Damn, aunque usted no lo crea, caché un resfriado. Bastante fuerte y que justamente me impidió salir el día que estaba dispuesta a regresar al mundo. Creo que, en realidad, fue una señal de que debo dejar pasar más tiempo.
Así que un poco más, sólo un poco.
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lunes, 15 de noviembre de 2010
sábado, 24 de octubre de 2009
Estar sola 20:54
Para todos aquellos que me conocen bien, seguramente este título les supondrá una entrada triste o fatídica con respecto a mis sensaciones sobre la soledad.
Nada más alejado de la realidad. Justo este post pretende reivindicar a la soledad. Reivindicarla ante ustedes, porque yo ya la veo con otros ojos, la respiro como un perfume delicioso en el ambiente, me atrae como Eros se prendó de Psique.
En meses pasados odiaba estar sola. No podía pasar un día sin convivencia. El único momento válido para estar conmigo misma era cuando dormía, y aún así soñaba y estaba acompañada.
Uno de mis amigos, pobre, tenía que vivir con que su teléfono sonara a todas horas, y escuchar por el auricular quejas y tristezas y solicitudes de compañía.
Y luego empecé a vivir el proceso de desintoxicación de mí misma. Y cuando me vi así, sin efugios, me gusté. Recordé cuán maravilloso es estar conmigo y no depender de que otros piensen, o digan, o sientan sobre mí. Entonces me fui de viaje, y la mayor parte de los días transcurrieron en soledad.
¡Cómo lo disfruté! Pasar el día mayoritariamente en silencio. En completo silencio. O, de pronto, entablar un diálogo conmigo misma.
Ahora veo en la soledad una oportunidad de conocerme mejor y reconocerme cuando me siento perdida. Sencillamente adoro esta burbuja transparente en la que puedo entrar y salir cuando me venga en gana. En la que puedo reflexionar como hace mucho no sucedía. En la que puedo observar a distancia a los demás, como en épocas en las que mi producción literaria era más prolija.
Así me gusto. No quiere decir que no tenga amigos (sí tengo y muchos) ni oportunidades de salida. Amo estar sola por decisión y no por rezago. Así disfruto mucho más la compañía, en la medida en que no está siempre ahí. En que yo elijo cuándo sí y cuándo no.
Y ahorita, simplemente, quiero estar sola.
Nada más alejado de la realidad. Justo este post pretende reivindicar a la soledad. Reivindicarla ante ustedes, porque yo ya la veo con otros ojos, la respiro como un perfume delicioso en el ambiente, me atrae como Eros se prendó de Psique.
En meses pasados odiaba estar sola. No podía pasar un día sin convivencia. El único momento válido para estar conmigo misma era cuando dormía, y aún así soñaba y estaba acompañada.
Uno de mis amigos, pobre, tenía que vivir con que su teléfono sonara a todas horas, y escuchar por el auricular quejas y tristezas y solicitudes de compañía.
Y luego empecé a vivir el proceso de desintoxicación de mí misma. Y cuando me vi así, sin efugios, me gusté. Recordé cuán maravilloso es estar conmigo y no depender de que otros piensen, o digan, o sientan sobre mí. Entonces me fui de viaje, y la mayor parte de los días transcurrieron en soledad.
¡Cómo lo disfruté! Pasar el día mayoritariamente en silencio. En completo silencio. O, de pronto, entablar un diálogo conmigo misma.
Ahora veo en la soledad una oportunidad de conocerme mejor y reconocerme cuando me siento perdida. Sencillamente adoro esta burbuja transparente en la que puedo entrar y salir cuando me venga en gana. En la que puedo reflexionar como hace mucho no sucedía. En la que puedo observar a distancia a los demás, como en épocas en las que mi producción literaria era más prolija.
Así me gusto. No quiere decir que no tenga amigos (sí tengo y muchos) ni oportunidades de salida. Amo estar sola por decisión y no por rezago. Así disfruto mucho más la compañía, en la medida en que no está siempre ahí. En que yo elijo cuándo sí y cuándo no.
Y ahorita, simplemente, quiero estar sola.
Etiquetas:
soledad
martes, 31 de marzo de 2009
Grita 23:22
No sé por qué, últimamente pienso muchísimo en que es muy curioso que dos personas, muy cercanas a mí, me hayan dedicado la misma canción en tiempos distintos. La canción se llama "Grita" y es de Jarabe de Palo. Quizá la recuerdo tanto porque últimamente no se me da eso de gritar.
martes, 12 de agosto de 2008
To my friend... 20:45
Este post es para mi amigo y compañero de trabajo, con quien he compartido más o menos cinco horas diarias -o más, si contamos los ratos de esparcimiento- por prácticamente un año.
Sí, efectivamente, sentirse solo está del carajo. En el ámbito emocional, hay pocas cosas peores que levantarse de la cama, ir al trabajo, a la escuela, que andar en el metro y toparse de pronto con dos novios que se besan en todos los rincones que encuentran, sintiendo una mezcla de emoción por ellos y de tristeza -y nostalgia- por uno mismo.
De pronto el tiempo parece más lento y pesa como una loza sobre a espalda... porque no hay con quien compartirlo. sí hay amigos, porque a la gente buena los amigos les llegan fácilmente, pero parece que la bondad trae consigo el karma de que una pareja sea como encontrar una estrella fugaz.
Quisiera decir con toda certeza que a cada quien le corresponde un cada cual. Pero no lo sé. No sé tampoco si hay que probar mucho, pero he visto que hay a quienes les llega en el primer intento, y otros que buscan y exploran y que todavía no encuentran.
Supongo, mi estimado amigo, que hay una tercera categoría de aquéllos a quienes el amor no les llega fácilmente, aunque tengan tantos deseos y hayan hecho tantos méritos por amar y ser amados. A lo mejor caemos en la clasificación a la que Sabines dedicó un poema, a lo mejor somos los amorosos...
No sé, por más solos que nos sintamos, también nos sentimos mal porque en el fondo tenemos la esperanza de que algo mágico nos suceda.
Quizá la respuesta está en el planteamiento que Sabines hace de los amorosos, quizá la conocemos en el fondo, pero de esas dudas tejemos la misma barrera que buscamos franquear.
No sé tú, amigo mío, pero prefiero la añoranza por encima de la resignación.
Sí, efectivamente, sentirse solo está del carajo. En el ámbito emocional, hay pocas cosas peores que levantarse de la cama, ir al trabajo, a la escuela, que andar en el metro y toparse de pronto con dos novios que se besan en todos los rincones que encuentran, sintiendo una mezcla de emoción por ellos y de tristeza -y nostalgia- por uno mismo.
De pronto el tiempo parece más lento y pesa como una loza sobre a espalda... porque no hay con quien compartirlo. sí hay amigos, porque a la gente buena los amigos les llegan fácilmente, pero parece que la bondad trae consigo el karma de que una pareja sea como encontrar una estrella fugaz.
Quisiera decir con toda certeza que a cada quien le corresponde un cada cual. Pero no lo sé. No sé tampoco si hay que probar mucho, pero he visto que hay a quienes les llega en el primer intento, y otros que buscan y exploran y que todavía no encuentran.
Supongo, mi estimado amigo, que hay una tercera categoría de aquéllos a quienes el amor no les llega fácilmente, aunque tengan tantos deseos y hayan hecho tantos méritos por amar y ser amados. A lo mejor caemos en la clasificación a la que Sabines dedicó un poema, a lo mejor somos los amorosos...
No sé, por más solos que nos sintamos, también nos sentimos mal porque en el fondo tenemos la esperanza de que algo mágico nos suceda.
Quizá la respuesta está en el planteamiento que Sabines hace de los amorosos, quizá la conocemos en el fondo, pero de esas dudas tejemos la misma barrera que buscamos franquear.
No sé tú, amigo mío, pero prefiero la añoranza por encima de la resignación.
domingo, 20 de julio de 2008
Nones... 18:49
Pues sí pegó. No tanto porque bailé muchísimo con mi hermano. Pero mientras no llegaba la gente de la mesa estaba sentada en parejas -aunque fuera de amigas, parejas- y a mí me tocó ser el non.
Esto de los nones no es nuevo y tampoco es originalmente mío. Un amigo mío que a veces también se siente non me lo contó como una teoría: en el mundo hay pares, que son los que siempre están rodeados de gente, con ideas más o menos similares, diversiones comunes. Gente que se encuentra con otra similar... y hay nones: seres más bien solitarios -pueden estar con otras personas, pero resalta su soledad- que parecen no encajar en los grupos sociales por diversas circunstancias... y él decía que tanto él como yo éramos nones. Capaces de adaptarse pero no de pertenecer por completo.
Últimamente soy un non que, como si tuviera un tumor en la pituitaria, crece descomunalmente para ser más non y menos pareja.
Sin embargo, la reunión de la tarde me pareció una muestra de cómo los nones pueden pertenecer entre sí: mi amiga y sus amigas y yo. Nones todos y entre ellas pares, y me trataron con la camadería de un nuevo integrante no descartado sino integrado.
En fin, dos mundos distintos, dos sensaciones completamente diferentes.
Así me sentí ayer. Así se siente siempre.
Esto de los nones no es nuevo y tampoco es originalmente mío. Un amigo mío que a veces también se siente non me lo contó como una teoría: en el mundo hay pares, que son los que siempre están rodeados de gente, con ideas más o menos similares, diversiones comunes. Gente que se encuentra con otra similar... y hay nones: seres más bien solitarios -pueden estar con otras personas, pero resalta su soledad- que parecen no encajar en los grupos sociales por diversas circunstancias... y él decía que tanto él como yo éramos nones. Capaces de adaptarse pero no de pertenecer por completo.
Últimamente soy un non que, como si tuviera un tumor en la pituitaria, crece descomunalmente para ser más non y menos pareja.
Sin embargo, la reunión de la tarde me pareció una muestra de cómo los nones pueden pertenecer entre sí: mi amiga y sus amigas y yo. Nones todos y entre ellas pares, y me trataron con la camadería de un nuevo integrante no descartado sino integrado.
En fin, dos mundos distintos, dos sensaciones completamente diferentes.
Así me sentí ayer. Así se siente siempre.
jueves, 17 de julio de 2008
Sí que pega... 21:03
La soledad da unos ganchos fuertes al hígado. A mí me está pegando muy duro. La gente a mi alrededor de pronto ya no está sola. Y yo aquí sigo. Ayer fui a ver una película sobre el lado desesperado de la soledad, y fue la cereza que coronó el pastel: mi amiga y yo -solas las dos- acompañándonos a ver filmes sobre la soledad...
Además, el sábado en la noche es el cumpleaños de otra amiga y escogió un lugar donde se baila baile de salón, es decir, en parejas. Claro está, no voy a bailar nada porque al amigo al que le dije va a llevar a una amiga a la que "le gusta mucho bailar"... y a lo mejor llevo a mi hermano, pero mi hermano es mi hermano y no una pareja.
Me siento más non que nunca. Ayer me fui a comer sola y me decidí a hacerlo porque pasó por mi mente un "tengo que acostumbrarme" que fue tan sombrío como determinante. Jamás había comido tan rápido: quince minutos y estaba de regreso en mi lugar.Y mientras comía intentaba distraerme, pero eso de estar en una mesa para cuatro y ocupar únicamente un asiento me provocó escalofríos y punzadas en el corazón.
A veces trato de pensar en lo bueno de ser uno: si vas al cine puedes encontrar un asiento hasta atrás aunque la sala esté repleta -pero es en medio de las parejitas que van-; es más fácil planear para uno que para dos; en los restaurantes siempre hay lugar para uno. En los elevadores. En el metro. Pero aún así quiero a mi otro non. Quiero dejar de sentirme tan sola y quiero sentir que alguien me importa y que le importo a alguien. Quiero experimentar y conocer a otro. Volver a intimar con otro. Quiero que mis planes sean de dos.
Además, el sábado en la noche es el cumpleaños de otra amiga y escogió un lugar donde se baila baile de salón, es decir, en parejas. Claro está, no voy a bailar nada porque al amigo al que le dije va a llevar a una amiga a la que "le gusta mucho bailar"... y a lo mejor llevo a mi hermano, pero mi hermano es mi hermano y no una pareja.
Me siento más non que nunca. Ayer me fui a comer sola y me decidí a hacerlo porque pasó por mi mente un "tengo que acostumbrarme" que fue tan sombrío como determinante. Jamás había comido tan rápido: quince minutos y estaba de regreso en mi lugar.Y mientras comía intentaba distraerme, pero eso de estar en una mesa para cuatro y ocupar únicamente un asiento me provocó escalofríos y punzadas en el corazón.
A veces trato de pensar en lo bueno de ser uno: si vas al cine puedes encontrar un asiento hasta atrás aunque la sala esté repleta -pero es en medio de las parejitas que van-; es más fácil planear para uno que para dos; en los restaurantes siempre hay lugar para uno. En los elevadores. En el metro. Pero aún así quiero a mi otro non. Quiero dejar de sentirme tan sola y quiero sentir que alguien me importa y que le importo a alguien. Quiero experimentar y conocer a otro. Volver a intimar con otro. Quiero que mis planes sean de dos.
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soledad
martes, 10 de junio de 2008
Cuando ni uno se entiende... 9:56
Sí, así es, somos un manojo de contradicciones. Quisiéramos entendernos pero en realidad no. No sabemos cómo. Preferimos la complejidad que ser ordinarios. Sentirnos revueltos que sensatos.
No me entiendo. Otra vez el top of mind que no debería ser, todo por unas cuantas palabras. Palabrería. No es más que eso. Pero son tan fuertes y tan esperadas que cuando al fin suceden uno no sabe cómo reaccionar. Y cuando quiere compartirlas ya se agotó el tema y desespera hasta a los más pacientes.
Así que uno ya no tiene con quién hablar. Ya ni en este territorio, que es mío, porque ahora lo siento invadido por un par de ojos que no fueron invitados.
No, no me entiendo ni yo misma. Quiero hablarlo para sacarlo del sistema. Pero no sé con quién.
No me entiendo. Otra vez el top of mind que no debería ser, todo por unas cuantas palabras. Palabrería. No es más que eso. Pero son tan fuertes y tan esperadas que cuando al fin suceden uno no sabe cómo reaccionar. Y cuando quiere compartirlas ya se agotó el tema y desespera hasta a los más pacientes.
Así que uno ya no tiene con quién hablar. Ya ni en este territorio, que es mío, porque ahora lo siento invadido por un par de ojos que no fueron invitados.
No, no me entiendo ni yo misma. Quiero hablarlo para sacarlo del sistema. Pero no sé con quién.
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domingo, 23 de marzo de 2008
Boogie man 0:28
No hay alguien culpable de mi amargura. Si acaso yo misma. He repasado el momento en que la felicidad se esfumó y llegó el sinsabor a sustituir los sentimientos de esperanza que iluminaban mi corazón. Primero era natural: si las mujeres tardan en superarlo a los 40 años, ¿quién podía culparme si me tardaba en superarlo a los 20?
Lo viví dramáticamente, como si se me hubiera muerto alguien. Lo que se me murió en realidad fue el futuro. Ése que planeé con tanto detalle, acompañada de aquél a quien, muy tempranamente, le otorgué el título del amor de mi vida.
Pero era un futuro inexistente, como es el futuro en realidad. Mi futuro frustrado estaba basado en el pasado, en los recuerdos y en mi propia imaginación. Entonces extrañé el pretérito derrumbado y arcaico, imposible de conjugarse. Quise olvidarlo y quemé las pruebas de que había existido, pero no pude tostarme la memoria.
Amargura pura, insensibilidad a cualquier cosa que no tenga que ver conmigo, Soy ahora una completamente distinta a la que era antes de ese momento en que perdí todo… esta coraza es ahora mi columna vertebral. Ya no soy quien era antes, y dudo mucho que alguien me recuerde como solía ser en la prepa, o en la secundaria.
Hasta a mí me suena absurdo, pero es como haber hecho un voto eterno. De vez en cuando esta amargura que me embarga se queda dormida y da paso a la melancolía de la esperanza inútil. A la añoranza de un abrazo que no he vuelto a sentir y que a veces viene a mí en sueños. Después se despierta y el golpe es más duro porque me recuerda que lo que nos pasó no fue una simple separación, sino la burla completa de mis sentimientos y la utilización descarada de mi amor.
Así que hay que volver a desenamorarse. Regresar a la postura del orgullo que no puedo dejar. A mantener alerta los sentidos y el raciocinio para que las buenas memorias no me hagan caer en la trampa otra vez -aunque hay veces que me dejo llevar, como en enero que dejé que mi cerebro transmitiera una serie onírica de tres semanas de duración-.
Ya pasaron dos años y la lucha es tan inclemente como el primer día. ¿Se acabará?
Lo viví dramáticamente, como si se me hubiera muerto alguien. Lo que se me murió en realidad fue el futuro. Ése que planeé con tanto detalle, acompañada de aquél a quien, muy tempranamente, le otorgué el título del amor de mi vida.
Pero era un futuro inexistente, como es el futuro en realidad. Mi futuro frustrado estaba basado en el pasado, en los recuerdos y en mi propia imaginación. Entonces extrañé el pretérito derrumbado y arcaico, imposible de conjugarse. Quise olvidarlo y quemé las pruebas de que había existido, pero no pude tostarme la memoria.
Amargura pura, insensibilidad a cualquier cosa que no tenga que ver conmigo, Soy ahora una completamente distinta a la que era antes de ese momento en que perdí todo… esta coraza es ahora mi columna vertebral. Ya no soy quien era antes, y dudo mucho que alguien me recuerde como solía ser en la prepa, o en la secundaria.
Hasta a mí me suena absurdo, pero es como haber hecho un voto eterno. De vez en cuando esta amargura que me embarga se queda dormida y da paso a la melancolía de la esperanza inútil. A la añoranza de un abrazo que no he vuelto a sentir y que a veces viene a mí en sueños. Después se despierta y el golpe es más duro porque me recuerda que lo que nos pasó no fue una simple separación, sino la burla completa de mis sentimientos y la utilización descarada de mi amor.
Así que hay que volver a desenamorarse. Regresar a la postura del orgullo que no puedo dejar. A mantener alerta los sentidos y el raciocinio para que las buenas memorias no me hagan caer en la trampa otra vez -aunque hay veces que me dejo llevar, como en enero que dejé que mi cerebro transmitiera una serie onírica de tres semanas de duración-.
Ya pasaron dos años y la lucha es tan inclemente como el primer día. ¿Se acabará?
lunes, 10 de marzo de 2008
Me, myself and I 22:56
Hoy tuve mi cita conmigo misma. Fui a tomar un café y leer mi libro, el del egipcio. Después entré a ver No country for old men, una más de las películas que forman parte de la buena racha de cine que he visto desde el principio del año.
Debo confesar que, aunque dicen que ir solo a las funciones es de verdaderos cinéfilos, la idea no me atraía demasiado. En otras ocasiones había vencido mi escasa voluntad de hacerlo, pero hoy sí tenía muchas, muchas ganas.
Así que compré mi boleto y me encaminé a la sala 7 de Cinemex Manacar.
Fue una buena elección. La película es tensa. Todo el tiempo. Lo logra sin música. Tengo que reflexionar sobre ella.
Pero ahorita no.
El punto es que, como siempre, me pasó un pequeñísimo incidente en la película que al principio me frustró y ahora me da risa:
Estaba viendo la película y pensé -durante un diálogo que me pareció irrelevante-: "Mmm, esto de venir sola al cine me gusta". Y cuando volteé para seguir viendo la película, ya estaba en los créditos. No podía creerlo. Me perdí el diálogo final del filme y no tenía un acompañante que me lo platicara.
Bajé el guión para leer el diálogo final. Aún así, la volveré a ver.
Me dio risa.
Debo confesar que, aunque dicen que ir solo a las funciones es de verdaderos cinéfilos, la idea no me atraía demasiado. En otras ocasiones había vencido mi escasa voluntad de hacerlo, pero hoy sí tenía muchas, muchas ganas.
Así que compré mi boleto y me encaminé a la sala 7 de Cinemex Manacar.
Fue una buena elección. La película es tensa. Todo el tiempo. Lo logra sin música. Tengo que reflexionar sobre ella.
Pero ahorita no.
El punto es que, como siempre, me pasó un pequeñísimo incidente en la película que al principio me frustró y ahora me da risa:
Estaba viendo la película y pensé -durante un diálogo que me pareció irrelevante-: "Mmm, esto de venir sola al cine me gusta". Y cuando volteé para seguir viendo la película, ya estaba en los créditos. No podía creerlo. Me perdí el diálogo final del filme y no tenía un acompañante que me lo platicara.
Bajé el guión para leer el diálogo final. Aún así, la volveré a ver.
Me dio risa.
domingo, 9 de marzo de 2008
... 21:08
El silencio. Harmónico y maravilloso silencio. No importa que la ventana dé a la avenida y se escuche la fricción de las llantas con el pavimento mojado. No importa que en mi casa se escuchen los aviones aterrizar. O la televisión de mi abuelo combinada con las palabras de mi hermano.
Yo escucho nada. Porque hay silencio en mi alma. Soledad. Soledad acompañada del bendito silencio. Absoluto. No pienso. Sólo permanezco callada. Incluso para mí. Tranquila. Resignada.
Probablemente después de este silencio puro regrese el estrés de la revista interna, el disgusto. Tendré que ir a limpiar mi cama. Escucharé el motor del bochito que seguramente es un taxi carcacha. Mis uñas rascando el brazo derecho.
Pero ahorita solamente estamos mi silencio y yo. O yo sola. Soledad. La pobre a la que todos le huyen, yo misma también, a veces. Pero últimamente somos amigas la Chole y yo. Me acompaña al trabajo, a la escuela, con los amigos. Me pide a gritos que no nos moleste nadie. Pero yo no la escuchaba. Hoy la escuché. Y la idea que me propuso no me desagradó.
Unos días con ella. Nada más con ella. Sí, hay que convivir con los demás. Coexistir no es lo mismo que socializar.
Mañana el plan es ir al cine juntas. Aunque el martes haya clase, seguramente estará conmigo porque me cela, y por el momento yo tampoco quiero estar con alguien que no sea ella.
A ver cómo nos va. A ver si no nos hartamos la una de la otra. Ella de mi absurda -y últimamente más absurda- hipersensibilidad. A ver si no me harto yo de ver a los demás vivir su vida mientras ella se aferra a mí.
A ver qué tal. Todo sea para que el silencio no me deje. Porque me gusta estar en paz.
Yo escucho nada. Porque hay silencio en mi alma. Soledad. Soledad acompañada del bendito silencio. Absoluto. No pienso. Sólo permanezco callada. Incluso para mí. Tranquila. Resignada.
Probablemente después de este silencio puro regrese el estrés de la revista interna, el disgusto. Tendré que ir a limpiar mi cama. Escucharé el motor del bochito que seguramente es un taxi carcacha. Mis uñas rascando el brazo derecho.
Pero ahorita solamente estamos mi silencio y yo. O yo sola. Soledad. La pobre a la que todos le huyen, yo misma también, a veces. Pero últimamente somos amigas la Chole y yo. Me acompaña al trabajo, a la escuela, con los amigos. Me pide a gritos que no nos moleste nadie. Pero yo no la escuchaba. Hoy la escuché. Y la idea que me propuso no me desagradó.
Unos días con ella. Nada más con ella. Sí, hay que convivir con los demás. Coexistir no es lo mismo que socializar.
Mañana el plan es ir al cine juntas. Aunque el martes haya clase, seguramente estará conmigo porque me cela, y por el momento yo tampoco quiero estar con alguien que no sea ella.
A ver cómo nos va. A ver si no nos hartamos la una de la otra. Ella de mi absurda -y últimamente más absurda- hipersensibilidad. A ver si no me harto yo de ver a los demás vivir su vida mientras ella se aferra a mí.
A ver qué tal. Todo sea para que el silencio no me deje. Porque me gusta estar en paz.