No sé cuántas cosas habrá hecho Nadia para amarrarlo. No sé y tampoco me interesa. La cuestión es que ella cedió, cedió, cedió y Alí se sintió totalmente seguro de ella. Tanto que, mientras salía con ella, se atrevió a proponerme "andar en secreto". Seguramente, cuando Alí se case, va a andar en secreto con muchas mujeres, tantas como su sonrisa magnética cautive.
Por su parte, Nadia, que se encargó de aislarlo de todas las maneras posibles. Que se adelantó a su edad con tal de ganarse a Alí, como si él fuera una presea. Y Alí, a pesar de que estaba con ella, me buscaba. Y a mí me gustaba. No le decía que sí, tampoco sabía que salía con Nadia, pero ahí estaba. En aquel vaivén de emociones donde no se decidía nada. Donde él no me dejaba y yo tampoco salía del círculo.
Y entonces un día yo me quedé sin más opciones. Y él tenía dos, tres o cinco o veinte. Porque todas seguían muriendo por él y por mí ya no moría nadie. Estaba tan volcada en esa relación que no me di cuenta de que otros caminaban por ahí, esperando. Sin embargo, cuando se cansaron, resentí que sus sombras faltaran en mis días soleados.
Alí terminó con otra chava, compañera mía. Ni con Nadia ni conmigo. Y Nadia terminó sin opciones de ahí a que acabó la secundaria y yo, cuando dejé de interesarme, me conseguí a otro en quien pensar y poner mis esperanzas de andar por los pasillos de la secundaria tomados de la mano. Esa historia no pasó a mayores porque teníamos 14 años.
Sin embargo, hace unos meses me enteré de que una conocida mía está enamorada de un hombre. Este hombre no la ama, pero tampoco la deja ir. Están en un estira y afloja constante. Ella ignora si él tiene otras mujeres, como yo desconocía la relación entre Nadia y Alí, aunque la simple idea de que él pueda estar con otras le carcome las entrañas. Lo sé porque se le nota, no porque me lo haya dicho, pues ella y yo no somos amigas. Me imagino que, si lo fuéramos, tendría más confianza para decirme que su Alí no la ama y ella es adicta a él. Si algo me queda claro es que él también tiene una adicción: le gusta que lo hagan sentir bien y, en cambio, paga a esas mujeres con desdén y, en algún punto, indiferencia disfrazada de cariño. De acuerdo con una amiga suya que sí es mi amiga, esta es la cuarta o quinta vez que él la rechaza y luego vuelve a buscarla. También es la quinta vez que ella les dice que ya no siente nada, sin embargo vuelve a caer.
Este caso, El síndrome de Alí, como yo lo llamo, no es más que la unión terrible entre un Casanova y una mujer que se autodestruye. Ella es como una pelota y él es el futbolista: la pelota sirve, porque a fuerza de golpearla se anota gol. Sin embargo, es reemplazable: si sale del área de juego, pero no alcanzan a agarrarla, no pasa de que la sustituyen por otra en el juego y por otra, hasta que regresa otra vez a ser pateada con un objetivo que podría cumplirse con ella o con un bote de frutsi.
La diferencia entre la pelota y esta mujer de la que me entero cada dos o tres meses que me plaitca mi amiga es que la esencia de la pelota es que la golpeen. Me pregunto si ella creerá que, en su esencia, está escrito que el hombre ideal tiene que humillarla, dejarla y tomarla cada vez que se le antoja, sin que ella haga absolutamente nada.