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sábado, 24 de enero de 2015

Incendio en seco

Parece que la espalda se ha cansado de sostenerme. Ni porque le quité kilos de encima, ni porque, de las incongruencias médicas, he procurado seguirlas todas.

Me clava un no rotundo en la piel con angustia. En el costado izquierdo, en la zona lumbar, en la pierna. "Camine un poco, pero no se mueva" parece la instrucción más incongruente, pero en este cuerpo que de pronto me sabe a papel quemado, resulta una indicación que viene muy bien.

Por primera vez en días, creí que está lumbalgia cedía un poco. Creí que, al fin, la salud por la que he luchado desde el abandono de la obesidad mórbida estaba regresando. Sólo que no. Mi cuerpo y la vida me hicieron notar que no estoy lista. No estoy lista para andar mi camino de regreso al mundo, ni con bastón ni sin él.

"Siete días de incapacidad", dijeron. Hoy, por un minuto, pareció que el doctor había exagerado. Me dio la impresión de que tal vez, sólo tal vez, podría buscar la forma de revocar mi sentencia de reposo obligatorio.

No. Una voz grave y profunda resuena en mi cuerpo. Una voz enojada. No. Un punzón. No. Contractura. ¡No! Y en el latigazo final, ya no puedo caminar un poco, sólo no me muevo; simplemente me quedo ahí, torturada, pero tranquila porque, después de un rato de tortura y aunque el dolor permanezca, mi espalda y yo encontramos tregua.

domingo, 22 de mayo de 2011

Dilemas

Este fin de semana estuve en el último módulo de un Seminario de Comunicación Interna que tomé en Celaya. Gracias a sus contenidos, me quedé pensando muchas cosas.

Una de mis amigas tuvo una bebé hace un mes. Mi amiga está enferma y, desafortunadamente, se enteró tarde de la concepción de la beba. No dejó de tomar sus medicinas, asunto que afectó de manera importante la gestación de la niña.

Tiene apenas un mes de nacida y la han operado dos veces. Al parecer es una valiente y está reaccionando bien a las intervenciones, pero no ha salido del hospital y probablemente no lo haga sino hasta dentro de varios meses.

el panorama de mi amiga, desde que estaba embarazada, me puso a pensar en la Ética. intenté ponerme en su lugar: "¿qué haría yo?""¿qué va a pasar con la beba y con la mamá?"

por ahí escuché posturas de gente que está totalmente en contra de la interrupción de embarazos, sin importar las circunstancias. Otras personas que apelan al derecho de las mujeres sobre su cuerpo, sin importar tampoco nada.

y después de este caso, me pregunto por qué no se revisa cada caso. yo estoy encantada con el nacimiento de la beba y tengo todas mis esperanzas puestas en que va a estar bien. no obstante, pienso en todo lo demás y, aunque tenga todos los escenarios en la teoría, en la práctica es súper distinto.

yo amo a mi amiga y a esa niña, aun sin conocerla, que es un pedacito de inocencia y de esperanza. creo que el nacimiento es el proceso más bello del ciclo de vida, y sin embargo no podría afirmar que me iría a "está mal esto y esto", cuando también se trata de defender la calidad en la existencia.

no implico con esto que esa bebé no debería estar en el mundo. al contrario, aquí ya tiene su lugar y su labor ya empezó. sin embargo no puedo dejar de pensar en estos dilemas y en que la naturaleza sí se equivoca.

toda la buena vibra para mi casi sobrina y su mamá tan luchona.

viernes, 3 de abril de 2009

Being sick

A nadie le gusta estar enfermo. Yo lo etuve combatiendo desde la semana pasada que me fui a Un Techo para mi país, pero ayer en la mañana me pescó. Todo empezó con el estómago, una ligera molestia que en minutos me impidió ir a trabajar. La cosa empeoró: a lo largo del día el estómago amainó un poco, pero empecé a sentir la garganta enferma y un dolor en el pecho espantoso.

Además, desde ayer tengo un dolor de cabeza que sólo se me olvida cuando estoy dormida, pero cuando despierto remonta, sin mencionar el dolor de huesos que también se ha apoderado de mí. Me siento débil, frustrada por los planes que la anunciada enfermedad me ha arruinado.

Me siento de la chingada.

martes, 4 de marzo de 2008

No puedo trabajar. Sí, después de tres días sin venir es cínico que diga que no puedo trabajar. Pero no puedo. Me tomé un Red Bull para ver si se me quitaban el sueño y el dolor de cabeza, y se me quitaron, pero el malestar y el enojo y la frustración no se me quitan. No me soporto. Odio sentirme enferma. Estar enferma. Tener obligaciones con el mundo y no poder quedarme en mi casa, en mi cama tirada, mirando al techo y con las extremidades abiertas y flojas. Sin pensar. En búsqueda de que se me olvide el dolor, para ver si con el olvido llega la cura.

Me siento ansiosa. Con la mirada perdida. Pienso en todo, pero se me revuelve el estómago sólo con la vaga decisión de concretar un pensamiento y llevar a cabo alguna acción.

Estar en la playa. Ser pescador. O albañil. Construir casas. Tener una pensión. Que la sabiduría adquirida sea fruto de la inteligencia y que la cultura venga de la experiencia.

¿Cómo me largo de esta vida que no quiero? ¿Cómo me arrepiento del camino recorrido? No puedo, se lo debo.

No puedo trabajar.