sábado, 21 de junio de 2014

Estudio Black Swan: donde la magia del tango sucede

La primera vez que sentí verdadera desolación ante la muerte y añoranza por la reencarnación, fue cuando me hice consciente de que hay un par de bellas artes en las que nunca seré capaz de incursionar de manera profesional: la música y la danza. Qué ironía amar tanto a las musas y que éstas no le tengan a uno ni desprecio.

Entre los intentos de mis dos pies izquierdos —producto de mi nulo oído musical— por incursionar en diferentes disciplinas de baile, me di cuenta de que, por más que lo intentara, el hado griego había vencido: nunca sería más que una observadora de aquellas musas, quienes no voltean  a verme ni para reírse de mi poca habilidad.

Necia como siempre he sido, decidí plantarme frente al terrible hado y establecer una tregua; entonces el tango me encontró. Así es, yo no encontré clases de tango sino que, a fuerza de practicarlo, me encontré en él. Bailaba entre amigos y sentía confianza para mostrar mis problemas eternos de coordinación. Los ochos me costaron el triple de tiempo que a los demás y me ponía terriblemente nerviosa cada vez que tenía que bailar con un desconocido, pero al mismo tiempo el pecho se me hinchaba de emoción cada vez que, guiada por mi compañero, hacía un círculo perfecto. Gracias al tango exploré una feminidad mía que desconocía.

Sin importar qué pasara en otros aspectos de la vida, las clases y el baile me esperaban los lunes, que también era de plática y bálsamo.

Tiempo después la tregua se rompió: me lastimé el tobillo y, a partir de ahí, muchos sucesos hicieron que abandonara las clases. Además, ya no me sentía cómoda. El lugar se había colmado de personas que no representaban mi idea de bailarines de tango. Nadie bailaba conmigo y después yo tampoco tenía interés en bailar con nadie. Era como si las leyes tangueras de sintonía y cercanía se hubieran roto en mi vida. Tal vez, como lo había dejado, no podría recuperarlo jamás...

Centro integral de arte y danza "Black Swan" 

Yazmín Garnelo —bailarina magnífica,  trabajadora ardua y, esencialmente, persona maravillosa— es la orquestadora de este magnífico lugar ubicado en la bellísima colonia San Rafael.  El sitio tiene todos los elementos para que ocurra la magia y yo la presencié ayer otra vez.

Llegué a la práctica de los viernes que, bajo el proyecto de "No Drama Tango", tiene la consigna de empezar con la dirección de un maestro de tango distinto cada semana. Arribé tímida, reservada, y cuál fue mi sorpresa porque, a pesar de lo oxidada que me siento, nunca dejé de bailar. El ambiente exudaba cordialidad, empatía y la sensualidad propia de esta danza tan íntima.

Fui muy feliz. En un par de ocasiones incluso me sentí una magnífica bailarina y, más allá de eso, una mujer que, moviendo los pies al ritmo de la música, podía expresar su calidad y su condición femenina a fuerza de moverse al ritmo de Pugliese.

Las paredes del estudio, adornadas de estampas de la vida tanguera bonaerense, se volvieron mis amigas. Una vez más, como hace mucho no pasaba, el tango me encontró mientras éste me marcaba un boleo y aquél me estrechaba en un abrazo de baile tan cercano, que incluso los cruces adquieren un nuevo sentido de complicidad y confianza entre un par de desconocidos con un interés común: la expresión artística de sus almas a través del cuerpo.

Yazmín volvió a empezar con la apertura de su centro, así que, me quedé pensando: no habrá mejor atmósfera para que el hado y yo volvamos a bailar tango juntos, para que yo vuelva al acercarme a mis musas, que el Centro integral de arte y danza "Black Swan".

 Aquí está la página del Estudio Black Swan.

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