Mostrando entradas con la etiqueta hormonal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hormonal. Mostrar todas las entradas
lunes, 31 de agosto de 2009
Monstruos 15:59
Últimamente me siento como fuera de mí. Como si un monstruo se hubiera apoderado de mí y quisiera acabar con la seguridad que siento hacia quienes me quieren y me procuran. Por ratos, cada vez menores, tengo momentos de lucidez y me doy cuenta de que las cosas siguen igual que siempre. Que los sentimientos que han cambiado son los míos y nada más. Y que, aún más simple, mis sentimientos no han cambiado, sólo tienen un velo gigantesco llamado hormonas.Estoy harta de las hormonas. Me siento desesperada y frustrada. De por sí naturalmente se me da el drama y resulto hipersensible, ahora conozco toda una nueva dimensión. Pero en realidad me desconozco. Ésta mujer que actúa de acuerdo con el monstruo no es la misma que yo. Sólo son físicamente idénticas. Sé que estoy ahí adentro. Atrapada, pero aquí sigo. Sólo que cómo y a quién se lo platico en el camino. Quisiera que en cuanto una estuviera en estos días hormonales, o tuviera que someterse a algún tratamiento hormonal, pudiera encerrarse en un asilo de hormonas. Hormonático. A lo mejor escribo un cuento al respecto.porque me siento mal. Me siento triste, y sola, y ridícula y todo cabe en el mismo tazón, mi cuerpo, hoy controlado absolutamente por estas porquerías que necesitamos para vivir y que definen tanto de nosotros. Así que, ¿qué hago con esto?
domingo, 23 de marzo de 2008
Boogie man 0:28
No hay alguien culpable de mi amargura. Si acaso yo misma. He repasado el momento en que la felicidad se esfumó y llegó el sinsabor a sustituir los sentimientos de esperanza que iluminaban mi corazón. Primero era natural: si las mujeres tardan en superarlo a los 40 años, ¿quién podía culparme si me tardaba en superarlo a los 20?
Lo viví dramáticamente, como si se me hubiera muerto alguien. Lo que se me murió en realidad fue el futuro. Ése que planeé con tanto detalle, acompañada de aquél a quien, muy tempranamente, le otorgué el título del amor de mi vida.
Pero era un futuro inexistente, como es el futuro en realidad. Mi futuro frustrado estaba basado en el pasado, en los recuerdos y en mi propia imaginación. Entonces extrañé el pretérito derrumbado y arcaico, imposible de conjugarse. Quise olvidarlo y quemé las pruebas de que había existido, pero no pude tostarme la memoria.
Amargura pura, insensibilidad a cualquier cosa que no tenga que ver conmigo, Soy ahora una completamente distinta a la que era antes de ese momento en que perdí todo… esta coraza es ahora mi columna vertebral. Ya no soy quien era antes, y dudo mucho que alguien me recuerde como solía ser en la prepa, o en la secundaria.
Hasta a mí me suena absurdo, pero es como haber hecho un voto eterno. De vez en cuando esta amargura que me embarga se queda dormida y da paso a la melancolía de la esperanza inútil. A la añoranza de un abrazo que no he vuelto a sentir y que a veces viene a mí en sueños. Después se despierta y el golpe es más duro porque me recuerda que lo que nos pasó no fue una simple separación, sino la burla completa de mis sentimientos y la utilización descarada de mi amor.
Así que hay que volver a desenamorarse. Regresar a la postura del orgullo que no puedo dejar. A mantener alerta los sentidos y el raciocinio para que las buenas memorias no me hagan caer en la trampa otra vez -aunque hay veces que me dejo llevar, como en enero que dejé que mi cerebro transmitiera una serie onírica de tres semanas de duración-.
Ya pasaron dos años y la lucha es tan inclemente como el primer día. ¿Se acabará?
Lo viví dramáticamente, como si se me hubiera muerto alguien. Lo que se me murió en realidad fue el futuro. Ése que planeé con tanto detalle, acompañada de aquél a quien, muy tempranamente, le otorgué el título del amor de mi vida.
Pero era un futuro inexistente, como es el futuro en realidad. Mi futuro frustrado estaba basado en el pasado, en los recuerdos y en mi propia imaginación. Entonces extrañé el pretérito derrumbado y arcaico, imposible de conjugarse. Quise olvidarlo y quemé las pruebas de que había existido, pero no pude tostarme la memoria.
Amargura pura, insensibilidad a cualquier cosa que no tenga que ver conmigo, Soy ahora una completamente distinta a la que era antes de ese momento en que perdí todo… esta coraza es ahora mi columna vertebral. Ya no soy quien era antes, y dudo mucho que alguien me recuerde como solía ser en la prepa, o en la secundaria.
Hasta a mí me suena absurdo, pero es como haber hecho un voto eterno. De vez en cuando esta amargura que me embarga se queda dormida y da paso a la melancolía de la esperanza inútil. A la añoranza de un abrazo que no he vuelto a sentir y que a veces viene a mí en sueños. Después se despierta y el golpe es más duro porque me recuerda que lo que nos pasó no fue una simple separación, sino la burla completa de mis sentimientos y la utilización descarada de mi amor.
Así que hay que volver a desenamorarse. Regresar a la postura del orgullo que no puedo dejar. A mantener alerta los sentidos y el raciocinio para que las buenas memorias no me hagan caer en la trampa otra vez -aunque hay veces que me dejo llevar, como en enero que dejé que mi cerebro transmitiera una serie onírica de tres semanas de duración-.
Ya pasaron dos años y la lucha es tan inclemente como el primer día. ¿Se acabará?
miércoles, 12 de marzo de 2008
Hormonal 22:57
Mm, mmm, mmm (me limpio la garganta para empezar, como si en vez de escribir estuviera hablando ante una audiencia).
Sí, voy a hablar sobre las hormonas. No sobre el sexo y las hormonas, sino sobre las emociones alteradas por las hormonas.
Quizá sea algo que no le sucede a los hombres -no lo sé de cierto-, sin embargo las mujeres sí somos víctimas de nuestras hormonas. Nos ponemos mal: tristes un momento y eufóricas al siguiente. Lloramos cuando deberíamos reír y viceversa, y nos ponemos hiper sensibles.
Yo así estoy ahorita: irritable, vulnerable, caliente (en sus varios significados), cambiante, volátil, voluble, feliz, deprimida, alegre, risueña, llorona...
Todo en un día. Parezco una bomba molotov que a la menor provocación estallará. Siento que necesito un abrazo muy fuerte, de alguien que me transmita la confianza para echarme a llorar en ese instante.
Necesito llorar hasta cansarme. Agradecería que alguien sea testigo de mis lágrimas irracionales. Pero supongo que es mucho pedir y que esas épocas donde ese alguien me protegía ya pasaron.
Otra vez las méndigas hormonas.
Sí, voy a hablar sobre las hormonas. No sobre el sexo y las hormonas, sino sobre las emociones alteradas por las hormonas.
Quizá sea algo que no le sucede a los hombres -no lo sé de cierto-, sin embargo las mujeres sí somos víctimas de nuestras hormonas. Nos ponemos mal: tristes un momento y eufóricas al siguiente. Lloramos cuando deberíamos reír y viceversa, y nos ponemos hiper sensibles.
Yo así estoy ahorita: irritable, vulnerable, caliente (en sus varios significados), cambiante, volátil, voluble, feliz, deprimida, alegre, risueña, llorona...
Todo en un día. Parezco una bomba molotov que a la menor provocación estallará. Siento que necesito un abrazo muy fuerte, de alguien que me transmita la confianza para echarme a llorar en ese instante.
Necesito llorar hasta cansarme. Agradecería que alguien sea testigo de mis lágrimas irracionales. Pero supongo que es mucho pedir y que esas épocas donde ese alguien me protegía ya pasaron.
Otra vez las méndigas hormonas.
Etiquetas:
amor,
Boggie man,
confusión,
hormonal,
ternura