miércoles, 25 de junio de 2014
Sensei 14:15
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Un recuento 22:45
Un año acaba y con él llega la costumbre de hacer un recuento. Quizá por nuestra educación moral, se nos obliga a calificar de bueno o malo un año. Hay que hacer un balance. Es un deber.
Pues bien, me rehúso, al menos en la teoría, a llevar a cabo una calificación de todo lo que viví en el año. Algunas cosas son públicas; otras, tan privadas que solamente mi propio espíritu podría delatarme, e incluso así me estaría revelando asuntos que desconozco.
Este año me desdoblé. Fui yo, pero también fui otra que no conocía. Y esa otra me asustó. Se apoderó de mí. Eso no me hizo menos responsable de mis actos, pero de pronto me encontré absolutamente dominada por alguien que era yo y que solo se me había aparecido una o dos veces, varios años atrás. Aquellas otras veces duró muy poco tiempo, esta vez, gradualmente, se instaló dentro de mí. Mis yo libraron una batalla que aún ahora, en ocasiones, siguen llevando a cabo. Fue una batalla de meses de soledad, de meses de dolor emocional, de incertidumbre que creí que me llevaría a la locura. Incluso ahora lo recuerdo y se me llenan los ojos de lágrimas. Pienso en cómo fui perdiendo los estribos, en cómo me hundí y en cuánto trabajo me costó levantarme.
Hubo testigos incansables. Constantes. Hubo, desafortunadamente, víctimas. Gente a la que lastimé en el proceso de transformarme. En la crisis de convertirme en quien no sabía que era... Hubo también quienes no supieron bien qué sucedía conmigo, pero me apoyaron sin necesidad de conocer detalles. A ellos les estoy inmensamente agradecida.
Al principio, sentí mucho dolor, adicional a la desesperación de sentirme al borde de la locura, porque me dio la impresión de que no me entendían. Sentí que aquella gente en quien confié ciegamente, me había dado la espalda. Pero ni confié tanto, ni tampoco tendrían por qué no habérmela dado.
Poco a poco, todo fue esclareciéndose. A fuerza de decidir que no quería seguir llorando,de reconocer que había caído, de aceptar que también soy esa otra , la que fue destrozándome, renací de las cenizas. Fue un proceso muy personal. Probablemente, incluso quienes lo vivieron de cerca consideren que exagero; sin embargo, tal fue mi proceso interno. Lentamente, mis fibras fueron regenerándose con lo que quedaba de mi yo antigua y se fundieron con esa otra que me negué a reconocer. En el horno donde se llevó a cabo la mezcla, perdí a gente que me importaba, otra decidió cambiar nuestra relación de tajo. Tuve que decir adiós a algunas de las personas en cuyo sendero me imaginé por siempre, pero también recuperé a otras de quienes ya me había despedido. En la oscuridad absoluta, yo fui mi propia luz. Cuando vi hacia abajo y miré el abismo, creí que inevitablemente caería; antes bien, cuando las lágrimas dejaron de obnubilarme el pensamiento, volteé y me di cuenta de que había quienes me observaban y me decían, en silencio, "a pesar de que puedes caerte, a pesar de que no podemos detenerte, estamos aquí para decirte que nos importas."
En la soledad absoluta, la del alma acongojada, decidí perdonarme y regresar al mundo. Busqué ayuda profesional para combatir mis demonios. Entonces, a fuerza de nombrarlos, fui liberándome de ellos. Gracias a eso, fui capaz de retomar la pluma, de escribir. De dejar de procastinar. Empecé a actuar.
Así que me da la impresión de que, en mi caso, este año no hay balances, las cosas solamente sucedieron. Ocurrió que padecí tantas enfermedades como nunca, que primero bajé de peso y luego subí. Ocurrió que crecí. Por primera vez en la vida ya no me siento una niña. Por primera vez en la vida me di el valor como lo que efectivamente soy. Viajé. Escribí sin tabúes. Perdí amistades. Gané amistades. Me gané a mí.
Definitivamente, en 2013 no puedo presumir que leí muchísimo -porque no es cierto-, ni que llegué a mi peso ideal -porque estaría mintiendo-, pero sí puedo contar a quien quiera leer, que me siento más cerca de encontrarme.
Mi gran logro de 2013 es que soy más honesta conmigo, y vaya que me costó recorrer un camino que nunca había atravesado.
Quiero agradecer a mi familia, a mis amigos y también a quienes, por lo que sea, no pudieron quedarse conmigo.
Que 2014 sea un año de estabilidad, ya que este me sacó de control en todo sentido.
sábado, 6 de julio de 2013
Bálsamos 11:32
Me estoy volviendo loca, me digo a diario. Pero últimamente las distracciones son tantas y tan cuerdas, que me permiten olvidar el inevitable punzón que me penetra incansable.
Los rayos son, por ejemplo, la creación. Esa concesión que el universo le da a algunos seres entre los cuales yo me cuento. Soy afortunada de que el cosmos me deje jugar a que creo. Y he creado: en el trabajo, como entretenimiento, en Facebook, todo el tiempo estoy creando historias: de dos renglones, de cinco, de varias cuartillas, todo el tiempo estoy pensando en qué decir porque no puedo decir lo mío. Seguramente se lee entre líneas o, en ocasiones como esta, lo plasmo en este espacio de dos punto cero.
A veces, la ansiedad regresa y hace temblar mi interior como si tuviera mal de Parkinson. Esta semana volví a tener uno de esos episodios que no le deseo a nadie, uno de esos de destrucción. No obstante, tal vez sea cierto eso que dicen: hay que destruir para crear. Una estrella se destruye y crea tantas cosas. Un ser se destruye para reproducirse y crea otros seres más. Se divide.
Tal vez esa es mi naturaleza. Yo, que soy una nómada espiritual y busco incansablemente un lugar donde estar. Quizá nunca lo encuentre y lo que tengo que hacer es, precisamente, dejar de buscar, dejar de añorarlo. Quizá tengo que destruir, pero no ser antropófaga de mis propios órganos, de mi propia piel.
Sí. He llegado a estas conclusiones, que por el momento me dan paz, gracias a que he creado después de haberme hecho pedazos. ¿Para qué echarle la culpa a los demás si lo que he aprendido en estos últimos tiempos es que todos somos pasajeros en un tren y que, por largo que el camino sea, eventualmente nos bajamos?
De pronto me cansé de luchar porque la humanidad sepa que valgo. De pronto me cansé de la gente, del mundo, de la sociedad en la que vivo. De todas las sociedades. De pronto lo que ansío es un buen libro, una buena herramienta para escribir y echarme, como hace mi perrita, a limpiarme las heridas. Es como si hubiera librado una batalla tan grande dentro de mí que, ahora, no queda más que contabilizar las bajas, y limpiar los escombros. ¡Cuántos recuerdos removeré en el proceso de purificación! No pinta para que los 27 pasen fácilmente, ni tampoco para que pasen en compañía.
La compañía, aunque siempre la agradezco mucho, puede ser un lastre. Después uno exige porque no la tiene, y luego los otros no entienden el dolor cuando no la brindan. Así que, gracias a los que han estado como han podido, y a los que no, hasta nunca.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Celestina 0:03
Debí recordarlo hace unos meses que me adjudiqué el papel de Celestina. Aquí no pondré nombres, solo diré que quise juntar a una Melibea y un Calisto, personas a quienes quiero y con quien salió todo mal. Salvo el final, no voy a mencionar absolutamente nada sobre ellos, pero diré que estoy triste y decepcionada de haberlo hecho, porque me da la impresión de que nuestra amistad cambió para siempre. Ambos decidieron dejar de contarme para "no ponerme en medio" y al final eso se sintió más a la mitad que nada. Este no ha sido el mes más sencillo, y ni Melibea ni Calisto estuvieron presentes para los momentos que vivió Celestina.
Celestina está triste y está sentida. Y, sobre todo, está enojada consigo misma porque nunca debió haberse metido donde nadie la llamó. Al final, ella también salió perdiendo...
viernes, 17 de junio de 2011
Adiós, adiós 8:28
Cuando estaba pensando en escribir esto, no podía decidir a ciencia cierta si hablaría en contra de la gente responsable de mi salida (porque, afortunadamente, yo no soy responsable de que haya sucedido) o si diría las ventajas y desventajas de estar en la compañía. Al final, me sacudí a los imbéciles, borré de mi memoria los malos ratos (si bien, me quedé con el aprendizaje que los errores y los momentos incómodos traen consigo) y me quedé solamente con los instantes agradables.
Así que, lo que voy a extrañar de trabajar en Medicus, es:
1. MEP cantando y bailando "All I want for Christmas is you".
2. Cantar "Desátame" con Dalia.
3. Cerrar la puerta de la bodega que Dalia y yo teníamos por oficina cada vez que Toño quería platicarnos algo, o viceversa.
4. Las rondas de Silvia por todos los lugares, incluido el mío.
5. Ponerme mis audífonos y cantar tan fuerte que tenían que callarme.
6. Que Pili y Marthita aullaran cada vez que cantaba.
7. La risa espontánea de Lupita Chavarría.
8. Los preámbulos de Ruth para llegar a un punto o contestar una pregunta.
9. Berenice entrando a la oficina para dejarle exámenes a Dalia.
10. Las muecas de Dalia cuando Bere le dejaba los exámenes.
11. La risa de María Elena.
12. Mi collage pegado en la pared con personajes símiles a nuestros compañeros.
13. Entrar a la oficina de Evelin.
14. Los abrazos de Armando Rodríguez.
15. Alfredo y David imitando a Armando.
16. Mi mesa de trabajo.
17. La fiesta de fin de año.
18. A María Elena como Directora de Recursos Humanos.
19. Luis riéndose de la nada y yo riéndome con él.
20. Cotorrearme a Reynita.
21. Chismear con Mónica.
22. Xochitl preguntándome por qué no la saludo.
23. El día de tanda.
24. Martha Rodríguez que me lanzó al ruedo en el karaoke el día de la fiesta del 14 de febrero, y luego me dejó ahí sola.
25. El coraje que me daba que no me hicieran caso en Sistemas, y que se me olvidara cuando veía a Víctor, Armand o Chavita, siempre con buena cara.
26. Andar con mi teclado viejo conectado a la laptop, porque el de la laptop no servía.
27. Tepeji del Río con María Elena.
28. Dormir en la cama aguada de Tepeji del Río.
29. Pasear con María Elena por el Malecón de Veracruz, cuando había norte y el viento nos empujaba hacia el otro lado.
30. Viajar con Dalia.
31. Viajar con Toño.
32. Las fotos en mi escritorio.
33. Hacer catarsis con Toño.
34. Las comidas de cumpleaños.
35. Que Marthita me consintiera y arreglara mi lugar.
36. Quedarme con Mago, Romi, Laura y Marthita después de los pasteles de cumpleaños para comer y platicar.
37. Los pasteles de cumpleaños (increíble pero cierto, los voy a extrañar).
38. El proceso tedioso y complicado para cambiar la pantalla electrónica.
39. La sinceridad de Pilar.
40. El juego de la sillas compitiendo con Laura Meneses.
41. El equipo Rápidos y Furiosas.
42. Irving saltando en chinga en el juego de los costales.
43. Dalia y yo compartiendo la misma mesa de trabajo.
44. La brutal honestidad de Maribel.
45. Las comidas con Toño y Dalia.
46. El estacionamiento.
47. La implementación de cada canal nuevo de comunicación.
48. Cantarle "Stereosexual" a Armand .
49. Ganarle a Salvador en el dominó.
50. Platicar de películas con Rubén.
51. Reírme con Sergio Pardo cuando iba a entregarme trabajo.
En fin, seguramente saldrán más cosas conforme pase el tiempo. Solamente me queda estar muy, muy agradecida con la vida por haber vivido dos años de alegría, intensidad y trabajo en Medicus, con todos y cada uno de mis compañeros.
martes, 22 de junio de 2010
Lovers, keep on the road you're on 21:35
Gracias a mi querido amigo Charles Matuk por enseñarme esta canción. Justo así me siento últimamente: esperanzada.
(Perdón por el video cursi, pero bueno viene la letra)
viernes, 7 de mayo de 2010
Seasons out of time 13:39
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Redlaciones 22:04
Ahí mismo, mientras esperaba, me dispuse a leer. Fue una sorpresa encontrarme con que el libro trata sobre un hombre que narra sus relaciones virtuales con dos mujeres distintas. Con una se encuentra en Guadalajara y tienen relaciones sexuales, a la otra nunca logra conocerla a pesar de que viven en la misma ciudad y la ama. No se preocupen, queridos lectores, que no estoy arruinándoles ni un poco del libro, lo que les revelo es lo primero que leen, e incluso yo no he terminado de leerlo.
Me pareció un buen momento para que este libro llegara a mis manos, independientemente de cómo termine o si mi maestrojuzga positiva o negativamente las relaciones gestadas en la internet. Culminó con una época en la que han llegado a mis oídos varios acontecimientos: una de mis compañeras de trabajo me pidió recomendación de un bar donde pueda llevar a un hombre de cuarenta y cuatro años con el que se envía correos, pero jamás se han visto. Otra me contó su experiencia con las relaciones virtuales, y me dijo que estuvo a punto de irse a Argentina. Una más me platicó que tiene un enamorado en Francia, y que él está ahorrando para venir a verla. Uno más comió con una chava que conoció por twitter y al parecer se cayeron bien.
Si bien no todas las relaciones que abordé anteriormente son amorosas, sí me hicieron cuestionarme si uno realmente puede conocer a alguien en la red. Hasta ahora, mis cavilaciones tienden hacia la afirmación.
Yo creo que sí se puede. Creo que la red es romanticismo puro. Puro. Encontramos en el otro un ideal, y si no es un ideal, al menos es alguien que nos causa ilusión porque nos falta una dimensión por conocer. No importa si hemos visto fotografías, no hemos tocado, olido el aire cuando se impregna del otro, no hemos escuchado su voz. Es totalmente romántico, así se enamora Fausto de Margarita, así inspiraba Beatriz a Dante, sólo que a ellos les sucede al revés: se prendan de la delicadeza de las mujeres en cuestión sin conocer sus inquietudes, sus personalidades, su interior. En cambio, yo creo que uno se abre más con la gente que "desconoce". Es más fácil platicarle los temores a un "faceless" que al espejo, o que a los seres queridos. Uno se abre por completo a los extraños, más si éstos han externado disposición a la apertura. ¿De qué manera las declaraciones amorosas podían ser más apasionadas que cuando se escribían dos amantes que no se veían, sino se imaginaban e imaginaban la reacción del otro, sin conocer en realidad la tangible, la real? Lo que más apasiona es lo que está en nuestra cabeza. Es lo misterioso, lo improbable, pero posible. Lo ausente. Y es justo esta pasión y el deseo de alcanzar lo inasequible, lo que provoca en nosotros las ganas de abrirnos más. Y terminamos conociendo y, buenísimo también, dejando que nos conozcan.
Aparentemente, son relaciones donde la gente no arriesga. Total, si la foto no te gusta, la mandas a la chingada y la ignoras o cambias de mail. O si te hace pancho, la bloqueas y punto. Pero en realidad uno puede terminar verdaderamente metido hasta la coronilla. Precisamente porque estas relaciones son "intangibles", porque en muchos casos uno desconoce dónde vive el otro, o cómo se ve, se necesita mucho compromiso. Es tan fácil desaparecer que uno tiene que procurar y hacerse presente... Así que, si uno mezcla compromiso, interés, vulnerabilidad y apertura, y disposición para probar cosas nuevas, puede que uno encuentre más de un amigo en la red y, para los más osados, los más tímidos y los más afortunados, quizá encuentren al amor de su vida en Facebook, o twitter, a través de los blogs o a lo mejor solamente porque llegó el correo equivocado.
A mí me gusta ver esta capacidad de adaptación de la comunicación y la sociabilidad. En esta sociedad donde el individualismo impera, seguimos necesitando al otro, entregándonos al otro, y esta transformación que mucha gente juzga como errónea es únicamente la respuesta natural al rumbo de la humanidad. Darwin lo llamaría adaptabilidad, yo sólo creo que no hay nada nuevo, que nos repetimos y somos como Napoleón y Josefina, como Beethoven y su amada, como Joyce y Nora. Sólo que ahora el papel es pantalla y las cartas se llaman emails.