Obviamente no quiero quemarlo. Pero tampoco soy supersticiosa y si no me quedo, pues será porque no hice lo suficiente y no porque lo publiqué en mi blog. Al fin hice el examen de la UNAM para entrar a Letras Hispánicas.
El examen fue el día de mi cumpleaños. Aún así, si paso no atribuiré mi éxito a la magia del día de mi cumpleaños, pero definitivamente espero pasar.
Y paso. Paso. Paso. Paso. Es el principio de mis sueños. Paso, paso, paso, paso.
Y si no paso, no pasa nada, a prepararme mejor para entrar en el siguiente ciclo.
Al fin, hay vida y hay tiempo.
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domingo, 20 de junio de 2010
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sábado, 20 de junio de 2009
Un intento de mini ficción 23:30
Sentí una punzada. Me levanté: era mi turno de morir.
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sábado, 3 de enero de 2009
A Izumi 17:55
Otra de mis adquisiciones en la barata de libros de Random House Mondadori fue una compilación de Luis María Anson titulada "Antología de las mejores poesías de Amor en Lengua Española". Antier abrí el libro al azar y cayó en la página 103, que contiene un poema de Vicente Alexaindre titulado "Otra no amo". Me gustó mucho. Me hizo recordar un libro que leí hace poco y que sigue escribiéndose. Este poema lo dedico yo a ese capítulo del libro que mencioné, del que yo sólo leo las páginas y de vez en cuando participo con consejos para la redacción... el capítulo lleva por nombre "Izumi".
Otra no amo
Vicente Aleixandre
Tú, en cambio, sí que podrías quererme:
tú, a quien no amo.
A veces me quedo mirando tus ojos, ojos grandes, oscuros:
tu frente pálida, tu cabello sombrío,
tu espigada presencia que delicadamente se acerca en la tarde,
[sonríe,
se aquieta y espera con humildad que mi palabra le aliente.
Desde mi cansancio de otro amor padecido
te miro, oh pura muchacha pálida que yo podría amar y no amo.
Me asomo entonces a tu fina piel, al secreto visible de tu frente,
[donde yo sé que habito,
y espío muy levemente, muy continuadamente, el brillo rehusado
[de tus ojos,
adivinando la diminuta imagen palpitante que de mí sé que
[llevan.
Hablo entonces de ti, de la vida, de tristeza, de tiempo
mientras mi pensamiento vaga lejos, penando allá donde vive
la otra descuidada existencia por quien sufro a tu lado.
Al lado de esta muchacha veo injusticia en el amor.
A veces, con estos labios fríos te beso en la frente, en súplica
helada, que tú ignoras, a tu amor: que me encienda.
Labios fríos en la tarde apagada. Labios convulsivos, yertos, que
[tenazmente ahondan
la frente cálida, pidiéndole entero su cabal fuego perdido.
Labios que se hunden en tu cabellera negrísima,
mientras cierro los ojos,
mientras siento a mis besos como un resplandeciente cabello rubio
[donde quemo mi boca.
Un gemido, y despierto, heladamente cálido, febril, sobre el brusco
[negror que, de pronto, en tristeza a mis labios sorprende.
Otras veces, cerrados los ojos, desciende mi boca triste sobre la
[frente tersa,
oh pálido campo de besos sin destino,
anónima piel donde ofrendo mis labios como un aire sin vida,
mientras gimo, mientras secretamente gimo de otra piel que
[quemara.
Oh pálida joven sin amor de mi vida,
joven tenaz para amarme sin súplica,
recorren mis labios tu mejilla sin flor,
sin aroma, tu boca sin luz,
tu apagado cuello que dulce se inclina,
mientras yo me separo, oh inmediata que yo no pido,
oh cuerpo que no deseo,
oh cintura quebrada, pero nunca en mi abrazo.
Échate aquí y descansa de tu pálida fiebre.
Desnudo el pecho, un momento te miro.
Pálidamente hermosa, con ojos oscuros,
Semidesnuda y quieta, muda y mirándome.
¡Cómo te olvido mientras te beso! El pecho
tuyo mi labio acepta, con amor, con tristeza.
Oh, tú no sabes… Y doliente sonríes.
Oh, cuánto pido que otra luz me alcanzase.
Otra no amo
Vicente Aleixandre
Tú, en cambio, sí que podrías quererme:
tú, a quien no amo.
A veces me quedo mirando tus ojos, ojos grandes, oscuros:
tu frente pálida, tu cabello sombrío,
tu espigada presencia que delicadamente se acerca en la tarde,
[sonríe,
se aquieta y espera con humildad que mi palabra le aliente.
Desde mi cansancio de otro amor padecido
te miro, oh pura muchacha pálida que yo podría amar y no amo.
Me asomo entonces a tu fina piel, al secreto visible de tu frente,
[donde yo sé que habito,
y espío muy levemente, muy continuadamente, el brillo rehusado
[de tus ojos,
adivinando la diminuta imagen palpitante que de mí sé que
[llevan.
Hablo entonces de ti, de la vida, de tristeza, de tiempo
mientras mi pensamiento vaga lejos, penando allá donde vive
la otra descuidada existencia por quien sufro a tu lado.
Al lado de esta muchacha veo injusticia en el amor.
A veces, con estos labios fríos te beso en la frente, en súplica
helada, que tú ignoras, a tu amor: que me encienda.
Labios fríos en la tarde apagada. Labios convulsivos, yertos, que
[tenazmente ahondan
la frente cálida, pidiéndole entero su cabal fuego perdido.
Labios que se hunden en tu cabellera negrísima,
mientras cierro los ojos,
mientras siento a mis besos como un resplandeciente cabello rubio
[donde quemo mi boca.
Un gemido, y despierto, heladamente cálido, febril, sobre el brusco
[negror que, de pronto, en tristeza a mis labios sorprende.
Otras veces, cerrados los ojos, desciende mi boca triste sobre la
[frente tersa,
oh pálido campo de besos sin destino,
anónima piel donde ofrendo mis labios como un aire sin vida,
mientras gimo, mientras secretamente gimo de otra piel que
[quemara.
Oh pálida joven sin amor de mi vida,
joven tenaz para amarme sin súplica,
recorren mis labios tu mejilla sin flor,
sin aroma, tu boca sin luz,
tu apagado cuello que dulce se inclina,
mientras yo me separo, oh inmediata que yo no pido,
oh cuerpo que no deseo,
oh cintura quebrada, pero nunca en mi abrazo.
Échate aquí y descansa de tu pálida fiebre.
Desnudo el pecho, un momento te miro.
Pálidamente hermosa, con ojos oscuros,
Semidesnuda y quieta, muda y mirándome.
¡Cómo te olvido mientras te beso! El pecho
tuyo mi labio acepta, con amor, con tristeza.
Oh, tú no sabes… Y doliente sonríes.
Oh, cuánto pido que otra luz me alcanzase.
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miércoles, 31 de diciembre de 2008
To do's en 2009 18:48
Ya estamos a escasas horas de dar la bienvenida a un año nuevo. Como este año planeo hacer propósitos formales, entonces mis listas estarán fijas en el lado derecho de este blog, donde plasmo todas las cosas que son serias para mí. La primera de estas listas ya está aquí, y es una de 25 libros que planeo leer en 2009. Estos son libros que tengo y están pendientes, y espero leerlos todos e incluir más en la lista. Cuando haya terminado alguno pondré la palabra "leído" junto al título, y podrás consultar mi opinión con respecto al libro en Yeiba! -revista electrónica donde ya tengo algunas reseñas sobre libros que leí este año-.
Las siguientes listas aparecerán a lo largo de esta semana.
¡Feliz año 2009!
Las siguientes listas aparecerán a lo largo de esta semana.
¡Feliz año 2009!
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lunes, 15 de diciembre de 2008
Gran barata de libros 11:17
El sábado pasado fui a una barata de libros de Random House Mondadori y debo decir que encontré joyas a precios más que razonables. Me compraron 10. Seguramente si hubiera escogido más también me los habrían comprado, pero como pensé que yo los tenía que pagar entendí que con 10 ya había llegado a mi límite.
Entre las mejores ofertas encontré En busca del tiempo perdido, Sodoma y Gomorra, rebajado de 389 pesos a 20. Asimismo, me llevé una colección de cuentos de Henry James a 20 pesos también.
Compré de todo. Desde best sellers que me llamaron la atención -como El club de la buena estrella, de Amy Tan- hasta Marcel Proust.
Ya hice mi itinerario.
2009 es un año de cambios.
Entre las mejores ofertas encontré En busca del tiempo perdido, Sodoma y Gomorra, rebajado de 389 pesos a 20. Asimismo, me llevé una colección de cuentos de Henry James a 20 pesos también.
Compré de todo. Desde best sellers que me llamaron la atención -como El club de la buena estrella, de Amy Tan- hasta Marcel Proust.
Ya hice mi itinerario.
2009 es un año de cambios.
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jueves, 28 de agosto de 2008
Sucumbí ante las ganas de leer las cartas. Antier, cuando terminé de leer Mujeres de Babel, comencé a leer las Cartas de amor a Nora Barnacle, edición que bajé de internet (de www.elaleph.com) porque ya se me acabó el dinero para comprar el libro. Así, imprimí las hojas, las engargolé y me dispuse a leer. Aunque sigo sintiendo pena porque la vida de aquellos dos quedó expuesta, la realidad es que haber leído las misivas de Joyce a su " hermosa flor silvestre de los setos" me llenó de una esperanza abrumadora. Me conmueve hasta las lágrimas.
Hasta cierto punto me sentí identificada con la desesperación que mostraba en el amor. Con sus celos iracundos, y su afán de posesión como único acercamiento de la expresión de sus sensaciones y sus pensamientos tal vez se aproxime a reflejar en sus cartas todo aquello que le provocaba Nora.
Sin afán de parecer soberbia y compararme con Joyce -porque de ninguna manera lo intento, menos con ese monstruo de la literatura ante cuya memoria me siento humilde-, mientras leía recordaba las cartas que yo misma me aventuré a escribir en alguna época, hace ya tal vez un par de años (o más): eran cartas insignificantes. Comenzaron hablando de lo mucho que el tercero valía la pena, y terminaron siendo confesiones profundas de mi esencia, sin otro afán que el de mostrarle al ser amado mi confianza hacia él.
Aunque nunca se las di como "Cartas de amor", la verdad es que los dos sabíamos que eso eran. En cada palabra brotaba el frenesí de mis sensaciones, la violencia con la que lo urgía a una respuesta que no llegaba, la desesperación que me provocaba cada segundo en que no estaba con él. Después de estos años lo reflexiono y pienso que fui muy intensa y que es difícil encontrarse con alguien con quien haya tanto entendimiento y amor como para soportar esas intensidades. Antes bien, ahora que he dejado el duelo de lado y recuerdo con cariño, esos recuerdos nutren mi alma de alegría y de orgullo por lo que soy capaz de hacer por el amado.
Por eso cuando leí a Joyce e intuí las respuestas de Nora (por lo que él escribe en sus cartas) me sentí identificada y honrada de leer lo que se postraba ante mis ojos. Fue como si, muchos años antes, alguien hiciera lo mismo que yo he hecho con las mismas sensaciones que se quedan después de enviar una carta melancólica, o de reclamo, o de lujuria.
Hasta cierto punto me sentí identificada con la desesperación que mostraba en el amor. Con sus celos iracundos, y su afán de posesión como único acercamiento de la expresión de sus sensaciones y sus pensamientos tal vez se aproxime a reflejar en sus cartas todo aquello que le provocaba Nora.
Sin afán de parecer soberbia y compararme con Joyce -porque de ninguna manera lo intento, menos con ese monstruo de la literatura ante cuya memoria me siento humilde-, mientras leía recordaba las cartas que yo misma me aventuré a escribir en alguna época, hace ya tal vez un par de años (o más): eran cartas insignificantes. Comenzaron hablando de lo mucho que el tercero valía la pena, y terminaron siendo confesiones profundas de mi esencia, sin otro afán que el de mostrarle al ser amado mi confianza hacia él.
Aunque nunca se las di como "Cartas de amor", la verdad es que los dos sabíamos que eso eran. En cada palabra brotaba el frenesí de mis sensaciones, la violencia con la que lo urgía a una respuesta que no llegaba, la desesperación que me provocaba cada segundo en que no estaba con él. Después de estos años lo reflexiono y pienso que fui muy intensa y que es difícil encontrarse con alguien con quien haya tanto entendimiento y amor como para soportar esas intensidades. Antes bien, ahora que he dejado el duelo de lado y recuerdo con cariño, esos recuerdos nutren mi alma de alegría y de orgullo por lo que soy capaz de hacer por el amado.
Por eso cuando leí a Joyce e intuí las respuestas de Nora (por lo que él escribe en sus cartas) me sentí identificada y honrada de leer lo que se postraba ante mis ojos. Fue como si, muchos años antes, alguien hiciera lo mismo que yo he hecho con las mismas sensaciones que se quedan después de enviar una carta melancólica, o de reclamo, o de lujuria.
A ambos (Nora y Jim), los admiro.
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jueves, 21 de agosto de 2008
Los inconvenientes de la fama... 20:44
Ya en otras muchas ocasiones he mencionado que Ulises es un libro que me inspira muchísimo respeto. Hace un año -en mi cumpleaños número veintiuno-, un amigo me lo regaló.
Y sigo sin leerlo.
Posteriormente, ante mi temor de leerlo, mi mamá me regaló un libro titulado, Mujeres de Babel, que es el análisis de un autor apellidado Moreno sobre el lenguaje de la obra de Joyce, y sostiene que contiene gran carga femenina.
No lo he terminado. Y de ahí he sacado bibliografía para leer antes de tomar entre mis manos a Ulises.
Una de las cosas que me sorprenden más, no obstante la disección de Molly Bloom, es la manera cómo se ha hecho pública la vida privada del escritor. Es tal la curiosidad y el afán por comprenderlo, que se han publicado libros con la compilación de cartas a su mujer, Nora Barnacle, que contienen su intimidad expresada de todas las maneras posibles -desde la tierna hasta la grotesca- por James Joyce.
En cuanto llegué a casa prendí la computadora y busqué un retrato de Nora. Cuando la vi evoqué lo leído esta tarde y sentí pena por ella: las palabras que su amante le dedicaba en ojos de los lectores ávidos y morbosos. la descripción de su cuerpo, reservado para el padre de sus hijos, expuesto años después. El título de musa del autor de LA novela del siglo XX le costó la profanación de su intimidad.
Y, sin embargo, al verla, parece una mujer tan normal que el desconcierto es mayúsculo.
Antes de observar su retrato anoté en mi lista de libros la compilación de cartas. Después de conocerla me parece que debo guardarle respeto, el respeto que nadie más le guardó, ni su hombre...
No lo he terminado. Y de ahí he sacado bibliografía para leer antes de tomar entre mis manos a Ulises.
Una de las cosas que me sorprenden más, no obstante la disección de Molly Bloom, es la manera cómo se ha hecho pública la vida privada del escritor. Es tal la curiosidad y el afán por comprenderlo, que se han publicado libros con la compilación de cartas a su mujer, Nora Barnacle, que contienen su intimidad expresada de todas las maneras posibles -desde la tierna hasta la grotesca- por James Joyce.
En cuanto llegué a casa prendí la computadora y busqué un retrato de Nora. Cuando la vi evoqué lo leído esta tarde y sentí pena por ella: las palabras que su amante le dedicaba en ojos de los lectores ávidos y morbosos. la descripción de su cuerpo, reservado para el padre de sus hijos, expuesto años después. El título de musa del autor de LA novela del siglo XX le costó la profanación de su intimidad.
Y, sin embargo, al verla, parece una mujer tan normal que el desconcierto es mayúsculo.
Antes de observar su retrato anoté en mi lista de libros la compilación de cartas. Después de conocerla me parece que debo guardarle respeto, el respeto que nadie más le guardó, ni su hombre...
A ver si no me gana la curiosidad...
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