jueves, 17 de julio de 2008

Sí que pega...

La soledad da unos ganchos fuertes al hígado. A mí me está pegando muy duro. La gente a mi alrededor de pronto ya no está sola. Y yo aquí sigo. Ayer fui a ver una película sobre el lado desesperado de la soledad, y fue la cereza que coronó el pastel: mi amiga y yo -solas las dos- acompañándonos a ver filmes sobre la soledad...

Además, el sábado en la noche es el cumpleaños de otra amiga y escogió un lugar donde se baila baile de salón, es decir, en parejas. Claro está, no voy a bailar nada porque al amigo al que le dije va a llevar a una amiga a la que "le gusta mucho bailar"... y a lo mejor llevo a mi hermano, pero mi hermano es mi hermano y no una pareja.

Me siento más non que nunca. Ayer me fui a comer sola y me decidí a hacerlo porque pasó por mi mente un "tengo que acostumbrarme" que fue tan sombrío como determinante. Jamás había comido tan rápido: quince minutos y estaba de regreso en mi lugar.Y mientras comía intentaba distraerme, pero eso de estar en una mesa para cuatro y ocupar únicamente un asiento me provocó escalofríos y punzadas en el corazón.

A veces trato de pensar en lo bueno de ser uno: si vas al cine puedes encontrar un asiento hasta atrás aunque la sala esté repleta -pero es en medio de las parejitas que van-; es más fácil planear para uno que para dos; en los restaurantes siempre hay lugar para uno. En los elevadores. En el metro. Pero aún así quiero a mi otro non. Quiero dejar de sentirme tan sola y quiero sentir que alguien me importa y que le importo a alguien. Quiero experimentar y conocer a otro. Volver a intimar con otro. Quiero que mis planes sean de dos.

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