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miércoles, 15 de junio de 2011

Carpe Diem

Hace como un mes y medio estábamos Alma, Maricela, Penny y yo en la Condesa tomando café y se nos acercó un tipo: "¿Me ayudan con un experimento fotográfico?" Por supuesto, le ayudamos. Nos pidió que revisáramos un paquete de fotografías y escogiéramos la que más nos gustaba. Una vez que lo hicimos, nos contó que se dedica a viajar por México, tomar fotografías y hacer una cadena de buena vibra entre la gente. Acto seguido, nos pidió que escribiéramos un mensaje atrás de la fotografía junto con nuestro correo electrónico. Cuando terminamos, sacó unos sobres y nos los dio (no me acuerdo si nosotros los escogimos, creo que sí) y nos dijo que teníamos que abrirlo en un momento especial, así como agradecerle a la persona por su mensaje.
Yo tenía intención de abrirla el día de mi cumpleaños número 25. Pero me adelanté porque la semana en que me enteré que María Elena se iba de la oficina me deprimí muchísimo. Así que la abrí el jueves 2 de junio. Su contenido me impresionó porque se convirtió en el lema que está marcando mis tiempos y los cambios que estoy viviendo y que he de vivir. Aquí transcribo lo que anotaron tras la fotografía:
"No desdeñes el pasado
ni atisbes el porvenir
y que tus pensamientos
no vuelen más alla de este preciso instante...
he ahí el secreto de la verdadera PAZ".
Cuando leí esto, entre lágrimas y dolor, sonreí.
Y en estos días que se acercan tantos cambios, sonreiré en paz.
El movimiento que este chavo ha iniciado se llama Movimiento postal 3er Ojo. Si les interesa, pueden ingresar a su página web haciendo clic aquí

domingo, 9 de marzo de 2008

...

El silencio. Harmónico y maravilloso silencio. No importa que la ventana dé a la avenida y se escuche la fricción de las llantas con el pavimento mojado. No importa que en mi casa se escuchen los aviones aterrizar. O la televisión de mi abuelo combinada con las palabras de mi hermano.

Yo escucho nada. Porque hay silencio en mi alma. Soledad. Soledad acompañada del bendito silencio. Absoluto. No pienso. Sólo permanezco callada. Incluso para mí. Tranquila. Resignada.

Probablemente después de este silencio puro regrese el estrés de la revista interna, el disgusto. Tendré que ir a limpiar mi cama. Escucharé el motor del bochito que seguramente es un taxi carcacha. Mis uñas rascando el brazo derecho.

Pero ahorita solamente estamos mi silencio y yo. O yo sola. Soledad. La pobre a la que todos le huyen, yo misma también, a veces. Pero últimamente somos amigas la Chole y yo. Me acompaña al trabajo, a la escuela, con los amigos. Me pide a gritos que no nos moleste nadie. Pero yo no la escuchaba. Hoy la escuché. Y la idea que me propuso no me desagradó.

Unos días con ella. Nada más con ella. Sí, hay que convivir con los demás. Coexistir no es lo mismo que socializar.

Mañana el plan es ir al cine juntas. Aunque el martes haya clase, seguramente estará conmigo porque me cela, y por el momento yo tampoco quiero estar con alguien que no sea ella.

A ver cómo nos va. A ver si no nos hartamos la una de la otra. Ella de mi absurda -y últimamente más absurda- hipersensibilidad. A ver si no me harto yo de ver a los demás vivir su vida mientras ella se aferra a mí.

A ver qué tal. Todo sea para que el silencio no me deje. Porque me gusta estar en paz.