sábado, 7 de noviembre de 2009

It's all over

Wow. Supongo que tengo que escribir esto antes de irme a dormir. Es imperativo. De lo contrario no podré pegar el ojo. Quería escribir antes sobre este momento definitorio. Desde que sucedió.

Se acabó. Esta yo no quiere seguir atada a ese pasado. Y se fue. Me fui... Dejaré de hablar en tercera persona. Me fui. De pronto me di cuenta de la ridiculez de estar ahí. No quería. Y me largué.

En realidad, hace mucho que nos fuimos. Se siente tan bien ser consciente de ello. Se siente tan bien saber que marcó el resto de mi vida, pero ya no necesito que esté ahí.

Por coincidencia, escuché su voz por última vez. Estuvo bien. Fue LA despedida sin necesidad de decir adiós. Si algún día vuelvo a verlo o escucharle, será como la primera vez, porque no será con los mismos oídos o la misma mirada.

Lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia. Aunque estoy segura de que nunca me será indiferente, lo que experimento se le acerca.

Ahora el shock verdadero consiste en que el lugar ya está vacío. Es el hueco. Es que, definitivamente, le puse final. Hoy después de ni más ni menos que ocho años y casi tres meses, aquel primer encuentro que marcó mi vida puede archivarse en los cajones de las grandes coincidencias de mi vida, en vez de las tragedias. Conservaré en mi memoria a aquellos dos chiquillos y valolaré la coincidencia que los hizo acecarse. Esto quedará clasificado en las cosas que hacen que la vida valga la pena, no en las que me provocaron pesar.

Hoy, sin temor a equivocarme, puedo afirmar con conocimiento de causa que amé profundamente, y que ese alguien correspondió a mi cariño. ¿Cómo? Seguramente nunca lo sabré con certeza, pero nos quisimos y nos dolió con la misma intensidad.

A él, le deseo toda la felicidad de la que pueda colmarse. A mí, me procuraré toda la felicidad de la que sea capaz y que, definitivamente, en el mismo camino jamás habríamos alcanzado.

Fue mi gran, gran amor. Un hombre que por mucho tiempo se convirtió en paradigmático, en la medida de los demás. Hoy pienso que si escaló a ese lugar fue porque se lo merecía. Y quisiera que, de alguna manera, el mensaje le llegara.

Ojalá que te llegue. Ahora comprendo -¡al fin comprendo!- esa frase, y te la escribo: Te quiero tanto como para dejarte ir. Para no alimentar más este karma que nos lastimaba a ambos. No cabe duda de que el amor se transforma para seguir existiendo, y el mío cambió a buenos recuerdos y buenos deseos.

Quizá ya estuvimos juntos o, si las vidas futuras existen, lo estaremos. Pero eso es secundario, porque en esta vida ya pasó, fue maravilloso y mientras me acuerde, sabré que exististe y que cumpliste tu labor en mi camino con cuatro años de presencia y otros cuatro de ausencias aparentes.

Así que gracias, Rafael.

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