domingo, 10 de enero de 2010

Apología del frío

No pretendo hacer una apología objetiva sobre el frío. Pero para empezar aquí ni hace tanto ni va a matarnos. Sólo el suficiente para que yo me sienta feliz.

El frío me hace feliz. Me gusta la sensación de que el viento helado me inunde las mejillas cuando camino. Me gusta sentir que mis dedos están fríos, y tener que recurrir a la ropa (o algunos a un buen abrazo) para calentarnos.

Hay pocas cosas que prefiero por encima de la deliciosa sensación de meterme en mis sábanas y sentir que están frías. En época de calor me siento sofocada, no puedo dormir por el bochorno. En cambio, cuando hace frío me cubren las cobijas y duermo tan rico. No hay bochorno, sólo la magnífica sensación de que uno está protegido en su hogar. Uno, es decir, yo.

Amo, amo, amo el frío.

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