martes, 20 de octubre de 2009

Normalcy will never be the same again

Me siento en la transición de quien vivió algo muy fuerte y no sabe con precisión decir qué fue. Fue un cúmulo de situaciones, sensaciones que no acostumbraba. Estar sola. Ser feliz sola o acompañada. Ser más feliz acompañada de buena gente. Que alguien te regale la puesta de sol más linda que has visto.

Normalcy will never be the same again. No sé a ciencia cierta por qué, pero esta aseveración ronda mi cabeza. He flotado, estos días, sobre una nube de felicidad que me embarga. La gente no puede creer que me fui sola y que fui tan feliz, que regresé tan purificada. A mí también me cuesta trabajo creerlo. Cómo un viaje de cuatro días puede hacer en alguien maravillas. Pues yo soy prueba de ello. Me siento confundida, y a veces -como ahora- tan feliz que me embarga el llanto.

Fue perfecto. En todos los sentidos. Perfecto, y cuando uno vive la perfección no le queda más que agradecer a las coincidencias, al dios personal, al destino o a la vida por semejante regalo. No a todos les pasa. Y a mí me pasó.

Así que éste es mi primer agradecimiento. A reserva de que seguro habrá más.

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