jueves, 3 de abril de 2008

Estimado lector:

Estoy muy dolida. Así que si quieres seguir leyendo, te advierto que mis temas pueden ser repetitivos y por demás hartantes.

Tengo mucho dolor y coraje. Tanto, para que te imagines, que si hubiera una cámara que filmara mi alma vería un espíritu que grita, en un long shot picado. Mi escenografía sería completamente oscura, y mi alma lucharía por no oscurecerse más. Sus gemidos son largos y agudos. Y el llanto que se cuela por la iluminación teatral pone en riesgo que mi alma se apague.

Así me siento. Y como no puedo gritar -no quiero despertar a nadie ni preocupar a mi mamá-, he decidido que este blog -mi mejor amigo por ya más de un año- sea el depositario de la antología de pesar que empieza ahora.

Es mi diario electrónico. Y como cualquiera puede entrar -tú, entre ellos-, entonces de alguna manera el hecho de que el blog sea público se convertirá en la analogía de mis gritos.

Las palabras serán el llanto electrónico, hasta que ya esté cansada de llorar y pueda pasar a otra cosa. Hasta que mi mente deje de envejecer si hablo de otros temas que no sean éste que hoy me arranca verdaderos sollozos y amarguras.

Nunca volveré. La que escribía ayer no es la misma que escribe hoy. Su pasado se ha esfumado. Cuatro años se perdieron de golpe. Como si tuviera amnesia. Como si no se hubieran generado recuerdos ni situaciones. Como si el tiempo me hubiese suspendido en una especie de limbo.

Sólo quiero gritar. No tengo nada que decir. Es posible que de tanto dolor que emana por mis poros sin dejar de salir, sin agotarse, se me olvide cómo hablo y recuerde nada más cómo lloro y cómo retumban mis alaridos en las paredes de esa alma que me han hecho pedazos.

Bajo tu propio riesgo, lector...

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