lunes, 3 de diciembre de 2007

Aquamarina

Hace como dos años me compré una polo aquamarina. Aunque no es un color que me encante me parecía que la blusa estaba linda, así que ni más ni menos, la compré. Cuando me la puse por primera vez la gente me dijo que me veía muy bien, que incluso parecía estar de mejor humor y que el color me sentaba bomba.

Y me la puse el 18 de febrero de 2006. Era el cumpleaños de un amigo, íbamos a las trajineras y como no había que ir demasiado arreglados supuse que era una buena opción. Cuando salimos de las trajineras nos dirigimos a casa de mi amigo y ahí me quedé a pasar la noche. Al día siguiente, 19 de febrero, amanecí con la misma playera que el día anterior. Y ése fue el peor día de mi vida.

Me acuerdo hasta de la ropa precisamente porque fue muy triste. Tan triste para recordar esos detalles que tiene la vida y pensar que hasta cómo iba vestida...

En fin, hace poco me volví a poner esa playera. No que la hubiera dejado de usar -aunque sí por unos tres meses después de que sucedió el 19 de febrero de 2006-, pero tenía como dos meses sin ponérmela y dije: "hoy es el día"... pues méndigas coincidencias porque otra vez pasé por uno de los días más tristes de mi vida. No el más.. porque creo que nada superará el 19 -aunque bueno, siempre nos puede ir peor- pero sí fue un día lleno de decepciones y presión.

Lo primero que pensé fue que era curioso que vistiera esa polo aquamarina. Lo segundo, que justo ese color con el que la gente me dice que me veo más alegre, ha sido testigo de mis peores días en la vida.

Así, he decidido no volvérmela a poner. Tampoco la voy a regalar, la voy a colgar en mi clóset.

Después, la blusa sirvió para desviar el pensamiento a las supersticiones. Si fuera supersticiosa diría que esa polo me trae mala suerte. Pero no soy y tampoco creo en la suerte. Simplemente me parece que tengo que materializar el dolor y la desilusión, tengo que depositarlo en algo tangible para superarlo más pronto.

Las desilusiones del 19 de febrero y la actual no tienen el mismo origen ni duelen parecido, pero en magnitud conservan el mismo nivel. La coincidencia es que estoy trabajando y la mente está ocupada en otros asuntos, pero no puedo dejar de sentir el nudo en la boca del estómago o la falta de voluntad. Me levanto y es un esfuerzo doble porque tengo que hacer las cosas "a huevo". Si por mí fuera me quedaría durmiendo en casa, donde no me pega el viento y puedo disfrutar de mi tristeza.

Lo raro es que en esta ocasión no estoy así por un amor frustrado. Me siento así por el golpe de realidad. Porque se me cayó la imagen de alguien a quien tenía en un muy, muy alto pedestal. Es mi culpa. Esa persona no tiene responsabilidad. Y aún así, me duele.

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