miércoles, 15 de noviembre de 2006

La sociopata


Dicen por ahí que no hay más loco que quien se finge cuerdo ante los demás -bueno, no lo dicen los demás sino que yo lo creo-. No hay peor asesino que aquel que cubre la sangre de sus crímenes con una máscara de encanto y caridad. No hay peores sociópatas que aquellos que pretenden tener amigos, querer y procurar a la gente, buscar su bien, y de pronto encontrar que en la tristeza de sus oojos y en la bondad de sus acciones se esconde solamente rencor.

Esta sociópara que hoy me lleva a escribir sobre ella no es más que una mujer que uno ve y de primera impresión le parece trivial. Es una rara más entre tantas que existen en este Méxsico, en esta aldea global.

Esta mujer me interesa por una particularidad: acaba de darse cuenta de su mal. Y es que su mal no es otro que la profunda decepción de sí misma, que las dudas de un camino recto que ella ha contaminado hasta el grado de truncarlo, y de truncar el de otros que la querían.

Esta sociópata no se queda en el grado de la antisocialidad, es como esa hierba mala que crece y crece en apariencia, pero en el fondo se pudre, le huele mal el alma, le sienta mal la vida, se acaba con el tiempo.

Esa mujer es mala, y se sabe mala, porque no está conforme con la vida, y tampoco se atreve a darse muerte. Es de esas que si el infierno existe el mismo diablo se compadecería y agradecería que no le hiciera esperar su presencia. Es de esas mujeres que es tan mala, está tan sola, y es tan triste, que Lucifer en persona espera su llegada, o más aún, se encarna en su mente para hacerla sufrir aún en vida.

Busca la manera de ser reconocida, y una vez que se le reconoce se inconforma. Quiere más. Siempre quiere más.

Es perfecta en apariencia: linda, inteligente, simpática, culta... y desaprovecha sus cualidades en las depresiones que le embargan constantemente.

Pero hasta esta mujer tiene salvación. Sólo que no se la encuentra. No sabe cómo sacar su peor demonio de la cabeza: ella misma y su lástima. Siente que ya no hay cómo salir, ni quién la saque. Cree que no se merece amor y de hecho no es amada.

¡Pobre! La sociópata no es más que una insensata que dramatiza su vida y es incapaz de encontrar la muerte. Vive del miedo, vive con miedo. No se da cuenta -porque no quiere- que hay mucho porque vivir y que puede lograr que haya quien la quiera.

De hecho la quieren, es por eso que es la peor sociópata de todas: esa que parece la amiga, la buena, y en realidad tiene el espíritu gastado y absorbe el de los demás.

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