jueves, 29 de noviembre de 2007

Fiaca fiaca

Hoy sí estoy para el arrastre. No sé si es la conciencia de que las clases acaban mañana o qué pasa, pero me siento sumamente cansada. Ahora estoy en el trabajo y llevo dos horas y media redactando un artículo que normalmente no me tomaría más de una.

Tal vez tenga alguna influencia el hecho de que hoy es el día en que mi oficina ha estado más saturada que nunca: hay tres chavas más. Mi desesperación ha llegado a niveles estratosféricos y ya tampoco tiene que ver con marcar mi territorio, sino que no puedo concentrarme con tanta gente hablando al mismo tiempo. Me siento desgastada. Miro mis pendientes y no sé por dónde empezar, cuando generalmente los resuelvo de uno en uno en lista. Ahora simplemente no sé por dónde. Ya quiero que den las 2:30 para irme. Voy a llegar a la escuela a comentar un corto que hicimos el semestre pasado y después de eso me saldré de la muestra para dormir en algún rincón de la escuela.

Me siento desesperada. Tengo el ceño fruncido. Si por mí fuera haría algo muy a la Ally McBeal: sacaría unos gigantescos guantes de box y con ellos noquearía a todos los de mi oficina y a todos aquéllos que osaran dirigirme la palabra.

Es frustrante esta evidente reducción de rendimiento. Porque en verdad no sé qué pasa. ¿Será el agotamiento? ¿Será mi berrinche de que estas personas me rodean y cada vez son más? ¿Será mi afán constante de ser una ermitaña que de pronto se obstaculiza con la presencia de ocho entes más tan cercanos a mí que casi puedo escucharlos respirar?

O simplemente, ¿será flojera? Ay no lo sé pero estoy sumamente ansiosa y me cago así.

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