veces las personas dan por sentado la responsabilidad de la correspondencia. Como si sentir y procurar que otro siga sintiendo no implicara también empeñarse por renovar el amor.

Amar y mantener el amor del ser amado es una responsabilidad hacia uno mismo, y luego hacia el otro. Y es muy difícil. Ser fiel a uno mismo es mucho más difícil que ser fieles a los demás. Generalmente uno es infiel a los demás porque es infiel a uno mismo.

Se necesita madurez para compartir la libertad. Para hacer al otro parte de la propia y respetar cuando se necesita soledad.

La verdad yo creo que mucha gente debería estar sola, porque la correspondencia se toma a la ligera y el que ama más termina, a menudo, devastado.

Qué debraye, qué bárbaro.

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