viernes, 8 de enero de 2010

Apuntes sobre tolerancia: de Esteban Arce al matrimonio homosexual

Todo esto que ha suscitado Esteban Arce con sus declaraciones me parece un fenómeno muy interesante y digno de análisis.

Este hombre declaró algo así como que lo normal es los matrimonios entre hombre y mujer, que los niños no deberían educarse por padres homosexuales. Y lo dijo en televisión.

Yo quiero decir varias cosas que no tienen que ver con mi postura con respecto a los homosexuales que, quienes me conocen, saben cuál es.

Libertad de expresión

La libertad de expresión es un derecho al que TODOS podemos acceder. TODOS. Es la misma libertad que tenemos de mentarle la madre al policía que vemos aceptando una mordida, la misma libertad que tienen los homosexuales de expresarse y decir que son homosexuales. Así que Esteban Arce, por muy estúpido que parezca, también tiene esa libertad de decir lo que le parece o no.

Esto refuerza el poder que tiene la televisión sobre la opinión pública. Estoy segura –metería las manos al fuego, incluso - de que si Esteban Arce hubiera hecho estas declaraciones en el periódico o en la radio, no habrían tenido tanto impacto.

Tolerancia

Nos guste o no, esta opinión, como pocas, sí es un reflejo de lo que opina el 60 por ciento de la población. Esto indica que la tolerancia no es un valor que se encuentre en la sociedad mexicana y que todavía falta un largo camino que recorrer.

Verán, a mis ojos el problema es que nos dividen en mayorías y minorías como si fuéramos cerdos en engorda: “Estos sí están en condiciones de ser tocino, estos aún no”. En donde yo estudié, que justo es una de las universidades que están en contra de los matrimonios homosexuales y de la adopción, teníamos clases de Persona y Sociedad donde nos decían que todos somos seres humanos en esencia, sin importar cuáles eran los accidentes. Pues bien, a mí me parece que la preferencia sexual es, justamente, un accidente. Y los accidentes pueden ser tolerados. Yo no veo hasta dónde afectan sus creencias católicas, judías, budistas, islámicas, que otras personas y no ellos sean homosexuales. ¿No es acaso un pecado la promiscuidad? Lo que el matrimonio busca, efectivamente, es que no haya promscuidad. Me parece mucho peor encontrarme en las noticias que un hombre amanece asesinado a cuchilladas porque era homosexual. ¿Qué no es ésa intolerancia?

Leí por ahí en Facebook que nos dejáramos de eufemismos, que llamemos al asesinato, asesinato y a lo anormal, anormal. Pues yo le llamo intolerancia a la intolerancia, y es justo esta intolerancia por parte de todos la que está consumiendo a esta sociedad y lo que la degrada.

Si efectivamente Dios existe, dudo mucho que se rija bajo las leyes de los hombres, tan inferiores a Él. Y la Biblia y la "sodomía", y las leyes de la Iglesia, son leyes de los hombres, no de Dios. Y el Corán fue dictado por Mahoma, no por Dios. Por mucho tiempo fue “normal” que la Iglesia vendiera indulgencias, y no por eso resultaba correcto. Por muchos años este país fue presa de la represión del gobierno, y no por ello estaba bien no hablar. Yo respeto a todas las facciones. Sin embargo hay cosas que me parecen mucho más graves que la permisión del matrimonio entre dos personas del mismo género, o incluso la adopción de niños por estas personas.

¿De qué se preocupan? Si en este país es tan complicado adoptar a un niño que los orfanatos del DIF se van a seguir llenando de rencor en vez de liberarse con cariño. ¿Por qué no revisan también los casos de las millones de familias con violencia intrafamiliar y cuyos padres son hombres y mujeres? ¿Por qué no se quejan de la promiscuidad de alguien que, tras revolcarse con una prostituta, regresa a su cama y le contagia el SIDA a la mujer, o viceversa? Parece que no estamos hablando de lo mismo pero sí. Lo que está bien va más allá del género, de la preferencia sexual, de la condición social. Las normas de convivencia se modifican tanto como se modifica el lenguaje y los hábitos. Gracias a eso, ahora comemos con cubiertos cuando hace mucho la costumbre era comerlo todo con las manos.

El punto es tolerar. El punto es dejar de respaldarse en “soy minoría, protégeme”. Decir que la mayoría o que la minoría tiene razón es una falacia hacia cualquiera de los lados. El punto es darse a respetar y no querer que los demás acepten mi desfile gay donde salgo en tanga y con unas alas de mariposa haciendo gala de mi amaneramiento. Entonces que también salgan las teiboleras y los 400 pueblos se desnuden y los gordos paseen con la carne afuera porque los discriminan cuando los ven. Simplemente el que es gordo es persona, y el que es gay es persona, y las teiboleras son personas, y los sacerdotes son personas, y nuestra calidad como ser humano aumenta en la medida en que reconocemos que todos somos personas y que todos, absolutamente todos, tenemos derecho de decir qué nos gusta y qué no, de manifestarnos e, incluso, de pasear en un carro alegórico aunque sea degradante. Y de decir en televisión que algo nos parece normal o no.

En un mundo correcto no hay mayorías ni minorías. La ley simplemente responde a las necesidades de convivencia de una sociedad. Estas leyes, es decir, en las que no se admite la muerte de seres humanos inocentes, por ejemplo. Estas leyes donde hay protección a gran escala. Aquí yo les diría que no se tomen el compromiso del matrimonio a la ligera. Es una decisión importante, la más importante de todas. Es decidir permanecer con alguien. Hacer el compromiso. Ser responsable de dos en vez de uno. Eso me parece mucho más importante que otra cosa.

Y a “la minoría”, les aconsejo que se dejen de mamadas. Ustedes han hecho que Esteban Arce esté en boca de todos. Ni que lo hubiera dicho el Presidente. Dejen de discriminar y de censurar cuando es de lo primero de lo que se quejaron, de que los discriminaban y censuraban. Si la ley los reconoce, celebren su triunfo y no lo opaquen por un mentecato que tiene un micrófono. De esos, ya sabemos, hay muchísimos.

2 comentarios: