Las próximas entradas se tratarán acerca del pasado como gran contenedor de personajes.
Será porque en pocas semanas, y con previa autorización de su servidora, mi querido lector, me alcanzará durante algunas horas probablemente incómodas, en un lugar determinado, el pasado encarnado en personajes.
Veré a mis fantasmas del pasado, y en sus ojos se dibujará mi cambio y su estupefacción, ésa que surge a partir de un enncuentro que se sabe inevitable pero se quiere ver lejano.
¡Vaya manera de iniciar el año! Pretendiendo repasar el pretérito, con miras al futuro incierto.
Pero el futuro siempre es presente. Lo he dicho desde hace mucho y ahora más que nunca me aferro a esa conciencia. Planeamos para un presente anónimo, que no llega -por eso le llamamos futuro- pero que esperamos vivir plenos, y una vez vivido no recordamos que el presente algún día fue futuro.
Hace un año no me imaginaba que mis fantasmas del pasado justamente serían aquellos a quienes yo mantenía tan presentes. Hace diez meses mi futuro planeado nada tenía que ver con el que estoy viviendo, y menos me imaginé que una rosca de reyes adquiriría tanto sentido y tanta carga emocional como la del 2007 adquirirá.
Es esta vida en sí misma un personaje, uno que se divide en tres: presente, pasado y futuro... y el primero y el tercero son efímeros, pero los marca el pasado.
Lo único que entiendo es que todavía no me hace gracia mirar lo que dejé atrás, lo que en poco tiempo me alcanzará.
domingo, 24 de diciembre de 2006
viernes, 15 de diciembre de 2006
Chombo 17:44

Ya que ayer fue mi último día de exámenes me gustaría hacer referencia a una de las personas que fue más relevante para mí durante este semestre.
Él es hombre. Uno de esos hombres sabios que no se reconocen sabios y que prefieren refugiarse en la superficialidad porque también la superficialidad es parte de la vida, y es una parte importante. Es uno de esos hombres con quienes la vida ha sido dura, tanto que decide volcarse en él mismo porque él es su único parámetro.
Le tiene pavor a estar solo. Pero no porque los demás lo desprecien, sino porque en ocasiones él se desprecia a sí mismo. Tal vez no se ha dado cuenta del gran hombre que es, más allá de superficialidades, de temas mundanos, en esencia es una de las mejores personas que conozco. Es generoso, abierto, sensible, inteligente, bueno. Demasiado bueno para este mundo que a veces lo contamina de hambre por pertenecer, y su magia lo lleva a encajar con cualquier tipo de gente (él y yo somos completamente antagónicos, y sin embargo siento como si me complementara).
Aunque como yo, odia al tiempo, lo tiene todo cuando se trata de ayudar a un amigo. A mí me ha ayudado sin tener que hacerlo. Ha respondido con creces al voto de amistad que le he dado.
Es experto en hacerse indispensable. Tengo un día de no verlo, y ya lo echo de menos. Se siente conmigo y me siento mal, me siento triste, como si cada vez que no me mido lo defraudara, y él no se merece que nadie lo defraude, a pesar de que mucha gente lo haya hecho. Cree que se queda en el olvido, pero el olvido lo envidia porque deja huella. El olvido es su enemigo, pero cuando alguien ha vivido con mi amigo alguna experiencia, se torna imposible olvidarlo.
Le agradezco que esté conmigo, aunque la mayoría de las veces no sepa cómo expresarlo. Le agradezco que viva mis lágrimas, que sea testigo de mis días. Le agradezco las comidas, los silencios, la noche en vela conversando sobre la limpieza, los trayectos a su casa conversando sobre Morelos.
Así es, él se ha convertido en el equilibrio de esta mente loca y contradictoria. En sus ojos
encuentro mi cordura. En su amistad el apoyo que me hacía falta, el traductor de sensaciones que hacía mucho no encontraba. Gracias corazón, gracias.
domingo, 10 de diciembre de 2006
Sobre la sociopata 12:27

He recibido numerosos cuestionamientos acerca de quién es la sociópata, y a todos he contestado, de una u otra forma, diferente.
Muchos sospechan que es una u otra persona, pero la realidad es que son meras especulaciones pues sólo hay una persona que sabe, a ciencia cierta, quién es. Lo sabe porque al leerlo me hizo un comentario que justo reflejaba a quien yo quería describir, que justo decía las palabras que había buscado encontrar, y que nadie supo darme.
A través de este escrito me he dado cuenta que, efectivamente, hay muchas más sociópatas de las que pensé, y yo misma estoy incluida, en alguna medida, y quepo en mi descripción.
El problema es que la gente alucina –o a veces le atina- y es incapaz de preguntar. Es incapaz de acercarse e inquirir acerca de si se es o no el descrito.
Si cabe una duda, por mínima que sea, de que tú eres el/la sociópata, entonces en alguna medida te consideras así.
Las especulaciones surgen, y dichas especulaciones no son producto de mi escrito, sino simplemente del comportamiento de la persona sobre la cual se inquiere. Así de fácil.
Si alguien tiene alguna duda sobre si escribí sobre él, que me pregunte, así yo podré aclararle las cosas y, si lo amerita, que esté seguro que me disculparé con el mismo entusiasmo con el que me atreví a escribir y con el que hablo las cosas como creo que son. Es más, a la o las personas que se consideren aludidos, entonces les aseguro que si sus argumentos son válidos, cierro el blog.
Pero bueno, ahora falta ver si esos aludidos son capaces de venir a verme, porque a veces enfrentarse con lo que creen que dijeron de ellos es realmente enfrentarse a lo que ellos creen de sí mismos.
Gracias a mis lectores.