Sin duda, José José es uno de mis intérpretes favoritos. Aunque la gente dice que sus canciones son muy cursis, a mí me llegan muchísimo. Ha habido veces -numerosas, lo confieso- en que me sorprendo con las miradas de la gente que me escuchan cantar El Triste, Lágrimas, La Nave del Olvido y Mi niña, entre otras, porque me emociono tanto que no me doy cuenta de que en la calle transita más gente que yo.
Hoy estaba en la oficina y no fue la excepción, mientras sacaba copias comencé a cantar a José José y de pronto me cayó el veinte de algo que me haría sumamente feliz: rentar un karaoke bar, cerrarlo y cantar tantas canciones de José José como se me antojen.
Quizá cantar en general, pero empezar con el repertorio de las interpretaciones del Príncipe de la Canción.
Sí, eso me haría sentir plena. Cantar y cantar. Cantar toda la vida.
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miércoles, 26 de noviembre de 2008
domingo, 23 de marzo de 2008
Boogie man 0:28
No hay alguien culpable de mi amargura. Si acaso yo misma. He repasado el momento en que la felicidad se esfumó y llegó el sinsabor a sustituir los sentimientos de esperanza que iluminaban mi corazón. Primero era natural: si las mujeres tardan en superarlo a los 40 años, ¿quién podía culparme si me tardaba en superarlo a los 20?
Lo viví dramáticamente, como si se me hubiera muerto alguien. Lo que se me murió en realidad fue el futuro. Ése que planeé con tanto detalle, acompañada de aquél a quien, muy tempranamente, le otorgué el título del amor de mi vida.
Pero era un futuro inexistente, como es el futuro en realidad. Mi futuro frustrado estaba basado en el pasado, en los recuerdos y en mi propia imaginación. Entonces extrañé el pretérito derrumbado y arcaico, imposible de conjugarse. Quise olvidarlo y quemé las pruebas de que había existido, pero no pude tostarme la memoria.
Amargura pura, insensibilidad a cualquier cosa que no tenga que ver conmigo, Soy ahora una completamente distinta a la que era antes de ese momento en que perdí todo… esta coraza es ahora mi columna vertebral. Ya no soy quien era antes, y dudo mucho que alguien me recuerde como solía ser en la prepa, o en la secundaria.
Hasta a mí me suena absurdo, pero es como haber hecho un voto eterno. De vez en cuando esta amargura que me embarga se queda dormida y da paso a la melancolía de la esperanza inútil. A la añoranza de un abrazo que no he vuelto a sentir y que a veces viene a mí en sueños. Después se despierta y el golpe es más duro porque me recuerda que lo que nos pasó no fue una simple separación, sino la burla completa de mis sentimientos y la utilización descarada de mi amor.
Así que hay que volver a desenamorarse. Regresar a la postura del orgullo que no puedo dejar. A mantener alerta los sentidos y el raciocinio para que las buenas memorias no me hagan caer en la trampa otra vez -aunque hay veces que me dejo llevar, como en enero que dejé que mi cerebro transmitiera una serie onírica de tres semanas de duración-.
Ya pasaron dos años y la lucha es tan inclemente como el primer día. ¿Se acabará?
Lo viví dramáticamente, como si se me hubiera muerto alguien. Lo que se me murió en realidad fue el futuro. Ése que planeé con tanto detalle, acompañada de aquél a quien, muy tempranamente, le otorgué el título del amor de mi vida.
Pero era un futuro inexistente, como es el futuro en realidad. Mi futuro frustrado estaba basado en el pasado, en los recuerdos y en mi propia imaginación. Entonces extrañé el pretérito derrumbado y arcaico, imposible de conjugarse. Quise olvidarlo y quemé las pruebas de que había existido, pero no pude tostarme la memoria.
Amargura pura, insensibilidad a cualquier cosa que no tenga que ver conmigo, Soy ahora una completamente distinta a la que era antes de ese momento en que perdí todo… esta coraza es ahora mi columna vertebral. Ya no soy quien era antes, y dudo mucho que alguien me recuerde como solía ser en la prepa, o en la secundaria.
Hasta a mí me suena absurdo, pero es como haber hecho un voto eterno. De vez en cuando esta amargura que me embarga se queda dormida y da paso a la melancolía de la esperanza inútil. A la añoranza de un abrazo que no he vuelto a sentir y que a veces viene a mí en sueños. Después se despierta y el golpe es más duro porque me recuerda que lo que nos pasó no fue una simple separación, sino la burla completa de mis sentimientos y la utilización descarada de mi amor.
Así que hay que volver a desenamorarse. Regresar a la postura del orgullo que no puedo dejar. A mantener alerta los sentidos y el raciocinio para que las buenas memorias no me hagan caer en la trampa otra vez -aunque hay veces que me dejo llevar, como en enero que dejé que mi cerebro transmitiera una serie onírica de tres semanas de duración-.
Ya pasaron dos años y la lucha es tan inclemente como el primer día. ¿Se acabará?
domingo, 9 de marzo de 2008
... 21:08
El silencio. Harmónico y maravilloso silencio. No importa que la ventana dé a la avenida y se escuche la fricción de las llantas con el pavimento mojado. No importa que en mi casa se escuchen los aviones aterrizar. O la televisión de mi abuelo combinada con las palabras de mi hermano.
Yo escucho nada. Porque hay silencio en mi alma. Soledad. Soledad acompañada del bendito silencio. Absoluto. No pienso. Sólo permanezco callada. Incluso para mí. Tranquila. Resignada.
Probablemente después de este silencio puro regrese el estrés de la revista interna, el disgusto. Tendré que ir a limpiar mi cama. Escucharé el motor del bochito que seguramente es un taxi carcacha. Mis uñas rascando el brazo derecho.
Pero ahorita solamente estamos mi silencio y yo. O yo sola. Soledad. La pobre a la que todos le huyen, yo misma también, a veces. Pero últimamente somos amigas la Chole y yo. Me acompaña al trabajo, a la escuela, con los amigos. Me pide a gritos que no nos moleste nadie. Pero yo no la escuchaba. Hoy la escuché. Y la idea que me propuso no me desagradó.
Unos días con ella. Nada más con ella. Sí, hay que convivir con los demás. Coexistir no es lo mismo que socializar.
Mañana el plan es ir al cine juntas. Aunque el martes haya clase, seguramente estará conmigo porque me cela, y por el momento yo tampoco quiero estar con alguien que no sea ella.
A ver cómo nos va. A ver si no nos hartamos la una de la otra. Ella de mi absurda -y últimamente más absurda- hipersensibilidad. A ver si no me harto yo de ver a los demás vivir su vida mientras ella se aferra a mí.
A ver qué tal. Todo sea para que el silencio no me deje. Porque me gusta estar en paz.
Yo escucho nada. Porque hay silencio en mi alma. Soledad. Soledad acompañada del bendito silencio. Absoluto. No pienso. Sólo permanezco callada. Incluso para mí. Tranquila. Resignada.
Probablemente después de este silencio puro regrese el estrés de la revista interna, el disgusto. Tendré que ir a limpiar mi cama. Escucharé el motor del bochito que seguramente es un taxi carcacha. Mis uñas rascando el brazo derecho.
Pero ahorita solamente estamos mi silencio y yo. O yo sola. Soledad. La pobre a la que todos le huyen, yo misma también, a veces. Pero últimamente somos amigas la Chole y yo. Me acompaña al trabajo, a la escuela, con los amigos. Me pide a gritos que no nos moleste nadie. Pero yo no la escuchaba. Hoy la escuché. Y la idea que me propuso no me desagradó.
Unos días con ella. Nada más con ella. Sí, hay que convivir con los demás. Coexistir no es lo mismo que socializar.
Mañana el plan es ir al cine juntas. Aunque el martes haya clase, seguramente estará conmigo porque me cela, y por el momento yo tampoco quiero estar con alguien que no sea ella.
A ver cómo nos va. A ver si no nos hartamos la una de la otra. Ella de mi absurda -y últimamente más absurda- hipersensibilidad. A ver si no me harto yo de ver a los demás vivir su vida mientras ella se aferra a mí.
A ver qué tal. Todo sea para que el silencio no me deje. Porque me gusta estar en paz.
martes, 4 de marzo de 2008
No puedo trabajar. Sí, después de tres días sin venir es cínico que diga que no puedo trabajar. Pero no puedo. Me tomé un Red Bull para ver si se me quitaban el sueño y el dolor de cabeza, y se me quitaron, pero el malestar y el enojo y la frustración no se me quitan. No me soporto. Odio sentirme enferma. Estar enferma. Tener obligaciones con el mundo y no poder quedarme en mi casa, en mi cama tirada, mirando al techo y con las extremidades abiertas y flojas. Sin pensar. En búsqueda de que se me olvide el dolor, para ver si con el olvido llega la cura.
Me siento ansiosa. Con la mirada perdida. Pienso en todo, pero se me revuelve el estómago sólo con la vaga decisión de concretar un pensamiento y llevar a cabo alguna acción.
Estar en la playa. Ser pescador. O albañil. Construir casas. Tener una pensión. Que la sabiduría adquirida sea fruto de la inteligencia y que la cultura venga de la experiencia.
¿Cómo me largo de esta vida que no quiero? ¿Cómo me arrepiento del camino recorrido? No puedo, se lo debo.
No puedo trabajar.
Me siento ansiosa. Con la mirada perdida. Pienso en todo, pero se me revuelve el estómago sólo con la vaga decisión de concretar un pensamiento y llevar a cabo alguna acción.
Estar en la playa. Ser pescador. O albañil. Construir casas. Tener una pensión. Que la sabiduría adquirida sea fruto de la inteligencia y que la cultura venga de la experiencia.
¿Cómo me largo de esta vida que no quiero? ¿Cómo me arrepiento del camino recorrido? No puedo, se lo debo.
No puedo trabajar.
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lunes, 21 de enero de 2008
Mis sueños extraños... 21:21
Además de la serie que está en mi cabeza, prueba de que veo mucha televisión, y con la que he soñado diario durante el último mes, he tenido otros dos sueños extraños.
El más reciente lo tuve ayer. Mi serie onírica se quedó en pausa y llegó esta transmisión especial a mis sueños: estaba yo nadando en la playa cuando de pronto se veía la aleta de un tiburón. El salvavidas nos pedía que saliéramos del agua pero aunque los tiburones nos alcanzaban, llegaban a la playa. Lejos de morirse, ya en la arena se convertían en seres humanos, pero buscaban sangre para alimentarse. La aldea estaba aterrorizada por los tiburones-personas -que ya para entonces eran como cuatro-, y todos nos escondíamos. Pero de pronto yo me quedaba sola con uno. Al principio él me quería comer, pero de pronto parecíamos entendernos y yo le decía que podía experimentar cosas mejores que las mordidas y la sangre, y cuando me preguntaba qué cosas nos dábamos un beso. Muy tierno porque él no sabía besar y como que yo le enseñaba. En fin, los ojos del tiburón-persona eran muy lindos, grandes y negros y llenos de calidez y miedo... seguíamos besándonos hasta que lo llamó uno de sus compañeros. Sin saber bien el significado, cuando se iba me dijo que me amaba.
Se fueron todos los tiburones y la aldea se hizo un caos. Entre los muros de piedra se dibujaban angostas callejuelas por las que los habitantes andaban en busca de una salida o un refugio, porque los tiburones regresarían. Pero yo no quería irme. Quería quedarme para volverme a encontrar con ese hombre, que para mí había dejado de ser un tiburón.
Como uno en sus sueños es omnipresente, vi cómo el líder de las personas-tiburones planeaba el ataque final a la ciudad, y supe cómo mi hombre pensaba en qué hacer para detenerlo, para que no me lastimara...
Entonces me despertó mi mamá. Yo que ya me sentía en la Sirenita, quería retomar el sueño, pero ya era tarde: el hombre de ojos grandes había desaparecido con mi despertar....
¿Cómo acabaría? Si hoy no sueño con eso mañana le pongo el final.
El más reciente lo tuve ayer. Mi serie onírica se quedó en pausa y llegó esta transmisión especial a mis sueños: estaba yo nadando en la playa cuando de pronto se veía la aleta de un tiburón. El salvavidas nos pedía que saliéramos del agua pero aunque los tiburones nos alcanzaban, llegaban a la playa. Lejos de morirse, ya en la arena se convertían en seres humanos, pero buscaban sangre para alimentarse. La aldea estaba aterrorizada por los tiburones-personas -que ya para entonces eran como cuatro-, y todos nos escondíamos. Pero de pronto yo me quedaba sola con uno. Al principio él me quería comer, pero de pronto parecíamos entendernos y yo le decía que podía experimentar cosas mejores que las mordidas y la sangre, y cuando me preguntaba qué cosas nos dábamos un beso. Muy tierno porque él no sabía besar y como que yo le enseñaba. En fin, los ojos del tiburón-persona eran muy lindos, grandes y negros y llenos de calidez y miedo... seguíamos besándonos hasta que lo llamó uno de sus compañeros. Sin saber bien el significado, cuando se iba me dijo que me amaba.
Se fueron todos los tiburones y la aldea se hizo un caos. Entre los muros de piedra se dibujaban angostas callejuelas por las que los habitantes andaban en busca de una salida o un refugio, porque los tiburones regresarían. Pero yo no quería irme. Quería quedarme para volverme a encontrar con ese hombre, que para mí había dejado de ser un tiburón.
Como uno en sus sueños es omnipresente, vi cómo el líder de las personas-tiburones planeaba el ataque final a la ciudad, y supe cómo mi hombre pensaba en qué hacer para detenerlo, para que no me lastimara...
Entonces me despertó mi mamá. Yo que ya me sentía en la Sirenita, quería retomar el sueño, pero ya era tarde: el hombre de ojos grandes había desaparecido con mi despertar....
¿Cómo acabaría? Si hoy no sueño con eso mañana le pongo el final.