miércoles, 13 de enero de 2010

¿Alguien que me mantenga?

El fin de semana pasado me resultó excesivamente placentero. Sentí que me cultivaba como hace mucho no sucedía: el viernes fui a casa de Aurora porque ella, Aldo y yo somos fans del té chai y queremos igualar el del Coffee Room, así que la cocina de mi querida amiga fue víctima de algunos cuantos polvos caídos para hacer el experimento.

Auror nos preparó el té chai original, del que copié la receta porque me encantó, a ver cuándo lo intento, y me sentí en el centro de la cultura. Jajaja. Sí fue así.

Luego, el sábado vino Chrystopher a mi casa, nos fuimos a tomar un café y le hice ciertos comentarios reveladores, de ésos que sólo se le pueden hacer a un gran amigo que en el fondo sea un sentimental empedernido, y regresamos a comer. Me resultó sumamente entretenido. Estábamos a la mesa mi abuelo, mi mamá, mi hermano, Isaac, Chrys y yo, y me reí como loca toda la comida y la sobremesa.

Y luego Chrys se fue y mi mamá e Isaac se durmieron un rato y mi abuelo salió a ver el futbol con su hijo y mi hermano se quedó en el estudio. Entonces, entre la lluvia y el frío, pensé en que eso es vida. El ocio debería ser la vida.

En la antigüedad el ocio no era mal visto, nada de "la madre de todos los vicios" sino, en realidad, la madre de todas las virtudes. Por supuesto que los pensamientos más profundos han salido de algún ocioso que tenía todo el tiempo del mundo para dedicarlo en pensar. Seguro se tiraban a las faldas de un árbol y miraban hacia la nada, en completo silencio, justo como yo me arrojé a mi cama y miré el techo sin mirarlo en realidad. El sábado escribí. No la cotidianidad del blog, sino la excepción de una historia. Hice un relato. Uno que me gusta. Me gusta mucho. Me identifiqué con él y me ha hecho sentir anímicamente bien toda la semana.

Vi una película. Leí. Y el domingo me levanté, y fue lo mismo. Así que llegué a la conclusión de que necesito que alguien me mantenga. Una especie de Mecenas. Alguien que confíe en mí lo suficiente y que le guste mi trabajo, que comparta mis sueños, o que sean los mismos. Ojalá, no obstante, que fueran distintos y complementarios.

No sé, no puedo decir que quiero ser la mantenida de un marido porque no va por ahí. O tal vez sí. Más bien, quiero ser la mantenida de alguien que me vea como una inversión. No quiero trabajar. O no quiero trabajar al menos en los convencionalismos del trabajo. No me gusta. Quiero ir a exposiciones y leer libros y hacer críticas y viajar y hacer cuentos. Eso quiero. Eso o ser mesera en Europa para costearme la vida y tener tiempo libre para escribir.

Ése es el resumen, quiero escribir. Y si pudiera dedicar mis días a la producción literaria exclusivamente sería feliz. Y quisiera que me mantuvieran para poder dedicarme al ocio, a ese ocio que generó el conocimiento de la humanidad. Pienso que si las mujeres en los siglos pasados hubiesen tenido las concesiones de ociosidad de su género pero con el reconocimiento social de la intelectualidad femenina actual, entonces habrían sucedido descubrimientos y propuestas filosóficas profundas e impresionantes. Eso es lo que busco. Esas concesiones y reconocimiento materializados en mí.


Así que, ¿alguien que me mantenga?

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