martes, 1 de noviembre de 2011

La Calaca triste

Estaba la calaca
muy triste en el panteón
otra vez un hombre
le había roto el corazón
Le dijo que la amaba
y desapareció
después, por un infarto,
la desdichada lo encontró.

Mientras viajaban al infierno
la Muerte se contuvo,
mas, cuando estaba por dejarlo,
la angustia la detuvo
"¿Por qué me abandonaste,
hombre que creí tierno?
¿Por qué, si yo te amo,
por qué me lastimaste?

El hombre, indiferente,
se dolía por otros males
"yo no fui un ser errante"
"no debo, por tanto,
recibir castigos tales"
y después miró a Catrina,
que lo observaba, expectante
y se dijo "es su culpa,
mira esta tan ardida".

"Mira, Catrina,
que todo esto es tu culpa,
yo no me comprometí contigo
lo nuestro era diversión pura
no quedé en llamarte
si eres un peligro
¿quién podría quererte,
estás tan flaca,
eres tan repugnante,
a mí el físico me importa
y tú nunca me gustaste".

"Y, además,
quieres que pague,
cuando te hice un favor
pretendiendo amor
te hice feliz
¿y me pagas así?
me mandas al infierno
yo, que fui tan tierno".

"Tenías que ser 'la'
tenías que ser mujer
con tus hormonas llevo
toditas las de perder.
Tu trabajo es para un hombre
que no involucre el ego
y el dolor
propios de tu género.
Un macho que sea objetivo
que la seriedad sea su estilo
no una menopáusica sentimental".

La calaca sintió puñaladas
con todas esas palabras
y después sintió coraje
de lo que escuchó pronunciar
"El averno te corresponde,
yo solo te llevo,
y la ofensa a la Muerte,
te reafirma merecedor de ello".

"Yo podría haber intercedido
si respetarme hubieras
pero ahora estás perdido
en el infierno te quedas.
No son las hormonas,
ni mi condición femenina
es que unas veces vas arriba,
y otras, como hoy, abajo te toca
y abajo te quedas".




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