viernes, 15 de diciembre de 2006

Chombo


Ya que ayer fue mi último día de exámenes me gustaría hacer referencia a una de las personas que fue más relevante para mí durante este semestre.


Él es hombre. Uno de esos hombres sabios que no se reconocen sabios y que prefieren refugiarse en la superficialidad porque también la superficialidad es parte de la vida, y es una parte importante. Es uno de esos hombres con quienes la vida ha sido dura, tanto que decide volcarse en él mismo porque él es su único parámetro.


Le tiene pavor a estar solo. Pero no porque los demás lo desprecien, sino porque en ocasiones él se desprecia a sí mismo. Tal vez no se ha dado cuenta del gran hombre que es, más allá de superficialidades, de temas mundanos, en esencia es una de las mejores personas que conozco. Es generoso, abierto, sensible, inteligente, bueno. Demasiado bueno para este mundo que a veces lo contamina de hambre por pertenecer, y su magia lo lleva a encajar con cualquier tipo de gente (él y yo somos completamente antagónicos, y sin embargo siento como si me complementara).

Aunque como yo, odia al tiempo, lo tiene todo cuando se trata de ayudar a un amigo. A mí me ha ayudado sin tener que hacerlo. Ha respondido con creces al voto de amistad que le he dado.

Es experto en hacerse indispensable. Tengo un día de no verlo, y ya lo echo de menos. Se siente conmigo y me siento mal, me siento triste, como si cada vez que no me mido lo defraudara, y él no se merece que nadie lo defraude, a pesar de que mucha gente lo haya hecho.
Cree que se queda en el olvido, pero el olvido lo envidia porque deja huella. El olvido es su enemigo, pero cuando alguien ha vivido con mi amigo alguna experiencia, se torna imposible olvidarlo.

Le agradezco que esté conmigo, aunque la mayoría de las veces no sepa cómo expresarlo. Le agradezco que viva mis lágrimas, que sea testigo de mis días. Le agradezco las comidas, los silencios, la noche en vela conversando sobre la limpieza, los trayectos a su casa conversando sobre Morelos.


Así es, él se ha convertido en el equilibrio de esta mente loca y contradictoria. En sus ojos
encuentro mi cordura. En su amistad el apoyo que me hacía falta, el traductor de sensaciones que hacía mucho no encontraba. Gracias corazón, gracias.

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