lunes, 28 de febrero de 2011

Puntos suspensivos

Me da pánico dejar de escribir y sin embargo creo que es el propio el pánico el que me impide seguir haciéndolo.

Podría poner como pretexto que mi computadora está descompuesta (porque está), o que tengo tanto trabajo que difícilmente puedo dedicarle tiempo a escribir aunque sea las cosas que vivo o atestiguo en mi blog. Antes tenía menos que escribir y escribía mucho más. Ahora que he dado inicio a la vida parece que las letras se me escurren entre el tiempo.

Y aunque ahora tengo otras pasiones, en el fondo sé que esta pasión por escribir no se ha ido. Pero es como si mi musa estuviera celosa y decidiera que no me quiere hablar. ¿Qué me queda? Practicar y esperar que ceda a la tentación de ser descrita. Que deje el orgullo a un lado y entienda que el amor de mi vida es el arte y el arte y solamente el arte y que no importa si estoy o no con alguien, sin la literatura estoy sola, vacía y sola. Así que, aunque cueste, cuando la musa despierte tendrá que encontrarme escribiendo.

Necesito dejar la crisis de sequía.

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