martes, 22 de diciembre de 2020
Cinco meses después 0:47
miércoles, 12 de octubre de 2016
El amante de cristal 2:43
Sin embargo, hay personas que hacen otras cosas. Quizá sea que, en este mundo de pares, al convertirse en nones, estos individuos no se hallan y buscan a otro desesperadamente para regresar a la condición de pares, como si fuera su esencia.
En lo único en que el amante de cristal se parece a mi exnovio es en la profesión y, también, coinciden en la edad. De ahí en fuera, son en todo diferentes: sus contextos, sus complexiones, sus maneras de tratarme y la pasión con que viven la vida. El primero es más bien frío, y el segundo emana fuego, pasión, deseo.
En mis sensaciones, el amante de cristal despertaba matices muy distintos a los que experimentaba por el dueño de los gatos. Eran tan disímiles que, si hubiera podido vivir con ambos una relación de poliamor, lo habría hecho sin dudarlo. Sin embargo, el dueño de los gatos y yo vivíamos en una monogamia en peligro de extinción, aunque monogamia al fin y al cabo. Si bien el amante de cristal me procuraba a distancia y me insistía en que debíamos vernos, yo me resistí y me resistí, así como también me rehusé a aceptar, por unas semanas, que mi situación con el dueño de los gatos empeoraba cada día.
Como una coincidencia del universo, un día después de que di por terminado mi vínculo físico con el dueño de los gatos, el amante de cristal volvió a buscarme. "Véamonos", me pidió. "Veámonos", accedí. Y a partir de entonces, casi sin darme cuenta, caí en un torbellino de emociones en que, creí, nos encontrábamos los dos. Un vórtex de pasión que se mezclaba con tormento. Entre beso y beso, yo sentía que lo quería, que en sus ausencias me haría falta, que si no lo abrazaba con violencia, el alma se me requebrajaría. Antes bien, al separarnos entrábamos en una dinámica de peleas que se me antojaban infinitas e hirientes, pero que me hacían sentir más viva y más querida que las últimas semanas con el hombre anterior.
En realidad, aquellas palabras se clavaron en mi espíritu y, pese a que no volví a mencionar el tema, cuando volví a verlo, con la certeza de su interés, mi conducta se transformó. Todos los días me despertaba pensando en él. En sustitución de mis remembranzas diarias con respecto al dueño de los gatos, mientras el agua de la ducha me caía en el rostro, pensaba en las manos del amante de cristal. Sentía hambre de sus abrazos, de su cuerpo cálido, de sus miradas inquisitivas, de sus conversaciones siempre apasionadas, de su sonrisa franca y espontánea. Y aún así, la comunicación a distancia resultaba tortuosa: malos entendidos, manipulaciones, machismo disfrazado de indiferencia, indiferencia disfrazada de falta de tiempo.
Seguí frecuentándolo hasta donde el trabajo y los tiempos nos permitieron. Mi cuerpo albergaba cada vez más pasión y, mi mente, una mezcolanza de emociones. Un día, en medio de sábanas encantadas por el hechizo de la piel, me confesó que estaba en una relación abierta. Primero me sentí usada, pero mientras escuchaba a lo lejos su voz diciéndome que conmigo se sentía distinto, mientras hablaba de la complicidad que experimentaba en mi presencia, de la química y de la pasión que desencadenaba en él, me di cuenta de que estaba actuando como una cínica y, más allá de eso, como una hipócrita: yo también lo estaba usando.
Seguí buscando al amante de cristal, y el amante de cristal comenzó a ausentarse. Un pretexto, otro y otro más, y terminamos mandándonos al diablo en una hecatombe telefónica. No sé si era mucha pasión, no sé si era mucha necesidad, o quizá un poco de ambas cosas, la cuestión es que, como azufre, fue deshaciendo nuestras bases inestables. El amante de cristal era tan frágil como yo y estaba lleno de inseguridades. Me decía que no veníamos del mismo mundo, que nuestros contextos eran distintos, que era mejor dirigirse a mí como "señora" o "doña", por respeto al origen distinto del que ambos proveníamos. Incluso usó de pretexto a sus amistades y a su certeza de que no me caerían bien para no invitarme a su vida. Tan distintas me parecieron sus acciones de aquella conversación que narré hace unos párrafos, en la que aseguró que quería involucrarme en su existencia, que terminé por sentirme engañada y lastimada, a pesar de mi conciencia de que yo no estaba siendo completamente honesta.
Y entonces, de nuevo, la ausencia del dueño de los gatos se apoderó de mi mente, pero de manera más intensa: se mezcló con la de mi amante de cristal, que había terminado de romperme.
lunes, 15 de julio de 2013
Reconstrucción 22:01
Estuve enamorada. Como canción de Raphael, El divo de Linares. Por una época, me sentí correspondida. Pensé entonces que no había nada mejor que el amor que se corresponde. Fue maravilloso y, después, sumamente doloroso.
No pretendo decir que no volveré a enamorarme, a pesar de que el corazón me late con violencia a causa del miedo que me provoca. Solo sé que el desamor me dejó hecha un guiñapo y que es tiempo, una vez más, de recoger mis pedacitos y reconstruirme. No queda más que eso. Reconstruirme. Tal vez quedaré como un Picasso, pero, aunque no lo entendamos, Picasso es arte.
Los pros de esta situación ya los empecé a ver: mucha escritura y un reacomodo de gente. Las desventajas: el desamor mismo y la desesperanza.
Fui muy dichosa mientras estuve enamorada. Es una pena que haya terminado.
sábado, 6 de julio de 2013
Bálsamos 11:32
Me estoy volviendo loca, me digo a diario. Pero últimamente las distracciones son tantas y tan cuerdas, que me permiten olvidar el inevitable punzón que me penetra incansable.
Los rayos son, por ejemplo, la creación. Esa concesión que el universo le da a algunos seres entre los cuales yo me cuento. Soy afortunada de que el cosmos me deje jugar a que creo. Y he creado: en el trabajo, como entretenimiento, en Facebook, todo el tiempo estoy creando historias: de dos renglones, de cinco, de varias cuartillas, todo el tiempo estoy pensando en qué decir porque no puedo decir lo mío. Seguramente se lee entre líneas o, en ocasiones como esta, lo plasmo en este espacio de dos punto cero.
A veces, la ansiedad regresa y hace temblar mi interior como si tuviera mal de Parkinson. Esta semana volví a tener uno de esos episodios que no le deseo a nadie, uno de esos de destrucción. No obstante, tal vez sea cierto eso que dicen: hay que destruir para crear. Una estrella se destruye y crea tantas cosas. Un ser se destruye para reproducirse y crea otros seres más. Se divide.
Tal vez esa es mi naturaleza. Yo, que soy una nómada espiritual y busco incansablemente un lugar donde estar. Quizá nunca lo encuentre y lo que tengo que hacer es, precisamente, dejar de buscar, dejar de añorarlo. Quizá tengo que destruir, pero no ser antropófaga de mis propios órganos, de mi propia piel.
Sí. He llegado a estas conclusiones, que por el momento me dan paz, gracias a que he creado después de haberme hecho pedazos. ¿Para qué echarle la culpa a los demás si lo que he aprendido en estos últimos tiempos es que todos somos pasajeros en un tren y que, por largo que el camino sea, eventualmente nos bajamos?
De pronto me cansé de luchar porque la humanidad sepa que valgo. De pronto me cansé de la gente, del mundo, de la sociedad en la que vivo. De todas las sociedades. De pronto lo que ansío es un buen libro, una buena herramienta para escribir y echarme, como hace mi perrita, a limpiarme las heridas. Es como si hubiera librado una batalla tan grande dentro de mí que, ahora, no queda más que contabilizar las bajas, y limpiar los escombros. ¡Cuántos recuerdos removeré en el proceso de purificación! No pinta para que los 27 pasen fácilmente, ni tampoco para que pasen en compañía.
La compañía, aunque siempre la agradezco mucho, puede ser un lastre. Después uno exige porque no la tiene, y luego los otros no entienden el dolor cuando no la brindan. Así que, gracias a los que han estado como han podido, y a los que no, hasta nunca.
lunes, 13 de febrero de 2012
Ave 21:54
Si hago el recuento de un año para acá, puedo afirmar que es impresionante cuánto ha crecido. Su vida ya no nada más se trata de escuchar a los demás, sino de escucharse y hacerse escuchar. Ahora decide, prueba y discrimina. Caminaba primero, torpe como una bebé, con las rodillas estáticas y las pompis de fuera. Hoy corre. Se enoja con papá si intenta detenerla. Ahora es una niña chiquita, pícara, hermosa, genuina.
Sol cumple dos años. Y repite las últimas sílabas de las palabras que escucha. Y luego usa esas últimas sílabas para cantar. Siempre está pendiente: grita "papá" con la voz aguda, de bebita. Juega a que nos presta sus juguetes y luego nos los pide de vuelta. Si tiene sed, dice "jugo". Ama las tortillas y se come el pollo simultáneamente con el danonino. Tiene el cabello color negro, lacio y con dos remolinos que le dan un poco de volumen. No le gusta que le pongan sombreritos o prendedores. Sabe decir "no". Si está ocupada y le hablas, va a contestarte "ahí voy". Tal vez le regales un juguete y se entretendrá con la caja. Puede ser que use una bolsita rosa y la cargue en el antebrazo, como una señora de setecientos treinta días de vida.
Mi corazón se colma de amor y mis acciones de miel cuando estoy con ella. Aún no me dice "tía, te amo", pero cuando me acerco y me abraza, o me da un beso, siento que todas las mariposas monarcas se agolpan en mi estómago y revolotean con violencia. Literalmente me da la impresión de que el corazón deja de bombear durante un momento. Me inspira todo el amor del mundo. Un amor completamente libre de condiciones y de egoísmo. Me honra cuando escucho a la gente decir que nos parecemos. Ella, que es la materialización de la abstracción de belleza y pureza.
Y ahora, como aún no puede decirme "Charbe", me dice el nombre de los animales que me dan pánico. Me dice "Ave". ¿Y saben qué? Es justo como cuando, en mi sueño, la escuchaba decir "Charbe, te amo".
Feliz cumpleaños, Chole.
sábado, 17 de septiembre de 2011
¡Ay Sor Juana! 22:55
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.
de quien no quiero, ser violento empleo,
que, de quien no me quiere, vil despojo.
martes, 6 de septiembre de 2011
El mal uso de la palabra magia 1:39
1. f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.
2. f. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo.
Fuente: Diccionario de la Real Academia Española
Estoy harta del uso de la palabra "magia" para designar la química de una relación de dos. Está mal empleada y es solo un pretexto burdo, tanto para sentir maripositas en el estómago, como para justificar la falta de ellas.
La magia no es otra cosa que inducir el cambio con el uso de palabras. "Abra cadabra" son palabras que, en el mundo de la fantasía más llana, van a provocar que un conejo salga de un sombrero que, antes de la pronunciación, estaba vacío. Pero las palabras no se dicen solas, las pronuncia un mago. Un mago que tiene cierta intención y que, sobre todo, tiene la voluntad de ser mago y transformar a través de las palabras.
Así es, no somos sujetos de magia sino los creadores de ella. O sea, en una relación no puede haber magia a menos que yo decida que quiero hacer magia (decidir es un acto de la voluntad, por cierto).
¡Qué diferencia inmensa entre el verbo haber y el verbo hacer! Hacer=acción. Haber=pasividad.
Así que, la próxima vez que escuche una justificación o un lamento que incluya la construcción "[no] había magia", voy a dar por hecho que quien me lo dice tuvo la responsabilidad de hacer magia, o no hacerla.
En los actos de voluntad es imposible deslindarse de la responsabilidad: la verdadera magia es tomar la decisión de estar para el otro, sin importar si hay o no revoloteo de maripositas. Es nuestra elección si seguimos haciendo magia, si nos detenemos o si nunca la hicimos.
domingo, 3 de julio de 2011
Amar completamente 8:37
El título está tomado de una canción que interpreta Laura Pausini.
El año transcurrido más reciente de vida fue simple y sencillamente maravilloso. Cada una de las cosas que viví no solamente me llevaron a la felicidad sino que dieron experiencia y me llenaron de aprendizaje. Básicamente recorrí el camino con Ojos. Pasé el tiempo con él. Nos aventamos en caída libre y después el amor y la compañía nos enseñaron a volar. Nunca me he sentido más libre que aleteando a su lado. No había hecho nada con tanta voluntad. Nos miramos a los ojos y nos reconocimos en las pupilas del otro. Como uno y como dos. Es la primera vez que me aman y amo. Ha sido maravilloso. Tenerlo todo en uno. Sin importar cómo continúe el camino me siento afortunada de haber emprendido el viaje con él. De haberme enamorado de él.
domingo, 27 de marzo de 2011
Pasado y presente en los sueños 0:28
Ojalá de verdad pudiera hacer eso, y que toda la gente a mi alrededor entendiera por qué amo y la intensidad con la que amo sin juzgar.
Uno puede elegir a quién amar. Y yo nunca me he arrepentido de esas decisiones. De esas no.
viernes, 18 de febrero de 2011
un año de Sol 21:55
Parece que los colores primarios están todos contenidos en sus asombrosas pupilas azabaches. Que los rayos de sol se quedan cortos ante su sonrisa de dientes nacientes y que las mejores melodías salen de sus balbuceos dulces y armoniosos.
Sol me ha enseñado que existen más matices en el arcoiris. Quizá es porque ella nació que la naturaleza, arrobada y envidiosa de su inmensa belleza, decidió agotar sus recursos para igualar tan maravilloso ser humano. Y Sol lo ignora. Va por la vida sonriendo, llorando, viviendo y absorbiendo realidades a través de sus ojos soñadores y sus manos curiosas y su cabeza inteligente y necia.
Yo la amo. Amo su aroma a bebita y sus berrinches encantadores y sus piernitas y todo de ella. La amo. Algo me dice que mi sobrina será el gran amor de mi vida. Y bien valió la espera porque mi sobrina es lo mejor que nos ha pasado.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Capítulo 2010 23:17
¿Los meses clave? Enero, marzo y junio. Junio. El mes de mi cumpleaños. Junio de 2010 trajo consigo el mejor y el peor regalo de cumpleaños.
Por otro lado, no ha sido el año de la salud. Ni para mí ni para mis seres más queridos. Este año queda en suspenso, en particular, la de mi mamá. Pero yo confío, confío mucho en la fortaleza de mi mamá y en que va a salir bien. En que queda pendiente su salud porque en el año que viene mejorará, y podremos disfrutar de que mi familia se hace más grande.
Aún así, este ha sido el mejor año de mi vida: 2010 trajo a Sol a mi familia. Hizo papá a mi hermano y a mí tía. Sol es la nueva luz en nuestras vidas. ¡Qué nombre tan atinado para la bebita de 10 meses y ojos enormes y radiantes! Por eso es el año más importante, porque mi vida se ha colmado de amor. El amor está a tope. Y hay una niña hermosa en mi familia.
Este año empecé a vivir. Antes de 2010 no vivía, no sentía. Nada. Hoy siento, pienso, vivo.
sábado, 18 de septiembre de 2010
Correspondencia 20:51
martes, 31 de agosto de 2010
Vacaciones 20:50
Así que necesito vacaciones de mi mundo. De la gente. Quizá de mí también. Quisiera tener una cueva en un lugar lejano para marcharme ahí en calidad de ermitaña. Un lugar donde no tenga que hablar, donde el silencio establezca un monólogo. eso necesito. mudarme. sólo unos días. o tal vez ahí me quede. tal vez sólo me lleve las cosas básicas, y ahora mi canasta ha cambiado. Le he incluido un elemento. uno sólo mío. aunque se supiera, seguiría siendo un secreto porque yo, nadie más que yo, lo conozco a plenitud. y me iría. adonde sea. adonde los brazos cortos sin alas me alcancen. si no hay cielo no importa. entonces en la tierra. quisiera caminar hasta que los pies ya no me den. y ahi encontrar mi cueva. no. no es esconderme. es irme de vacaciones. irme de vacaciones con aquello que quiero explorar, conocer a fondo. pero quiza, cuando esté allá, quiera irme para siempre.
quiero irme a la cueva y conocer por siempre.
lunes, 5 de julio de 2010
My whole world in light 14:53
martes, 22 de junio de 2010
Lovers, keep on the road you're on 21:35
Gracias a mi querido amigo Charles Matuk por enseñarme esta canción. Justo así me siento últimamente: esperanzada.
(Perdón por el video cursi, pero bueno viene la letra)
miércoles, 21 de abril de 2010
Took my heart to the limit and this were I stay 16:36
sábado, 7 de noviembre de 2009
It's all over 1:31
Se acabó. Esta yo no quiere seguir atada a ese pasado. Y se fue. Me fui... Dejaré de hablar en tercera persona. Me fui. De pronto me di cuenta de la ridiculez de estar ahí. No quería. Y me largué.
En realidad, hace mucho que nos fuimos. Se siente tan bien ser consciente de ello. Se siente tan bien saber que marcó el resto de mi vida, pero ya no necesito que esté ahí.
Por coincidencia, escuché su voz por última vez. Estuvo bien. Fue LA despedida sin necesidad de decir adiós. Si algún día vuelvo a verlo o escucharle, será como la primera vez, porque no será con los mismos oídos o la misma mirada.
Lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia. Aunque estoy segura de que nunca me será indiferente, lo que experimento se le acerca.
Ahora el shock verdadero consiste en que el lugar ya está vacío. Es el hueco. Es que, definitivamente, le puse final. Hoy después de ni más ni menos que ocho años y casi tres meses, aquel primer encuentro que marcó mi vida puede archivarse en los cajones de las grandes coincidencias de mi vida, en vez de las tragedias. Conservaré en mi memoria a aquellos dos chiquillos y valolaré la coincidencia que los hizo acecarse. Esto quedará clasificado en las cosas que hacen que la vida valga la pena, no en las que me provocaron pesar.
Hoy, sin temor a equivocarme, puedo afirmar con conocimiento de causa que amé profundamente, y que ese alguien correspondió a mi cariño. ¿Cómo? Seguramente nunca lo sabré con certeza, pero nos quisimos y nos dolió con la misma intensidad.
A él, le deseo toda la felicidad de la que pueda colmarse. A mí, me procuraré toda la felicidad de la que sea capaz y que, definitivamente, en el mismo camino jamás habríamos alcanzado.
Fue mi gran, gran amor. Un hombre que por mucho tiempo se convirtió en paradigmático, en la medida de los demás. Hoy pienso que si escaló a ese lugar fue porque se lo merecía. Y quisiera que, de alguna manera, el mensaje le llegara.
Ojalá que te llegue. Ahora comprendo -¡al fin comprendo!- esa frase, y te la escribo: Te quiero tanto como para dejarte ir. Para no alimentar más este karma que nos lastimaba a ambos. No cabe duda de que el amor se transforma para seguir existiendo, y el mío cambió a buenos recuerdos y buenos deseos.
Quizá ya estuvimos juntos o, si las vidas futuras existen, lo estaremos. Pero eso es secundario, porque en esta vida ya pasó, fue maravilloso y mientras me acuerde, sabré que exististe y que cumpliste tu labor en mi camino con cuatro años de presencia y otros cuatro de ausencias aparentes.
Así que gracias, Rafael.
jueves, 5 de noviembre de 2009
De Ícaro a Dédalo 19:38
Y es justo de un ámbito de la parte emocional de la que me interesa escribir hoy.
Hace algún tiempo -años- empecé a vivir una época de estancamiento emocional. Sentía mucho hacia una persona en particular. Y nada más. Todas mis pasiones se volcaron hacia esa persona, y cuando se dio la ruptura mi alma quedó devastada. Cambié. Costruí una atalaya gigantesca, un muro de Berlín en torno a mis sentimientos. Me convertí en una discriminadora práctica: sólo sentimientos que se apellidaran estéticos, que me sirvieran para escribir.
Parece contrastante que la niña que llora diario diga que no sentía. Pero creo que antes sentía deseos de sollozar todos los días porque en algún momento, una parte de mí, la escondida, la que no tenía miedo de parecer vulnerable, se manifestaba a través de las lágrimas. "No me sueltes", me decía, pero yo estaba tan perdida en aquel nuevo mundo de la racionalidad que los miembros se me durmieron y no sabía que estábamos en un precipicio en el que yo tenía que agarrar la mano de mi otro yo.
Este año desperté. No sé cómo. Pero desperté. Entonces entré en pánico. El primer sentimiento que experimenté, después de estar dormida por casi cuatro años -o, tal vez, por veintitrés- fue miedo. Terror. Vi a mi otro yo cayendo. Escuché sus gritos, sentí el fantasma de su mano sobre la mía, el sudor de mis palmas, pero ya era tarde. La había perdido porque la olvidé.
Me miré en el espejo y había sufrido los cambios de quien crece en coma. ¿Dónde estaba? Mis ojos estaban vacíos...
... O al menos eso pensé por algunos días. Me tiré en la tragedia. Era como si todas las emociones reprimidas escaparan simultáneamente y se instalaran en mi alma. Así se sentía. Pero luego vi en mis ojos desesperación. Frustración. Tristeza. Entonces, con la esperanza de la desesperación, regresé al precipicio para probar las alas que dejé de usar.
Estaban desgastadas, es cierto. Y yo tenía que reaprender a volar.
Y vivo en ese proceso. Ahí va. Ahí voy. Hay días mejores y días peores, pero ahí voy.
Me gusta esta nueva vida. Estas alas. Y hay una parte en específico que estoy volviendo a vivir.
En este segundo semestre de 2009 he redescubierto las maripositas en el estómago. He redescubierto al género masculino y ya no le tengo miedo. Hasta cierto punto, podría incluso decir que estoy enamorada. Como Fausto de Margarita. Yo soy una especie de Fausta, que idealiza y se enamora. Me he enamorado dos veces en este segundo trimestre, de hombres completamente distintos y en situaciones disímiles, variables, sensacionales. Con uno se terminó muy rápido. Con el otro fue un suceso efímero.
Pero esto. Estas historias, una en particular, la guardo en mi memoria y me siento afortunada de que haya sucedido. Y una vez más, soy como una adolescente de secundaria que empieza a descubrir el maravilloso mundo del enamoramiento y del género opuesto. Que está probando, a ver qué le gusta y qué no. He tenido una idea de lo que me gusta tan arraigada, y una imagen de la que no podía despojarme, que el costo de sacármela de la mente fue que me borrara la memoria y la madurez para querer.
Así que así estoy. Como abeja repartiendo polen. No sé en qué momento terminará esta etapa inusual. Hasta hace poco parecía que estaba terminando, pero me doy cuenta de que lo que busco ahora es idealizar imposibles. Hombres que, por una u otra razón, no pueden ser para mí.
El señor Charbelí -hombre al que he apodado así-, por ejemplo, es casado y tiene hijas. Físicamente me fascina. Tiene algo que me atrae, pero no va a suceder algo, ni es mi intención.
Es eso... aún no es mi intención. Quizá por eso puedo vivir ilusionada/emocionada con el recuerdo de unos buenos momentos, o ser completamente indiferente con aquel que me gustaba. Porque no quiero que pase a más.
Pero si estás ahí, y me lees, y estás interesado, quiero decirte que la puerta está abierta, sólo que rechina mucho cuando abre, y a lo mejor tendrás que soportar el ruido antes de ver el esplendor.
Mis alas están curándose. Y mientras yo reaprendo a usarlas.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Redlaciones 22:04
Ahí mismo, mientras esperaba, me dispuse a leer. Fue una sorpresa encontrarme con que el libro trata sobre un hombre que narra sus relaciones virtuales con dos mujeres distintas. Con una se encuentra en Guadalajara y tienen relaciones sexuales, a la otra nunca logra conocerla a pesar de que viven en la misma ciudad y la ama. No se preocupen, queridos lectores, que no estoy arruinándoles ni un poco del libro, lo que les revelo es lo primero que leen, e incluso yo no he terminado de leerlo.
Me pareció un buen momento para que este libro llegara a mis manos, independientemente de cómo termine o si mi maestrojuzga positiva o negativamente las relaciones gestadas en la internet. Culminó con una época en la que han llegado a mis oídos varios acontecimientos: una de mis compañeras de trabajo me pidió recomendación de un bar donde pueda llevar a un hombre de cuarenta y cuatro años con el que se envía correos, pero jamás se han visto. Otra me contó su experiencia con las relaciones virtuales, y me dijo que estuvo a punto de irse a Argentina. Una más me platicó que tiene un enamorado en Francia, y que él está ahorrando para venir a verla. Uno más comió con una chava que conoció por twitter y al parecer se cayeron bien.
Si bien no todas las relaciones que abordé anteriormente son amorosas, sí me hicieron cuestionarme si uno realmente puede conocer a alguien en la red. Hasta ahora, mis cavilaciones tienden hacia la afirmación.
Yo creo que sí se puede. Creo que la red es romanticismo puro. Puro. Encontramos en el otro un ideal, y si no es un ideal, al menos es alguien que nos causa ilusión porque nos falta una dimensión por conocer. No importa si hemos visto fotografías, no hemos tocado, olido el aire cuando se impregna del otro, no hemos escuchado su voz. Es totalmente romántico, así se enamora Fausto de Margarita, así inspiraba Beatriz a Dante, sólo que a ellos les sucede al revés: se prendan de la delicadeza de las mujeres en cuestión sin conocer sus inquietudes, sus personalidades, su interior. En cambio, yo creo que uno se abre más con la gente que "desconoce". Es más fácil platicarle los temores a un "faceless" que al espejo, o que a los seres queridos. Uno se abre por completo a los extraños, más si éstos han externado disposición a la apertura. ¿De qué manera las declaraciones amorosas podían ser más apasionadas que cuando se escribían dos amantes que no se veían, sino se imaginaban e imaginaban la reacción del otro, sin conocer en realidad la tangible, la real? Lo que más apasiona es lo que está en nuestra cabeza. Es lo misterioso, lo improbable, pero posible. Lo ausente. Y es justo esta pasión y el deseo de alcanzar lo inasequible, lo que provoca en nosotros las ganas de abrirnos más. Y terminamos conociendo y, buenísimo también, dejando que nos conozcan.
Aparentemente, son relaciones donde la gente no arriesga. Total, si la foto no te gusta, la mandas a la chingada y la ignoras o cambias de mail. O si te hace pancho, la bloqueas y punto. Pero en realidad uno puede terminar verdaderamente metido hasta la coronilla. Precisamente porque estas relaciones son "intangibles", porque en muchos casos uno desconoce dónde vive el otro, o cómo se ve, se necesita mucho compromiso. Es tan fácil desaparecer que uno tiene que procurar y hacerse presente... Así que, si uno mezcla compromiso, interés, vulnerabilidad y apertura, y disposición para probar cosas nuevas, puede que uno encuentre más de un amigo en la red y, para los más osados, los más tímidos y los más afortunados, quizá encuentren al amor de su vida en Facebook, o twitter, a través de los blogs o a lo mejor solamente porque llegó el correo equivocado.
A mí me gusta ver esta capacidad de adaptación de la comunicación y la sociabilidad. En esta sociedad donde el individualismo impera, seguimos necesitando al otro, entregándonos al otro, y esta transformación que mucha gente juzga como errónea es únicamente la respuesta natural al rumbo de la humanidad. Darwin lo llamaría adaptabilidad, yo sólo creo que no hay nada nuevo, que nos repetimos y somos como Napoleón y Josefina, como Beethoven y su amada, como Joyce y Nora. Sólo que ahora el papel es pantalla y las cartas se llaman emails.
sábado, 31 de octubre de 2009
M. 10:16
Ayer leí una entrada en su blog al respecto. Y me gustó. Me gustó de pronto leerle tanta madurez, a pesar de todo el dolor. Tanta vulnerabilidad aunque, esta vez, parezca que el resultado fue la falla.
Me encanta. Hace un tiempo (no tanto en realidad) M. estaba anestesiado. No sentía. De pronto vivió automatizado, ahora vive humano, vive sentimientos, vive desamor.
¡Qué chingón! Nada como cuando sabes que vas a superarlo. Porque sí se supera, siempre se supera. Y sí, habrá esperanza de un mundo mejor con una relación adecuada para uno.
Yo no sé si existe la media naranja, pero definitivamente vale la pena buscarla. Tan sólo la idea del encuentro es lo suficientemente fuerte e ilusoria como para hacer el intento.
Y él lo sabe. Está sufriendo la metamorfosis que amar implica. El antes, muy fijo en mi memoria, empieza a sustituirse por el atractivo después. Mi amigo M. ha madurado. Ése es su después. Entender que puede doler a niveles insospechados pero que, en realidad y por fortuna, los seres humanos perdemos la memoria del dolor. Por eso seguimos viviendo. Porque nuestro cuerpo y nuestra alma saben que dolió pero no recuerdan cómo. Y en cambio, después del sufrimiento, nos queda el resplandor de la felicidad. Sí, fuimos felices, en el amor, en la entrega absoluta, y recordamos al otro sin rencor y con un dejo de nostalgia. Lo recordamos bien. Bellamente. Verdaderamente.
Vale la pena. La intención es que, la próxima vez, seamos más felices. Es lo bueno de que la plenitud sólo sea alcanzable hasta que uno decide que ya se instaló en ella. Y va a ser mejor. Para estas personas que maduran sus errores y entienden los ajenos, esta nueva posibilidad de amar mejor es un hecho y una recompensa.
Como bien escribió Lourditas en un comentario, hay que empezar a andar en bicicleta y caerse, antes de poder hacer ciclismo de montaña.
Así que, M., bienvenido al club del péndulo. Te aseguro que habrá un día en que ya no osciles entre un extremo y otro y alcances el punto medio.
Felicidades por el dolor.